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El Universo Marvel de Jonathan Hickman, parte 9: Fantastic four vol. 3

La Primera Familia se pone una fundación (sin aparentes beneficios fiscales)

El Universo Marvel de Jonathan Hickman, parte 9: Fantastic 4 vol. 3

Fantatic Four by Jonathan Hickman v03 – The Future Foundation

(números #579 a #582, con fecha de tapa entre julio y octubre de 2010)

Fantatic Four by Jonathan Hickman v03 – The Future Foundation
Fantatic Four by Jonathan Hickman v03 – The Future Foundation

Regresamos a chequear como sigue la Primera Familia del Universo-616, ya en su tercer volumen bajo el mando de Hickman. Esta vez se siguen plantando semillas para desarrollos venideros, particularmente la creación de la Future Foundation, así como se pone elfoco tanto en la cuestión temporal como en la familiar, haciendo hincapié en las tres generaciones de Richards: Nathaniel (a quien vimos en S.H.I.E.L.D. el mes pasado), Reed y Franklin.

En el frente artístico de este nuevo y corto volumen, recopilando sólo cuatronúmeros, se encuentra el dibujo de Neil Edwards, quien regresa luego de ausentarse en el libro anterior. A diferencia de su co-equiper Dale Eaglesham, no se entinta solo, sino que lo hace Andrew Currie. En los colores reincide el siempre presente Paul Mounts, así como las letras de Rus Wooton. Aunque aún no lo sabíamos al momento de leer estos cómics, esta sería la despedida de ambos artistas que abrieron la era Hickman, siendo introducido en el próximo volumen Steve Epting, quien se convertiría en el artística principal y quien, probablemente, más números del la etapa dibujó.

También que hay que advertir que estos números al momento de ser editados se encontraron decorados con el banner Heroic Age, bajo el cual se relanzó la línea editorial de la Casa de las Ideas, sobre todo los títulos de Avengers, tras los acontecimientos de Siege (o Asedio). Si bien el evento no tuvo impacto en la esquina Hickman del universo Marvel, esta es la segunda vez que la serie se ve enredada en los grandes movimientos craneados en las altas oficinas de la editorial ya que, recordemos, el mismo se lanzó como una miniserie tie-in de Dark Reign, el cual a su vez era el relanzamiento de la línea tras Secret Invasion.

Justo ahora que el legado de Bendis en Avengers es recordado y debatido en grupos comiqueros a colación de su aparente desembarco como nuevo escritor de la Justice League, es interesante ver como Hickman fue desarrollando una serie que hoy es pensada (y editada) como una unidad cohesiva y coherente, a la sombra de la puesta en marcha de la maquinaria de eventos perpetuos que nació, por lo menos en Marvel, un poco como respuesta al éxito de Civil War, y que todavía hoy dinamiza a las Big Two.

Porque si los Avengers se están reformando y expandiendo con más sucursales que Starbucks en Palermo, de eso no hay noticia alguna en este volumen. En su lugar tenemos aquí básicamente tres historias, las cuales retoman y continúan diversos hilos argumentales introducidos con anterioridad y, así mismo, ejemplifican los dos ritmos narrativos que el escritor ha estado laburando en la serie.

Primero tenemos una historia que abre con un Reed en su faceta más castradora, fagocitando a sus colegas por proponer cortar un poco con el capitalismo predatorio y expansivo, lo que el interpreta como falta de ambición. En unas páginas que recuerdan al dilema al centro de Interestellar de Nolan, la solución de un Reed, que aparece acá como una mezcla de Bill Gates y Elon Musk, es escapar para adelante. Un trabajo que considera más propio de mentes jóvenes, muy jóvenes.

El saldo de esta arenga es la instauración de la Future Foundation, integrada por los personajes infantiles introducidos en el volumen anterior, la mayoría de ellos relacionados con viejos villanos (Dragon Man, los Moloids superinteligentes, Bently-23, Alex Power), más Valeria y la guía de Reed. Y, como prueba de concepto, las jóvenes promesas resuelven un problema que eludió a Mr. Fantastic durante décadas: la transformación de Ben Grimm, quien ahora podrá gozar de una semana al año como “humano normal”.

