El mundo de Paula Andrade
Historieta Argentina

El mundo de Paula Andrade

Entrevista

Por: Alejandro Caminos - 12 Dic 2018 Se lee en: 17 mins

Si tuviera que definirse de una forma, Paula Andrade no lo duda. “Soy una oveja negra, tanto en el ambiente de la historieta como en la vida en sí misma. Una oveja negra simpática y que no se siente rechazada, que siempre está buscando el lugar de la outsider”, dice la autora de Cría Cuervos, Oveja Negra y Pornipulpis, y también creadora y directora del sello editorial Gutter Glitter.

El cariñoso sobrenombre ovino nació por medio de su madre, quien la apodó así desde que la artista era pequeña. En aquellos años, su casa de Quilmes estaba llena de libros y la filosofía familiar era que ella podía agarrar cualquiera que estuviera a su alcance. Gracias a una enciclopedia de arte, Paula descubrió la belleza de las esculturas de Miguel Ángel, y una mirada sobre el cuerpo desde un lugar que difiere de los cánones contemporáneos. “Fue desde ahí que tomé tanto el gusto por la figura humana y que siempre trato de meter desnudez en mis obras”, admite Paula. Sin embargo, también hace mención de los cuadros “El triunfo de La Muerte” de Pieter Brüegel y “La Muerte y La Doncella” de Hans Baldung, en donde se ve a una mujer que es devorada por la muerte. “Lo mórbido también me acompañó desde ese punto”, agrega.

Los libros eran tan sagrados en su hogar, que siempre fueron el regalo obligatorio en Reyes Magos –y por orden de su madre- y no se podían cambiar por juguetes u otra cosa. Así se enamoró de la obra de Robert Graves, en donde se trata y estudia la mitología. “Es de ahí que naturalicé varias cosas como la sexualidad desde una perspectiva más diversa”.

Por sus ojos también pasaron la famosa serie animada de los X-Men de los 90’ y Saint Seiya/Caballeros del Zodíaco. Tal fue la importancia de la obra del mangaka Masami Kurumada en ella que la define como una especie de “verdad de la vida”. Fue así que los lápices y las hojas no se hicieron esperar. Los trazos la llevaron a estudiar en la Escuela Municipal de Bellas Artes de Quilmes, en donde hizo dibujo infantil. En aquel entonces, la profesora les dice a sus alumnos que tienen que “enamorarse del edificio” para poder dibujar. “Ahí se me terminó el amor porque no pude enamorarme. Salí de clases y le dije a mi mamá que me quería ir”, recuerda Paula. Años después, y con más experiencia, volvería al mismo lugar, sin abandonar jamás la pasión por el dibujo. E incluso define su estilo: “Es la mezcla entre la idealización de lo humano de la pintura de Miguel Ángel, el tipo de físico con proporciones semi-realistas occidental y el manga”.

ENTRADA AL MULTIVERSO DE LAS VIÑETAS

A los cuatro años se percató que su tío había dejado sus ejemplares de la Revista Fierro en un cajón bajito que estaba debajo del televisor. Como nadie le prohibía el material de lectura, Paula las tomó y empezó a direccionarse un poquito más hacia el multiverso de las viñetas. Aunque admite que hubo lecturas que no debió haber agarrado: “Quería leer algo que no termine de forma sórdida y la historieta de los 80 lo era bastante, en donde el nivel que tenía el rol de la mujer no salía de estar súper objetivizada”.

Fue así que se salteaba las historias de hombres musculosos y brutos a los que “les caían” las mujeres en minifalda, por no tener ese cuidado y grado de belleza equitativa tanto para el personaje masculino como para el femenino. “Es pésimo eso de tener un personaje descuidado y de personalidad chota que se hace para que se identifique con un varón bastante mediocre, y que igual va a terminar con la modelo. Es el nivel de bajada de línea que está basado en presiones, en roles y cosas”, sentencia Paula. Y ejemplifica con la reedición de Custer –obra de Carlos Trillo y Jordi Bernet-, donde se presenta una protagonista femenina de sexualidad compleja y el voyeurismo del público sobre las vidas ajenas, adelantándose a los realities, en las que aún así “no pueden evitar repetir, hoy, la tapa de ella abriéndose el saco, mostrando una teta a pleno y centrar la atención en ella como objeto en lugar de protagonista. Reduciendo muchísimo al espectro de potenciales lectores que, de tener otra tapa, podría tal vez interesarse en el contenido”. Y suma: “No es casual que el material que Maitena sacaba en Fierro en ese entonces tuviese que ser historieta erótica”.

