Comics

Millarworld o la máquina de producir adaptaciones

A horas del estreno de Jupiter’s Legacy en Netflix

Por: Facundo Vazquez - 07 Mayo 2021 Se lee en: 12 mins
Millarworld

El cine viene dando claras muestras de agotamiento creativo desde hace décadas. Hay excelentes actores, grandes directores, recursos técnicos que se superan día a día y presupuestos cada vez más abultados y, sin embargo, todos los años se estrenan cientos de películas aburridas y mediocres porque no hay una buena historia detrás, no se sabe construir un relato o hacer que los personajes suenen mínimamente interesantes.

En realidad, el cine siempre vampirizó las historias de otros medios, siendo el principal de ellos la literatura. Obviamente, todo el mundo sabe que “El Señor de los Anillos” o “Harry Potter” son adaptaciones porque las novelas eran populares desde antes. Lo mismo pasa con los libros de Stephen King o de Phillip Dick que tienen un público seguidor e incluso se usa el nombre del autor para promocionar la película. Pero, lo sepa el espectador o no, lea los créditos o no, desde “El Padrino” hasta “Apocalipsis Now”, “El Exorcista” e incluso otras más pochocleras como “Rambo” o “Tiburón”, la mayoría de los grandes filmes estuvieron siempre basados en novelas. 

Pues bien, desde un tiempo a esta parte, la ávida mirada de la industria audiovisual viene fijándose también en esa enorme reserva de creatividad acumulada durante décadas que es la historieta. Hoy, no es ninguna novedad que la industria del cómic es cada vez más una cantera de ideas, historias y personajes para las superproducciones audiovisuales de la pantalla grande o pequeña. El hecho de que las dos mayores editoriales norteamericanas pertenezcan a enormes conglomerados multimedia, sin dudas, explica en parte el fenómeno, pero también es cierto que algunos de los mejores resultados en términos de adaptaciones se dieron por fuera de los dos grandes universos cinematográficos en pugna. Sólo en la década del milenio, “From Hell” (Hughes Bros, 2001), “Hellboy” (Guillermo del Toro, 2004), “Sin City” (Robert Rodríguez, Frank Miller, Quentin Tarantino, 2005), “300” (Zack Snyder, 2006), “V for Vendetta” (James McTeigue, 2006) y “Watchmen” (Zack Snyder, 2009) aportaron una enorme bocanada de aire fresco al duro trabajo de vender pochoclos.

Por su parte, “The Walking Dead” (AMC 2010), “The Preacher” (AMC 2016), “Lucifer” (FOX 2016), “The Boys” (Amazon 2019) o “Umbrella Academy” (Netflix, 2019) son sólo algunos ejemplos de que los cómics también podían adaptarse exitosamente al formato televisivo y a los servicios de streaming. Repito: estos son solo algunos ejemplos por fuera del comic mainstream y de los universos televisivos que también construyeron las dos grandes. Porque si quisiéramos mencionar todas las adaptaciones de la última década a la pantalla chica, sería una verdadera avalancha de títulos. 

Hasta tal punto esto se normalizó que, cuando sale un nuevo cómic piola, el público ya espera que salga la adaptación como un paso natural en el funcionamiento de la industria cultural. Antes usé la palabra “vampirizar”, pero la verdad es que entre ambos medios se observa cierta relación simbiótica. Dijimos que la industria del cine daba muestras de un evidente agotamiento creativo, sin embargo, está en una constante expansión económica. El cómic, por su parte, parece una fuente inagotable de creatividad pero lleva muchos años de retracción económica. Los beneficios para ambas partes son evidentes: los artistas de historietas ponen la creatividad y la industria audiovisual pone la plata.

Hoy es raro que un guionista o dibujante se vuelva rico haciendo historietas. Excepto que una de sus creaciones sea adaptada a la pantalla. Ahí sí llega la plata grande. Siempre y cuando, claro está, haya retenido los derechos.

Mark Millar: El Dueño.

Claro, porque durante la mayor parte de la historia de la industria, los derechos sobre todo lo que producían los artistas eran retenidos por las editoriales. Esto tuvo un cambio que comenzó tímidamente en los ochenta (Sello Epic en Marvel y Piranha Press en DC) y estalló en los noventa (Image, Vértigo, Legends, Bravura, y un larguísimo etc.) con toda la movida para que los creadores retengan los derechos sobre sus creaciones. No es, por lo tanto, un tema nuevo aunque todavía genera conflictos tanto en lo referido a las nuevas creaciones (no sólo nuevos personajes sino incluso nuevos aspectos visuales o trajes) como a todo el trabajo anterior por el cual los grandes pulpos que hoy son propietarios de Marvel y DC no quieren aflojarle unos mangos a los artistas.

