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Peter Cannon: Thunderbolt de Gillen y Wijngaard

Reseña de Peter Cannon: Thunderbolt de Dynamite

Por: Bob Blondieness - 20 Oct 2020 Se lee en: 6 mins
Peter Cannon Thunderbolt

Peter Cannon es el hombre más inteligente del planeta. Fue creado por Pete Morisi en 1966 para el número 1 de su propia revista, editada por la entonces pujante editorial Charlton.
Su origen es bastante cliché: queda huérfano cuando sus padres médicos mueren en el Himalaya, donde habían ido a combatir una peste. Entonces, es criado por monjes tibetanos para ser el humano más fuerte e inteligente posible. Al madurar, regresa a América acompañado por Tabu, su mayordomo, consejero, asistente y amigo. Pero cuando unos dinosaurios invaden la ciudad, decide salir a combatirlos enfundado en un ridículo traje lleno de colores. La prensa lo bautiza como “Thunderbolt” y desde entonces sigue con sus aventuras.
La revista duró 60 números, casi todos con guiones de su creador, quien tuvo que dejar el título para dedicarse de lleno a su profesión de policía en la ciudad de Nueva York
Si quieren saber un poco más de esta primera etapa, recomiendo las notas del amigable vecino Matías Mir, donde analiza a todos los personajes de la editorial Charlton. Pueden encontrar los enlaces al pie de la nota.

Carne de Cañón (o la triste historia del otro Ozy)

Tras el cierre de su colección (y la posterior quiebra editorial), Peter no volvió a aparecer durante casi dos décadas. Ni siquiera fue tenido en cuenta para el encuentro de sus colegas en las páginas de “Sentinels Of Justice”. 
Y la verdad es que pocos lo extrañaron: si bien sus aventuras tenían un cierto vuelo poético, el resto dejaba mucho que desear. Su diseño y entorno ofrecían más de lo mismo, ni siquiera estaban muy claros cuáles eran sus poderes, derivados del hecho de poder utilizar más del 90% de su cerebro (volveremos sobre este punto más adelante), sumado al lugar común que se había vuelto su origen en Nanda Parbat y/o K'un L'un. 
En el año 1983, DC Comics adquiere los derechos de todos los personajes de Charlton, incluido el Thunderbolt. Y -ya en el año 1986- los integra a su universo en la celebrada “Crisis On Infinite Earths”, donde Cannon participa brevemente en tres números, en un rol totalmente irrelevante. ¡Ah! Ese mismo año, también interviene en un episodio del cadáver exquisito “DC Challenge”.
Todo cambiaría a raíz de la intervención de Alan Moore: cuando el barbado guionista decide utilizarlo como inspiración para el villano (?) Adrian Veidt alias “Ozymandias”, en su seminal “Watchmen”, se despierta nuevamente un efímero interés por el destino del personaje original. 
Pero a diferencia del Captain Atom, Blue Beetle o The Question, la verdad es que DC no sabía muy bien que hacer con el buenazo de Peter. Tras varios proyectos truncos, Cannon reaparece recién en el año 1992, en una nueva serie regular a cargo de Mike Collins, un guionista de la ola británica que prometía un montón, bajo la severa mirada del editor Paul Kupperberg y la aprobación/curaduría del propio Pete Morisi, quién aún compartía los derechos del personaje por una particular cláusula en el contrato inicial. 
La colección retoma la historia exactamente desde donde la habían dejado tras el final de la serie original, como si fuera el número 61, rescatando los personajes y situaciones concebidos por Morisi (incluso el dilema de la indefinición de sus poderes). En un intento de darle más relevancia, Thunderbolt recibe a otro héroes del DCU (como Green Lantern) y hasta se une a la Justice League Europe, pero el público no acompaña y la cancelan tras 12 números, en el año 1993. 

Peter Canon
¿Quién vigila a los vigilantes?

Tras este cierre, la maldición del Thunderbolt cae certera como un rayo y Peter vuelve al limbo de los cómics, para ser completamente ignorado por casi otras dos décadas. No lo tienen en cuenta para las antologías Showcase, ni para los eventos, ni para la miniserie The L.A.W. que reunía (¡otra vez!) a los héroes de la extinta Charlton.
 
Con la muerte de Morisi en el año 2003, DC pierde los derechos, que quedan en manos de sus herederos, quienes deciden mantener en el freezer al héroe del trueno. Y aunque los rayos no se veían, el trueno aún se hacía escuchar: Cannon aparece en un par de flashbacks, primero en un anual de Wonder Woman del año 2007 y luego en ese maravilloso canto de cisne a la continuidad clásica ideado por Len Wein que se llamó “DCU Legacies”, en el año 2011, que lo muestra peleando en medio de la Crisis
El rescate definitivo llegaría de la mano del ilustrador estrella Alex Ross, que a través de la editorial Dynamite adquiere los derechos e impulsa una nueva miniserie de 12 números, que sale en el año 2012, con guiones (y tapas) del propio Ross, acompañado por Steve Darnall (un guionista con quien ya había trabajado en Uncle Sam), con arte interno de Jonathan Lau. La recopilación incluye comics originales de Charlton, con el origen imaginado por Morisi, para enfatizar el nexo y homenaje. No tengo mucho más para decir al respecto, ya que al margen de los rediseños no siento que aporte mucho más al mito ni al personaje, sin mencionar lo oportuno de querer subirse a la ola del estreno cinematográfico de “Watchmen” .
Tranquilos, lo mejor está por venir.

