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Saint Seiya: Recorriendo el mundo de los Caballeros

Parte 1: La Saga del Torneo Galáctico

Saint Seiya: Recorriendo el mundo de los Caballeros - Parte 1
Por: Damián Pérez el Lun, 22/07/2019 - 13:20 - Se lee en: 14 mins

Los Caballeros del Zodíaco. Caballero Seiya. Seinto Seiya. Les Chevaliers du Zodiaque. Os Cavaleiros do Zodíaco. Knights of the Zodiac... Saint Seiya salió de Japón y atravesó occidente como un flechazo desde principios de los noventa.
Me declaro (con un poco de tristeza) como parte de la generación Magic Kids. Crecí viendo dibujos animados, desde que volvía del jardín de infantes y me esperaba la merienda con Los Pitufos y el Inspector Gadget. Después pasé por Supercampeones (Captain Tsubasa para los conocedores) y los Thundercats, previa parada en Los Centuriones y los Halcones Galácticos. Soy de esa generación que se crió frente a la pantalla de la televisión. Y todavía me acuerdo que a los ocho o nueve años, un compañerito de primaria me habló de los Caballeros, ese dibujito extraño que pasaban a la tarde en Canal 7. Y traté de mirarlo, pero no entendí mucho, había un tipo con una armadura dorada cagando a palos a otro que acababa de salir de un hospital. Por suerte, muy poquito después me enteraba que el canal que consumía la mayor parte de mis horas (el ya nombrado Magic Kids) también lo emitía. Incluso me acuerdo de sus horarios; 7:30, 13:00 y 19:30. Y a esa edad quedé fascinado, sobre todo con la historia y los conceptos pero también con las armaduras, las peleas y el background de los personajes. Era mi primer acercamiento formal al clásico animé de peleas, que ya se estaba haciendo popular de este lado del Pacífico. Y la fascinación duró mucho tiempo e incluyó esperar que la emisión no se reinicie por cuarta vez después de la Casa de Capricornio, gastar la acumulación de vueltos de los mandados en ese muñeco de Aioros comprado en Shopping Sur o ponerme a diseñar y dibujar mis propias armaduras. Incluso me ofendí ese mediodía, esperando a ver un nuevo reinicio (ya por enésima vez) de mi serie preferida y encontrarme con que Magic Kids había decidido reemplazarlo con ese tipo de naranja y cola de mono. Tal fue la ofensa que por lustros no quería ver nada referido a Goku y compañía. Soy un fan de Saint Seiya. Sigo siéndolo aún hoy. Pero bueno, no voy a extenderme mucho más con la autobiografía y les voy a contar sobre que va esto.

Vamos a tratar de armar una serie de notas interconectadas relatando y analizando la historia de Saint Seiya, tanto de sus líneas argumentales principales como de sus productos derivados. La base será el manga, pero de ahí vamos a derivar hasta donde lleve la marea. Y voy anticipando algunas de mis opiniones. Saint Seiya es una gran historia y una franquicia muy vapuleada con un villano principal: Masami Kurumada.

