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WE3: Problematizando la tecnociencia y la ética

Reseña y análisis

Por: Martín Fasanelli - 14 Feb 2019 Se lee en: 14 mins

Los autores

Nadie puede negar que Grant Morrison es uno de los guionistas más influyentes de los últimos 30 años, ya sea porque uno mismo tiene la suerte de experimentarlo al leer alguna de sus enrevesadas obras conceptuales o simplemente porque todos repetimos lo que otros lectores u opinólogos profesan para así no quedar mal parado en cualquier charla entre comiquer@s. De cualquier forma, y como he leído en algún lugar: “El Mundo Morrison es un mundo complejo, cautivante, lleno de héroes, antihéroes, citas literarias, experiencias extrasensoriales, metatextos y mensajes socio-políticos.” Y dejémoslo ahí, por ahora.

¿Pero cómo se presenta este laberinto del pensamiento en una historieta? Posiblemente haya sido su compatriota, Frank Quitely, uno de los artistas que mejor pudo desentrañar lo que Morrison intenta transmitir. No por eso debe ser subestimado ya que Quitely tiene por costumbre deslumbrar en los lápices, relatando con viñetas innovadoras, pretenciosas y hasta provocadoras, tal como lo hace en la historia de la cual hablaremos aquí. Sin dudas, estamos en presencia de una dupla autoral mega consagrada.

La obra

No es sorpresa que la obra que hoy discutiremos (como con V de Vendetta) pertenezca a la línea Vertigo, subsidiaria de DC Comics. Un sello editorial que se ha revelado como una alternativa temática y estilística al comic mainstream y que, a menudo, promueve la concientización y la problematización de temáticas que pueden pasar desapercibidas. Ya, sin más preámbulo, hablemos de WE3 (2004).  

WE3 es una obra de ciencia ficción clásica que comparte una premisa que puede parecernos, por lo pronto, familiar. En pocas palabras: Existe un proyecto de desarrollo científico y tecnológico cofinanciado entre el gobierno de los Estados Unidos, las Fuerzas Armadas del mismo país y (aunque no quede expreso) entes privados. El proyecto consta de diseñar cyborgs (criaturas de carne y hueso, con suplementos cibernéticos y metálicos) programables con sistemas sensoriales incrementados acoplados con armamento militar de última generación a partir de tomar animales domésticos perdidos -tales como perros, gatos, conejos- y ratoncitos de laboratorio. ¿El objetivo? Servir a la causa de la raza humana, lucha contra el crimen organizado y defensa del territorio nacional. ¿El meollo del problema? Típico, estas armas despiadadas (interpretadas por tres animalitos que rebosan de ternura) se liberan de su recinto de reclusión y salen a vagar por el mundo a sembrar el terror y diezmar a la sociedad, o eso dicen algunos.

A pesar de que eso pueda hacerla parecer trillada, WE3 se escribió sin hacer estallar los globos de diálogo, sino dejando bien en claro, de manera concisa y muy visual, cuáles son las posturas y motivaciones de los personajes. El guión logra poner en jaque las responsabilidades e identidades de muchos actores sociales y, por otra parte, discutir la calidad ontológica de lo que es ser humano. El resto, Morrison lo deja en manos de Quitely, quien toma la posta y hace un delicioso laburo visual; desde secuencias de acción de miniviñetas cuadriculadas hasta imponentes splash pages, pasando por viñetas que salen de la bidimensionalidad hasta escenas que evocan cariño y afecto, que contrastan violentamente con secuencias de lo más salvaje y truculento (y, a veces, hasta terroríficas).

Sin mucho más para decir sobre la trama y la labor autoral, adentrémonos en la substancia. ¿Qué temáticas problematiza WE3? A partir de la segunda mitad del siglo XX, la ciencia, el Estado y el mercado se encuentran estrechamente ligados; éstos últimos moldean y le dan a la ciencia un marco de metas en el cual entra en juego el concepto de ética y cómo ésta es entendida por la propia comunidad científica, los diversos organismos involucrados en esta actividad y la sociedad. Con esta nota, l@s invito a prestar atención a:

  • La correspondencia de ciertos personajes con actores típicos de la matriz tecnocientífica en la que se desenvuelven, junto con sus propias defensas y críticas, desde puntos de vista ideológicos y éticos.
  • Fragmentos de la obra que apoyen las características enunciadas para dichos personajes
  • La intención de los autores con respecto al mensaje transmitido.

