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Comics

The Extremist

Presos en la cotidianidad, libres en el anonimato

Por: Anibal Berrey - 13 Ago 2019 Se lee en: 6 mins

“Sentí lo que se debe sentir ser libre. Es el traje. Te libera. Te seduce. Te viola.”

No es algo extraño encontrarse una historieta en la que un personaje hereda o encuentra un traje, y con éste habilidades para cumplir una tarea. Y seguro pensamos que deberá representar o defender ciertos valores. Sí, esto sucede en The Extremist, pero no de la manera que esperaríamos.
The Extremist (1993), es en realidad un drama sobre honestidad y liberación, en la que Milligan aprovecha para dejar caer algunas ideas interesantes sobre la identidad sexual.

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El traje da un anonimato ante los demás, pero el portador queda encerrado en él, empujado a preguntarse por su propia naturaleza.

LOS AUTORES

Para 1993 Peter Milligan ya había dado pasos firmes en Vertigo. Shade The Changing Man había cruzado la marca de los treinta números, y en marzo del mismo año comenzó a serializarse Enigma, junto a Duncan Fegredo (cómic que además sirve como lectura paralela de Extremist). Ya instalado en Vertigo como una segunda casa, Milligan trabaja la idea, que originalmente era de Brendan McCarthy, hasta hacerla suya. Y, cómo es característico en su trabajo, el tema de la identidad está muy presente.
Y en cuanto a Ted McKeever, si bien The Extremist es su primer trabajo para Vertigo, ya tenía varias cosas publicadas por Epic (Plastic Forks, Dance of the Fetus), por Atomeka y en Mad Dog Graphics. Pero a partir de acá en adelante es que publicaría más en Vertigo, cosas como Industrial Gothic, Faith, y tendría un breve paso por Doom Patrol.

¿QUÉ ES “THE EXTREMIST”?

No debería tener que explicar de qué va, ya que la nota es para quienes hayan leído el comic, pero bueno, quizás a alguien le genera interés a raíz de la sinopsis y se guarda el análisis (boeh “análisis”) para más tarde.
La historia sigue a tres personas que tienen como nexo el haberse cruzado con el traje del Extremista. Quien use este atuendo deberá asumir la identidad o rol del extremista, lo cual es proteger los intereses de La Orden, una organización dedicada a satisfacer los deseos sexuales (a veces más que eso) de sus miembros. Por otro lado, si alguien representa un peligro para la organización, es deber del Extremista eliminarlo.
Al comenzar el relato, conocemos a Judy, que es la Extremista actual, pero cumple esta función solo para averiguar quién mató a su marido, el anterior Extremista. Aunque en realidad, eso es lo que se dice a sí misma.

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Milligan hizo escuela desde muy temprano al  hablar de ciertos temas de identidad sexual en los comics mainstream.

SI TE QUEDAS EN LA MITAD DE LA CALLE, TE VAN A ATROPELLAR

Eso es lo que diría el Extremista sobre vivir una vida moderada. Mejor dicho, el editor Art Young parafrasea al Extremista de esa manera, y con eso ayuda a ver dónde reside el problema de los personajes. En general, el conflicto que intentan resolver suele encontrarse en alguna de las dicotomías que ellos mismos establecen: Locura-Cordura, Mentira-Verdad o Vida ordinaria-Liberación. Ahora, si bien el objetivo de ellos es resolver esto, el punto fuerte es cómo el conflicto los afecta, para llegar a una posible resolución.
Para eso vamos a ordenar cronológicamente el relato. La historia está narrada desde 4 momentos diferentes que serían:

  • Diciembre ‘93
  • Junio ‘93
  • Julio ‘93
  • Enero ’94

JACK, EL PRIMER EXTREMISTA, Y PATRICK, EL REPRESENTANTE DE LA ORDEN

Junio 1993: El primer extremista que conocemos es Jack. No sabemos cómo llegó a serlo, pero inmediatamente conocemos un rasgo del personaje que a la vez será su condena. Antes de matar a su primera víctima, ésta pide ser escuchada. Busca misericordia, cosa que el Extremista no debería tener, pero Jack tiene dudas. Al escucharlo lo humaniza y se le hace más difícil asesinarlo. Sufre al hacerlo. Jack está en la mitad de la calle, intenta cumplir su rol, pero las emociones siguen allí, impidiéndoselo.
Más adelante se refiere a su novia, Judy, como su ancla en el “mundo normal”, cuando el suyo es una locura. Sabe que ella se tiñe pero no lo cuenta y, esto, le parece a él de las cosas más ordinarias y comunes. Hacen el amor sin gracia, y describe sus besos como los de una madre a un hijo. No hay pasión o excitación, y mantienen una relación más bien funcional. La distancia que se crea entre los dos es proporcional al tiempo que lleva Jack siendo el Extremista, y mayor la tensión para resolver su conflicto. Por momentos, piensa que al confesarlo todo se sacaría un peso de encima, incluso si por esto Judy lo rechaza.

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McKeever pone especial atención en los ojos de los protagonistas. Qué sienten, lo que ven, y lo que no desearían ver. Al no tener ojos ni rasgos, la máscara del Extremista cumple con no transmitir emoción, sin embargo a cada personaje el traje le devuelve la "mirada", de algún modo.

