Comics

La vida adentro de un plástico

De especuladores, CGCs y algo más

La vida adentro de un plástico

En el mundo de los coleccionistas de comics hay de todo. Pibas y pibes que buscan la figurita difícil, el tener la imagen completa que forman un par de libros en sus lomos, los que no se bancan que las páginas estén un poco amarillas, los que saltan porque está mal pegado, los que te piden cuatrocientas fotos cuando les estás tratando de vender un mísero comic y te dan como respuesta un “NO” si la tapa tiene una rayita o la esquina está doblada. También están los que acumulan material pensando a futuro, cuando los precios se disparen y puedan hacerse unos buenos pesos con el material que, paradójicamente, se compraron para leer en la comodidad de su casa o donde se les plazca.

Parece ser que cada vez existen menos lectores y existen más coleccionistas. Mucho más impresionante parece ser tener tal número de tal serie en donde aparece por primera vez tal personaje que leer y disfrutar el comic por el solo hecho de disfrutarlo. Desde los 90s, esos años funestos en los cuales todo número 1 tenía varias cover para saturar sin darse cuenta el mercado, las especulaciones están a la orden del día. Basta con meterse a alguna de las tantas páginas de compra y venta en las redes sociales o páginas de internet para darse cuenta que, lamentablemente, lo que importa es el dinero y no tanto lo otro.

Vamos con un ejemplo muy conocido. Los kioscos de diarios están llenos desde hace algunos años de estas colecciones de superhéroes en varios tomos, con tapa dura, información sobre los autores y bla bla bla. En general con buenas ediciones aunque a veces con ciertas obras que quedan en falta por no aparecer en las colecciones, se venden como pan caliente. Obviamente las tiradas en algún momento se agotan y no mucho tiempo atrás ciertos tomos de estas colecciones pasaron a ser una especie de espada Excálibur para los compradores. Si en un kiosco los ejemplares salían 200 y pico de pesos, internet se empezó a llenar de salames que los vendían al doble o al triple, sin darse cuenta que, tarde o temprano, iban a ser editados de nuevo ante la gran demanda. Aplaudo cualquier movida editorial que fomente la lectura y haga posible el hecho de que pibes y pibas puedan meterse en el mundo tan hermoso de la lectura de comics. Lo que si no aplaudo es la berreteada de los coleccionistas y especuladores, encargados de dejar a un lado el goce literario por llenarse los bolsillos a costa de todos esos que consumen comic asiduamente y lo consideran una pasión por sí misma.

Y vamos ahora con el otro ejemplo, quizás la práctica más horrible que se le haya ocurrido alguna vez a alguien.

Caminemos por un par de comiquerías y con alguno seguro nos cruzamos. O volvamos a las ferias virtuales de las redes sociales y también nos los vamos a encontrar.

Los malditos CGCs. La berreteada de moda. ¿Qué es un CGC?

Lo explico de la manera más criolla: son los issues, números o grapas, que están metidos en un plástico y que tienen un numerito que evidencia el grado de conservación que esa revistita tiene. Metámosle que adentro del impugnable plástico hay un Fantastic Four #1 (por tirar una guasada cósmica) que está medianamente bien, algo amarillito, la cover media venida a menos…Entonces a alguien se le va a ocurrir un numerito, 6.0, 7.2, 3.5 etc, para dictaminar el estado general y después el precio que el artículo de colección va a tener. Estamos hablando de una revista que quizás salió, no sé, metele que 1 dolar o 75 centavos...Bueno, algunos CGCs pueden llegar a costar hasta 10000 pesitos (siempre situándonos en nuestro país, obviamente...)

Igual mi ejemplo con ese número de Fantastic Four es un poco injusto. Entiendo que con ciertos comics este método puede llegar a ser aceptable. Comics de la Golden Age o de la Silver Age pueden llegar a quedar “bien” encerrados entre dos plásticos (¿son dos? ¿Qué esto? ¿Lo puedo romper?). El estado propio de estas revistas pueden estar muy venido a menos por lo que puedo llegar a entender el afán de conservarlo.

El problema es otro. Últimamente están haciendo esto pero con issues que salieron al mercado con cinco meses o solo un poco más de antigüedad. Por poner un ejemplo: Mister Miracle #1 de Tom King. Encierran a este número entre dos plásticos y le ponen un “9.8” de valoración, graduación, digámosle como querramos. De esta manera el vendedor especula de manera atroz. “Este número uno tuvo tremendo éxito. Metámoslo acá adentro y vendámoslo a 4000 mangos. En unos años va a cotizar por las nubes…” Un robo a mano armada pero guardada en el bolsillo. The Button en CGC, Batman 1 New 52 en CGC, Paper Girls en CGC, Batman: White Knight en CGC...y la lista sigue.

Insólito pero real. Incluso más insólito es que haya gente asidua a los comics que los compren teniendo en una batea el mismo número pero en una bolsita que puede abrirse para, CUIDADO, leerlo. ¿No es, acaso, para eso que existen los comics? ¿Para abrirlos y disfrutarlos, sentirles el olorcito a nuevo en las hojas? O también las revistas viejas, ¿abrirlas y encontrarse con un papel amarillento causa del buen paso del tiempo que todo libro tiene que tener? Quizás esto suene demasiado romántico para algunos pero para otros puede llegar a ser parte de todo el paquete al momento de comprarse un comic.

Tampoco vale dejar de resaltar el asqueroso hecho de que se use esto para revistas de dudosa calidad o vilipendiadas por la crítica. Números perdidos en años oscuros de la historieta mundial que son tratados como diamantes en bruto cuando en realidad todos sabemos que no valen ni 25 centavos. No voy a empezar a tirar ejemplos sobre cuáles son estas revistas o números puntuales. Basta investigar por toda la red y después sentirse frustrado.

Quizás en un futuro las bibliotecas estén llenas de comics encerrados a los cuales solo tengamos acceso a través de un martillo o un golpe bien fuerte contra el piso. Parece ser que lo que es “lindo” a la vista o la retribución monetaria que la literatura nos pueda llegar a traer, va a empezar ganando por goleada en un mercado lleno de especuladores y comerciantes que poca idea tienen de lo que están vendiendo salvo por el hecho de que “es muy caro y demasiado valioso para ser verdad”.

Porque el comic es literatura: se lee, se disfruta y hasta se pueden crear debates críticos sobre cualquier librito de viñetas que uno agarre.

Sobre lo que no se puede generar debate, (o una charla sobre los méritos literarios de cierta revistita de 32 páginas) es una biblioteca llena de cajitas de plástico.

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Escrito por:
Tomas Bianchi
Tomas Bianchi
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