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300: Entre la polis y la barbarie

Frank Miller la epopeya antigua y la narrativa épica al descubierto

Por: Martín Fasanelli - 14 Jun 2019 Se lee en: 6 mins

Puede ser que sus obras más pochocleras no sean tus favoritas, que ya no soportes muchos de sus clichés, o que no comulgues ideológicamente con él, pero; la habilidad de Frank Miller como autor integral de historietas es insoslayable. Sus guiones y su arte tienen un atractivo inmediato, impactante, que supo y sabrá ser la puerta de entrada a muchos lectores al (ya no tan) mundillo de los cómics. Superhéroes y ciencia ficción aparte, Milller, al igual que muchos otros, también supo incurrir en otros géneros para desarrollar sus relatos. Uno de ellos fue el género de novela histórica.

Entonces…¿Cuál podrá ser una época jugosa y candente para tirar guión, trazo y tinta? En términos de construcción política, social y cultural, no quedan muchas más opciones que remitirse a la Antigua Grecia. A través de los siglos, los escritores y artistas occidentales han representado una y otra vez el conflicto y triunfo entre los dos hemisferios meridionales: de ideales de libertad y autodeterminación de Occidente contra los métodos esclavistas, déspotas y “bárbaros” de Oriente. Historias de héroes, valientes, que, con muchas desventuras, tienen que ser derrotados para triunfar, y así trascender. A eso se dedicó Frank Miller en su conocida 300, una obra que se publicó en 5 capítulos mensuales durante 1998.

En 300 se narra una historia ya conocida por haber sido llevada al cine: Hacia el año 480 AC, en un desfiladero conocido como las Termópilas, el Rey Leónidas de Esparta impidió por unos pocos días el paso del ejército Persa entre montañas y mar. Más allá de ser un lugar estratégicamente seleccionado para la barricada, el conflicto se detonó cuando el enemigo logró flanquear la defensa espartana, lo que hizo que Leónidas libere a la gran mayoría de los soldados griegos del campo de batalla excepto por sus 300 espartanos, los mejores guerreros del mundo. Finalmente, el Rey de Esparta, una capital más débil que Atenas, se sacrificó “patrióticamente”, cumpliendo las profecías y haciendo honor a la visión del mundo de su pueblo. Pero…¿Cuál era la disputa? ¿Un típico desacuerdo diplomático? ¿Leónidas no quería poner el billete del tributo? ¿O realmente fue una guerra de visiones del mundo lo que terminó pasando? L@s invito a repasar varios de los puntos que tomó Frank Miller para ilustrar las cosmovisiones de los últimos siglos antes de Cristo.

En la actualidad no subsisten los modos de entender el mundo según los griegos. Una de las cosas que más resaltan, es la manera de concebir lo real. En este sentido, nosotros sabemos que podemos representar la realidad, el mundo que nos rodea, principalmente mediante nuestro lenguaje. También entendemos que dicha realidad existe fuera del lenguaje, que es mediada constantemente por y mediante el lenguaje: y lo que podemos saber y decir tiene que ser producido en y a través del discurso. 300 es una historia que está exclusivamente mediada por el relato y es Miller el que le da mayor preeminencia al personaje que se encarga tanto de contarnos la historia como de animar a las huestes de Leónidas:

Escenas de los momentos previos del último encuentro entre el ejército de Leónidas y las huestes de Xerxes
Escenas de los momentos previos del último encuentro entre el ejército de Leónidas y las huestes de Xerxes.

Se ve la importancia que se le da al trovador, el bardo, el poeta, el cuentacuentos, que encierra no sólo inspiración, sino verdad y conocimiento en su relato. Es más, en los tiempos de los espartanos, no estaba tan delimitada la línea entre lo que las palabras eran y lo que las palabras querían decir; y no fue hasta mucho después que los filósofos abordaron la conocida distinción entre los términos concretos y abstractos.

Tan importantes resultaban las palabras que, en el lugar de la batalla, existen varios monumentos recordando la hazaña de los 300 espartanos, en las que aparecen algunas inscripciones que fueron usadas por Miller en el cómic. Algunos de los epitafios son:

Aquí lucharon cierto día, contra tres millones, cuatro mil hombres venido del Peloponeso.

Con eso quiero decir que en esa época no se podía concebir un discurso desprovisto totalmente de la la influencia de los mitos y las creencias folclóricas.

Pero...¿Había algo que diferenciara a los pueblos griegos del resto de los coterráneos? Sí. Fue algo que nació como un activa hermandad, camaradería, un hacer común; algo que siglos después se conoció como civilización. La noción de “civilizar”, como la inclusión de los hombres en una organización social era, por supuesto, conocida; y su objetivo era el de conseguir que los individuos sean ordenados, educados y gentiles. Estos individuos se nucleaban bajo la figura central de la Grecia Antigua: la polis, la cual era un reflejo del plan de ordenamiento a un nivel superior, o cósmico, si se quiere. Es por eso que uno de los conceptos que atraviesa la historia de los 300 espartanos es el valor de lo colectivo, de lo fraterno. Detengámonos en el siguiente recorte:

Ve a decirle a los espartanos, extranjero que pasas por aquí, que, obedientes a sus leyes, aquí yacemos.

