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Magneto Testament

Memorias del Holocausto

Magneto Testament

Un carácter fundamental a destacar de la historia de Marvel Comics es la capacidad que ha tenido para otorgarle a sus personajes un fundamento histórico y coyuntural a través de las décadas. Usando el género superheróico como alegoría y como medio, la Casa de las Ideas ha estado siempre atenta a los conflictos contemporáneos, al contexto y a los debates del momento. Es por eso que, allá por los años 60, muchísima gente se vio reflejada en cada personaje y en las motivaciones que impulsan su accionar. El grupo de mutantes que se presentó en la serie regular de X-Men no fue la excepción. Tal es así, que esta línea tomó mayor trascendencia una década más tarde y, sobre todo, desde que Chris Claremont tomó las riendas en 1975. Fue este autor quien le dio a la serie mutante su versión definitiva y la convirtió en un éxito rotundo de ventas, profundizando los perfiles psicológicos de cada mutante, indagando en las relaciones interpersonales y expandiendo, hasta su salida en 1992, los límites posibles de La Patrulla X y sus antagonistas.

En un desfile del ejército Max descubre que apresaron a su tío.
En un desfile del ejército Max descubre que apresaron a su tío.

Cuando Stan Lee y “el Rey” Jack Kirby iniciaron el camino de este equipo en 1963, pusieron en el primer número al que se convertiría en uno de los supervillanos más emblemáticos no sólo de X-Men, sino de todo el Universo Marvel. En aquella primera aparición, y en las inmediatamente posteriores, estaba planteado como una especie de terrorista megalómano que no tenía muchas más explicaciones que su enemistad con el profesor Charles Xavier y su manifestación de odio hacia la especie humana a la que consideraba inferior. Fiel a sus planes, a sus ideas y al cambio de época, Claremont hizo de Magneto un personaje tridimensional con una potente historia de origen. Fue una verdadera sorpresa cuando se reveló que Max Eisenhardt (también conocido como Erik Magnus Lehnsherr) era un sobreviviente del Holocausto judío y que, en su juventud, había estado preso en Auschwitz-Birkenau, uno de los principales campos de concentración construidos por el Tercer Reich para perpetrar el exterminio de millones de inocentes.

El Ejército Nazi fusila a la familia de Max mientras intenta escapar. Sólo Max logra sobrevivir.
El Ejército Nazi fusila a la familia de Max mientras intenta escapar. Sólo Max logra sobrevivir.

El tratamiento de una situación tan dolorosa y delicada fue siempre difícil de abordar y ha despertado todo tipo de polémicas. Por todo esto, y por muchas otras cosas, hablaremos de “El Testamento de Magneto”, una mini serie de cinco números publicada en 2008 bajo el sello “Marvel Knights” escrita por Greg Pak, ilustrada por Carmine Di Giandomenico y coloreada por Matt Hollingsworth.

La historia nos muestra al joven Max Eisenhardt, nacido en Núremberg, Alemania y criado en el seno de una familia de clase trabajadora, y está centrada en los años del ascenso de Hitler al poder. En este contexto tremendamente aberrante y hostil, las crecientes tensiones políticas y sociales se sumaban a los abusos y vejaciones del Ejército Nazi, vulnerando los derechos humanos y civiles de muchos sectores de la población. Además, las familias alemanas comenzaban a dejarse llevar por el discurso oficial, discriminaban y segregaban a las personas que no cuadraban dentro de “la raza aria” y el estándar que difundía la propaganda del Gobierno. Justamente, este cómic nos muestra que las horrendas y violentas humillaciones a las que esta familia es sometida, no venían sólo del lado del régimen sino también de sus pares. Max, protagonista de esta historia, sufre el acoso en el colegio, en la calle y en todas partes. Su padre, por aquellos años, creía que las cosas iban a mejorar, alegaba que lo que estaban viviendo no podía durar mucho más. Eventualmente, la familia termina por exiliarse en Polonia en 1939 sólo para ver llegar la invasión Nazi y se encuentra en una situación aún más peligrosa que la anterior. Como ya sabemos -y si no lo sabemos, lo podemos intuir- la familia de Max es asesinada y él es trasladado a Auschwitz donde sufrirá todo tipo de escarnios y torturas y será obligado a una serie de actos despreciables e imperdonables en la lucha por su propia supervivencia. Esta es la historia nunca antes de contada de cómo un niño dulce y atento se convierte en el descorazonado supervillano que mucho tiempo después -en términos de línea temporal- llegaríamos a conocer como Magneto.

