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El Universo Marvel de Jonathan Hickman, parte 18: Fantastic Four vol. 6 y FF vol. 4

Hickman cierra el run que lo hizo Hickman

El Universo Marvel de Jonathan Hickman, parte 18: Fantastic Four vol. 6 y FF vol. 4

Fantastic Four by Jonathan Hickman vol. 6: Foundation y FF by Jonathan Hickman v04

(incluye Fantastic Four #605 a 611 y FF #17 a #23, con fecha de tapa entre junio y diciembre de 2012)

Fantastic Four vol. 6 y FF vol. 4
Fantastic Four vol. 6 y FF vol. 4

En la entrega previa de esta columna, que cubrió los volúmenes anteriores tanto de Fantastic Four como FF, vimos como Hickman le puso un moño a buena parte de los conflictos que venía planteando en sus más de tres años a cargo de escribir a los Richards. Esta vez, regresa para dar la vuelta olímpica, atar algún que otro cabo suelto, pero por sobre todo lo demás, despedir a los personajes que le dieron un nombre en la industria.

Nuevamente reseñaré dos volúmenes en una sola sentada, siendo que los números, issues, grapas o como les quieran decir que los componen salieron de forma paralela y así deben ser leídos. En este caso, el orden recomendado es el siguiente:

  • Fantastic Four #605, #605.1 y #606,
  • FF #17 y #18,
  • Fantastic Four #607 y #608,
  • FF #19, #20 y #21,
  • Fantastic Four #609 y #610,
  • FF #22, Fantastic Four #611 y, finalmente, FF #23.

Esto vale solo para el formato TPB, ya que en posteriores ediciones ómnibus el contenido ya está ordenado de esta manera.

En el frente creativo nuevamente tenemos una nómina variada, sobre todo en Fantastic Four. Epting y Kitson dan un paso al costado, luego de cerrar la historia principal, dejando los dibujos en la mano de diversas duplas, todas nuevas al título, a cargo de arcos cortos. Ron Garney, con colores de Jason Keith, ilustra los #605 y #606. Mike Choi y Cris Peter dibujan el 605.1, parte de una iniciativa que tenía por entonces Marvel de sacar números punto uno con cariz introductorio cada tanto. Giuseppe Camuncoli, Karl Kesel y Paul Mounts realizan los #607 y #608. Por último, Ryan Stegman, nuevamente con Mounts, tiene el honor de cerrar el run con los #609, #610 y #611

Por el lado de FF, Nick Dragotta se corona como el dibujante principal del título, por lo menos luego del relanzamiento de Fantastic Four, ya que cuatro de los seis números que componen el volumen tienen sus lápices. Todos fueron coloreados además por Chris Sotomayor. Lamentablemente no retornan los argentinos Bobillo y Sosa, pero si hay una cuota filolatina cubierta esta vez por el español Gabriel Hernandez Walta, más conocido quizá por su The Vision con Tom King, y el portugués André Lima Araújo, ambos excelentes e idiosincráticos dibujantes, en este caso coloreados por Cris Peter. Para no perder la costumbre en el último tramo del run, todos los cómics arriba mencionados fueron letrados por Clayton Cowles.

Estos últimos volúmenes traen un plantel idiosincrático de artistas
Estos últimos volúmenes traen un plantel idiosincrático de artistas.

¿Por qué exísten estas más de 300 páginas, si todos los conflictos planteados a lo largo del run fueron cerrados en los volúmenes anteriores? En una entrevista contemporánea, Hickman contaba que si bien él “siempre había tenido un punto final en mente” para el run, como quedó claro en la reseña pasada, con el paso del tiempo realmente se “enamoró con escribir a la Primera Familia de Marvel y además le quedaban todos estos cabos sueltos por limpiar”. Por esa razón, decidió quedarse un tiempo al frente de los títulos, por lo menos hasta que “los engranajes empezaran a girar” con respecto al evento Avengers Vs. X-Men, la señal que su hora de tomar las riendas de los Avengers había llegado.

Leyendo estos dos libros queda claro todo esto. Estas historias son un poco matar el tiempo hasta que llegue la próxima cosa, tratar de dejar la menor cantidad de puntos sin explicar y, también, una última carta de amor para los Richards.

Fantastic Four arranca fuerte con un número de Garney en el cual Reed y Nathaniel viajan miles de años en el futuro para descubrir la inesperada larga vida de Ben Grimm, pero luego definitivamente pierde frente al superior FF. El número siguiente, cuenta una suerte de “What If…?” en la vida de uno de los miembros del Consejo de los Reeds en el cual los Cuatro Fantásticos son la herramienta de una Alemania Nazi triunfante a lo Man in the High Castle. Levanta por los muy buenos dibujos de Choi, pero la historia es bastante trillada en un mundo post Red Son. El último número que le toca dibujar a Garney tampoco es muy imaginativo que digamos, mandando a los Richards en literalmente un viaje fantástico al cuerpo de William Lumpkin, un viejo personaje que fue cartero y también empleado de ellos.

