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Despidiendo a Tim Sale

Recomendaciones para seguir conociendo al gran autor

Despidiendo a Tim Sale

Despidiendo a Tim Sale

Uno de los artistas de cómics más populares por sus trabajos en las Big Two, recientemente se fue de nuestro plano por una enfermedad. Lamentamos muchísimo el deceso de este gran genio, y como homenaje no podemos hacer más que seguir promoviendo y recomendando su bibliografía. Tim Sale tuvo muchas caras y abarca varias temáticas interesantes de ser leídas y conocidas. El equipo de Ouroboros, en esta ocasión Facundo Vázquez, Aníbal Berrey, Matías Espantoso, Mariano Sicart, Damián Pérez, Maximiliano Britos, Bob Blondieness y Sergio Schiavinato, deciden contarnos sus obras favoritas y por qué deberían ser leídas, para conocer mejor a semejante autor que nos abandonó. Porque el autor tiene esa maravillosa cualidad de poder dejar un legado cultural que será pasado de boca en boca, de mano en mano, y no morirá. Larga vida a Tim Sale.
El orden es simplemente por fecha de salida.

Challengers of the Unknown (1991), con guiones de Jeph Loeb

Por Sergio Schiavinato

Voy a ser sincero: la primera vez que leí esta miniserie me pareció flojísima. Pero salió relectura homenaje y llegue a la conclusión de que no la había agarrado en un buen día. No es magnífica, no tiene la prolijidad artística de las otras obras de la dupla Loeb/Sale, pero tiene muchísimo encanto.

Lo primero a destacar es su valor documental al ser la primera colaboración de la dupla. Hay elementos en "Challengers…" que no volveremos a ver ni en ‘The Long Halloween’, ‘Daredevil Yellow’, ni ningún otro de sus trabajos más célebres: globos de pensamiento, páginas con un montón de viñetas (algo de lo que estoy seguro es que Sale ya se había curado del espanto en ‘Grendel’, y acá van desapareciendo capítulo tras capítulo), varios hilos argumentales que se intercalan sin un plan evidente y lo mismo con el tono de la historia. "Challengers…" cambia de drama a misterio a romance y hasta comedia con total anarquía, al punto que parece que estamos leyendo cuatro revistas al mismo tiempo.

Segundo, los autores se dan cuenta al toque de las ventajas que tienen en la cancha que les tocó jugar: un grupo de la B metropolitana de DC, que a nadie le importaba demasiado más allá de que los creó Jack Kirby, con el visto bueno de la editorial para hacerles el tratamiento “Dark Knight” tan de moda en esa época. O sea: meter realismo, amargura y mucha violencia donde antes primaba la aventura y la fantasía. Y como Loeb y Sale entendieron que este era el mejor lugar para hacer lo que se les cante dentro del mainstream, el resultado final se parece muy poco a los Challengers de Kirby, pero también toma distancia de las directivas inspiradas por Frank Miller.

¿De qué se trata? Y más importante, ¿hay que saber algo de los Challengers antes de leer esto? No, para nada. Con saber que es un grupo de aventureros que tuvieron su época de gloria en la silver age y ahora ya están cuarentones y tranquilos lucrando con su imagen (al punto que la ciudad al pie de la montaña donde operan fue renombrada Challengerville) es suficiente. Y entonces los autores (y ciertos antagonistas que se van revelando con cuentagotas) les ponen el mundo patas para arriba: la montaña explota en mil pedazos, mucha gente muere (incluyendo dos miembros del grupo), les hacen juicio, se separan y ahora los tres sobrevivientes tienen que hacer por su cuenta algo que no hacían hace siglos: ser personas comunes y corrientes. Bueno, digamos lo más común que se puede ser dentro de un universo comiquero. Uno de ellos se va a dedicar a las artes místicas (con muchas referencias a cierto hechicero supremo de Marvel que pasan del chiste a tener relevancia en la trama), otro se vuelve actor (y alcohólico) y el tercero elige el camino de la mano dura más pesuti, más cerca de Charles Bronson (y sí, esto salió en pleno 1991, cuando ser lo más parecido a Punisher era lo cool) que de un colorinche superhéroe. Complementados por un periodista bastante buitre que la juega de comic relief (y que va a ser fundamental en el rejunte del grupo), lo importante es que por primera vez estos personajes tienen personalidades creíbles, distintivas y no son tres muñecos intercambiables vestidos de violeta. Y sino digo sus nombres es intencional porque casi seguro no conozcan ninguno antes de la lectura y se les van a quedar grabados a posterior por el cariño que despiertan (bueno, el ultrafacho loquito quizás no).

