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DC Universe Rebirth: Trinity

La modernización de un clásico

Por: Alejandro Artiles - 16 Nov 2017 Se lee en: 4 mins
DC Universe Rebirth: Trinity

Rebirth, la última refrescada de cara de DC después de un New 52 que terminó igual que como empezó (es decir: nefasto) y de un DC YOU que nadie quiere ni reseñar, es un status quo polarizante entre los lectores. A muchos nos emocionó el regreso de Wally West, el tercer Flash que DiDio y sus secuaces nos habían sacado para luego reimaginarlo. Otros lo tomaron como fanservice inocuo que aburría por lo obvio de utilizar el botón de emergencia del velocista desaparecido para inflar números de ventas. Y mejor no mencionar los planes de traer cierta obra maestra del maestro Alan Moore a la continuidad principal...

Pero dejemos eso de lado. La cuestión es que Rebirth trajo consigo varios relanzamientos, entre ellos Trinity. ¿Se acuerdan aquella serie de Kurt Busiek con lápices de Mark Bagley en 2008? Bueno. Esta vez, toma las riendas narrativas el gran Francis Manapul, de variado historial (destaco su Flash por encima de todo, de lo poquísimo rescatable del New 52).

Y arranca tranqui, con un primer número que nos introduce básicamente el tono que tendrá el comic, focalizado en la Trinidad (lógicamente) y como Bruce y Diana se ajustan a este nuevo Superman (que en realidad es el de siempre, pero no, porque gracias N52). Hasta se podría decir que este #1 es medio pelo, ya que se siente más como una afirmación del nuevo status quo mientras se pide disculpas veladamente por los desfalcos cometidos por la editorial durante el New 52. Una conversación específica entre Diana y Lois (recordemos que Diana era la pareja oficial de Superman durante el N52) es particularmente forzada y artificial, pero se mezcla entre referencias a viejas historias cargadas de nostalgia. El tono es claro: acá las piñas no serán el foco, sino la introspección (no es poco detalle que en este número los veamos de civil, sin sus trajes).

Desde el número 2 en adelante, Manapul escribe For The Man Who Has Everything de nuevo.

Bah, más o menos. La idea narrativa que se nos presenta es muy similar: Mongul, gracias a la ayuda de cierta villana, aprisiona a Clark, Diana y Bruce en mundos de ensueño, dónde se les permite encontrar aquello que más desean y los haría felices. Mientras tanto, en el mundo real, sus cuerpos están controlados por una extraña planta que los mantiene en estas ensoñaciones utópicas. Hasta acá, nada nuevo bajo el sol y otro afano a una obra de Moore.

Pero Manapul va más allá. Esta vez no solo es Superman el que se ve atrapado en su más íntimo deseo (uno, quizás, más terrenal que aquel Krypton utópico que imaginara Moore), sino también Batman y Wonder Woman. Bruce recibe su chance de perdonarse, algo que ansiaba y necesitaba hace ya tiempo, el famoso dejarse ayudar. Diana atraviesa un periplo que involucra la felicidad, abandonarla en pos de aquellos que uno quiere y también un refuerzo a su espíritu de sacrificio. "Momentos que ansiábamos, resoluciones que siempre necesitábamos", reflexiona la amazona.

Y al final del camino, el culpable, el ya mencionado Mongul... que, también, tiene su propio mundo de deseo y resolución, pero a diferencia de los demás, a él no le alcanza. Tenía lo que quería... pero no lo que necesitaba. Sueños, pero no pesadillas. Como todo villano conquistador, una vez lo tiene todo... se aburre. A esto le sigue una resolución satisfactoria, desde ya.

Contado así, seguro que tu conclusión es meh, una historia más. Y en parte es adrede: no quisiera arruinarte mucho estos seis números, porque Manapul hilvana la historia de manera fresca y natural, dándonos desde un reencuentro emocionante con Superman y sus valores, hasta inflar el pecho de orgullo ante la determinación de Diana, un Bruce que claudica y se deja ayudar aceptando por fin sus falencias y miedos, incluso el mismo Mongul dice ciertas cosas que generan un "che, tiene un punto este tipo" a pesar de ser indefendible en el fondo. Lois, fuera del mundo de ensueño, tiene también su rol importante sobre todo enfrentando a la villana de turno.

Los pormenores francamente no interesan demasiado. ¿Superman realmente sería afectado por lo que le ocurre o sería inmune? ¿Sale o no de la galera la resolución final? Queda para el análisis frío, el proveniente del mismo grupo del eterno debate de si tal es más fuerte que cual y demás pavadas que claramente no son el interés de Manapul. Lo que el autor nos propone es un redescubrimiento, es usar aquella idea de Moore de analizar lo profundo del deseo y el ansia de felicidad de estos tres semidioses y examinarlo desde un punto de vista moderno. Como mencioné, poco importa la acción y las piñas, y no tenemos momentos de shock para dejarnos con la boca abierta (más allá de algún fanservice aquí y allá).

Más bien, el tono a través de estos seis números es cálido, amigable, de reencuentro con estos tres personajes tan icónicos como legendarios. Es una historia que hubiese encajado maravillosamente en cualquier continuidad, atemporal más allá de los detalles, digna de ser adaptada en algún formato animado como ocurriera con la obra de Alan Moore. Y, no por último deja de ser importante, el arte de estos seis números es simplemente genial, tanto la magia de Manapul mismo, como un correctísimo Clay Mann y la exquisita Emanuela Lupacchino.

Puede gustar, o no, lo que DC esté haciendo con Rebirth. Ni hablemos de lo que se viene. Pero una cosa es segura: el Volumen 1 de DC Rebirth: Trinity, Better Together, no solo está apropiadamente nombrado, sino que es una joya a rescatar de esta nueva etapa de DC.

Dale una chance. Te va a hacer sentir bien.

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