Todo esto se resuelve con el concepto de Creator-Owned que está fuertemente asociado al Millarworld pero que designa una lucha de miles de artistas, tan antigua que se remonta hasta el propio origen del cómic yankee.

Wanted
J.G.Jones rompiéndola en las escenas de acción de Wanted.

Tal vez, pues, lo más característico del universo creativo de Mark Millar no sea tanto la reclamación sobre los derechos de propiedad intelectual o el haberse paseado con sus títulos por diferentes editoriales ya que ambas cosas tienen abundantes e ilustres precedentes. Lo más reconocible de su sello viene dado por el contexto particular en el que surge y que ya describimos: Las obras del guionista parecen en todo momento pensadas para su adaptación a la pantalla.

Repasemos brevemente la historia de sus ediciones locales.

Chosen o American Jesus con Peter Gross.

Uno de los primeros títulos que hoy se consideran parte del Millarworld, curiosamente, fue editado en Argentina hace muchos años. Me refiero a Chosen. Originalmente publicado por Dark Horse en tres números durante 2004, fue serializado en la revista Bastión Unlimited de la editorial Gárgola ¡¡en 2005!!

Va de un pibe que obtiene poderes sobrenaturales que parecen ser de naturaleza divina. Tiene dibujos de Peter Gross, muy correctos y apropiados al tono del relato. Esos tres números pedían a gritos una continuación y la tuvieron. Tras todos estos años, en 2019 se retomó la serie incorporándole el título genérico de American Jesus y es una de las obras que Netflix tiene en su cartera para adaptar.

Dato de vital importancia: Las reediciones que se hicieron recientemente en USA del tomo de 2004, cambian una viñeta (que no voy a mencionar porque tremendo spoiler) para brindar una versión un poco menos cruda y explícita. Así que busquen la edición argentina que sigue la versión original.

Kick Ass con John Romita Jr.

Pero la popularización del Millarworld en nuestro país (y en buena medida, también en los USA) se produjo de la mano del que aún hoy podemos considerar su buque insignia: Kick Ass. Publicado originalmente entre 2008 y 2010 por Icon, cuenta con los inspirados dibujos de John Romita Jr. que (todo hay que decirlo) no siempre está inspirado. Acá, afortunadamente sí lo está y, sobre todo en los primeros dos volúmenes, nos ofrece páginas de una calidad que recuerda a sus viejos trabajos y no a algunas aberraciones que produjo más recientemente.

La trama gira alrededor de Dave Lizewski, el primer pibe al que se le ocurre ponerse un disfraz y salir a la calle a hacer lo que hacen los personajes de las historietas: apalear delincuentes. Al menos, él cree que es el primero. 

Seguramente, lo más atractivo de la serie es ambientarse en un contexto totalmente realista en el que Dave y los friquis de sus compañeros de secundaria se la pasan leyendo los mismos cómics que leemos los lectores. Mención especial para el episodio en el que planifican todo para reproducir una escena de Batman: Year One de Miller y Mazzucchelli.

Este título es especial dentro de la línea por varios motivos. Por un lado, es el que tuvo más cantidad de números publicados y aún hoy siguen saliendo los spin-off de Hit Girl y de la nueva Kick Ass. Por otro lado, porque fue el primero en tener una adaptación cinematográfica exitosa (como veremos más adelante, la adaptación de Wanted es anterior pero resultó un bofe). La película de Matthew Vaughn (2010) se mantuvo muy fiel al original (aunque algunos no le perdonaron los cambios en el personaje de Big Daddy) y logró una gran repercusión en el público, lo que llevó a la producción de la secuela dirigida por Jeff Wadlow en 2013.

En nuestro país, OVNI Press comenzó la publicación en 2012, llegando a editar en diferentes formatos (¡incluso un recopilarorio en tapa dura!) los tres arcos principales y la miniserie de Hit Girl. Esta apuesta fuerte por el Millarworld en Argentina no es tan extraña como parece, si consideramos que Matías Timarchi, director de la editorial, había sido también el editor de la revista Bastión, que albergó aquel primerísimo experimento de la línea. 