Challengers of the Unknown. Resumen del pasado y comienzo del fin para los Challengers.
Challengers of the Unknown. Resumen del pasado y comienzo del fin para los Challengers.

Como ya dije, no es una obra redonda a mi gusto: el desenlace es un poco “Momento, momento, ¿Qué pasó acá?”, gran parte de la lectura se siente como una ensalada y Loeb se lleva personajes femeninos a marzo. Sino fuera por Wikipedia (o siendo fan de los Challengers, que haberlos los hay) jamás nos enteramos de que Corinna y June fueron importantes miembros del grupo y no los clichés caminantes que presenta el guion, sobre todo con la primera. Pero hagamos la vista gorda por toda la magia que tira Sale: viñetas que se deforman y se amalgaman contra espacios blancos, splash pages con espacios negativos, narraciones continúas contadas en horizontal de pagina a página, la secuencia en blanco y negro que se volvería un clásico de sus recursos… es imposible no hojear el TPB (la forma más recomendada de leer esto ya que incluye una historia inédita muy divertida, realizada años después) y no embobarse mirando que se inventa Sale, sumado a un trazo con mucho puntillismo y cargado en detalles, algo que se fue depurando en obras posteriores. ¿Vieron? Les dije que esto es distinto a cualquier otra cosa de Loeb y Sale.

Legends of the Dark Knight: Blades (1992) con guion de James Robinson

Por Facundo Vazquez

Siempre volvemos a hablar de esa enorme serie que fue Legends of the Dark Knight: la reina de la retrocontinuidad. En este caso, hablaremos de la miniserie publicada en 1992 entre los números 32 y 34. Además de contar los años perdidos de Batman, tDK también servía para darle a algunos dibujantes su oportunidad de debutar en primera y este es exactamente el caso que nos ocupa, ya que Tim venía haciendo Challengers of the Unknown (un título que solo compraban sus parientes) y acá tuvo la oportunidad de demostrarle a miles de lectores lo tremendamente groso que era.

Blades.
Blades.

En ella, James Robinson y Tim Sale crean (e insertan en el pasado de Batman) al personaje de Cavalier, protagonista indiscutible de estos tres números. Hay muchos aspectos que hacen de este un personaje memorable: su ambigüedad moral, el homenaje a los filmes clásicos de aventura que encarna, el increíble aspecto visual que diseña el dibujante y su vertiginosa evolución.
Aunque este último aspecto puede ser también el principal defecto del argumento. Hudson Pyle es un doble de riesgo que asume la identidad de El Caballero y sale a combatir el crimen con la idea de alcanzar la fama que no logró en el cine. Pero durante su cruzada descubre que el riesgo y la emoción de ser un vigilante enmascarado le atrae mucho más que ser reconocido como actor. Pero entonces salva a una mujer de cometer suicidio y se enamora. Pero entonces descubre el pasado trágico de ella y para ayudarla empieza a robar joyas. Pero entonces entiende que la adrenalina de ser ladrón lo excita tanto como la de combatir el crimen. Pero entonces se ve acorralado por los mafiosos que extorsionan a su amada y termina matándolos y, por lo tanto, enfrentándose a Batman… Demasiado para solo tres números.

Por el lado del dibujo tenemos la primera incursión de Sale en el universo de Batman, uno de los personajes con los que más trabajó y con el que alcanzó algunas de sus obras más perfectas. En este punto ya pueden reconocerse la mayoría de las características que definen su estilo: la síntesis, las grandes manchas negras, cierta deformidad caricaturesca, la alternancia de lo estático y lo dinámico. De todas formas, está claro que el autor va a seguir evolucionando, que aquí no había alcanzado la madurez total de su estilo y todavía se lo notaba más pegado a Matt Wagner con quien había trabajado en Grendel.