PC
¿Cannon recuerda el asesinato del Comediante? 

¡Thunderstruck!

En el año 2019, el guionista Kieron Gillen (The Wicked + The Divine, Über, Uncanny X-Men y otras varias obras en Marvel) presenta a la editorial Dynamite un proyecto para encender nuevamente el rayo del inmortal Thunderbolt. Quizás para aprovechar el renovado interés que trajo la serie de HBO (¡en una nueva adaptación de Watchmen!), le dieron el visto bueno a su particular propuesta. La faz gráfica recayó en Caspar Wijngaard, un artista asociado a franquicias como Star Wars y videojuegos varios. El resultado es espectacular.

Veamos porqué.

Cannon
Crisis On Infinite Cannons 

Ya desde el inicio te das cuenta que no estás ante una historia regular: el relato inicia en una ciudad devastada por una invasión alienígena, donde la única casa que sobrevive impoluta es el hogar de -adivinaron- Peter Cannon. Hasta allí acude Supreme Justice, un variopinto grupo de superseres que precisa de su ayuda para poder detener la amenaza. 
Pero el Thunderbolt parece ajeno a los problemas mundanos que lo rodean: ¿se han puesto a pensar cómo sería ser el “hombre más inteligente del mundo”? Marslow estableció una pirámide para ilustrarlo: si no tenemos una ambición que traccione nuestra voluntad, caemos en el aburrimiento, los vicios o la depresión. Y Peter está en una situación parecida: para él, nada de lo que lo rodea representa un desafío ni lo conmueve, la humanidad y sus dilemas lo aburren, ya que ¿porqué debería interesarse en salvar algo que no lo motiva? Y además ¿la humanidad realmente se merece ser salvada?
A pesar de esto, el Supergrupo logra convencerlo, y ahí va Cannon, quien -enfundado en el traje de rigor y haciéndose cargo de los ridículos diseños anteriores- resuelve el problema en cuestión de minutos. El problema es que también llega a una fatal e inesperada conclusión: el único capaz de urdir un plan semejante es él mismo. 
A partir de ahí, la trama nos lleva por caminos inesperados, recorriendo lugares poco frecuentes para un comic de superhéroes, donde nada es lo que parece pero que a la vez no podría ser de otra manera. 
Los personajes no son tales, más bien son representaciones e ideales, que en su aparente simpleza esconden conceptos enteros, como la magia, la tecnología, el tiempo, la patria, etc.  Los diseños son muy cuidados, con evidentes influencias de Steve Ditko y Jack Kirby
Siendo una continuación espiritual (?) de Watchmen, hubiera sido fácil caer en el abuso de los nueve paneles, pero felizmente eso no sucede. Las similitudes están presentes, pero sólo cuando deben estar, funcionalmente integradas al momento que representan.
Al igual que sus antecesores, el autor retoma parte del plot original definido por Morisi, pero llevándolo a un nuevo nivel: ¿cuáles son los poderes del Thunderbolt? Si liberamos el verdadero potencial de nuestro cerebro ¿el ser humano tiene una limitación real y consciente o sólo es algo que nos autoimponemos?
Hay múltiples referencias a situaciones de la cultura pop y el mundo del cómic en general, pero no es mi intención analizar exhaustivamente cada número en detalle (ya hay otros sitios que lo han hecho), sino más bien despertar el interés del lector para que las descubra por sí mismo. Hay magia, misticismo y metafísica para el que sepa buscar, además de segundas lecturas y metáforas narrativas.
Me permito advertir que el cuarto número es un demencial y arriesgado ejercicio de narrativa, que en manos de otros autores habría desbarrancado fácilmente, pero que aquí cobra un vuelo poético acorde con el personaje. Porque a final de cuentas ¿no es acaso Peter Cannon la personificación de la intelectualidad lograda por la humanidad a lo largo de su historia? Además de ser un romántico empedernido.

En solo cinco números, Gillen traza un homenaje -y crítica- al cómic como medio de arte, a su ilustre historia y recursos narrativos, mientras cuenta una potente historia que se puede leer de forma autoconclusiva, pero que también sirve como secuela (¿y precuela?) de Watchmen, de las aventuras originales en Charlton y de nuestro propio plano de existencia.
¿Quién hubiera imaginado que Pedro Cañón aún tenía estas balas para ofrecer?

Cannon
Peter lidera al equipo

Epílogo: el Trueno sigue sonando

La miniserie fue un éxito de ventas y críticas, el boca a boca circuló entre los fans, alertando sobre su condición de joyita oculta. Dynamite supo acompañar la movida, reeditándola en un formato de lujo, con mayor tamaño y varios extras. 
Para seguir explotando el ruido generado (antes que se apague el reguero de pólvora) deciden usarlo como cañón de su explosivo universo: se viene Die!Namite, pero esa es otra historia.

Peter
Tu lo has dicho, Peter

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