Wanted con J. G. Jones

Otro de los títulos primigenios del sello que también tuvo edición local fue Wanted. Originalmente publicado por Top Cow entre 2003 y 2004, fue editado en nuestro país por Deux Studio en 2014, en tres tomitos chiquitos que traían dos números americanos cada uno. La historia va de que los villanos se organizan de una vez por todas para asesinar a todos los superhéroes y logran así controlar el mundo. “Medio parecido a Old Man Logan, diría Ravenna” y es cierto. Pero mientras que en aquel clásico absoluto del guionista vemos la historia de redención del último héroe, acá seguimos los pasos de un pelafustán que busca hacerse un nombre entre los villanos. La vuelta de tuerca aporta lo suyo, el resultado es muy espectacular y los dibujos de J.G. Jones son un DIEZ absoluto.

Este fue el primer título del Millarworld en ser adaptado al cine en el año 2008. Lamentablemente, la película de Timur Bekmambetov toma del cómic apenas el título y la premisa básica, faltándole el respeto totalmente a la obra original. Cosa por lo demás harto frecuente en este tipo de transposiciones.

Nemesis con Steve McNiven

El segundo título del autor publicado en Argentina por Deux, en dos tomos del mismo formato será Nemesis. En este caso también seguimos a un villano. ¡Y qué villano! El tipo es tan malo que no puede menos que producir fascinación en el lector. Una de las genialidades de la historia es que parece que este supervillano no tiene una contrapartida superheroica en ese universo y resulta desesperante ver a las fuerzas convencionales tratar de detenerlo cuando el tipo es capaz de asesinar un escuadrón de asalto completo sin apenas transpirar.

El dibujo de Steve McNiven es OTRO DIEZ absoluto, luciéndose especialmente en las numerosas y cruentas escenas de acción. También merece una mención especial por el diseño del personaje con ese traje totalmente blanco que es visualmente perfecto para terminar siempre lleno de sangre.

Fue publicado originalmente en el sello Icon de Marvel en el año 2010.

Nemesis
McNiven roba un poco con las líneas cinéticas pero en anatomía y detalles es un fuera de serie.

Superior con Francis Leinil Yu

Este será el último de los títulos del Millarworld en publicarse en el país con el sello de Deux y el primero en llevar el sello de Utopía. Ocurre que Pablo Muñoz había conseguido licencias para publicar muchos e los mejores títulos del mercado yankee (no me pregunten cómo lo logra), entre ellos Saga de Brian Vaughan y Fiona Staples. Alejandro Viktorin estaba interesado en publicar algunos de esos títulos por lo que llegaron a un acuerdo en el cual, mientras durara la licencia, Deux compartía la tapa y una parte de las regalías pero la edición corría a cargo de la flamante Utopía Editorial.

Superior va de que un nene de doce años sufre esclerosis múltiple. Lenta y dramáticamente su cuerpo se deteriora y va perdiendo sus funciones. Hasta que un día, como por arte de magia, un mono con traje de astronauta le cumple el deseo de poder transformarse en Superior, el mayor héroe del planeta. El niño que puede convertirse en un superhombre adulto remite directamente a Shazam, sobre todo considerando que Freddy Freeman (Capitán Marvel Junior) también sufría una discapacidad por la que usaba muletas. No obstante, mezcla elementos de Green Lantern (el extraterrestre que le otorga sus poderes al protagonista) y montones de homenajes a Man of Steel de John Byrne. Uno de los guiones más flojos y ladris de la línea, se salva por una vuelta de tuerca que no puedo spoilear y por el magnífico arte de Leinil Yu que... ¿adivinan? Sí, es otro DIEZ.

Pero créanme que no exagero: el nivel gráfico del Millarworld es de lo más exquisito del mercado yankee.

Kingsman: The secret service con Dave Gibbons

Entre los primeros títulos publicados solo con el sello de Utopía, no podía faltar esta obra que ya era conocida en el país gracias a su adaptación cinematográfica. 

¿Se puede seguir usando la figura del súper agente secreto de la inteligencia británica sin caer en la parodia? Creo que no. Incluso la propia franquicia de James Bond, que dio origen al estereotipo, fue convirtiéndose cada vez más en una parodia de sí misma. El caballero espía capaz de realizar las mayores proezas atléticas sin que se le arrugue el smoking, las armas con munición infinita, los gadgets ocultos... ya no se sabe si son una referencia a Ian Fleming o a Maxwell Smart. En este contexto, Millar y Dave Gibbons se las arreglan para contar una historia divertida y desbordante de acción en la mejor tradición del género (o de su sátira) pero manteniendo los pies bien pegados a la tierra, merced al realismo del trazo del dibujante británico.