Dos motivos extras para leer estas páginas: por primera vez, Tim dibuja esos mafiosos pálidos (que se van a convertir en una marca registrada del autor en El Largo Halloween) y el color siempre brillante de Steve Oliff.

Deathblow vol. 1 3-12 (1993) con guion de Brandon Choi

Por Matías Espantoso

En el año 1993, Image vendía millones de cómics y era la panácea económica de los dibujantes. Jim Lee, uno de sus fundadores, venía rompiéndola a nivel ventas con WildC.A.T.s, pero no se durmió en los laureles y sacó varios títulos de su universo Wildstorm, entre ellos Gen13 y Stormwatch. Cabe aclarar que la calidad de los guiones no destacaba y el dibujo iba por el lado de mujeres de piernas kilométricas y hombres con músculos hasta en el cráneo.

Deathblow
Deathblow.

Uno de los títulos que inicia Lee en los lápices, junto con su socio Brandon Choi en argumento, es Deathblow. Con los dos primeros números a cargo de Lee, el producto es raro a nivel gráfico, ya que hay mucha sombra. Un poco alejado de lo clásico, sin ser malo. Pero ya llegados al número 3, le deja el arte a Tim Sale, insuflando aire fresco con un estilo bastante diferente a la media de lo publicado en el sello. Tim Sale venía de ilustrar Billi 99 en Dark Horse, Blades en LoTDK y Challengers of the Unknown, ambas en DC. 

Deathblow es un ex-Navy SEAL y ex-team 7 con amplia experiencia en black ops, diagnosticado con cáncer, que de alguna forma quiere redimirse por sus acciones bajo las órdenes del gobierno. La trama tiene algunos tintes sobrenaturales a la Spawn, una especie de policial negro conspirativo, con órdenes religiosas y sectas enfrentadas (puaj).

Solo voy a hablar del dibujo de Tim, ya que es lo disfrutable. Al principio me pareció algo muy inspirado por Frank Miller, con un buen manejo del blanco y negro que va mejorando paulatinamente. 

El agregado de color no desentona, con tonos sepia apagados que generan una atmósfera opresiva que casi se puede oler y rojos que cortan la monotonía cuando hay acción, aunque viendo los originales es difícil decir si es acertado el coloreado. La anatomía del protagonista es exagerada de un modo grotesco y caricaturesco. El resto de los personajes son más armónicos aunque las caras no dejan de tener esas formas desdibujadas en la sombra que le dan una personalidad gráfica única. Los fondos en negro pleno y las siluetas en blanco me recuerdan a los trabajos de Eduardo Risso. Las escenas de acción son dinámicas y directas, con alguna influencia de Matt Wagner en su trabajo en Grendel. El fuerte de Tim es el manejo de luces y sombras y la puesta en página. Nos encontramos con páginas con muchísimas viñetas, tres o cuatro, o una full page. Todas con bastante consistencia con el relato y haciendo buen uso del storytelling. 

Deathblow
Deathblow.

Lamentablemente estamos en uno de esos casos donde los guiones opacan el producto final. Una de las primeras obras de Tim con algunos errores y demasiado influenciado, pero en el cual se ve el gran potencial que,conociendo el final de la historia, supo aprovechar. 

El arte de Sale fue mutando y resulta muy interesante ver sus inicios más cercanos a Miller que a Cooke, aunque con personalidad propia y alejado del dibujo genérico de la época. Uno de los cómics que se adelantó a la moda del blanco, negro y rojo. Recomendable para curiosear sin crear mucha expectativa.

Batman: Madness (1994) con guion de Jeph Loeb

Por Facundo Vazquez

Volvemos a Legends of the Dark Knight y a los “años perdidos” de Batman. Si bien la idea del título era que las diferentes miniseries no repitieran dibujantes, al editor Archie Goodwin le gustaba tanto el trabajo de Sale que lo convocó para ilustrar una segunda historia. Tim, por su parte, pidió como guionista a Jeph Loeb, su compañero de Challengers of the Unknown

La idea era que la revista iba a salir en octubre de 1993, así que Loeb decidió llamarla “Fear”, usar como antagonista al Espantapájaros y ambientarla en Halloween.

