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El Universo Marvel de Jonathan Hickman, parte 14: S.H.I.E.L.D. vol. 2

Casi una década después, la conclusión de una de las historias más ambiciosas del Hickmanverso

Por: Diego Labra - 26 Mayo 2021 Se lee en: 6 mins
El Universo Marvel de Jonathan Hickman, parte 14: S.H.I.E.L.D. vol. 2

S.H.I.E.L.D.: The Human Machine

(incluye S.H.I.E.L.D. (2011) números #1 a #4 y S.H.I.E.L.D. INFINITY, con fecha de tapa de junio de 2011 a diciembre de 2011, más S.H.I.E.L.D. BY HICKMAN & WEAVER números #5 a #6, con fecha de tapa de mayo y junio de 2018)

S.H.I.E.L.D.: The Human Machine
S.H.I.E.L.D.: The Human Machine

Luego del final de Secret Warriors, otra serie que termina. Lo que en un principio parecía un periodo expansivo del Universo Marvel de Jonathan Hickman, prueba ser un momento de transición, con títulos que acaban para dejar lugar los nuevos. El segundo TPB de S.H.I.E.L.D. le pone un moño a una de las historias cronológicamente más vastas y ambiciosas que escribió Hickman para Marvel, y prepara el terreno para la segunda mitad de su mítico run en Fantastic 4.

Nuevamente, los seis números que componen esta segunda miniserie fueron dibujados y entintados por Dustin Weaver. Aunque esta vez los colores corrieron por cuenta de Sonia Oback (con una ayudita de Rachelle Rosenberg y Christina Strain en el cuarto número) y letreado de la leyenda Todd Klein, que tiene más Eisner y Harvey de los que John Williams tiene Oscars.

Se incluye también el unitario Infinity, editado originalmente entre la salida del primer y el segundo volumen, pero aquí, al ubicarse al final, queda como una suerte de epilogo. En él, artistas como Nick Pitarra, Zachary Flagg, Kevin Mellon y Gabriel Hernández Walta hacen un aporte explorando episodios pasados en la vida de algunos de los personajes como Newton, Nostradamus, etc.

Como había adelantado en el repaso del primer volumen de S.H.I.E.L.D., una de las razones por la cual esta serie es tristemente célebre es que quedó inclusa por más de un lustro. Como lo cuenta el propio dibujante, un problema de salud le impidió terminar a tiempo el cuarto número del segundo volumen. Pero cuando después de un período de convalecencia, volvió al tablero y terminó el guión que se le había entregado, encontró con que no había aún noticia del númerosiguiente. Para entonces Hickman ya tenía las riendas de buena parte del Universo Marvel desde su puesto de escritor de Avengers, y no le sobraba tiempo para mirar atrás. (Según las malas (británicas) lenguas la serie estaba terminada para 2014, tres años luego de su salida programada, pero se cajoneó durante cuatro más ¿Qué pasó? Nadie dijo).

Finalmente la conclusión de S.H.I.E.L.D. vio prensa en 2018, siendo este segundo volumen recopilado en un TPB titulado The Human Machine. Así terminó una historia editorial tan enredada y compleja como la contenida dentro de sus páginas.

XXII° Congreso Internacional de Genios Megalómanos escritos por HIckman
XXII° Congreso Internacional de Genios Megalómanos escritos por HIckman.

En cuanto a la historia, este volumen retoma exactamente donde nos dejó el anterior: en medio del conflicto entre Newton y Da Vinci por el control de la Ciudad Inmortal, y la irrupción del Forever Man. Aprendemos entonces que esta misteriosa figura de luz no es otro que Miguel Ángel, otra figura destacada del Renacimiento florentino del siglo, recordado por obras como el friso de la Capilla Sixtina o la escultura El David. Además, el primer número está dedicado íntegro a mostrar que él estuvo detrás de muchos de los eventos de la primera miniserie, moviendo los hilos detrás de los que mueven los hilos. Como le gustan los juegos de espejos a Juanito.

En un gesto cuasi peronista, lo que Miguel Ángel viene ofrecerse como una tercera vía entre la entrega total de Newton al destino y la mecánica de un universo en el que somos sólo piezas de ajedrez, y el humanismo libertario, “libre albedrío o nada”, de Leonardo. Se decide llevar a cabo un “juicio de ideas”, donde a primera vista se desnuda que entre el maquiavelismo del “fin siempre justifica los medios” del primero y el escepticismo popperiano y liberal del segundo no había tanta diferencia. “Son todos lo mismo”, diría Nico del Caño. Pero Leonid, juez del proceso, falla en favor de Leonardo.

Dos páginas, un universo
Dos páginas, un universo.

Lo que sigue en los siguientes cuatro números es sencillo en términos de historia: Newton se escapa al futuro, y los protagonistas deben atraparlo. El equipo está compuesto por Leonid, Tesla, un literal ser de luz sin nombre que es madre de Leonid (y después dicen que los comics norteamericanos no tienen personajes femeninos desarrollados, ja), Nostradamus, Miguel Ángel, Nathaniel Richards y Howard Stark.