La polis griega, un reclamo de Verdad, la Bondad y la Belleza
La polis griega, un reclamo de Verdad, la Bondad y la Belleza.

En las palabras de Leónidas se esboza el objetivo de todo buen ciudadano griego: obrar bien, respetar la Ley, la Verdad y la Justicia por el bien de la polis, del colectivo. Este dogma se contrasta absolutamente con la antítesis de la sociedad civilizada, la barbarie. Los bárbaros, personificados por el Imperio Persa, se caracterizan por ser un monstruo atemorizante, un devorador despiadado, que encarna la falsedad y que atenta contra todo los bienes más preciados de las polis griegas: el valor humano. Los comandados por Jerjes, el pueblo sin ley, bien representaba la corrupción, la degradación de la humanidad.

Para los griegos, la razón fue la propiedad y el medio central característico que permitió crear formas más altas de orden social y natural, venciendo a la ignorancia y la superstición y a las formas sociales y políticas menos “civilizadas”. Se puede desplegar un amplio repertorio de pensadores griegos que comenzaron a notar que no todo lo que sucedía en el mundo se encontraba por fuera del entendimiento humano. Algunos como Sócrates, Platón o Aristóteles resuenan hoy en día, ya que fueron los que establecieron (alla Fox Mulder) que la verdad está “allí afuera”, una verdad que es alcanzable, una verdad que se oculta bajo la pregunta ¿Cómo llegó el mundo a su estado actual? Pero refirámonos a nuestro “filósofo” de interés: Leónidas.

En Leónidas, la razón tiene una connotación pragmático-utilitaria en la estrategia bélica
En Leónidas, la razón tiene una connotación pragmático-utilitaria en la estrategia bélica.

Siendo el jefe militar, este un personaje arquetípico dotado tanto física como intelectualmente, que impone respeto por sus dotes de liderazgo, estrategia y guerra; un espartano modelo. Aunque no lo parezca, no pasó mucho tiempo antes de que Leónidas se topara con personajes que no compartían su ideales. Así fue que tuvo que negociar con los los éforos, una suerte de sacerdotes que, mediante una pitonisa cautiva, auguraban la fortuna:

Los planes de Leónidas encuentran a sus primeros detractores en los Éforos.
Los planes de Leónidas encuentran a sus primeros detractores en los Éforos

Está claro cómo el elemento racional del mundo griego convivió en permanente tensión con los elementos místicos. En el extracto superior, aparte del agite y los aprietes, nuevamente hay un contrapunto estético de los personajes: los éforos son seres horrendos, corrompidos, personajes creyentes, místicos, que cosifican a una mujer y, por sobretodo, que no razonan. No parecen ser muy distintos de los persas.

Ya se va fortaleciendo la noción de que el persa viene a representar al bárbaro oriental por excelencia. ¿Y qué sabemos de ellos? Veámoslo en los retratos de Frank Miller y en Persas del dramaturgo ateniense Esquilo:

Deidad vs. Humanidad
Deidad vs. Humanidad.

Los que habitan a lo largo y ancho de Asia ya no morirán más bajo el yugo persa, ni pagarán más tributos por la aplastante necesidad del maestro, ni caerán de cabeza en el suelo para venerarlo, ya que el poder real ha perecido por completo.

Es cierto que el gran rey de Persia se investía a sí mismo como un Dios en la Tierra, que gobernaba a sus súbditos con mano de hierro y con políticas esclavizantes; mientras que los pueblos griegos se vanagloriaban de sus vanguardias democráticas y la libertad de algunas castas sociales. Podría pensarse, claro, que esta distinción puede ser algo extrema.

Entre obras de teatro, poemas y folclore, se piensa que todo resulta de una fabricación intelectual y cultural que dio empuje a la versión del “occidente civilizado” como única salvación de un mundo cuyo equilibrio pendía de un hilo. Aquel modo de glorificar la cultura griega, sus prácticas y costumbres, usando las guerras persas como hitos monolíticos, encontró un punto opuesto de separación con la totalidad de la cultura asiática. Así fue que se sembró el germen de la nueva cultura occidental.

A modo de cierre

En el cuadro ortodoxo del desarrollo del pensamiento occidental, la antigua Grecia es el brillante punto de partida. Si de visiones del mundo se trata, hubo en la historia pocas tan paradigmáticas como las de los antiguos pueblos de tradición helénica. Luego de leer (y ver) 300 de Frank Miller, queda establecido que la razón fue la propiedad y el medio central característico que permitió crear formas más altas de orden social y natural, venciendo a la ignorancia y la superstición y a las formas sociales y políticas menos “civilizadas”. Sin embargo, el complejo desarrollo del concepto de “civilización” tuve un curso sinuoso a través de la historia, con cuestiones decisivas que han retornado una y otra vez en los períodos de constitución de los social. Pasarían centurias antes de que llegaran a visualizarse facetas más contradictorias de este modo de orden social tales como: “La civilización ha producido no sólo riqueza, orden y refinamiendo, sino que, como parte del mismo proceso produjo pobreza, desorden y degradación”.

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