Finalmente, salió fuera de numeración como un Especial de Halloween de LotDK con portada metalizada y un (ridículamente alto, para la época) precio de tapa de u$s6,95. El éxito de ventas fue tan grande que la dupla repitió la experiencia creando especiales de noche de brujas en los dos años siguientes. Y, aunque los tres son buenísimos, en esta oportunidad voy a hablar de mi favorito: “Madness''.

La historia parece transcurrir inmediatamente después de Year One. El pequeño Jimmy sigue siendo un bebé llorón y asistimos al momento en que Bárbara viaja a Gotham para ser adoptada por los Gordon.

Durante ese Halloween, El Sombrerero Loco secuestra a un montón de niños y los mantiene drogados y disfrazados de personajes de Alicia en el País de las Maravillas en una mansión abandonada. No sabemos para qué pero, dado que es un villano, sospechamos que para nada bueno. Esto evoca recuerdos traumáticos en Bruce ya que la madre le había leído unas páginas de la novela de Lewis Carrol justo (pero justo, justo, justo) un rato antes de ir al cine aquella noche fatal.

Madness.
Madness.

Sí… no parece el mejor guion de la historia (ningún guion de Loeb lo es) pero es todo lo que Tim Sale necesita para crear una verdadera belleza en cada página. Porque acá sí que el estilo del dibujante explotó hasta otra dimensión. Obviamente, al estar tan cercana a Año Uno, es inevitable el homenaje constante al genio de David Mazzucchelli, pero Sale demuestra viñeta tras viñeta que está a la altura del homenajeado. Parece increíble que en apenas un par de años haya pasado de ser buenísimo a convertirse en un autor único, con un grafismo personal e inconfundible y un referente absoluto del mercado norteamericano.

Los tres especiales de Halloween están publicados recientemente en el tomo Batman: Caballero Maldito de OVNI a un precio sumamente conveniente. Digo por si alguno quiere aprovechar.

Batman: The Long Halloween (1996/1997), con guion de Jeph Loeb

Por Mariano Sicart

The Long Halloween
The Long Halloween

La génesis de esta obra clave en la mitología del Hombre Murciélago es conocida, comenzó a tomar forma con posterioridad a los tres únicos números especiales de Halloween que tuvo la recordada -nunca equiparada- Legends Of The Dark Knights (1989-2007), entre 1993 y 1995. Aprovechando la enorme repercusión de los mismos, más el reseteo de continuidad propiciado por Zero Hour (1994) al Universo DC, el siempre rendidor equipo creativo conformado por Jeph Loeb y Tim Sale se embarcó en esta ambiciosa maxiserie de trece entregas mensuales, publicada originalmente entre Diciembre de 1996 y Diciembre de 1997, que se propuso llenar varios ‘huecos narrativos importantes’ en los primeros tiempos de su cruzada contra el crimen.                       

La trama abreva en el policial Noir, narrando un raid de asesinatos cometidos por Festivo, cruel sicario que opera en fechas conmemorativas, eligiendo a sus víctimas entre miembros o colaboradores de la familia de Carmine ‘El Romano’ Falcone. Su identidad es un secreto que tanto la Policía como Batman, con Catwoman como ocasional aliada por motivos de índole personal, buscarán develar. El capomafia hará lo propio para defender su imperio, aunque eso signifique enfrentar abiertamente a Sal Maroni, su inmediato competidor, o recurrir a los servicios de los impredecibles ‘engendros’ que habitan las celdas del Arkham Asylum. Las muertes se sucederán sin freno por el plazo de un año, hasta alcanzar un logrado final cuyas derivaciones continuarán en Batman: Dark Victory (1999) y Catwoman: When In Rome (2005).  