Masami Kurumada, el creador

Saint Seiya es el gran éxito del mangaka Masami Kurumada. Hasta el momento de lanzar esta serie, Kurumada llevaba más de diez años trabajando y había tenido cierta relevancia con el manga de boxeo Ring ni Kakero. En el medio metió algunos otros trabajos, como Fuma no Kojiro, pero siempre rondando el género shonen (o una de sus variantes, el spokon -shonen deportivo-). En algunos de estos trabajos, especialmente en Fuma no Kojiro, Kurumada empezó a introducir ideas que luego se verían exploradas en Saint Seiya, particularmente lo que se refiere a las luchas entre personajes y los trasfondos de estos poderes. Nunca me metí con estos otros laburos del autor. Ni lo intenté, ni lo intentaré. Pero esto tiene una razón simple. Masami Kurumada es un mangaka mediocre.¿Cómo podés decir eso Damián, estás diciendo que sos fan de Saint Seiya pero que Kurumada es mediocre? Sí, estoy diciendo eso. Y esta es mi primer crítica, Kurumada es un dibujante mediocre, un mangaka con varios problemas, un diseñador con imaginación limitada y un narrador que no destaca especialmente. Todos sus diseños de personajes se repiten: Seiya es igual a Ryuji (el protagonista de Ring ni Kakero), que a su vez es igual a Kojiro (protagonista de Fuma no Kojiro) y todos son un calco de Teppei (protagonista de B't X, un manga posterior a Saint Seiya). Y ni hablar del resto de los personajes, donde podemos encontrarnos varias copias de Shyriu, Hyoga, Ikki, e incluso un Jabbu boxeador en Ring ni Kakero (algunos defensores mencionan el método Star-System de Osamu Tezuka de repetición de personajes para justificar este hecho -Tezuka utilizaba una serie de personajes que trasladaba entre sus diferentes obras- pero en mi opinión esto es más una excusa que una razón real). Por otro lado, el aprecio de Masami por la anatomía humana es comparable al que tiene Messi por la Conmebol. Kurumada no puede dejar de dibujar a sus personajes como petisos afectados por elevadas fuerzas gravitatorias. En cuanto a diseños de armaduras, en donde se supone que está su fuerte y a lo que le dedicó muchísimo tiempo (dicho por él mismo), fue ampliamente superado (pero de esto vamos a hablar más adelante). Su narrativa no tiene muchas sorpresas, si bien juega bastante con el cliffhanger y las revelaciones al dar vuelta la página, no son herramientas que deslumbren dentro del shonen ya que son muy usadas por todos los autores. Es verdad que el arte de Kurumada fue mejorando con los años, no es igual al comienzo de Saint Seiya que al final, pero nunca llega a los niveles de otros próceres del Lejano Oriente. Y sin embargo, Kurumada para mí es el dios creador.

Saint Seiya tiene un elemento que sobresale por sobre todas las cosas, y este elemento fue generado por Kurumada: la historia. El punto más fuerte del autor es la creación de la historia y como va uniendo hilos y entrelazando los conceptos que quiso incluir para armar un argumento profundamente sólido. Sí, la historia de Saint Seiya es sólida, coherente y bien armada. ¿Y todas esas incoherencias sobre el Patriarca, los maestros intercambiables y el orden de los eventos? Bueno, todo eso no es producto de Kurumada sino de lo que tuvo alrededor (animé, juguetes, spin-offs). Kurumada armó una gran historia con un background impresionante (que dentro de unas líneas vamos a comentar), que incluye información de diversos orígenes (como los diferentes relatos mitológicos que se mencionan, principalmente los griegos y romanos) y que sirve como base a todo un universo de personajes y posibilidades. Kurumada es la razón de la genialidad de Saint Seiya. Pero también, es la razón por la que Saint Seiya no haya logrado repuntar y establecerse como una franquicia firme desde hace décadas. En resumen, Masami Kurumada es dios y diablo para Saint Seiya. Más adelante en esta serie de notas van a entender un poco más mis argumentos. Ahora metámonos en la base.

El primer tomo recopilatorio de Saint Seiya
Portada del primer tomo recopilatorio. En el segundo capítulo, Seiya viste por primera vez la armadura de Pegaso.

La historia inicial de Saint Seiya

El primer capítulo de Saint Seiya, incluido en la Weekly Shonen Jump (Editorial Shueisha) en diciembre de 1985 (el primer tomo recopilatorio sale el 15 de Septiembre del siguiente año), nos presentaba a Seiya, un joven japonés que estaba entrenando en Grecia para convertirse en un "Saint", uno de los guerreros al servicio de la diosa griega Atenea (Athena). Ya desde el comienzo la historia introduce muy poco del contexto pero explica varios conceptos. Los Saints son guerreros que portan armaduras denominadas "Cloths" (ropa, en inglés) y utilizan para sus batallas una fuerza interior que llaman "Cosmos", un concepto no muy distinto al de Ki, muy distribuido en la cultura japonesa, que seguro conocen por sus menciones en Dragon Ball. El Ki es la base de la práctica del Reiki, y está relacionado con el concepto hinduísta de Prana (de donde también viene el Reiki). Para explicarlo muy escuetamente, se trata de una fuerza interior (en el cristianismo occidental podría emparentarse con la idea de alma) que conecta a un ser con todos los elementos del universo. En el universo de Saint Seiya el Cosmos funciona también como una entidad interna que puede ser entrenada y es la base de los poderes "sobrenaturales" de los caballeros.