En esos salteos de obras que la distanciaban de la historieta descubrió su gusto por Eduardo Risso y Domingo “Cacho” Mandrafina. “Para mí todo era dibujo y pintura, entonces no hice una escala de valores o de preferencias”, cuenta. Sin embargo, entre tanta viñeta redescubrió lo mismo que le generaba Miguel Ángel en Quique Alcatena. La fascinación volvió a las nubes, como la pequeña Paula que se pasaba horas mirando su enciclopedia de arte.

Este reencuentro se dio gracias a otro historietista, su primer maestro. Ya más grande y con varias lecturas encima, Paula entró al taller de historieta con Fernando Centurión, que le acercó la obra de Alcatena, y estuvo allí por cinco años, hasta que el docente vio que ella ya estaba lista para salir al mundo. En el medio, la escuela y la posterior facultad no le estaban dando ninguna satisfacción. A saber: en Antropología se la pasaba escribiendo y dibujando en clases; en Letras discutía con los profesores; al punto de que le “recomendaron” que si quería escribir en vez de hacer crítica literaria que vaya a un taller; entró a Diseño Gráfico en el Bellas Artes de Quilmes; e hizo un año de profesorado de inglés sólo para complacer a su familia; que la llevó a dictaminar que de ahora en más se hacía lo que ella decía a nivel profesión.

Gracias a ese primer taller de historieta surgió Gomorra (Midgar Studio 2002-2003), el fanzine que realizó junto a sus compañeros y el que le permitió conocer el circuito de eventos y el ambiente en sí mismo. En el medio, la autora se paseaba por los distintos stands de cada convención para presentar su carpeta de trabajos, pero los autores locales exclamaban “ah… manga” en un tono de indiferencia al observar las influencias niponas en el arte de Paula. A pesar del rechazo, continuó presentando sus trabajos: “Mi carácter tiende a ser que si no te gusta, jodete. Lo voy a hacer igual y te voy a callar. Pero si no hubiera tenido ese carácter, el choque a nivel desgaste emocional habría sido más grande”.

Además no fue su única observación y crítica. Mientras en los eventos autogestivos relacionados con el manga y el animé la mayoría de las obras locales eran de mujeres, en los de historieta no había ningún stand con autoras. “Los varones habían construido una barrera de ‘acá no entrás’. Entonces la pregunta no tiene que ser cuál es el rol de la mujer en la historieta, sino cuál es el rol de los hombres ante las mujeres. Y esto no sólo en la historieta, sino también en la vida”, suma la dibujante quilmeña.

Mi carácter tiende a ser que si no te gusta, jodete. Lo voy a hacer igual y te voy a callar. Pero si no hubiera tenido ese carácter, el choque a nivel desgaste emocional habría sido más grande

A pesar de sus tres números agotados, el proyecto no continuó y Paula explica: “Éramos chicos y había una demanda de tiempo y dedicación que no teníamos. Al margen que nos agarró la crisis de los veinte y el decidir si crecíamos como personas en nuestras vivencias o nos profesionalizábamos”. Además, era ella quien se hacía cargo de gran parte del proyecto, mientras afloraban las diferencias de visiones por parte de sus integrantes. Poco a poco, el camino comenzó a oscurecerse.