Hay en su haber, dos hitos incontrastables. En primer término, se presenta como una continuación no oficial de Year One (1988), volviéndola canon al retomar inteligentemente personajes y acontecimientos previamente desarrollados por FrankMiller, con el entramado de corrupción que atraviesa Gotham City a la cabeza, pero incorporando también la variopinta galería de villanos clásicos del encapotado en aquel entorno criminal de tintes netamente mafiosos. En segundo lugar, presenta el origen definitivo de Two Face, añadiendo un tercer puntal referencial al pacto justiciero entre el Capitán James Gordon y Batman en la figura del obsesivo Fiscal de Distrito Harvey Dent. Los tres personajes -más Bruce Wayne- son abordados manteniendo el enfoque humano precedente, enriqueciéndolos al mostrar, además de sus tragedias, las carencias afectivo-familiares que los definen. Dos caras de una misma moneda.

En la faz gráfica, estamos frente al trabajo consagratorio del artista. Consideración no referida a los premios cosechados entre la crítica o aún el reconocimiento del gran público, sino a la consolidación de estilo, lograda contra los apretados plazos de entrega propios de la periodicidad mensual. Los lápices de Sale, que le escapan al realismo en favor de cierto retrato caricaturesco de los personajes, apreciable sobre todo en sus preciosas versiones de los enemigos del justiciero, fueron eficazmente complementados por el color de Gregory Wright, quien entendió el juego de claroscuros constante propuesto por su trazo. Después, sorprende gratamente cada cliffhanger en estricto blanco, negro y gris -más el ocasional rojo sangre-, plasmando el accionar de Festivo por las oscuras calles de Gotham. No es poco. Al contrario.          

Daredevil: Yellow (2001) junto a Jeph Loeb

Por Maximiliano Britos

Tim Sale es principalmente recordado por sus colaboraciones con Jeph Loeb. La dupla tiene un punto fuerte en Marvel, donde trabajan juntos en lugar de oficiar de guionista uno, y el otro de dibujante, expresamente. Hay colaboración en el guion por parte de Tim, que también se encarga del dibujo... Y quizás esto sea lo que marca la diferencia entre las obras que me gustan de Loeb y las que no: Tim Sale aporta argumentalmente en vez de limitarse a dibujar.

Daredevil: Yellow.
Daredevil: Yellow.

Cuando la dupla llega a Marvel con Daredevil: Yellow en el año 2001, me ganaron sin esfuerzo. Uno pensaría que repitiendo fórmulas y afilando los mismos gajes al sacar en años posteriores Spider-Man: Blue o Hulk: Gray darían mejor resultado. En mi caso no, la primera es inolvidable.

Y es que Daredevil es una carta de amor (pero literal) de Matt Murdock a Karen Paige. El abogado ciego recuerda al gran amor de su vida, por medio de cartas que le escribe. Cartas que no serán entregadas. A diferencia de las otras obras donde reciclan la misma fórmula, en Yellow la emotividad se mezcla perfectamente con las diferentes épocas en la vida de Daredevil y con la acción, sin dejar de lado el romance y la tragedia característica del diablo de Hell’s Kitchen. Es una historia de origen entre recuerdos: el padre boxeador, la amistad con Foggy, graduarse, pelearse con algún mafioso, conocer a Karen… Seguramente haya gente que leyó Born Again y no le cuadre que algo tan risueño pase luego, otros discutiremos a muerte que el amor de la vida de Matt es y será siempre Elektra. Pero la idea no es debatir sobre el canon y demás, es recomendar obras de Tim. Y sin lugar a dudas, en este caso, el autor narra gráficamente con toda maestría los seis números que componen esta hermosa mini. Toma ese dinamismo cinematográfico tan característico de Frank Miller pero siendo fiel a su propio estilo, más caricaturesco. Enamora con la expresividad que le da a los personajes. Y diríamos que el guion… Sin embargo el mejor compañero del gran Tim no es Loeb, sino Matt Hollingsworth, un tipo al que claramente le importa el arte del dibujante y lo potencia con sus colores, en lugar de taparlo. Los cambios de escena no podrían ser lo mismo con otro colorista.

El Tim Sale que nos gusta de Long Halloween o Dark Victory, está acá. Pero más suelto, no tan limitado con la atmósfera noir. Puede jugar de sobra con las ambientaciones, con los apartados de época, las vestimentas, los fondos. Hacer homenajes, realzar los puntos de quiebre del personaje a lo largo de su vida, remarcar esa importancia del boxeo, la ley y la filosofía personal. Puede caracterizar y ser dinámico como nunca y para nada aburrido.

