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El Universo Marvel de Jonathan Hickman, parte 5: Secret Warriors vol. 3

Esta vez nos damos una vuelta por el cuartel de Hydra

Por: Diego Labra - 24 Ago 2020 Se lee en: 6 mins
El Universo Marvel de Jonathan Hickman, parte 5: Secret Warriors vol. 3

Secret Warriors v03 – Wake the Beast

(issues #11 a #16, con fecha de tapa entre febrero de 2010 y julio de 2010)

Secret Warriors v03 – Wake the Beast
Secret Warriors v03 – Wake the Beast

Con el tercer volumen de Secret Warriors, hemos alcanzado la mitad de la serie (y la superamos también), por lo que aquí encontramos esa parte jugosa del medio, el nudo de la historia. Los villanos terminan de mostrar la cara, y lo que está en juego termina por ser develado.

En cuanto a los créditos, continua a cargo de los guiones un emancipado Jonathan Hickman, ya librado de las “rueditas de entrenamiento” de la coautoría que proveyó Bendis en los primeros números. En el rubro visual, regresan los dibujos de Stefano Caselli, mientras que los colores de Sunny Gho y el letreado de David Lanphear proveen una paleta que unifica la serie.

Eso sí, algún deadline se le vino encima al dibujante, ya que en el último issue del libro su compatriota Gianluca Gugliotta se hace cargo de los lápices. Jim Cheung continua como siempre rompiéndola en las portadas (ya quiero llegar a la parte de este readthrough en la cual él se encarga de los interiores).

Gorgon, de lo mejor del volumen.
Gorgon, de lo mejor del volumen.

(Casi) de inmediato, Hickman nos arroja en Japón, donde unos seres de apariencia insectoide están atacando al Silver Samurai, un villano frecuentemente asociado a Wolverine. Lo que quieren es “la caja”, un mcguffin tan genérico que ni siquiera intenta disimularlo, y que nosotros sabemos ya cambió de manos y se encuentra en poder de Madame Hydra. Negándose a quedar con las manos vacías, su búsqueda se dirige entonces hacia donde se encuentran Viper y Gorgon, con resultados violentos.

Además de darle una buena inyección de adrenalina para empezar la lectura, esta primera secuencia deja en claro que, esta vez, es el turno de los villanos. Porque si bien iremos visitando regularmente al campamento de S.H.I.E.L.D., el grueso del volumen está dedicado a las otras dos patas, que hacen a la triada que ha ido construyendo Hickman como eje de los misterios: Hydra, y la aquí revelada Leviathan.

Aquí yace lo más atractivo que ha mostrado hasta el momento Secret Warriors. Este es Hickman mojándose los pies en el ejercicio de armar narrativas enrevesadas con múltiples facciones y puntos de fuga. Si bien ya lo venía anticipando en susurros y pistas varias a lo largo de los números anteriores (así como en las tablas de Excel y gráficos de tortas), aquí los bandos en juego salen por completo a la cancha

Los que se sientan en la mesa chica
Los que se sientan en la mesa chica

En este punto brilla el libro, mostrando las fuerzas independientes que chocan y le dan una dinámica al conflicto que va más allá de lo binario de “los buenos” y “los malos”. El clímax llega en las últimas páginas, con la declaración de guerra y subsecuente batalla entre la Hydra de Von Strucker y el Kraken y el Leviathan de Orion y Magadan (a todo esto, Fury y los suyos dan un paso atrás y esperan los resultados para ir a patear a quien sea que quede en el piso).

En tiempos cuando sospechas y crisis se solapan unas sobre otras, parece un acierto que Hickman escriba como un conspiranoico, uniendo todos los puntos en una telaraña de secretos e historias ocultas. “Planes dentro de planes, y ruedas dentro de ruedas”, dice amenazante un esbirro a punto de morir. Como señalé en la reseña del primer volumen de esta serie, este tipo de narrativa, además, le sienta bien al personaje de Nick Fury, que ya de por si vive en un mundo de espionaje, humo y espejos. Tiene sentido que Marvel lo iniciara al autor con una de espías.

Fury es escrito casi como un enigma, con poco dialogo interno y menos flashbacks que nos ayuden a comprender sus motivaciones, cayendo el peso de la caracterización sobre las decisiones y acciones que toma desde su pedestal de mando. De hecho, si en su opacidad y arbitrariedad Fury parece tener más en común con el Kraken y Magadan, no es casualidad. Él es, después de todo, uno de los grandes apostadores sentados a la mesa.

Otra ventaja de este tipo de narrativa es generar en el lector la sensación de estar en presencia de un mundo vivo y complejo, que desborda y existe más allá de las páginas del cómic que está leyendo. S.H.I.E.L.D., Hydra, H.A.M.M.E.R, Leviathan, Zodiac, cada organización con su cadena de mando llena de disenso, y que además no existen de manera estanca, sino que se cruzan y tejen la una con la otra. Siempre da la sensación que hay algo más allá que no podemos ver, y eso mantiene al lector.