Camuncoli ilustra un viaje a Wakanda no mucho más inspirado, donde Hickman prueba un poco escribir a T’Challa, uno de los personajes principales del drama por venir en Avengers. No queda duda alguna que el punto alto del periplo africano es la que se lee en FF, donde un Gabriel Hernández Walta en plan cuento infantil (con ayuda de los colores de Cris Peter) retrata el accidentado safarí de los niños de la Fundación, que termina felizmente con la incorporación de Onome a la clase.

What if...Reed fuera un nazi?
What if...Reed fuera un nazi?

Por último, llegan los tres números de Stegman, que no hacen nada para cambiar mi opinión, logrando un combo de tedio perfecto en la combinación de más historias intrascendentes con el estilo noventoso y trillado del dibujante. Incluso cuando algo importante aparece en la página, como el careo entre Bentley-23 y su creador en el #610, la resolución la leemos en FF #22.

Si bien parece contraintuitivo guardarse lo más sustancioso para el título secundario, es difícil no comprender lo que hace Hickman acá, porque allí lo tenía a Dragotta brillando a un gran nivel. De hecho, en el texto final con que el escritor se despide de la revista, lo destaca a este partenaire como el que dibujo mejor los momentos emocionales de todo su tiempo a cargo de la Primera Familia.

Este último volumen no es la excepción, abriendo con uno de los issues más desopilantes del run en el cual Peter Parker trata de echar a la Antorcha Humana de su piso compartido. Luego, en el siguiente, lo pone a Johnny como profesor suplemente, dándole a los chicos una clase de educación sexual poco recomendable y luego un aún más improvisado viaje a la Zona Negativa, donde Annihilus recupera el poder gracias a las bondades de la democracia representativa.

Es también en FF donde se atan los cabos sueltos del lio Inhumanos vs. Kree. Gracias a la intermediación de Franklin adulto, el único capaz de lograr hacer meditar al implacable Black Bolt, se logra pactar una paz entre ambas facciones fundada en el hecho que la alteración temporal creada en el volumen pasado hace nula la profecía apocalíptica que tanto teme la Inteligencia Suprema. Aunque, como suele ser el caso en este tipo de conflictos, el precio lo pagan los inocentes. El rey de los Inhumanos Universales acepta la condición de romper el matrimonio de Ronan y Crystal, separando cruelmente aquello que el amor había unido.

Dragotta, de nuevo, se roba el libro
Dragotta, de nuevo, se roba el libro.

Finalmente llega la hora de atar el último cabo suelto: los hermanos Richards del futuro. En Fantastic Four #611 vemos como Valeria adulta vuelve a resaltar que la infancia de su yo pequeña será difícil, rescata junto con su padre y abuelo a un Doom que, en un guiño de lo que vendrá, tiene una pequeña probada de lo que es ser un dios creador, y parece retirarse a una dimensión propia donde dice poder por fin ponerse a “construir”. En este número también aclara, en un dialogo incluido para satisfacer a los detectives de la continuidad, porque ellos habían tirado a su abuelo tantos números atrás a un pozo espaciotemporal.

El cierre de FF #23, además de concentrarse en Franklin, se ocupa más del filón emotivo, subrayando que las relaciones familiares son el tema central del run. Dos momentos brillan en esta veintena de páginas. Primero, cuando Franklin grande le explica a su yo chiquito la relación entre él y su hermana como aquella entre la imaginación y la inteligencia, y como crear requiere de ambas. No alcanza con sólo saber. Segundo, en el tierno momento cuando Reed y Sue le preguntan si fueron buenos padres, si se equivocaron mucho al criarlo.

Con esa despedida final, el epílogo de Hickman donde aclara para los despistados que estaban leyendo otra cosa que la familia y el amor que nace dentro de ella son el corazón de su run está totalmente de más. Como ya escribí la vez pasada, es ese componente emotivo, basado en los personajes y sus relaciones lo que eleva el run, dándole un ancla humana a la falopa de ciencia ficción dura. Que, por supuesto, nos gusta mucho también

En ese respecto, me intriga saber cómo encontraré su run al frente de la familia de títulos Avengers ya que, aunque me acuerdo bien claro que me voló la cabeza con sus giros inesperados y ambiciosos conceptos, no sé si fue tan exitoso en darles carnadura en personajes que se sintieran vivos.

Si me estoy preguntando esto es porque sí, con la próxima entrega de esta serie dejamos atrás lo que podríamos llamar el primer acto del Hickmanverso Marvel, centrado en S.H.I.E.L.D. y los Cuatro Fantásticos, para entrar en el segundo, que pone el foco sobre el equipo superhéroico más importante de la Casa de las Ideas. O, por lo menos, más importante desde que la película de Kevin Feige y Joss Whedon recaudó millones de dólares. De hecho, el run de Hickman comienza inmediatamente luego de ese blockbuster, como una invitación para todos aquellos que se coparon con la saga del MCU, hecho que explica el juego de influencias permanente entre el run y el cine. Pero de esto hablaremos en mayor profundidad la próxima entrega. Nos leemos entonces.

Para seguir el orden de lectura: Guía de lectura del Universo Marvel de Jonathan Hickman

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Escrito por:
Diego Labra

Diego Labra
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