Si hay que conocer la obra de Tim Sale, Daredevil es un punto altísimo en su carrera y -lamentablemente- limitada producción. Es una recomendación absoluta para ver al artista en acción, mostrando todas las facetas posibles y sin limitaciones.

Spider-Man: Blue (2002-2003) junto a Jeph Loeb

Por Damián Pérez

Para esta miniserie Tim Sale se vio acompañado en guiones por el discutido Jeph Loeb (autor un tanto dispar, amado y odiado por igual). En ella se relata en un tono de remembranza y melancolía la historia de la relación de Peter Parker con Gwen Stacy, aquel gran amor del arácnido que muriera trágicamente a manos del Green Goblin en 1973. Forma parte del plan de miniseries "coloridas" de estos autores, todas ubicadas en los comienzos de la carrera de algunos personajes (Daredevil: Yellow, Hulk: Gray y, más recientemente, Captain America: White). 

Spider-Man: Blue.
Spider-Man: Blue.

Hablando específicamente de la idea... es algo poco original. Ya para 2002 teníamos multitud de historias que revisaban las primeras épocas de Spider-Man, de las relaciones con sus amigos, conocidos, villanos, JJ Jameson, Tía May y, más que nada, con Gwen (y su muerte). ¿Hacía falta volver a revisar la relación entre Peter y Gwen? La verdad que no. Pero si uno llega con esa idea al primer número de Blue, se lleva una gran sorpresa.

Es probable que Jeph Loeb encuentre su tono personal al momento de contar este tipo de historias, en las cuales se revisan desde un punto de vista poco tradicional los aspectos más humanos de los personajes (no es una gran deducción, conociendo otras obras destacadas del autor como Superman For All Seasons). Loeb logra un relato que repite cosas ya contadas por Stan Lee y John Romita Sr., incluso repitiendo diálogos, y agregando alguna que otra cosa (e ignorando algunos detalles cronológicos para hacer encajar sus ideas). Sin embargo logran que el lector quiera seguir adelante, sabiendo de antemano el final, conociendo como sucedieron las cosas entre Peter, Gwen, Mary Jane y Harry Osborn. Una especie de drama adolescente, que podría competir con cualquier serie del estilo, pero con Spider-Man en el medio (y Rhino, Lizard, Vulture...).

Tim Sale es el mejor acompañante de Loeb en estas historias. El dibujante se destaca por dejar fluir la historia, y los rostros que da a cada protagonista hacen que salgan de las viñetas, que puedas ver las lágrimas cayendo, o cuando se ruborizan, sin que eso necesariamente esté dibujado. La forma en que Tim Sale dibuja los ojos y las sonrisas de Mary Jane y Gwen logran enamorar al lector, lo hacen viajar al pasado al instante. Y las portadas que hizo para este cómic son, como suele ser en su arte, simples e impactantes. 

Algunos fanáticos pueden quejarse de los problemas cronológicos que incluye la historia, al narrar hechos ya narrados de una forma algo distinta, pero el recurso narrativo que se introduce salva ese pequeño detalle, y añade un gran tono a la historia: el relato es contado por Peter Parker en su grabadora, como él lo recuerda, hablándole directamente a Gwen (una Gwen que ya dejó el mundo tiempo atrás). La carga de emotividad va subiendo viñeta a viñeta, hasta que logra justificar el "Blue" del título, con un blues melancólico como soundtrack. Cuando el lector cree anticipar el final, y se espera algún salto temporal hasta la muerte de Gwen, los autores terminan el relato en el mejor momento. Y enmarca perfectamente el triángulo Gwen-Mary Jane-Peter (triángulo, pero no necesariamente amoroso).

SOLO (2004): UNA SOLITARIA Y PERSONAL ANTOLOGIA

Por Bob Blondieness

Al mismo tiempo que participaba en Black & White, el genio de Ithaca fue convocado por el editor Mike Chiarello para participar de otro proyecto: SOLO, una antología con foco en la faz visual, donde cada autor disponía de 48 páginas para desplegar toda su impronta personal, apelando a cualquier temática y estilo, utilizando los personajes de la editorial (o cualquier otro) e incluso pudiendo convocar a otros guionistas.

