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Custer, de Trillo y Bernet

La mujer pública

Por: Gabriel Reymann - 21 Ene 2021 Se lee en: 3 mins
Custer, de Trillo y Bernet

No se trata tanto de lo que están vendiendo, sino de lo que estás comprando". - Fugazi, "Blueprint".

Faltando meses para que se cumplan 10 años de su fallecimiento, Carlitos Trillo canta cada día mejor, si se me permite la paráfrasis. Una producción tan decisiva en términos cuantitativos y cualitativos permite seguir yendo y viniendo, deteniéndose en obras que no exactamente menores, pero que tampoco suelen aparecer en el canon más predecible a priori.

En su dorada labor durante la década de los 80’s, Custer puede formar una semi-antojadiza pareja con otra obra de mediados de ese decenio: Peter Kampf. En ambas Trillo hace comic ahí nomás de lo pre-cognitivo: en la historia firmada junto a Mandrafina se adelanta al mundo de las fake news –y quienes pavimentan o mantienen su acceso al poder en base a ellas-, en el comic firmado junto al catalán Jordi Bernet se anticipa al monitoreo de la vida privada, en consecuencia adelantándose tanto a los experimentos a ese respecto -Gran Hermano- como al comentario sobre ellos -Truman Show-

Divina TV Führer mi amor, donde quiera que vaya Eveready estará.
Divina TV Führer mi amor, donde quiera que vaya Eveready estará.

El propio Trillo es consciente del paralelismo en el prólogo que firmara para la recopilación en libro de la historieta aparecida por primera vez en Zona 84, pero la visión original del guionista era otra, explicitada en la entrevista aparecida en la Fierro #22 de 1986 –la presentación al público argentino de la historia-. Allí Trillo habla del cambio de episteme referido al concepto de realidad y fantasía post aparición de los medios de comunicación del siglo XX; como previo al nacimiento de los mass media se tomaba por ficción la vida interior y objetiva la vida exterior y, tras la aparición de la transmisión –cada vez más constante y sonante conforme avanzaron las décadas-, esos espacios terminaron intercambiándose.

La vida de los otros.
La vida de los otros.

Como los participantes de reality shows, la protagonista Custer adhiere voluntariamente a la filmación 24/7 de su intimidad, para encontrarse en una pesadilla de la que no encuentra escapatoria. Todo el comic utiliza recursos brechtianos de destrucción de la cuarta pared y el eslabón en común parece ser la figura de quien mejor tradujera los postulados de Brecht al cine: Jean-Luc Godard. Pasando por las referencias veladas (la ciudad llamada Alphaville como la película, ¡una calle llamada Godard!) a la especial atención relación montaje/texto -que Trillo utiliza exquisitamente para graficar el divorcio “realidad”/vida interior de Custer, especialmente en el epílogo- el mostrar las junturas del relato le sirve al autor para crear más de una capa de lectura.

Captions autoconscientes de apuntes de guion cinematográfico.
Captions autoconscientes de apuntes de guion cinematográfico.

Autores, seamos justos: en el apartado gráfico Bernet suple todo los requerimientos del guion con excelencia. Las grillas narrativas de cinco/seis viñetas exhiben muñeca cinematográfica sin caer en manierismos ni excesos: zooms, planos medios, planos enteros y en especial contrapicados con muy logradas angulaciones de perspectiva cubren el rango dinámico narrativo pertinente para esta clase de historia. Tomando en cuenta la gran tradición española en el dibujo académico-realista (Hernández Palacios, José Ortiz, hiperrealistas como Enric Sió o Luis García) un dibujante de, en apariencia, carácter más caricaturesco como Bernet nada va en zaga a esas corrientes de representación; basta decir que pocos artistas en el mundo del comic le han sacado más provecho a la textura de pincel seco que quien fuera artista de Torpedo por tantos años –chapeau para la edición local de Historieteca que reproduce a la perfección esos matices representativos-

Toda la artillería de Jordi en tres viñetas: anatomía, iluminación, encuadres y perspectivas.
Toda la artillería de Jordi en tres viñetas: anatomía, iluminación, encuadres y perspectivas.

Más allá de los aciertos con los futuros distópicos o el revisitar 35 años después la obra en relación al presente más inmediato –los dispositivos, en la más amplia acepción del término, hogareños y su auto-monitoreo consentido- Custer regala otra lectura subyacente: la apropiación por parte del ser humano de todo aquello que pueda ser convertido en un producto que rinda posterior ganancia, matizado especialmente por los carteles publicitarios diseminados a lo largo de Alphaville. Poco importa si el grupo que descuartiza en vivo a una de sus integrantes – ¡y es auspiciado por un cicatrizante!- suena a hipérbole desmedida; da cuenta de la enajenación en pos del dividendo a la que son sometidos animales, vegetales, humanos y todo aquello que exista –y no tanto- por parte de la superestructura. Eso precede de larga data al siglo XXI, XX y muy seguramente tenga una prodigiosa carrera por delante.

Una película en papel.
Una película en papel.

 

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