Las premisas y los alcances de la Tecnociencia 

A los fines de una cabal comprensión de qué es propiamente la ciencia, tomemos en consideración que eso implica hablar del conjunto de: teorías, metodologías, creencias, científicos, instituciones y la relaciones de poder implicadas. Ahora sí, Tecnociencia…

Finalizada la Segunda Guerra Mundial surgió, en el hemisferio norte, una nueva concepción en cuanto al entendimiento de la relación entre la ciencia y la tecnología denominada tecnociencia. La tecnociencia describe un estado general de la práctica científica y tecnológica, y se caracteriza por la generación de proyectos científicos a partir de ideas planteadas como revolucionarias. Son financiados por entes públicos (dentro de los cuales se incluye al Estado), privados, o ambos, fuertemente asociados a nociones como la de eficiencia o rentabilidad, y publicitados como un beneficio colectivo para la humanidad. En pocas palabras, es el marco en el que la ciencia se torna una política de Estado.

Es aquí donde comienza la época de las grandes promesas esperanzadoras: erradicar el hambre, la miseria, las enfermedades de la faz de la Tierra. Algunos ejemplos distintivos de estos proyectos son el Proyecto Manhattan y el Proyecto Genoma Humano (o la misma Carrera Espacial, si les suena más conocida). En éstos queda en evidencia la dependencia del financiamiento para la Sociedad del Conocimiento, y la relevancia del embellecimiento del discurso con el fin de ganar legitimación por sobre la aplicabilidad de un proyecto: el primero de estos grandes emprendimientos concluyó en la destrucción de dos ciudades japonesas (así como la muerte de gran parte de sus habitantes); y el segundo no reportó el beneficio humanitario que promulgaba en su albor. Es así como queda demostrada, a mediados del siglo XX, la relación entre la ciencia y la tecnología, y la fuerte matriz de negocio productivo fundamentado en promesas de desarrollo.

Acercándonos más a lo que se cuenta en WE3, se pone de manifiesto que el beneficio colectivo del cual se agracia esa sociedad es de índole militar (o de seguridad, en términos generales). En la imagen (Extracto 1) se ve claramente como el proyecto se encuentra tanto avalado como legitimado por tres de las más imponentes instituciones de la sociedad contemporánea: El Estado (representado por un senador), el Ejército y la Ciencia. Este triunvirato discute sobre la aplicabilidad de este proyecto de investigación y desarrollo, en el que expresan claramente:

Extracto 1. En estas escenas se ven representados los tres poderes, dialogando sobre el reemplazo eficiente de la fuerza de trabajo humana por esclavos animales programables con el objetivo último de salvar miles de vidas de personas en los campos de batalla militar.

Como puede verse en la charla, hay ciertas concepciones que han conformado el paraguas de la tecnociencia: términos como producción (en masa), perfeccionamiento, aplicación, innovación, eficiencia y rentabilidad -los cuáles provienen del industrialismo y el mercantilismo- son sólo algunos de los más prioritarios en la orden del día.

Extracto 2. "Esta es el arma del futuro" / "Podriamos echarle un vistazo a los prototipos animales más avanzados" / "Las guerras del mañana, Senador, están siendo luchadas hoy"  

De nuevo, las promesas; el futuro es hoy, el lema grabado a fuego. Resulta que aquí solo están teorizando sobre la aplicación de este prototipo porque, a pesar de estar en una de las últimas fases de prueba en una instalación secreta de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, bien que en las primeras secuencias del relato llevaron a cabo una misión extraoficial (e invisible) en la cual liquidaron a un criminal hasta hacerlo puré en su departamento. Sea como fuere, los prototipos sólo son eso: prototipos de formas que nunca van a llegar a concretarse, de armas que nunca serán perfectas. Es más, es el colmo ver que, cuando pierden el control de las tres bellas criaturitas, esta gente pone a armas biológicas para defenderse de otras armas biológicas. Y así es cuando todo se torna en una contienda para saber quién puede ser más despiadado, implacable y amoral. Más adelante puede verse que lo que motiva a los militares y a algunos de los científicos del proyecto es el lema “Bigger, better, stronger, faster”, haciendo una clara referencia al paradigma progresista del que estamos hablando.