La adaptación cinematográfica del año 2014 fue dirigida por Matthew Vaughn (el de la primera Kick Ass), quien repite para la secuela, Kingsman: The golden circle, de 2017. De más está decir que con las actuaciones de Samuel L. Jackson, Michael Caine y Mark Strong, la peli es un golazo.

Argumentalmente, se mantiene fiel al tono y a la premisa básica aunque cambia algunos aspectos como, por ejemplo, la relación entre el mentor y el pupilo que forman la pareja protagónica.

La Utopía de una edición local completa.

A partir de Kingsman, Utopía se hace cargo de las ediciones argentinas del Millarworld y publica el catálogo más completo hasta la fecha. A saber: MPH con Duncan Fegredo, Super Crooks con Leinil Yu, Huck con Rafael Albuquerque, Starlight con Goran Parlov, Chrononauts con Sean Gordon Murphy, Reborn con Greg Capullo y Jupiter’s Legacy con Frank Quitely.

Como se ve, es tanto el material que llegaron a publicar que sería imposible reseñarlo sin que el artículo tenga un kilómetro. 

Superior
Portada de Leinil Yu para Superior nº4. Sé que no se ve el protagonista pero el mono y la mina son lo mejor de la serie.

Sí podemos decir que, actualmente, el lector argentino ya puede tener un panorama bastante completo de lo que es la línea, de sus virtudes y defectos que, a mi juicio, son: La enorme libertad creativa que aporta el hecho de que cada miniserie construya su propio universo le da a Millar la posibilidad de contarlo todo desde cero cada vez y poder jugar con reglas propias para cada título sin que unos interfieran con los otros. Hay universos realistas, fantásticos, superheroicos, de ciencia ficción... cada uno con su propia lógica y las peculiaridades que lo hacen único. Obviamente, para eso hay que tener una imaginación desbordante pero también la disciplina profesional que le permite al escocés tocar tantos géneros y registros distintos, y obtener grandes resultados en todos ellos. 

Otro punto fuerte de la línea, que ya mencionéantes, es la tremenda calidad de los dibujantes. Son todos artistas de primerísimo nivel, dando lo mejor en cada página. Esto produjo algunos retrasos en las publicaciones norteamericanas (te estamos mirando a vos, Quitely) lo que llevó a Millar a aplicar una política según la cual, desde 2015, ninguna serie se empezaría a publicar hasta que no estuviera terminado el último número. En Argentina, obviamente, no tenemos ese problema porque Utopía publica tomos recopilarios con las miniseries completas.

No obstante, también se escuchan algunas críticas más o menos fundadas. Curiosamente, de una cosa que suele acusarse al guionista es de falta de originalidad, ya que muchas de sus ideas se encuentran fuertemente inspiradas en obras basales de nuestra cultura popular: Súperman-Shazam-Superior o Flash Gordon-Adam Strange-Duke McQueen son homenajes bastante evidentes.

También es cierto que una nueva historia de espías, de velocistas o de viajes en el tiempo puede no parecer la premisa más novedosa. Sin embargo, por un lado hay que considerar que sin la recurrencia de algunos tópicos no podríamos ni siquiera definir los géneros; y por otro lado, es innegable que a cada género y cada tópico Millar le encuentra una vuelta de tuerca que permite presentarlo de una manera fresca y novedosa.

Otra crítica habitual, es que se producía un catálogo de posibles adaptaciones cinematográficas. Así, pues, cada título planteaba sus bases y desarrollaba la premisa hasta el punto en que pudiera interesar a un productor de cine y ahí terminaba. Esto no es malo en sí mismo ya que cada miniserie ofrece un arco argumental autocontenido y la mayoría rondan los seis números... extensión más que suficiente para contar una buena historia. Además, superada la etapa inicial, algunos títulos fueron teniendo sus continuaciones.

Dueño vende

En 2017, Millarworld es adquirido por Netflix sin que Millar renuncie por eso al control creativo sobre sus obras. Al año siguiente, se anunciaron los títulos que serán producidos por la cadena de streaming: Huck, Empress, Reborn, Prodigy y Sharkey, the bounty hunter se transformarán en películas; de Supercrooks se producirá una serie de animación; mientras que American Jesus y Jupiter’s Legacy serán series live action.