Seiya se convierte durante el transcurso de este primer capítulo en el caballero (santo, de ahora en más) de la constelación de Pegaso (el clásico caballo alado de la mitología griega), utilizando la Cloth de Bronce de Pegasus. Y a su vez, la idea de las constelaciones celestes como punto de partida para cada santo nace también acá. A partir de ahí se nos revela que Seiya quiere la armadura para volver a Japón y hacer un reclamo a quién lo mandó a entrenarse, el filántropo millonario Mitsumasa Kido. Este hombre adoptó a Seiya y a una multitud de niños huérfanos para transformarlos en santos de Athena seis años atrás. En aquel momento Seiya había sido separado de su hermana Seika, y el señor Kido le prometió reunirlos si éste volvía con su armadura. Y de esta manera, en medio de la presentación de una saga sobre guerreros y batallas, Kurumada mete un trasfondo terrenal al conflicto del protagonista, algo que no dejará de ser explotado a lo largo del manga. Al llegar a Japón, Seiya se entera que el señor Kido falleció poco después de que partiese hacia Grecia y ahora su fundación es dirigida por su nieta, Saori Kido. Esta misma se encuentra organizando un torneo de lucha entre los caballeros que vuelven a Japón con sus armaduras (sólo diez de los 100 enviados por Mitsumasa Kido) con una armadura dorada como premio para el vencedor. Así comienza la primera saga de Saint Seiya, denominada la Saga del Torneo Galáctico o Galaxian Wars (que a su vez es la primera parte del primer libro, pero eso lo dejamos para más adelante).

La Saga del Torneo Galáctico

Seiya accede a participar del torneo pensando que así su hermana podría encontrarlo a él y de esta forma empieza a desarrollarse la historia. La primera saga de Saint Seiya funciona como un gran ejercicio de presentación de personajes y un pequeño ensayo de profundización sobre éstos mismos. Se suceden una serie de peleas entre los santos de bronce que volvieron a Japón, las cuales funcionan para que los protagonistas principales que participarán de las futuras historias sean poco a poco delineados. Conocemos por primera vez al santo del Dragon (Draco), Shyriu, al santo del Cisne (Cygnus), Hyoga y al santo de Andrómeda, Shun. También nos presentan al resto de los caballeros de bronce, Jabbu de Unicornio (Monoceros), Geki de Oso (Ursa Major, Osa Mayor), Ichi de Hidra, Nachi de Lobo (Lupus) y Ban de León (Lionet, León Menor). Esta segunda tanda de personajes pasarán a ser conocidos como los "otros" caballeros de bronce, debido a que Kurumada dejó de darles participación inmediatamente después de finalizado el Torneo Galáctico (aunque trató de volver a traerlos mucho después, pero sin hacer demasiado esfuerzo).
Mediante las peleas vamos conociendo las características distintivas de cada personaje, sus diferentes "poderes" (técnicas), sus personalidades y sus entrenamientos. Asistimos al enfrentamiento más emblemático de esta saga, el que se da entre Seiya y Shyriu y la historia nos muestra como empiezan a construirse los lazos de amistad y hermandad entre los personajes. Y aparece el primer gran villano. Sin sorprender a nadie (y mostrado con mucha obviedad) conocemos al que quizás sea el mejor personaje de Saint Seiya: Ikki, el Santo de Fénix (Phoenix). Ikki es el décimo de esos huérfanos que Kido envió a entrenarse y, mediante flashbacks, aprendemos que es el hermano de Shun y que para salvar a su hermano de un destino horrible, se ofreció para ser enviado a la Isla Death Queen, de donde se supondría no volvería vivo. Pero Ikki volvió y se transformó en el antagonista de esta etapa. El personaje de Ikki cumple un rol muy común del shonen, el de villano redimido que se vuelve bueno luego de sus primeros enfrentamientos (el más emblemático entre éstos es Vegeta, pero también podemos mencionar a Benji Price -Genzo Wakabayashi- de Captain Tsubasa y muchos más).