En la caza también se suman los tres sabios musulmanes del Último Califato, la lanza del este al escudo del oeste del mundo islámico, que habían permanecido congelados a la espera de este momento. Un lindo gesto de Hickman apuntado a romper el eurocentrismo del elenco, que queda trunco por el hecho de que no hacen nada y mueren sin pena ni gloria.

Pero sobre ese lienzo sencillo, Hickman y Weaver despliegan la más “hickmaniana” de todas las resoluciones que hemos leído hasta ahora, donde juegan con lo formal en un número sin diálogos, páginas repetidas, tres relatos paralelos en una misma página que obedecen a tres posibles futuros, loops temporales, etc. Colapsando todo en un último número que, a lo capítulos 25 y 26 de Neon Genesis Evangelion, resuelve el destino de la humanidad en una charla de diván entre Newton, Miguel Ángel y Leonid.

Si alguno llegaba hasta esta entrega de la serie de reseñas con dudas de que Hickman es un maestro a la hora de construir historias como máquinas que engranan con gran precisión, supongo que ya no le queda ninguna. A este respecto, la ambición narrativa de Juanito no podría llegar a concretarse sin un Weaver que está en llamas. En particular, su dominio de la puesta en página ayuda a que un guión rebalsado de ideas llegue al papel como algo que no solo es comprensible, sino atractivo y sorprendente de leer. Suma, en mi opinión, que hubo recambio entre los coloristas. Me agradan mucho más los colores de Oback, no tan oscuros y “plásticos” como los de Strain. De hecho, en su cualidad cálida aleja los peores vicios del coloreado digital.

Sin llegar a los niveles meta de, por ejemplo, un Morrison, aquí queda claro que el fuerte de Hickman es hacer texto las tendencias metatextuales de los cómics de superhéroes al reboot, el retcon, etc., dándole la forma de enredos temporales y dimensionales. Es decir, en lugar del tono vanguardista dadaísta del británico, el guionista recuerda en sus inclinaciones narrativas a la ciencia ficción dura de los años cincuenta de Asimov, Clarke y compañía. Lo que para ciertos lectores, como yo, es un regalo.

Hickman y la geometría, una remera que diga
Hickman y la geometría, una remera que diga.

Aquí podemos ver explicitados nuevamente los temas que obsesionan al escritor, y se van repitiendo a lo largo de toda su estadía en el Universo Marvel: la inevitabilidad de la entropía, el potencial infinito del renacimiento, destino vs. libertad, etc. Y funcionan bien porque 1) Hickman maneja esos mecanismos con maestria, 2) porque la forma del comic-book norteamericano se presta para este tipo de historias y 3) porque funciona, de manera solapada y para quien quiera leer entre líneas, como un comentario del medio comercial en que se está contando.

Lo que es igual de cierto es que todas ideas grandilocuentes son presentadas a cara de perro, lo que como señalé en mi reseña de la primera parte, puede dejar luego de varias lecturas la sensación de que nos abrazó un robot. El citado Morrison, por ejemplo, escapa de esta trampa sumando un elemento de humor y sátira, un reconocimiento de que no hay que tomárselo tan en serio, si después de todo estamos leyendo una historieta. El mejor Hickman logra insuflar calor en sus relatos cuando maneja personajes con vida interna como, por ejemplo, los Richards.

Pero aquí, si bien ayuda que se trate de un segundo volumen y, por ende, conocemos mejor a los protagonistas, nunca terminan de tomar vuelo, y muchas veces aparecen como máquinas de avanzar la trama. Por eso toda la metáfora de los múltiples padres de Leonid queda un poco hueca, si nunca los vimos compartir un momento humano como tomar un café o patear una pelota (o, su equivalente yanki, tirando una pelota de béisbol ida y vuelta).

El tercer issue, casi mudo, es una demostración del nivel del arte de Weaver
El tercer issue, casi mudo, es una demostración del nivel del arte de Weaver.

En definitiva, los dos volúmenes de S.H.I.E.L.D. son puro Hickman destilado: desmesurada ambición narrativa y conceptual, pulp elevado a su forma más sofisticada y ejecutada maravillosamente gracias a las dotes de un artista con el que se entiende a la perfección. Pero que, en una segunda o tercera lectura, cuando los trucos narrativos ya no deslumbran tanto, se aparece como un poco hueco en la falta de momentos humanos. Un problema, que veremos en próximas entregas, el autor logra resolver en próximos intentos.

Como anticipé al comienzo, ahora que el arco de reescritura del pasado de S.H.I.E.L.D. terminó con el uno-dos de Secret Warriors y la serie que nos ocupó aquí, lo que nos depara ahora este recorrido es la segunda mitad del run de Hickman de Fantastic 4, compuesto por seis libritos (cuatro de FF y dos de un relanzado y renumerado Fantastic 4). Lo que nos ocupará por buena parte de lo que queda del 2021. Nos leemos entonces.

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