Tim debuta en el primer número, ayudado por el habitual Jeph Loeb, y sumando a Brian Azzarello, Darwyn Cooke y Diana Schutz (con quien ya había trabajado en Grendel).

Batman
La eterna danza del Gato y el Murcielago

El resultado es maravilloso. Si bien el recorrido arranca con un lugar común (la dupla Batman / Catwoman), luego se mete con el género policial más duro, alternando con historias de amor, tragedia y romance, con un final tan redondo y melancólico que te deja al borde de las lágrimas. 

Sale juega constantemente con la paleta de colores, poniendo los tonos ideales para ambientar cada segmento.  

Esta obra se ganó varios premios y definitivamente es un divino tesoro para cualquier biblioteca comiquera.

 

Black & White (2004): una retrospectiva por Tim Sale y Richard Starkings

Por Aníbal Berrey

Más de una vez he escuchado la frase “____ es el dibujante que recomiendan los dibujantes”, implicando que los dibujantes captan algo más o diferente al lector (que de seguro hay algo de ello). Pero Sale realmente se ubicaba en el umbral, pudiendo ser apreciado por artistas con ojos entrenados para entender su técnica y estudiarlo, como también simplemente por lectores que se maravillan por cosas que quizás no saben poner del todo en palabras. Todo es válido.
Su acercamiento al arte de los cómics viene, y gracias a la madre que estudió arte y valoró los intereses de un Tim Sale de 14 años, en bastante grado por el lado de la pintura. En este libro (que podría llamarse Tim Sale confidential), nos revela el origen de muchas de sus técnicas e inspiraciones, entre las que se encuentran Rembrandt, Monet y Rockwell. Tratemos de unir eso a su admiración por Kirby, Steranko y haber estudiado con John Buscema, J. Romita Sr. y Marie Severin. Con este libro uno puede entenderlo y aún así seguir impresionado.

Black and White. Print inconclusa de Grey Archer, de 1983.
Black and White. Print inconclusa de Grey Archer, de 1983.

Print inconclusa de Grey Archer, de 1983.

¿Por qué blanco y negro? El hecho de que Sale domine el trabajo con el claroscuro se debe en gran parte a su daltonismo, que lo llevó a trabajar siempre desde allí y luego pensar en el color, por lo general, con algún colaborador. Ahora bien, el libro quizás no apunta a todo el público, pero tampoco es únicamente para los fans del artista originario de Ithaca. A todo aquel que le interese el proceso, desde la idea hasta el producto final, se puede encontrar con excelente información de primera mano, incluso herramientas para aquellos que además se dedican a dibujar.
Le dedica unas cuantas palabras a hablar del entintado, la composición y del minimalismo. Sale es un gran dibujante de silencios, y sabe dejar que ellos hablen (contrapunto del horror vacui de Geoff Darrow).
En su mayor parte, el libro está ordenado cronológicamente por sus trabajos, y estructurado como una gran charla abierta entre dos amigos. Ésto último le confiere una libertad de opiniones que pocas veces vemos (o sea, sin darle con un caño, opina de Loeb lo que más o menos todos pensamos). Pero de otros tiene mejores palabras, como el caso de Klaus Janson o David Mazzucchelli.
El libro ofrece además de una inmensa cantidad de bocetos, tanto de trabajos publicados como algunos que no, y un par de historias cortas un poco perdidas que jamás verían la luz si no se tratase de una publicación así. En el 2008 el libro fue expandido con cien páginas más, un apartado a color, y pasó de tapas blandas con solapa a tapa dura. Ya sabemos que es un groso viendo el resultado final, pero acá está la clave para saber cómo logró convertir una limitación visual en una marca de estilo y lograr la maestría en el camino.