Este cambio de paradigma ha traído consigo una puja tal que hizo que veamos al mundo con otros ojos: Las amenazas del mundo son lo retrógrado, lo obsoleto y lo pacífico, entre otros; y quienes no logran apañar estos padecimientos de forma satisfactoria, serán considerados (países) subdesarrollados. ¿Les suena? Estamos a mediados de siglo XX, en plena posguerra surge el conocido Desarrollismo, en el que la lógica deductiva:

                        CienciaTecnología ⇒  ProducciónBienestar

se convirtió en el Padrenuestro que seguimos recitando hoy día.

Para ir cerrando esta sección, verán ustedes que fue durante el siglo XX que los científicos empiezan a:

  • Perder la libertad de elegir el cauce y la finalidad de sus proyectos de investigación para amoldarse y responder a planes de interés geopolítico o de innovación productiva (es decir, invención con lógica de mercado).
  • Asimilar el nuevo paradigma de producción, donde la inversión y la competencia se han convertido en los baluartes de muchos de los sistemas nacionales de investigación, reflejándose esto sobre la carrera que vivencian los investigadores del siglo XX y XXI.

Ciencia y ética

Entendemos a la ética como la reflexión sobre la moral, o dicho de otro modo, lo refiere a la pregunta de por qué se hacen y/o acepta un conjunto de normas, valores, creencias y prácticas de un grupo, una sociedad o una comunidad. En estos términos, WE3 presenta varias problemáticas a las cuales la ciencia se ha enfrentado; una ciencia inmersa en la tecnósfera (es decir, el entramado de tecnologías a gran escala que subyacen y hacen posible la extracción de energías de la tierra, el transporte, la manufactura y la subsistencia de gobiernos y civilizaciones modernas) y moldeada por el progresismo y la innovación, y atravesada por los más grandes dilemas éticos de mediados del siglo XX.

Para ir directamente al grano, se podría hacer el ejercicio de pensar la siguiente pregunta: ¿Quién es el responsable de lo acontecido en las instalaciones de la Fuerza Armada? ¿Acaso es la misma fuerza militar, impulsora del proyecto y financista del mismo? ¿Son acaso los Dres. Trendle y Berry (como representantes de la ciencia), que dirigen un proyecto masivo de biotecnología alterando abismalmente estas bestias letales por el mero hecho de disponer de la tecnología necesaria para hacerlo? ¿Son los inversionistas privados que sólo quieren invertir en el parque con fines económicos y especulativos? ¿O acaso es el Senador Washington, el monigote que lleva el proyecto a la sala oval del Parlamento? Al problematizar estas preguntas, sabemos que no podremos llegar a una respuesta definitiva, pero sí haremos un intento por distinguir los diferentes modelos de análisis de la compleja relación entre ciencia y ética que sostienen los distintos personajes. Algunos de estos modelos los llamaremos: (A) de separación parcial y (B) de unificación y responsabilidad.

Modelo A

Este modelo tiene que ver con un tipo de relación en que se presenta a la ciencia como una práctica con fines favorables para la humanidad. No es una disciplina neutral, sino que se niega tanto la posibilidad de una ciencia que produzca daños así como también la noción de una ciencia neutra éticamente. Básicamente, esto se resume a que un científico piense: “No me responsabilizo por la bomba atómica, pero sí de la invención de los antibióticos”. Es decir, está entrando el conflicto de mi “para qué” con el “para qué” de otros. Esta asimetría entre reconocer lo bueno y cargar de responsabilidad a terceros por la mala toma de decisiones es una posición que parece estar muy presente tanto en la comunidad de científicos naturales como así también en el seno de una parte muy importante de nuestras sociedades.

En WE3 hay algunos personajes que pivotean entre el este modelo y el próximo, pero los que tiene una fe ciega en el desarrollo científico técnico con una mentalidad del tipo “El fin justifica los medios”, son el senador Washington y el jefe militar.

Extracto 3. "Ahora que hemos perfeccionado esta nueva tecnología, quiero animales criados específicamente para el trabajo, ya sabés lo sensible que se puede poner el público" / ¿"Qué clase de loco le enseñaría a hablar a una máquina asesina?" 