Sabiendo de su estado indeciso, Patrick le insinúa que debería matar a Judy, y soltar el mundo “normal” si desea alcanzar el estado pleno de ser el Extremista. Jack reacciona negativamente, pero ahora Patrick sabe cómo puede manipularlo, cuál es su punto débil.
En lugar de matar a Judy, Patrick se aprovecha y tiene relaciones con ella. Se justifica con Jack diciendo que ella no es su propiedad y no debería sentirse mal por lo sucedido, pero esto revela algo contradictorio en el personaje de Jack. Él se siente mal pero no puede negar el placer en el momento que ve a su novia disfrutando del sexo con otro. ¿Cómo reacciona a esto que descubre de él mismo? Escapando. Como si realmente pudiera hacerlo de una verdad así.
En el restaurant de sushi al que siempre van, Jack le propone a Judy irse del país y comenzar una nueva vida en otro lado. Lo que hace es, al rechazar esa fantasía como suya, o como parte del mundo “normal” que desea, aferrarse más a su ancla. Minutos después, muere al salir del negocio. Judy alcanza a confesarle que se tiñe el cabello, porque cree que al menos merece saber una verdad sobre ella antes de irse.

JUDY, EL LEGADO Y LA BÚSQUEDA DE ALGUNA VERDAD

Julio 1993 a diciembre 1993: Esta última confesión de Judy surge de buenas intenciones, pero va a jugarle en contra en cuanto empiece a conocer la vida que Jack no compartía con ella.

A través de las cintas que Jack mantenía como diario personal, Judy se adentra en el mundo del Extremista y La Orden, pero a la vez se le revela el “otro” Jack. Se pregunta cuál de los dos era el verdadero, el “normal” o el Extremista, pero esta pregunta en realidad va ser su propia guía desde el momento en que decide usar el traje. Patrick aparece en escena y la manipula a ella también. La mantiene siendo el Extremista con la promesa de ayudarla a buscar al asesino de Jack, pero su objetivo es otro. Eventualmente Judy se pregunta cuál es su verdadera identidad, si la de Extremista, o la que se disfraza de mediocridad y conformismo todos los días.

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En Enigma, Milligan propone que la rutina es lo que mata al amor. Acá, alza un poco su voz y enfatiza los contrastes.

Luego de tener relaciones con Patrick, ahora consensuadas, le cuenta una fantasía sexual que siempre tuvo, pero jamás pensó en compartirla con Jack. En ese momento se da cuenta que quizás hubiese podido hacerlo, y que los dos, en su intimidad más profunda, no estaban tan alejados. Existía la posibilidad de ser una pareja más honesta, pero elegían mostrar una fachada y relacionarse desde allí.
Todo la lleva a pensar que la manera de ser libre es comprometiéndose al 100% con el rol del Extremista, entonces comienza de a poco a abandonar la identidad “de civil”. Queda tan identificada que no puede dormir si no se deja una prenda puesta del Extremista. Ya se siente más cómoda en esa otra piel que en la propia. Pero era necesario que esto se dé así antes de la gran revelación de Patrick.
Para terminar su conversión, Patrick invita a Judy a una suerte de ruleta rusa en la que él pierde la vida y ella salda cuentas con la asesina de Jack. A partir de acá, Judy comienza a ser más libre y brutalmente honesta. Cree que su tiempo como el Extremista llegó a su fin, logró lo que quería, pero no es tan sencillo volver atrás ahora. Luego de matar a la asesina de Jack, comprende que ser el Extremista es más un modo de vivir, no algo momentáneo ni un rol a ocupar. El traje la compele. Vuelve a ponérselo y se encuentra con Patrick, que reaparece haciéndose llamar Pierre. Éste le cuenta que cada tanto necesita cambiar de piel, reinventarse, y que su “muerte” fue una escenificación. Todo esto son piezas necesarias para cuando le confiese que en realidad él fue quien mató a Jack.

TONY Y EL PAÑUELO PERFUMADO QUE NO EXISTE

Enero 1994: Tony se entera de toda la historia a través de las cintas que dejaron los anteriores Extremistas. Estos registros lo introducen en un mundo extraño y seductor, que le ocupan tiempo e invade sus pensamientos, y terminan afectando mucho su vida.  Se da cuenta el efecto negativo de haber conocido este mundo y su obsesión con él, pero volver a la cotidianidad se hace insostenible.
Cree que puede ser él el próximo Extremista, pero al probarse el traje se ve ridículo. Él simplemente no es la clase de persona para asumir ese rol, solo busca un escape de su vida rutinaria y un tanto mediocre. Su esposa lo encuentra así y representa la mirada desde la vida “normal” a todo esto, que se ve como una locura o algo enfermo.  Tony queda entre dos mundos, uno que ya no le interesa y del que quiere escapar, y otro en el que no hay lugar para él. Porque su búsqueda es más un escape, y no tanto un interés real. La resolución de su conflicto llega en forma de tragedia.
Los temas de sexo y muerte sobrevuelan la historia desde el comienzo (recomiendo leer también The Minx del mismo autor) como los asesinatos del Extremista, Jack y Patrick. Por eso es destacable que Judy haya resuelto su problema por el lado de encarar una vida nueva. Tony se sorprende al saber que ella decidió no vengarse con Patrick, si no unirse a él y así abandonar a la Judy “normal” para siempre. Ese era el último paso necesario para su conversión.

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La negación es parte del duelo. Quizás Judy sea quien sobrevive, quien atraviesa el proceso de matar su yo anterior y ser una persona nueva. Pero no por eso su historia es menos trágica que las otras.

Si bien no considero a The Extremist como el mejor trabajo de cada autor, creo que si es un buen trabajo en equipo, donde se ve bien qué aporta cada uno y se puede disfrutar de sus estilos muy personales. De más está decir que no es una obra para todos los lectores, sus autores no lo son tampoco, pero vale la pena su lectura aunque sea solo para disfrutar de un momento en el que Vertigo probaba cosas y se arriesgaba. Y todavía existía.

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