Superman: Confidential #1-5 y #11 (2006). (recopilado como Superman: Kryptonite) con guion de Darwyn Cooke

Por Maximiliano Britos

Es sabido que no me gusta Superman como personaje. Y si no sabía, querido lector, se está enterando. Sin embargo, obviando esas cosas, los lectores nos preocupamos por los autores, no por los personajes. Y hay una obra con corazón de verdad. No ese corazón berreta de justicia yanki, alien más humano que los humanos o granjero bonachón y virtuoso que nos venden siempre. Darwyn Cooke se ganó el cielo con The New Frontier, y si no iba a dibujar esta historieta, Tim Sale realmente es un tipo que puede seguirle el ritmo y no desentonar en lo absoluto. Celebro esta dupla. Y así como lo hizo en trabajos junto Jeph Loeb, Sale también figura como “storyteller”; o sea que aporta al guion. Vendido.

¿Cuántas veces leímos una historia sobre el origen de Superman? Un montón. Pero jugar más a lo terrenal sin caer en “For All Seasons” o “Secret Identity” es un alivio. Basta de contar cómo llega la nave y arrancar de ahí. ¿Desde dónde más podemos arrancar? Hábilmente en esta historia que recomiendo, cuya gran virtud es la sensibilidad, el tema básico del humano perfecto endiosado como lo mejor que podemos dar, se pone en tela de juicio cuando se reintroduce el mito de la kryptonita, narrando el primer encuentro que tiene Kal-El con esta piedrita verde. ¿Es mortal? ¿Cómo se afronta dicha mortalidad? ¿Y si soy mortal, entonces soy como Pa y Ma Kent? La soledad y desolación que emanan del símbolo de la esperanza de DC son brutales, de esas que se olvidan del ícono y realmente ahondan en una humanidad no artificial
Con todos estos elementos, Tim Sale se da el gusto de hacer unas viñetas que acompañan en todas las estaciones (no pun intended) del cómic, mostrando escenas de acción innecesarias e irrelevantes (con lo que siempre tiene que cumplir Superman cuando anda de héroe, digamos), para brillar con sus colores (culpa del colorista Dave Stewart, que si bien sabe ambientar y es excelente el trabajo que realiza, no es Matt Hollings… bueno, no nos adelantemos), las viñetas cargadas y tensas, las partes en las que tenés que replantearte todo lo que conocés en tu vida…

¿Mi escena favorita?, ese desolador momento que ya nos partió el corazón cuando Darwyn Cooke abandonó este mundo y que ahora vuelve para recordarnos que Tim también se nos fue… La charla sobre la soledad con el oso polar.

Superman: Confidential (Superman: Kryptonite)
Superman Confidential (Superman Kryptonite)

Historia de los “primeros” días de Superman, con mucho aire a remembranza, a sacarte sonrisas con referencias y cosmografía. Es un cómic “viejo” en toda su presentación, pero con un estilo que es entre un pulp caricaturesco y un cartoon noir.

A tratar con respeto un personaje y no tener que recurrir a contar siempre lo mismo o humillarlo. ¿Hablamos de la humanidad de Superman? Hay que leer más este comic y repetir menos lo que nos diga Geoff Johns. Realmente otra joya del gran Tim. Desperdiciar muchas más palabras contando el argumento me parece irrelevante, porque lo que me preocupa es recomendarles un artista hecho y derecho, y aquí lo tienen. Tim Sale es magnífico y no decepciona.

Como mencioné antes, si bien el arte es encantador y el color acompaña, le falta ese siguiente pasito para hacer que destaque más, que no se quede solo en un buen trabajo, sino en un GRAN trabajo. Algunas secuencias pecan de dark o de apagadas, cuando podría el color haber acompañado un poquito mejor en la ambientación, pese a que lo hace bien. Sin embargo acá, a diferencia de casi cualquier otro comic de Sale, noto espacios. El tipo dibuja espaciado, sin preocuparse en saturar las viñetas, y eso es una maravilla porque transmite muy bien el vacío del personaje en ciertas ocasiones. Nada está dejado al azar. Pero para ver lo que estoy escribiendo, vamos a tener que pasarnos de compañía y volver con Jeph Loeb. El diablo nos espera… Pero mientras, despidamos a una de las mejores historias de Superman, por dos autores increíbles que supieron crear una sinergía hermosa.

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Staff de Ouroboros
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