EL RINCÓN Y LOS CUERVOS DE PAULA

Si bien hay mucho sol en el cielo de Colegiales, cada tanto aparece una nube para refrescarnos en plena entrevista. En los primeros años de la adultez de Paula, el cielo estaba prácticamente cubierto. Midgar Studio se achicó cada vez más y Paula se fue, lo que desembocó en la falta de interés por parte de los que aún era parte y la posterior culminación de la iniciativa. Además, su relación de entonces con otro historietista no era la mejor y se tornó tóxica.

“En ese entonces estaba rodeada de gente del ambiente de historietas y noté que había mucha crítica por atrás, de espaldas. Había mucho celo y autojustificaciones, en donde todos competían de forma muy mezquina”, rememora la autora. Ella al compartir sus ideas sobre el rubro editorial, no encontró más que trabas por parte de ese entorno y justificaciones sobre el por qué no hacer en vez de construir.

En todo ese lapso, que duró cinco años, Paula no publicó absolutamente nada. Hasta que terminó su relación, se mudó a Capital y decidió que el próximo proyecto que emprendiera no se caería de nuevo. En el medio, Paula volvía de a poco al ruedo con Moirae, una agrupación que integró con Mako Fufu y Lucila Quintana –amiga de Gomorra- y donde publicó Sedna y se dio cuenta que la historieta era para ella y para siempre.

En 2012 surgió la idea de sacar unos cuadernos con su arte y de generar algo nuevo. Como Lucila y ella averiguaron que salía lo mismo imprimir libros, decidieron finalmente ponerse una editorial y que estuviera legal y directamente ligada a Paula. El nombre surgió por varios motivos: Gutter, en inglés, es la calle, la parte del espacio entre las viñetas. También hay un fanfiction que me encanta de un animé que se llama Gutter Glitter. Y a su vez es una frase en inglés que resalta el brillo de las alcantarillas, de lo bajo, como lo esperanzado y lo bello en algo que se ve sórdido”. Fue así que esta idea se transformó en su rincón, en su lugar en donde pudiera mostrar su obra con total libertad.

Al principio sacó cuatro números de la antología Psychopomp. Hasta tomar coraje, no esconderse más en el rol de editor de otros artistas y dar paso a Oveja Negra (2016), su primer trabajo autoral íntegramente propio. Allí se cuentan varias historias cortas que tienen en común la búsqueda personal genuina, la proyección como eje de conflictos y la visión personal de la vida. “Con Oveja fue soltar un poco la timidez, presentarme como autora y animarme a hablar de mí y de mi obra”, rememora con una enorme sonrisa.

Sin embargo, si Oveja supuso romper un poco con la inhibición, Paula dictamina que con Cría Cuervos (2017) fue convertirse en una exhibicionista. Una historia que le permitió mostrarse como una verdadera autora que ya sabía del medio y que estaba curtidísima. Y que cumpla su premisa de que cada proyecto sea más complejo y suponga un crecimiento comparado con el anterior.

Desde ya que esta obra no es cualquier historia, ya que Paula la escribió previo a la ruptura de su relación tóxica y a lo largo de tres días: “busqué cómo decir un montón de cosas y entenderlas. Me reconozco en varios de los personajes y ahí también hay varias personas con las que tuve conflictos”. El último tramo para concretar el libro lo catalogó como “psicopático”, ya que sólo se levantaba para dibujar y luego volver a dormir. Tanto fue el desgaste que un día notó que se le habían hinchado los tobillos, de las horas que pasó sentada. Cabe destacar que la mayoría de los dibujos los realizó en Crisol, el mismo bar en donde se desarrolla esta entrevista. A su vez, Cría Cuervos fue el compartir con el público algo muy personal y sacar a la venta una obra que venía posponiendo durante años.

LA MUJER EN EL MEDIO Y AL FRENTE

Ya sea por visualización y derecho o por ampliación de espacios, las mujeres copan la escena de la historieta local. Paula es quizás una de las autoras más reconocidas y una referente en el tema. “El problema no es que la mujer hiciera historieta, sino que al hombre eso le genera un problema. Y es un tema de la sociedad entera”, sentencia. "Es un problema que parte de la sociedad se sorprenda tanto que otra parte (a la que toma como Otra solo por una diferencia de genitalia) son sus pares y no son objetos a los que imponerles y proyectarles lo que se les cante".

