Maratón comiquera de finde con Warren Ellis
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Maratón comiquera de finde con Warren Ellis

Por: Tomas Bianchi - 26 Oct 2017 Se lee en: 6 mins

Siempre es grato encontrarse con algún TPB de Warren Ellis en las estanterías o bateas de una comiquería. Quizás no porque uno espere que vaya a ser una obra maestra la nueva adquisición, sino porque me parece que al tener tantos laburos publicados en el mercado, Ellis llama a ese ser interior del comiquero que buscar completar toda una bibliografía. No nos engañemos, muchas veces cantidad no es lo mismo que calidad. ¿Ellis es un buen guionista? Obvio, de los mejores que salieron del otro lado del océano, pero siendo fan y todo, no se puede negar que muchas veces nos encontramos con trabajos de él que no dicen absolutamente nada o parecen maquetas de una idea que podría haber sido desarrollada mucho mejor.

El sábado pasado hice una maratón de este inglés porque no tenía nada mejor que hacer. No salieron planes, la calle y la música distante de los autos no invitaban y parecía el momento oportuno para leer toda la noche. Cuatro laburos suyos, cuatro miniseries bastante desiguales. Vamos a ver…

Ministry of Space

Ministry of Space fue publicada entre los años 2001 y 2004 por Image Comics en tan solo tres números (no entiendo por qué se tardó tanto en publicar algo tan corto. pero esto es una constante en los comics del inglés). En este laburo Ellis despliega todo su fetichismo por los viajes al espacio, las naves y la creación de un futuro alternativo producto de un cambio radical en la historia que todos conocemos. El argumento gira en torno a una sola pregunta: ¿Qué hubiera sucedido si los ingleses hubieran llegado primeros a la luna en lugar de los yanquis?

A medida que van pasando los años, somos testigos de cómo Gran Bretaña se mueve a años luz del resto del mundo, ganando una carrera contra la otra potencia mundial occidental que todos conocemos, mientras nos metemos de lleno en maquinaciones políticas de lo más sucias. Todo esto desde la óptica del protagonista principal, que impulsa el proyecto a fines de la segunda guerra mundial, cuando los aliados le dan tremenda patada en el orto a todo el rejunte y basura nazi. Ellis mete el dedo en la llaga al destapar conspiraciones y el final resulta bastante devastador, lleno de cuestionamientos contra el protagonista principal y la hipocresía reinante en los más altos niveles de poder.

Acá Ellis está más tranquilo. No hay despliegues de mala leche como en sus trabajos más viscerales. Parece escribirlo más reflexivo y de una manera más “elegante”, acompañado por unos dibujos detallistas y acordes de Chris Weston (ese dibujante inglés que nos voló el coco junto con Grant Morrison en The Filth). Se nota el amor de Ellis por temas relacionados con los viajes a la luna y la incursión del hombre en el espacio y las estrellas. Un trabajo personal que no es malo, pero que está lejísimos de ser una obra maestra como dice el gil de Mark Millar en el prólogo, argumentando que este es el “mejor creator owned” de Ellis… No Mark, burradas no.

City of Silence

City Of Silence es otra miniserie de tres numeritos publicada en Image Comics en el año 2004, que al parecer pasó bastante desapercibida porque nunca escuché que nadie me la nombrara.

Acá olvídate del Ellis tranquilo y reflexivo: está desatado, drogado, borracho y con una mala leche que asoma en cada una de las viñetas. A eso agregale los dibujos de Gary Erskine (entintador de Chris Weston en “The Filth”), que se tira unos dibujos y fondos feos y acordes a la historia, y tenemos entre manos a un hijo sucio y frontal de Transmetropolitan, pero con menos encanto y enganche, claro.

La acción transcurre en Stealth, una ciudad que se sobrepasó de adelantos tecnológicos quedando reflejos de seres humanos en lugar de personas. De manera acelerada, Ellis nos cuenta las andanzas de tres policías que forman parte de los Silencers, un grupo freak que vacía el fierro y después pregunta, eliminando ideas nocivas que puedan seguir haciendo avanzar a la ciudad hacia una decadencia aún mayor. Un coctel cyberpunk directo y sin demasiadas concesiones que inunda las páginas de drogas, sexo, magia y pensamientos tecnológicos piratas. Además de todo eso, un toque de violencia desmedida y tenemos a un Ellis moviéndose donde mejor sabe.

A pesar de que resulta una maqueta interesante, con personajes que podrían brillar, el comic deja una sensación de “¿termina acá?”. Se hace demasiado corto, sin demasiada profundidad en los personajes y que solo parece un producto rebelde y caprichoso que no quiere ir un “poquito más allá”. Algunos números más quizás hubieran bastado para generar un poco más de interés. El conflicto principal de la historia daba para mucho más.

Me voy ahora con otra miniserie pero para el sello Avatar Press, esa editorial donde se le da a los autores rienda suelta para que escriban lo que se les cante el culo sin ningún tipo de censura y donde abundan cosas horrendas junto con cosas aún más horrendas.

