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Cuatro versiones (y media) de Batman por Howard Chaykin

Algunas incursiones por la mitología del encapuchado

Batman de Chaykin

A pesar de tratarse de Batman, el personaje más popular de la editorial y de que el estilo crudo y pulp de Howard Chaykin, en teoría, podría sentarle de maravillas, las aproximaciones del autor al mundo de Gotham City no fueron las más afortunadas. Por norma general, se trató de trabajos fuera de continuidad con o sin el paraguas del sello Elseworld para darle mayor libertad creativa al enfant terrible de la industria y, a la vez, asegurarse que no rompiera nada que no se pudiera arreglar fácilmente.

Iniciemos nuestro repaso por cuatro de ellas (que no son todas) y un pequeño bonus.

Batman Legends Dark Knight: Flyer con dibujos de Gil Kane

Al comienzo de su carrera, Howard había trabajado como ayudante de Gil Kane; a quien siempre mencionó entre sus maestros e influencias y resulta innegable que fue uno de los hombres que definió el aspecto icónico de los superhéroes modernos. No obstante, para 1991, el nombre de Chaykin ya superaba en mucho la popularidad del antiguo maestro, así que el reencuentro entre ambos es nada menos que en la mítica Legends of the Dark Knight, lo que parecía una garantía de éxito. Sin embargo, este “Volador” (publicado entre los números 24 y 26 de la revista) fue probablemente el peor arco argumental de la serie y de toda la trayectoria del guionista.

Desde el móvil, que pone en marcha la acción dramática (alguien está matando a flechazos a los murciélagos de Gotham) todo resulta forzado, absurdo, inverosímil y berreta. El antagonista es el piloto del helicóptero que se estrelló cuando Bruce atrajo una nube de murciélagos en Año Uno. Tras el accidente, queda convertido en un despojo humano que sólo pudo sobrevivir gracias a que su madre (una tipa porno nazi look) le construyó un exoesqueleto que, además, le da poderes. La madre le encarga cazar a Batman pero la cosa se pudre cuando él se da cuenta que ella no busca vengarse por el accidente de su hijo sino que Batman la fecunde para tener un hijo mejor. Un verdadero übermensch y no ese mamerto inválido y edípico.

Batman Volador
Batman resistiendo el acoso de la científica nazi cachonda.

Tal vez, si este guión (digno de “Todo por dos pesos”) lo hubiera dibujado Chaykin, le ponía unas risas y unas cejas levantadas y todo se resolvía de la única manera posible, que es desde el humor. Kane, por el contrario, se lo toma en serio y resuelve cada página con un estilo heroico, clásico y hasta antiguo que choca fuertemente con el absurdo del relato. Realmente horrible.

De hecho, son las únicas revistas en lo que que va de mi repaso por Chaykin que busqué por toda la casa y no encontré. No recuerdo haberlas regalado, vendido ni quemado en la parrilla pero, evidentemente, algo de eso pasó.

Batman/Houdini: The Devil's Workshop con dibujos de Mark Chiarello

La premisa del sello Elseworld consistía en poner a los personajes de la editorial a funcionar en diferentes tiempos, espacios y universos ficcionales para poder contar historias diferentes en los que se los vea desde una nueva perspectiva. Algo así como ese gran éxito que fue Dark Knight Returns de Frank Miller o, más indirectamente, las historias imaginarias previas a Crisis o los What if? marvelitas.

el taller del diablo
La combinación perfecta entre plástica y narrativa de Mark Chiarello.

Si bien cada una de estas historias se propone como un universo autocontenido, algunas que resultaron muy exitosas contaron con secuelas, como ocurrió con las tres entregas de Batman/Drácula de Doug Moench y Kelley Jones. Otra fue Gotham by Gaslight de Brian Augustyn y Mike Mignola, que tuvo su continuación en Master of Future, en la que el guionista cuenta con las ilustraciones de Eduardo Barreto. Más allá de la calidad de cada equipo creativo, resultaba evidente que poner a Batman en una oscura ciudad victoriana funcionaba mucho mejor que hacerlo ser un cowboy o un pirata, por mucho que amemos los dibujos de García López y de Quique Alcatena.