Como buen villano de la época, Fénix está acompañado por secuaces (representados por los Santos Negros) y se roba la armadura dorada, el premio del torneo. Inmediatamente después conocemos a los lacayos principales de Ikki, los Santos Negros principales que, en una demostración de la intermitente falta de originalidad de Kurumada, se trata de versiones "negativas" de los protagonistas (Seiya, Shyriu, Hyoga y Shun). Y de esta forma pasamos a la segunda etapa de esta historia, donde Seiya y los otros se enfrentan a los caballeros negros y finalmente a Ikki, con el fin de recuperar la armadura de oro. En el medio de toda esta trama, el autor mete un par de conceptos más. Por ejemplo, conocemos algunos detalles sobre los maestros de Seiya (Marin) y Shyriu (el anciano de los cinco picos de Lushan) y sobre la naturaleza de las armaduras. Ésto último ocurre por un plot paralelo en donde Shyriu debe reparar las cloths de Pegaso y Dragón, por lo que las lleva a un maestro reparador de armaduras en el Tíbet llamado .

El final de la Saga del Torneo Galáctico termina con la derrota de Ikki y algunas revelaciones acerca de la relación de Mitsumasa Kido con los huérfanos: él es el padre de los 100 niños que envió a convertirse en santos de Athena. Este dato empieza a ser importante para justificar y profundizar los lazos (fraternales, ahora con todas las letras) entre los personajes. También tenemos la gran revelación de la fuerza detrás de este, el Santuario. Y ya estamos listos para lo que sigue, pero eso lo veremos en la próxima parte de esta nota.
Todo este primer arco podría calificarse como el menos original de Saint Seiya, donde Kurumada no hace grandes experimentos. Argumentalmente funciona, entretiene y presenta el contexto base para desarrollar la historia, pero no escapa a las fórmulas conocidas hasta el momento. El autor sí destaca en la mecánica que elige de ir revelando las características principales del universo que crea poco a poco, así el lector va entendiéndolo al mismo tiempo que los protagonistas. El punto donde esto hace ruido es cuando las revelaciones son puestas en boca de nuestros personajes principales, ya que suena extraño para el lector. Por suerte esto no es utilizado en muchas ocasiones. 

Ikki, el fénix
La primera aparición de Ikki, el villano principal de la Saga del Torneo Galáctico, en el capítulo 8.

La adaptación al animé

Cuando hablamos del animé de Saint Seiya surge un nuevo nombre que acompaña a Kurumada en el firmamento de dioses creadores: Shingo Araki. Probablemente Araki sea tan responsable del éxito de Saint Seiya como su creador. Shingo Araki fue (falleció en 2011) un animador, productor y diseñador de personajes de gran trayectoria, que participó en muchísimos animés. En Saint Seiya actuó originalmente como diseñador de personajes y director de animación, pero su mano fue mucho más allá. Los diseños de armaduras del animé rompieron todos los límites y funcionaron como un gancho genial para diferenciarlo de otros shonens. Y fueron muy superiores a los diseños de Kurumada. Originalmente las cloths eran cubiertas simples, con formas redondeadas. Masami quería que la complejidad de las armaduras aumentara progresivamente respecto de los rangos de sus caballeros (menor cobertura para los caballeros de bronce, máxima para los dorados) pero sus dibujos resultaban poco prácticos. Shingo Araki, junto a su asistente y esposa, Michi Himeno, rediseñaron todas las armaduras desde la primer etapa, dando estilos mucho más ágiles y estilizados. El creador también participó en el rediseño de cada personaje, escapando de a poco de aquellos dibujos originales. Si decimos que Kurumada es el creador de Saint Seiya respecto a la historia, la parte gráfica tiene un gran porcentaje de deuda con Shingo Araki (y Michi Himeno, que a medida que avanzaba la serie aumentaba su participación), mejorando completamente las ideas iniciales del primero. Tan buenas fueron las ideas de Araki que posteriormente Kurumada fue incorporándolas a sus propios diseños para el manga (como las hombreras de la cloth de Andromeda).

Respecto a la historia, la saga del Torneo Galáctico del animé presenta muy pocos cambios respecto al manga. Algunas partes están levemente más alargadas, como las batallas con los Santos Negros, pero no es algo que se note mucho. Quizás la única diferencia destacable es la que se refiere al grado de violencia, el cuál está algo mitigado en el animé (por ejemplo, la sangre a veces es más negra que roja, el Cisne Negro se arranca el símbolo de su casco en lugar de su ojo para informar a Ikki de lo que vio). Otro punto importante que el animé evita (y que es luego reforzado varias veces en el manga) es la relación de parentesco entre Kido y los santos de bronce y, en consecuencia, entre estos. Por el resto, y como sucede con muchos animés, se trata de una adaptación casi página a página, donde incluso podemos ver viñetas trasladadas de forma literal a la pantalla (algo que se notará especialmente en sagas posteriores).