Aquí vemos como, el representante de las fuerzas Armadas está dispuesto a hacerse cargo del desarrollo de armas biológicas de última generación para diezmar quién sabe qué, pero tiene un leve problema con que una científica (Roseanne Berry) del instituto les haya enseñado a hablar y expresarse. Es decir, mientras sean armas despiadadas y amorales, sin identidad (mi “para qué”), el viento está en popa; pero, cuando hay gente que toma decisiones que ponen en jaque la integridad y confiabildiad del producto (cuando se desvirtúa mi “para qué”), entonces será el momento de arrojar hombres (o mujeres, en este caso) al agua.

Ahora, prestemos atención al Doctor Trendle. En principio, cuando surge el problema principal de la obra, el escape de los 3 cyborgs, su reacción es la de mantener todo en secreto: “…nada de esto puede llegar al Senador Washington”, sentencia Parece que está tratando de tapar algo que no estaba en los planes, algo que se escapa de ese “para qué” benévolo de su investigación. Es posible que sea un tipo que tiene una fe ciega en su trabajo, una fe que no le permite ver consecuencias maliciosas….¿por qué debería tener consecuencias no esperadas que se salgan de control? Con la siguiente secuencia, puede verse aún más claro:

Extracto 4. [a Roseanne Berry] "¿Ves lo que hiciste? Esos pobres hombres...Ese era el punto, el punto de mi investigación...Las personas no debían morir. Nadie tiene que morir, no cuando tenemos soldados como estos."

Sin embargo, esto no será todo sobre el doctor Trendle, por que junto a la Dra. Berry, serán protagonistas de un cambio de mentalidad.

Modelo B

La segunda caracterización de la relación entre ciencia y ética postula que el científico no sólo está involucrado en el cómo, sino que también asume una finalidad, un “para qué” (y un “para quién”), indisociable de la generación de conocimiento, dado a partir de sus objetivos. Una crítica de alguien que aboga por este modelo sería: “Los científicos estaban tan ocupados en ver si podían hacerlo [el Proyecto Manhattan, por ejemplo] que no se  detuvieron a pensar si debían”.

De una manera bastante cruenta, Roseanne Berry asume una enorme culpa por su trabajo en los laboratorios de la Fuerza Armada, por lo que toma la polémica decisión de desactivar los sistemas de seguridad de las Animal Weapon 3 para que los bichos sean liberados. Hasta hubo un momento en el que ella se dispuso a morir a manos de estos ciborgs. Sin embargo, Morrison le perdonó la vida porque necesitaba que Roseanne viviera para visualizar que su decisión iba a traer aparejada un desmadre de grandes dimensiones. Eventualmente, su camino de redención se completa llegando al final del relato, como muchos recordarán:

Extracto 5. "¡Oh, lo siento tanto! ¡Corre Bandido, corre lejos!

Por otra parte tenemos la evolución del Dr. Trendle quien, al lamentar profundamente el deceso de Roseanne, asume la responsabilidad de sus acciones y no sólo enfrenta a los funcionarios del gobierno que llevaron adelante esta medida, sino que él mismo se enfrenta a la justicia:

Extracto 6. "El testimonio de un científico hunde la campaña de un Senador" / "La conmoción por animales-soldados"

Para finalizar, espero haber echado algo luz sobre lo que yo creo que son los conceptos alrededor de los cuales orbita WE3. A pesar de que este no es un relato con un nivel desafiante de comprensión, les soy profundamente sincero si les cuento que me cuesta trabajo cazar la onda de muchas de las obras del pelado escocés, cosa que muchas veces me deja perplejo, sintiendo que a veces no son suficientes las palabras que leo para entender lo que otra persona me quiere transmitir. Pero es esa  incerteza la que alimenta, al mismo tiempo, una ansiedad que hace que quiera meter mano en otra obra tan o más rebuscada del mismo autor. ¿Será porque saboreamos ese desafío de poder navegar alrededor de ideas tan impalpables como la mente del mismo Morrison? ¿Será el hecho de compartir una charla con amigos y notar que cada uno entendió algo distinto a raíz del mismo comic de 96 páginas? ¿O quizás por esa astucia de enrevesar algo tan sencillo como el relato de una persona echando llave a la puerta de su casa, cruzando la avenida para entrar a la panadería y comprar una docena de facturas y medio kilo de flautitas?

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