El Taller del Diablo da un salto temporal tan pequeño (de 1892 a 1907) que muchos la consideran una continuación no oficial de Luz de Gas y El Amo del Futuro aunque, claramente, no lo es. En este caso, Batman comparte cartel con (y queda totalmente opacado por) el gran ilusionista y artista del escape Harry Houdini. Uno de los grandes hallazgos del relato es que supuestamente está tomado de las memorias que el mago escribe en 1925. Por lo tanto, estará narrado desde una perspectiva y con una voz que el guionista sabe plasmar a la perfección: la de un chico pobre de Nueva York que a fuerza de esfuerzo y talento logró ganarse una reputación dentro del ambiente artístico. Tal vez eso lo haya convertido en un bastardo arrogante, pero sigue siendo un personaje muy carismático... y muy parecido al propio Chaykin.

El guión (firmado en pareja con John Francis Moore, su colaborador habitual en American Flagg!) es sobrio pero sólido y atrapante, sin embargo, lo que lo transforma en mi Elseworld favorito es, sin dudas, el arte. Mark Chiarello es más conocido por sus roles de editor y colorista pero las magníficas acuarelas con las que plasma la acción en estas páginas nos llevan a preguntarnos ¿Por qué, por todas las musas, este hombre no dibuja cómics más seguido? Salvo algunos rojos requeridos por la trama, Chiarello trabaja con una paleta fría y muy quebrada que por momentos se acerca a la aguada. El planteo inicial del dibujo es tan perfecto que no necesita detallar demasiado con la acuarela y, en muchos casos, apenas unas pinceladas bastante traslucidas son más que suficientes para darle fluidez y ritmo a la narración. Una verdadera obra de arte por la que fue distinguido en 1993 con el premio a la mejor labor en ilustración de cómics otorgado por la National Cartoonist Society.
Actualmente, hay una edición en tapa dura de 21x32cm para aquellos que quieran (y puedan... porque es bastante cara) disfrutar de esta experiencia gráfica extraordinaria en formato gigante.

Batman: Dark Allegiances

Si en la historia anterior vimos como el sello Elseworlds permitía acercarse a los personajes tradicionales desde una perspectiva más fresca y renovada, acá veremos que no siempre sale todo bien.

Lealtades Oscuras se publicó en 1996 y se ambienta en los meses previos a la declaración de la segunda guerra mundial. Al lector actual puede parecerle un anacronismo ver a un movimiento asociado con el siglo XIX como el Ku Klux Klan actuando en 1939, apoyando al nazismo alemán y contando con el respaldo de senadores y pastores protestantes. Lamentablemente, todo esto tiene bastante rigor histórico ya que en 1915, el KKK tuvo una segunda encarnación oficial. Sí... un grupo anticatólico, antiextranjeros, antinegros, antihomosexuales y antisemita tenía personería jurídica, cobraba una cuota social y llegó a contar entre sus miembros a más de cuatro millones de norteamericanos. Respecto a la complicidad de la dirigencia política y la iglesia, basta con decir que el entonces presidente de los USA, Woodrow Wilson, celebró la nueva encarnación del Klan y que en los actos que realizaban en cada pueblo, tras la habitual quema de cruces, entregaban una Biblia como ofrenda simbólica al ministro protestante local.

Como dice el Joker:

“Mussolini lo habrá inventado y Hitler lo habrá mejorado... pero nadie hace fascismo como los Estados Unidos”

Me encanta que Chaykin dirija los reflectores sobre este periodo frecuentemente omitido de la historia norteamericana, entonces... ¿Por qué dije al principio que la consideraba una obra fallida?

Principalmente porque los personajes del universo batmaniano se meten en esa historia a presión, sin mayor criterio y sin ningún respeto por las características que los definen. Dos Caras es un senador. Hasta ahí puede ser porque Dent era fiscal pero, en ningún momento tira la moneda y ni siquiera manifiesta su característico desorden de personalidad. El Joker es un ministro protestante... y ya. Nada que defina al Joker. De hecho, todo el mundo interactúa con él con absoluta naturalidad sin siquiera mencionar nada respecto del hecho de que tenga la piel blanca como el papel, los labios pintados y el pelo verde. Por cierto... apenas si sonríe en alguna viñeta.