En lo que respecta al valor de la representación, hubo dos hechos que marcaron a fuego a Paula. El primero fue en donde una chica la felicitó por ser parte de una charla de editores porque sino sería una exposición de cinco tipos. No se había dado cuenta hasta que se lo marcaron. En ese momento tomó conciencia de que, cuando en su adolescencia iba a los eventos –en los que los editores le rechazaban sus trabajos por su afinidad al manga- , no habían ni stands, ni charlas o presentaciones o firmas de ejemplares en la que participara una autora que superara los 40 años.

El problema no es que la mujer hiciera historieta, sino que al hombre eso le genera un problema. Y es un tema de la sociedad entera

¿Creés que las cosas están cambiando?

- Sí, pero a la fuerza porque se llegó a un punto de socialmente decir basta. Tuvo que llegar Vamos Las Pibas para que se callen aquellos que preguntaban por las autoras. Y no es que no existían, es que no se les hizo prensa o lugar en los eventos, los espacios de visualización. Lo que se nos pidió a las autoras para una nota en cualquier lado es cinco veces más de lo que se le pide a un autor. El nivel de obra que nos exigen es mayor que el que se le exige a un hombre. Al margen que muchos no miran más allá de su grupo de amigos, y eso es peor todavía, porque después se dan falsos discursos superados cuando seguimos teniendo antologías con sólo autores varones, o eventos con sólo invitados varones, o se sigue reduciendo la participación de las autoras en los mismos a hablar de "cómo es esto de ser mujer historietista".

¿Y respecto al contenido?

- El problema es que sólo se estuvo publicando principalmente material para un tipo de lector. No es que las mujeres no vienen a la historieta. Sino que se está publicando material machista y cuadrado hace décadas y la autocrítica no existe. Encima esas bajadas de línea se repitieron en clases de guion y en talleres de historieta, sobre cómo tiene que ser el argumento y los diseños de personajes y sus roles en base a sus géneros en una historieta, perpetuando esa idea de que hay un sólo tipo de contenido, que el mundo es sólo de una manera, para un sólo tipo de público, y la falacia de que nada más existe ni puede existir.

Además, Paula hace enfoque en la ocupación de espacios al pedir que las autoras vayan a muchos más eventos y no sólo a Vamos Las Pibas, y que no se hable sólo desde un lugar puramente femenino. “Una de las cosas que me tiraron es que estaba jugando en el patio de varones por no estar haciendo historietas sobre menstruación. Ellos hablan desde lo que se acostumbraron, pero ahora les toca el turno de desacostumbrarse”.

CARICIAS AL ALMA

El esfuerzo, la dedicación y la pasión muchas veces son premiadas. El año pasado, Paula fue invitada por primera vez a la Crack Bang Boom y como el invitado estrella fue Frank Miller, ella participó de la muestra hacia el artista. El dibujo elegido fue una bellísima representación de Xerxes, el antagonista de la novela gráfica 300 del autor estadounidense. “Me encanta el timing que tiene respecto a las frases relacionadas al juego de poder, además de que es un personaje andrógino que sale de la línea”, dice la artista. La elección también se centró en hacer un personaje que fuera “100% Miller” y de obra propia, más allá de lo mucho que el guionista influyó en Batman o Daredevil. Cabe destacar que Miller no es un autor más para Paula Andrade, pues con su hermano tiene una conexión que lo involucra: “En cada cumpleaños suyo le regalaba un tomo de Sin City”.

Una mañana ella asiste somnolienta y con un café en mano a una reunión de editores que ya estaba pautada, pero al ver que no había nadie presente se va entre puteadas y rezongos. Hasta que repara que tiene cinco llamadas perdidas en su celular por parte de Germán Peralta, uno de los organizadores del evento. Finalmente logra comunicarse con él, quien le avisó que Frank Miller quería hablar con ella en persona. Con los nervios a mil por hora y sin ninguna certeza, Paula llega al lugar y descubrió que al guionista le había fascinado su interpretación de Xerxes. “Hablamos sobre el peso del oro en el personaje, en cómo brilla y cuánto a él eso le gustó”, rememora la autora Argentina. Pero todo no quedó en una felicitación, ya que Miller incluyó dicho dibujo en el primer número de la miniserie Xerxes (2018). “Con esto también noté que los autores consagrados suelen ser más receptivos y buena onda que los locales”, pronunció.