Cuando vas a la mesa de saldo y ves ese muñeco que nadie nunca quiso
Cuando vas a la mesa de saldo y ves ese muñeco que nadie nunca quiso.

Pero dónde todavía está verde la cosa es en lo vacía de contenido que aparecen esas estructuras organizacionales en pugna. Un punto flaco que queda especialmente desnudo en este volumen al concentrarse en los bandos de los villanos. El Kraken solo resulta interesante por el misterio que lo rodea y la incógnita de su identidad (¿será un personaje que ya conocemos o no?). Los líderes de Leviathan, la titular bestia que se despierta, no tienen mucha mejor suerte, representándolos sólo como la cara de una voluntad “colectiva” que caricaturiza su origen soviético. No ayudan los diseños de personajes, que los presentan como action figures ochentosas con tanta masa superior que es imposible que se mantengan erguidos.

Los que mejor parados salen son Gorgon y Madame Hydra. El primero, que ha sido recuperado con gran éxito por Hickman en su run de X-Men, casi por la fuerza de lo genial de su diseño y concepto. ¿Cuánto hay que hacer para arruinar a un samurái de ojos vendados y espada maldita? En este volumen, aparece como el más taciturno y conflictuado de la plana mayor de Hydra, lo que contribuye a darle un poco de volumen. Dicho esto, la secuencia que lo ve convertir a una henchwoman en piedra sin razón alguna se lee como un gesto hueco que sólo tiene sentido si hiciera falta recordar que el personaje es malo y que tiene el poder de convertirte en piedra con la mirada.

A Madame Hydra, o (Valentina Allegra de Fontaine) por su parte, se la pone debajo del reflector en estas páginas porque, no sólo se revela su traición a Hydra y lealtad ulterior a Leviathan, sino que también había estado jugando a tres puntas con Fury. Pero, de nuevo, no mucho más de la vida interior del personaje es explorado, salvo que contemos toda la carne que queda expuesta gracias al cambio de vestuario oportuno de la Condesa.

Fury echa a Druid por "pusilánime" (leer con voz de Aldo Rico)
Fury echa a Druid por "pusilánime" (leer con voz de Aldo Rico)

Donde si encontramos más foco en la caracterización es en el frente de S.H.I.E.L.D. Yo Yo y Stonewall realizan una excursión que los conecta con sus pasados (y al uno con el otro), mientras que Sebastian Druid es eyectado del grupo por orden de Fury, quien lo encuentra como el eslabón débil que podría terminar por romper toda la cadena.

Esa orden inapelable fuerza a Daisy a un conflicto interno entre la lealtad a su jefe o a sus compañeros. Lo que no termina de convencerme del todo es el desarrollo de un romance entre Quake y JT que, como descubrimos en la última página, probablemente tenga más que ver con darle gravedad al cliffhanger final, que con agregar una capa más de complejidad a la líder del equipo. Veremos si en los volúmenes que siguen este giro termina funcionando, o finalmente me da la razón en esta sospecha.

En cuanto al apartado gráfico, el regreso de Caselli me tuvo toda la lectura extrañando los lápices de Vitti. Como señalé más arriba, el italiano tiene propensión por el estilo bien comic book de músculos y curvas exagerados, que no es de mi devoción. Aquí este manierismo se desborda en los miembros de Leviathan, los que parecen diseños descartados de una línea de He-Man y los Amos del Universo.

Se armó hecatombe
Se armó hecatombe

De todos modos, lo prefiero a Caselli sobre Gianluca Gugliotta, quien lo reemplaza en el último número que compone el libro. Si bien sus dibujos son dinámicos, sus rostros desentonan demasiado con los del primero al punto de parecer otros personajes. En algunos lugares también se ven problemas de escala y proyección. Por ejemplo, en una estocada de Gorgon¸ que lo muestra primero empuñando su katana pero acto seguido parece estar clavando un cuchillo Tramontina en Orion. Claramente Gugliotta fue un bombero que trajeron para apagar el incendio. Pero a la distancia, como lo es esta lectura completa de la serie, esas decisiones terminan jugando en contra. Otro argumento negativo para el floppie mensual.

En definitiva, nos encontramos ante un volumen que aprueba, pero sin lucirse. La trama avanza, Hickman ejercita sus músculos en el desarrollo del gran diagrama que enreda a toda la serie y nos regala momentos interesantes de algunos personajes, pero no mucho más.

Pero, tranquilos, que desde aquí el viaje no tiene otra que dirección que hacia arriba. A partir de la próxima entrega, esta serie de reseñas irá intercalando los tres títulos que el autor escribió en paralelo a partir de mediados de 2010: el presente Secret Warriors, el complementario S.H.I.E.L.D. y la razón por la cual todos lo amamos, Fantastic Four. Nos leemos entonces.

 

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