Y el Pingüino es Walt Disney. Esa tampoco tiene sentido pero al menos es graciosa.

Lealtades oscuras
Para mí está medio en bolas pero... como no soy superhéroe...

El único personaje insertado coherentemente es Catwoman: ladrona, ex prostituta con corazón de oro e interés romántico del protagonista. Premio al traje más exageradamente sexualizado de todas las diferentes encarnaciones del personaje. Uno de los mejores chistes del tomo (espero que sea un chiste) es que en la foto supuestamente pornográfica con la que la chantajean, tiene la misma ropa con la que, años después, anda saltando por los techos.

Guiño al lector: En una parte, Bruce lee una novelita de The Shadow.

Batman Black and White: Petty Crimes

Este es el bonus track. Dentro de la primera miniserie de Batman: Black and White (1996), Chaykin escribe y dibuja una historia de apena ocho páginas en la que el murciélago se cruza con una versión extrema del personaje de Michael Douglas en Falling Down.

Un tipo normal que simplemente se harta de que todo el mundo se cague en las pequeñas normas de convivencia que regulan nuestra vida en sociedad. El que no levanta el sorete del perro, el que habla en el cine, el que paga con tarjeta en la caja de “sólo efectivo”, el que aprovecha su mínimo poder para cometer arbitrariedades.

Virtud Cívica (así se hace llamar el villano) los mata a todos. Lo gracioso es que la policía y hasta el propio Batman, no pueden dejar de confesar que comprenden al tipo. ¿Y el lector? Finalmente, es ese pequeño desprecio constante por el prójimo lo que nos hace la vida miserable cotidianamente. Creo que el autor hace que su villano recurra directamente al asesinato porque, de otra manera, correríamos un riesgo demasiado grande de empatizar con el antagonista.

Batman crímenes cotidianos
Impagable la expresión de Virtud Cívica.

No hay mucho más que decir porque la historia es muy corta. Chaykin en blanco y negro es soberbio y su uso de las tramas mecánicas es perfecto. Dos cosas destaco sobre lo demás: La primera es una Gotham City muy diferente a la habitual que, acorde con la historia planteada, se ve mucho menos gótica y nocturna y se parece mucho más a una ciudad real y cotidiana. La segunda es la expresión del villano. Su cara antes de cometer los crímenes no es de odio, furia o locura. Su cara transmite desaprobación pero también un terrible cansancio, algo como “No te puedo creer que este tipo esté haciendo esto”. Que Chaykin pueda plasmar una expresión tan ambigua y sutil habla de lo bien que hace actuar a sus personajes.

Batman: Thrillkiller con dibujos de Dan Brereton

Es 1961 y la sociedad norteamericana está atravesando un periodo de transición entre la idealización de un modelo fuertemente tradicionalista y conservador que predominó en la década del cincuenta y esa revolución intelectual y cultural que representaron los sesenta, pero que todavía no había estallado.

En ese contexto, irrumpe una pareja de héroes disfrazados que salen a luchar contra el crimen pero más que nada contra la corrupción policial imperante en la ciudad. Los medios los llaman “el dúo dinámico” y son Batgirl y Robin. Batman (a pesar de la flagrante estafa del título) no existió nunca.

De hecho, Bruce Wayne (junto con Gordon y Bullock) luchará contra la corrupción desde dentro de la fuerza porque él también es policía.

De los tres Elseworld analizados, este es en el que tiene menos relevancia el contexto histórico. Es cierto que se menciona la cultura beatnik y las manifestaciones estudiantiles pero no son cosas que pesen demasiado sobre la narración. La historia se sostiene más en “¿Qué pasaría si Bruce se hubiera hecho cana y fuera Bárbara la primera a la que se le ocurre salir disfrazada?”.

Puestos a jugar con los personajes a ver qué sale, otros puntos de interés que surgen son una muy lograda versión femenina del Joker y el triángulo amoroso que se produce entre Dick de 17 años, Babs de 21 y un joven Bruce de 25.

Publicada originalmente en tres comic-books en 1997, uno de los principales argumentos de venta de esta miniserie fue el arte de Dan Brereton, siempre fiel a su estilo pictórico pero no hiper-realista. El uso de las veladuras de acuarela y la intensidad del color casi fauvista que logra con los acrílicos es de una potencia arrolladora. Cada página que pasamos es una nueva sorpresa por el impacto visual que provoca.