Un punto muy alto de Saint Seiya (y de muchísimos animés que competían por aquellas épocas) fue la música. Pegasus Fantasy, la canción de apertura de la serie fue un golazo, tanto en su versión en japonés como en español. Lamentablemente el mundo occidental no la conoció hasta mucho después (tuvimos que esperar hasta la comercialización de los primeros OVAs que incluían la versión española), ya que la versión latina no la incluía.
Voy a aprovechar para contar ahora un poco de la trayectoria de Saint Seiya en el mercado. El animé de Saint Seiya fue producido por Toei Animation y dirigido por Kozo Morishita y Kazuhito Kikuchi y empezó a emitirse tan solo un mes después de la salida del primer recopilatorio, en 1986. Muy poco tiempo después, en 1988, Saint Seiya llegó a Francia, donde fue emitido bajo el nombre Les Chevaliers du Zodiaque, de donde surge la palabra "Caballeros". La versión francesa fue un éxito rotundo, luego trasladado a España e Italia, y mas tarde a Portugal. En Francia, la animación de apertura con la pegadísima Pegasus Fantasy fue cambiada por una versión propia, la cual luego fue traducida por los españoles. Recién en 1993 la serie llegaría a México (desde España) donde se mantendría la apertura pero se realizaría un nuevo doblaje. Desde México llegó al resto de Latinoamérica durante la primera mitad de la década de 1990. ¿Y qué pasa con Argentina? acá tuvimos que esperar recién hasta 1995 cuando ATC (hoy la TV Pública) empezó a emitir el animé luego de un convenio con la empresa que importaba los muñecos fabricados por Bandai -la empresa Dekko, que traía sobrantes de Brasil- (poco después, en Junio de 1995, fue emitido por el canal de cable Magic Kids, responsable de traer muchos otros animés muy populares como Sailor Moon o Ranma 1/2). Poco antes de eso, los rumores sobre Saint Seiya ya se escuchaban debido a la señal Manchete, que emitía la serie en Brasil y llegaba a Argentina con doblaje en portugués por los servicios de tv por cable.

La inundación de Caballeros del Zodíaco fue abrumadora: serie, juguetes y más merchandising en muy poco tiempo. Para la edición local del manga tuvimos que esperar bastante tiempo hasta las ediciones de Ivrea ya que las ediciones españolas de Planeta de Agostini y Glenat llegaron antes pero de manera muy pero muy intermitente. Un punto que se me pasó mencionar es el doblaje. La versión mexicana (en español neutro) que llegó a América del Sur era pésima. Constantemente cambiaban nombres, términos y hasta el sentido de muchas frases, mandándose multitud de errores que incluso entorpecían el entendimiento de la trama. Para 1995 y 1996 Saint Seiya era un éxito casi sin precedentes (quizás podemos nombrar como tenues precedentes a Mazinger Z, Robotech o Meteoro) en el mundo occidental, centrado en Francia, México, Brasil y Argentina. Todo esto ocurrió años después de que en Japón la popularidad de la franquicia hubiera empezado a decrecer. No fue hasta los primeros años de la década del 2000 cuando se produce un revival en su país de origen, que posibilitó por primera vez la introducción de Saint Seiya en Estados Unidos, pero eso lo vamos a dejar para otra entrega de esta serie de notas.

La batalla entre Seiya y Shiryu
El enfrentamiento más emblemático del Torneo Galáctico, el que se da entre Seiya y Shiryu, llevado a la pantalla de televisión.