Sin embargo, el multiverso de las viñetas continuó con sus acciones. Paula le preguntó a Alcatena si estaba interesado en que Gutter publicara alguna de sus obras, quien aceptó gustoso. La confirmación final llegó en formato de email, con Faustus y Los Transhumantes renacidos como Rococó. “Me saqué las ganas de ponerle letras gigantes a una tapa suya. El diseño era algo que quería hacer de esa manera hace un montón”, confiesa la editora. Y agrega que esta experiencia “surrealista” es una confirmación de su maduración personal y una reafirmación del camino elegido. Y define: “La verdad es que cerré el ciclo de ‘historietista en formación’ a alcanzar la madurez autoral necesaria para editar a mi mentor y ser parte de que tremendo libro le llegue a más personas”.

PRESENTE Y FUTURO

Además de Rococó, Gutter Glitter reeditó Sereno, la obra propia del dibujante e ilustrador Luciano Vecchio y que nació en el sello editorial digital Tótem Cómics. En este sentido, Paula argumenta que es una obra hermosa “muy acorde a nuestros tiempos” que responde a la necesidad de que los personajes salgan de "esa máxima", donde solo hay una supuesta forma de concebirlos. Y esto logró que los lectores resonaran con este contenido. Un ejemplo es la ya agotada primera tirada.

Ser de la misma generación, eventos sobre historieta, una muestra sobre tarot, Tótem Cómics y Saint Seiya hicieron que estos dos autores conformaran una estrechísima relación. “Voces como la de Luciano y libros como Sereno son necesarios. Estamos abrazando una visión mucho más realista de que las personas puede ser de muchas maneras y esa pluralidad es una forma mucho más sana y rica a nivel desarrollo humano de existir”.

Por otro lado, la editorial también publicó Pornipulpis de la propia Andrade, en donde dos cefalópodos antropomorfos hermafroditas mantienen relaciones sexuales. La iniciativa nació como un juego, como también del gusto de la autora por sacudir levemente la escena y hacer algo que no se esperara de ella. La obra se basada en la litografía de Hokusai y con los objetivos de encarar el género del porno de pulpos, que sea muda, que pueda centrarse en el placer compartido y consensuado en una escena sexual, que salga de los roles de género y dibujar curvas y contracurvas en grandes cantidades.

Otro de los puntos que destaca Paula es cuando algunos lectores varones sueltan la historia cuando descubren que “no es un libro sobre un pulpo violando a una mujer”. O que confundan los clítoris en la genitalia de los personajes o no los puedan identificar como hermafroditas porque no tienen un falo humanoide, a pesar de que la proyección es fácil desde los tentáculos. “Pornipulpis es un espejo que se ubica contra ciertas bajadas”, cataloga su autora. A pesar de la extensa actividad editorial, el 2018 todavía no terminó. En el futuro inmediato, el próximo sábado 15 de diciembre a las 17 en Crumb - Diagonal 77 n 313 entre 4 y 46, La Plata-, Paula presentará su último trabajo en el festival Tinta Queer.

A mediano plazo el panorama es otro, en donde la guionista cuenta que se dedicará un mínimo de dos años a su propia obra, en donde la espera todo el material de las residencias en las que participó, más los guiones sobrenaturales a medio desarrollar e, incluso, probar la temática de la (semi)autobiografía. Y seguir edificando su editorial. “Gutter Glitter es una casa chiquita con un gran espíritu, en donde muchos autores –entre los que me incluyo- hacen la obra que quieren leer y donde el trato humano es en el que creo. Todo esto hace que sea entre genial, inesperado y mágico”, concluye Paula.

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