Scars

Scars sale en seis números entre los años 2002 y 2003, en blanco y negro con lápices de Jacen Burrows, dibujante constante en esta editorial. Una historia policial pura y dura sin demasiadas vueltas que parece tener el objetivo de incomodar y no de entretener. Básicamente, la historia trata de un policía venido a menos que persigue a un asesino serial de pibas. El personaje, un policía de homicidios que intenta asimilar sin buenos resultados la mierda que ve todos los días, vive atormentado por la muerte de su propia hija meses antes de que ocurran los sucesos de la historia. Lo único que logra el nuevo caso del cual tiene que encargarse no hace más que hundirlo más y desintegrar lo poco que le quedan de sesos.

Acá Ellis claramente estaba teniendo un mal día. Osea, según las anotaciones dentro del comic, admite que esta historia se le ocurrió pensando en cómo se sentiría si su hija se muriera… No hay ni atisbo de “luz” en este comic, las situaciones son horribles, la violencia bastante incómoda (no es esa violencia caricaturesca que puede llegar a sacar una risa culpable) y el pesimismo se vuelve insoportable. El final te deja pensando “claro…si, ¿Qué mierda acabo de leer?”. En resumidas partes, la historia es una patada en las pelotas que no se puede ni disfrutar ni odiar. Es intrascendente, un experimento interior del autor que nos dice absolutamente nada y que resulta frustrante después de ver que es capaz de escribir en el género policial con maestría, como vimos en el número 3 de Planetary (a mi parecer su mejor serie), ese tributo a las pelis de Hong Kong a lo John Woo.

A este comic le sobran números, con 48 páginas se podía contar la misma historia y, de paso, no nos aguantábamos tanto tiempo los dibujos horribles de Jacen Burrows que en blanco y negro quedan peor que coloreados. No se si se la tengo jurada o qué, pero los dibujos del flaco no me provocan nada. Todo lo que dibuja me parece FEO, con mayúsculas.

¿Lo rescatable? La introducción de Matt Fraction y las referencias y párrafos que escribe Ellis entre número y número con anécdotas y apreciaciones personales.

Y dejo para lo último la miniserie que más me gustó de las leídas y donde Ellis brilla por sí solo, demostrando que cuando tiene las pilas bien cargadas, hace magia.

Supreme: Blue Rose

Supreme: Blue Rose fue publicada por Image Comics entre los años 2014 y 2015 en siete numeritos. La miniserie sirve para relanzar el universo de Supreme, ese personaje creado por Rob Liefeld en los años 90 y que vivió su época de fama junto a Alan Moore, quien lo utilizió para homenajear a Superman en todo su esplendor.

Por momentos confusa e inentendible y en otros bella, la miniserie nos pasea por las andanzas de Diana Dane, una periodista que recibe una invitación del magnate Darius Dax (nombre conocido si fuiste fan de la serie original) para investigar la desaparición de Ethan Crane (Supreme), la cual está relacionada con un fenómeno bastante bizarro ocurrida en Littlehaven, un pueblo cercano a Omegapolis. Las dos ciudades son un misterio para la periodista, que acepta el trabajo porque no tiene nada mejor que hacer ni perder.

Ellis nos confunde, nos tira conceptos del multiverso, nos presentan a los personajes del universo de Supreme mediante viajes temporales y apariciones casi etéreas y nos quema un poco el bocho con teorías que explican el fenómeno ocurrido en el pueblo, que sirve como hilo conductor de la historia. A decir verdad, la historia se disfruta más si uno está familiarizado con los personajes relaciones al superhéroe en cuestión. Pero también puede disfrutarse simplemente como una historia de ciencia ficción, que por momentos hace doler la cabeza por lo arriesgado de los conceptos, pero que hacia el final redondea de manera magistral dejando un buen sabor de boca y encima relanza todo un universo para que otros autores puedan continuar con el personaje.

Si la serie escrita por Alan Moore funcionaba como un homenaje a otro personaje, esta serie de Ellis funciona más bien como un experimento hacia las posibilidades del género superheroico y de la ciencia ficción, combinados los dos en pocas páginas, que permite más de una lectura.

No sería justo si no mencionara la zarpada labor artística de Tula Lotay, que imprimen en el comic una sensación de magia y belleza que van de la mano con las idas y venidas metafísicas del guión. Es de esos comics que no te imaginás con otro tipo de artista, y Lotay me compró de una sin dejarme muchas opciones. Un ejemplo claro de cuando el guionista y dibujante se complementan perfectamente.

Voy redondeando mientras pienso que siempre es bueno leerse unos comics con una buena birrita cerca, aunque sea sábado y no pinte la joda. Cuatro miniseries de Ellis, guionista prolífico como pocos, bastante diferentes entre sí. A algunas mejor dejarlas pasar y a otras... no haría ningún mal que ocupen un lugar en sus estanterías.

Salú!

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