Puntos altos y bajos de esta saga

Puntos altos

  • La historia. Entre los puntos más altos de Saint Seiya no puedo dejar de volver a mencionar la historia. Saint Seiya fue un éxito en occidente, cosa que no siempre ocurre con las creaciones japonesas. Muchos consideran que esto podría tener su base en la universalidad de la historia orquestada por Kurumada, la cual toma y conjuga muchos elementos de muy diversos orígenes, como las mitologías griega y romana mezcladas con conceptos orientales como el Ki. Si bien sobre esto no se explaya mucho la primera saga, ya se encuentran presentes de manera primigenia.
  • La caracterización de personajes. En estos primeros capítulos (tanto del manga como del animé) los protagonistas se encuentran muy bien definidos. Ya podemos describir las personalidades de los cinco principales santos que veremos luego a lo largo de la historia y hasta la de Saori Kido, la protagonista/macguffin (elemento u excusa argumental que existe para justificar y hacer avanzar la trama) de la serie.
  • Las armaduras. Esta idea de Kurumada de armaduras, tomada de las que portaban los caballeros medievales pero unificada con los samurais japoneses, es tremendamente fuerte y le da una sensación de coleccionabilidad y rasgos a los personajes que no logró repetirse de igual manera en otras historias (especialmente en otras historias de Kurumada). Y funcionó como una variante muy poderosa de los típicos mechas que habían dominado el medio años atrás.
  • El villano. Ikki es uno de los mejores villanos de Saint Seiya (teniendo en cuenta que habrá muy buenos villanos en el futuro, pero no quiero adelantarme). La personalidad, motivaciones y descripción del Fénix funcionan muy bien. 
  • Las fichas. Al final de cada tomo del manga, Kurumada incluyó fichas con los diseños de las cloths, a las que también les agregó las formas tótem u object (armaduras montadas imitando la constelación que las inspira). Estas "fichas coleccionables" contribuyeron en gran medida al éxito de las armaduras que mencionábamos antes.
  • La revelación de información. El modo en que Kurumada va desarmando capa por capa las motivaciones y las características dentro del universo de Saint Seiya es, como ya venimos mencionando, una de las mejores características de la historia. Agregados de personajes que al momento no pasan de ser anecdóticos como Mü o el Anciano de Lushan suman muchísimo cuando pasamos a otros arcos.

Puntos bajos

  • Los diseños de personajes de Kurumada. Creo que no puedo darle más palos a ésto de los que ya le dí. Los invito a verlos con sus propios ojos.
  • El Torneo Galáctico. Si bien es el centro al principio de la historia, el Torneo Galáctico entre Santos de Bronce armado por la Fundación de Mitsumasa Kido no llega a ningún norte. Es dejado de lado apenas se revela Ikki como villano y, por otro lado, queda muy claro que no es más que un artilugio para presentar a los personajes en lugar de un mecanismo narrativo para hacer avanzar la historia.
  • La caracterización de Saori Kido. Al comienzo de la historia Saori Kido queda como un personaje de adorno. Su participación es casi anecdótica, su personalidad está poco definida. Es verdad que más adelante su papel cambia rotundamente, pero las bases para ello no están muy afianzadas. En un principio, el lector incluso podría sospechar que Kurumada no tenía idea de la real naturaleza de su personaje para este punto, que luego se transformaría en el principal motor de las historias.
  • Los Santos Negros. Estos caballeros, que funcionan como primer grupo antagonista, no dejan de ser malas copias de los protagonistas. Este recurso explotado hasta el hartazgo en numerosas historias aquí no deja de ser una señal de falta de imaginación. A la altura en la que los encontramos no terminan de ser un golpe de efecto suficiente, ya que los personajes a los que copian todavía no habían terminado de delinearse.
  • Mitsumasa Kido como villano. Cuando llegamos a la revelación del magnate fallecido como padre de los protagonistas, un halo de vileza cubre a este personaje tácito. Esta contradicción constante del relato alrededor de Kido, dejándolo como un déspota que manipulaba a sus propios hijos no termina de cerrar. Es claro que este punto está impuesto a propósito para darle más fuerza a futuras revelaciones, pero el empezar a instalar la duda durante esta saga da un sabor amargo sobre Mitsumasa Kido que no se removerá en el resto de la serie. 

Y hasta acá llegamos por ahora, en la próxima parte de esta serie de notas nos vamos a meter con la Saga de los Santos de Plata, que funciona como un paso adelante en la construcción del universo de Saint Seiya y es la más bastardeada en sus adaptaciones posteriores. 

Muchos de los datos utilizados para armar esta nota provienen de diversas fuentes, pero quiero destacar un website lleno de información sobre Saint Seiya que resultó muy útil (aunque esta información se encuentra sumamente dispersa): http://snk-seiya.net/guiasaintseiya/Espanol.htm


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