Max encuentra en una habitación de Auschwitz los antejos de miles de personas asesinadas en las cámaras de gas
Max encuentra en una habitación de Auschwitz los antejos de miles de personas asesinadas en las cámaras de gas.

La forma en la que esta historieta está narrada nos sumerge de lleno en la época, es emotiva sin buscar el llanto fácil, es un pincelazo humanístico y también una historia de origen puede y debe ser considerada canónica. Y con esta pretensión -que podríamos llamar “retro-continuidad”- no vemos a Magneto sino a Max; vemos a este preadolescente descubriendo la peor cara de nuestra especie; vemos a Magda, su primer amor; vemos a su familia y sufrimos con ella cada golpe, cada burla, cada pequeño pedazo de pan rancio, cada noche helada a la intemperie.
Las ilustraciones del artista italiano son funcionales y correctas, logrando que los rostros y las miradas tengan siempre una sombra terrible, casi premonitoria. Igualmente, considero que podríamos discutirle el estilo, puesto que da la sensación de que el guion pide algo más sórdido que no se detenga tanto a magnificar algunos detalles intrascendentes. También hay escenas que son espectaculares pero el estilo que propone el serbio-alemán Marko Djurdjevic en las increíbles portadas de cada número, presume una estética que hubiese encajado mucho mejor en esta historieta. A este ligero desliz lo equilibra Hollingsworth con su trabajo en el color, cuya paleta se oscurece y se enfría más y más con el correr de las páginas. Humildemente, creo que Hollingsworth se merece mucho más reconocimiento del que realmente tiene. Sus trabajos siempre me han parecido de una delicadeza y una exactitud notables.

En medio de una revuelta, Max logra escapar del campo de concentración.
En medio de una revuelta, Max logra escapar del campo de concentración

CONCLUSIÓN

¿Puede “El Testamento de Magneto” ser considerada una obra maestra o algo por el estilo? Definitivamente no. No obstante, estamos ante un relato social y político, un ejercicio de memoria que está muy lejos de ser otro cuentito superheróico de aventuras y acción. Desde los ojos de un personaje de ficción, nos da un pantallazo de una de las épocas más oscuras y trágicas de la historia universal. Pero como además cuenta con este personaje cuyo futuro ya conocemos, nos pone a la expectativa de lo que sabemos que es inminente: la primera manifestación de sus poderes. Y así avanza esta trama que cuenta con una meticulosa investigación histórica y eso es un aspecto que hay que destacar, en principio, porque no es fácil contar lo que ya fue contado miles de veces. ¿Cuántos libros de historia o de ficción han sido escritos sobre este tema? ¿Cuántas investigaciones periodísticas podemos rastrear? ¿Cuántas películas y documentales tenemos a apenas un click de distancia? No son los datos o los eventos los que nos brindan algo nuevo, sino el enfoque buscado. Y ese enfoque, de a ratos, cuando el relato se centra en las vivencias y percepciones del personaje y no se distrae con fechas y eventos puntuales, está bien logrado y aporta algo. Eso ya es algo para celebrar.

Mi nombre es Max Eisenhard. A quien encuentre esto (...) Por Favor. Que esto no pase nunca más.
Mi nombre es Max Eisenhard. A quien encuentre esto (...) Por Favor. Que esto no pase nunca más.

 

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Escrito por:
Rodrigo Argain

Rodrigo Argain
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