Si este plan se llega a cumplir, Mark Millar se convertirá en el guionista de cómics con mayor cantidad de adaptaciones a la pantalla, por lejos. Con la particularidad de haber retenido los derechos (y por lo tanto las regalías) de todas sus creaciones en manos de los artistas.

Pero todo ese sueño comienza con un paso que se da hoy, 7 de mayo de 2021: el estreno de Jupiter’s Legacy.

Jupiter’s Legacy con Frank Quitely

Hay un debate recurrente entre los amantes del género de superhéroes. ¿Por qué un hombre que tiene un poder prácticamente absoluto no resuelve todos los problemas de la humanidad? ¿Por qué se limita a luchar contra extraterrestres, villanos coloridos y extravagantes o pequeños ladronzuelos callejeros? ¿No es un crimen permitir que siga existiendo el hambre o la guerra cuando se tiene el poder para evitarlo?

jupiter's legacy
Chloe y Brandon, los héroes de la nueva generación.

Dentro de este debate se pueden enmarcar muchos personajes. El insulso Superman, siempre mantendrá una apariencia de neutralidad política aunque depende de la época y del autor le chupe más o menos las medias a los yankees y su presidente de turno. Morrison en All-Star Superman le hará decir “No tengo derecho a imponerles mi voluntad a los humanos”. Su posición será siempre reactiva (reacciona ante las catástrofes inminentes) pero nunca proactiva, porque entonces estaría limitando el libre albedrío de la humanidad. Expresa de esta manera lo que muchos consideran la verdadera naturaleza del personaje: un boludo a cuerda.

Esta ideología será llevada hasta el extremo en el personaje de Samaritan (Astro City de Kurt Busiek y Brent Anderson), a quien una computadora del futuro le avisa de cada accidente en el planeta y él pasa, literalmente, cada segundo de su vida volando de un lugar a otro para ayudar a los damnificados. Para las personas a las que salva, es apenas una figura borrosa, volando a toda velocidad hacia la próxima persona que ayudar. Y así cada día, sin resolver nunca nada de manera definitiva.

Pero, sin dudas, el autor que más profundizó en este dilema moral fue Alan Moore con su Dr. Manhattan y su versión de Miracleman. Uno tiene el poder de cambiarlo todo pero ya no le importa hacerlo porque trascendió los principios morales de la humanidad. El otro dirá que si ves a un niño a punto de tomar lavandina, la única opción moral es evitarlo... y con eso en mente impondrá su utopía. Esta es la premisa básica de Jupiter’s Legacy. Los héroes yankees de la golden age estuvieron activos durante más de noventa años, pelearon en todas las batallas, prácticamente acabaron con todos los villanos y, sin embargo, el mundo se sigue yendo a la mierda. Sencillamente porque el sistema capitalista falla.

The Utopian sostiene que hay que tener fe en que el sistema se va a recuperar y confiar en los políticos electos. Su hermano Walter considera que hay que intervenir políticamente. Son más inteligentes que los humanos normales ¿Por qué no guiarlos hacia un nuevo sistema?

El otro gran tema de la serie, como su nombre lo indica, es el del legado. Estos viejos héroes tuvieron hijos que heredaron sus poderes. ¿Qué pasa con un pibe que toda su vida tuvo super poderes pero casi no conoció villanos contra los que luchar? ¿Cómo es crecer a la sombra de unos padres que todos consideran ejemplos de perfección moral? Y, yendo un poco al meta texto ¿Cómo deben ser los héroes de la industria actual?

Todos estos temas aparecen desarrollados magistralmente en una historia que, además, desborda de acción porque Jupiter’s Legacy no es un ensayo crítico: es una de superhéroes llena de machaca que te tiene sentado en el borde de la silla.

Quitely es un genio que hace perfecta cualquier escena de pelea, desde la más sutil hasta la más gore, pero que también sabe plantar a los personajes en las situaciones más cotidianas y, sobre todo, dotarlos de una expresividad encantadora.

Espero fervientemente que la serie de Netflix esté a la altura y que sea un digno puntapié inicial para todo ese plan de llevar el Millarworld a la pantalla. El trailer promete... aunque ya hay algunas cosas que me hacen ruido. Crucemos los dedos.

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