La segunda historia nos lleva a la juguetería con Johnny, Franklin y Leech, quienes aprovechan que los cerebritos están en la suya para salir a hacer bolsa la tarjeta dorada de papá. Por lejos la parta más humorística del libro, aquí también es donde brilla más el corazón de los 4 Fantásticos. Hickman los entiende y escribe como una familia, dándose el espacio para laburar cada uno de los binomios que se forman. En este caso, esa simple página entre Johnny y Franklin, en la cual la Antorcha Humana empatiza con su sobrino y le dice que a él también su padre lo ignoraba en beneficio de Susan, tiene una resonancia emocional que no debería caber en media docena de paneles, e informa lo que pasará a futuro.

Ya he venido señalando en reseñas anteriores cuanto me sorprende la dimensión emocional que Hickman le pone a sus 4 Fantásticos. Si esta relectura me está dejando algo, es justamente esta certeza. Si bien yo mismo cuando pienso en Juanito pienso en la relojería suiza de Times Runs Out, de Secret Wars, de HoxPox, es bueno recordar que cuando sus historias funcionan mejor es cuando los engranajes están soplados de vida. Sino, simplemente nos quedamos con algo un poco inferior, como podría ser el caso del primer volumen de S.H.I.E.L.D., que nos ocupó el mes pasado, donde la ambición del modelo desplegado se comió completamente cualquier oportunidad de desarrollar personajes y relaciones emocionales.

Por lo demás, la tercera y última historia, que abarca dos números, sí nos introduce en la cosa más espesa, y hasta tira guiños a la anteriormente señalada serie paralela. Aquí se retoma la aparición del Franklin Richards del futuro, quien aprendemos está trabajando en conjunto con su hermana y su abuelo Nathaniel. Aprendemos también de la Gran Cacería de los Nathaniel invocada por Immortus (quien también es Nathaniel Richards), y vemos como uno de los últimos de ellos va en busca de la ayuda de su hijo, Ben Grimm y Victor von Doom para sobrevivir en un tiempo pasado dejado nebuloso para quedar en offside en una línea de tiempo marvelita que siempre se va corriendo.

Acá la cosa se enrieda en serio, y además queda abierta, no terminando de entenderse aún la motivación que empujan a los Franklin y Valeria del futuro a intentar cambiar el pasado, así como a pegarle una patada en la cabeza a su abuelo. Pero, de nuevo, si todo este suspenso y diálogos oblicuos sostienen la tensión, es porque están tensados sobre líneas emotivas. Principalmente, la cuestión de la paternidad/maternidad es invocada, instalando al padre ausente como un tópico que no solo hace eco con la desaparición de Nathaniel de la vida de Reed, sino con el viaje a la juguetería de Franklin con su tío porque su papá estaba muy ocupado. Todo muy freudiano: la culpa es de los padres.

En cuanto al apartado gráfico, en esta última entrada sigue sin convencerme lo de Edwards. En particular, sus caras no me agradan, aunque creo que en general lo que más me molesta es que el dibujo aparece como anticuado. Sin embargo, de acá en adelante es todo lo contrario, con Epting, Dragotta y nuestro compatriota Bobillo entre los artistas que tomarán la posta.

El mes que viene, ya el primero del 2021, volvemos a encontrarnos con los primogénitos del Hickmanverso Marvel: los Secret Warriors. Recordemos que los dejamos, hace ya largos 4 meses, en un momento de alta tensión, con un Leviathan revivido que se ocupó de aplastar a Hydra, y al epónimo grupo con un traidor entre sus filas. Veremos cómo estos conflictos continúan desarrollándose el año que viene. Nos leemos entonces.

Reed Buenaventura, el profe
Reed Buenaventura, el profe

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Diego Labra
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