La lógica desventaja es que tanto las expresiones como la acción resultan un poco estáticas. Es más, los “Grayson Voladores” nunca le hicieron tanto honor a su nombre: en vez de caer del trapecio parece que se hubieran quedado flotando en el aire por la total falta de movimiento de la viñeta.

Ahí es cuestión de gustos y cada uno sabrá si prefiere un arte más plástico o uno más dinámico. Personalmente, banco a Brereton. Sobre todo en las viñetas en las que las cosas no tienen que moverse.

Thrillkiller
Impresionante el despliegue plástico de Brereton.

Como dato de color, cabe destacar que la miniserie tuvo bastante éxito pero a muchos lectores no les gustó ni un poco que en su cómic de Batman, éste fuera desplazado por una chica. De hecho, tanta gente se quejó de que Bruce solo se pusiera el traje en la última página, que en 1998 salió Thrillkiller '62, un unitario ambientado en el mismo universo pero un año después. Esta vez sí, totalmente protagonizado por Batman.

Y cuando (para mi total asombro) parecía que Chaykin había dado el brazo a torcer y le estaba dando el gusto a los lectores más reaccionarios, introduce a Harley Quinn y la hace formar pareja homosexual con Bianca, el Joker femenino de este universo. Hermoso. ¡Perdón, Howard! ¡Nunca debí dudar de ti!

Algunas consideraciones finales

Si bien, como dije desde el principio, no creo que las incursiones de Chaykin en la mitología de Batman hayan sido los hitos más destacados de su carrera, es innegable que tienen aspectos interesantes y me gustaría resumirlos.

The Devil's Workshop es una obra maestra que merece entrar en cualquier top del murciélago. El título hace referencia al barrio de Gotham (supongo que un homenaje al Hell's Kitchen neoyorkino) en el que se estaban produciendo las desapariciones de niños que ponen en marcha la acción. Parte de los sucesos de las tres obras siguientes, también ocurrirán en ese barrio. En Lealtades Oscuras, Bruce dice que fue “un pobre huérfano de El Taller del Diablo”, uno de los asesinatos de Virtud Cívica en “Crímenes Cotidianos” y prácticamente toda la acción de Thrillkiller ocurren también en ese barrio imaginario. Es como si Chaykin se hubiera reservado su propio terrenito en Gotham para usarlo cada vez que visita la ciudad.

Otro elemento recurrente es el cuestionamiento a uno de los aspectos definitorios del personaje de Batman: La fortuna heredada de los Wayne. En The Devil's Workshop, sirve como contrapunto al personaje de Houdini que constantemente estará expresando su desprecio y su rencor de clase contra el millonario inútil y aburrido que es Bruce. Pero ya en las dos obras posteriores, ese elemento desaparece. En Dark Allegiances, Bruce es un “hombre hecho a sí mismo”. De origen humilde, forjó su fortuna gracias a su propia genialidad en el diseño industrial. La plata está pero no es producto de la herencia. En Thrillkiller, directamente esa fortuna no existe. Los Wayne fueron una de las familias más importantes de Gotham pero lo perdieron todo en la crisis del '30, antes de que Bruce naciera.

Por último, es notable la cantidad de elementos modernos que se anticipan en estas obras. ¿El traje New 52 de Catwoman despertó controversias por ser demasiado revelador? Eso es porque no vieron el de Lealtades Oscuras. ¿Te sorprendió la Joker femenina del universo Flashpoint? ¿La gente se queja porque en algunas revistas le dan mayor protagonismo a algún personaje femenino secundario? ¿Meten parejas homosexuales en tus cómics antes tan conservadores y puritanos?

Antes que todo eso se hiciera como parte de una política editorial, Chaykin ya lo hacía porque se le daba la gana y porque siempre tuvo la cabeza veinte años en el futuro.

Por eso esta serie repasando sus principales obras sigue. No se pierdan las próximas notas.

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Escrito por:
Facundo Vazquez
Guía su vida por el bushido y la frase de Benjamin "Ustedes nunca vieron morir a un burro".

Facundo Vazquez
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