X-Men Red, tiempos de revancha mutante
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X-Men Red, tiempos de revancha mutante

Una inmersión en el rojo profundo de Tom Taylor

Por: Martín N. Fasanelli - 23 Mayo 2020 Se lee en: 9 mins

Un amanecer escarlata

Luego de tiempos oscuros y muchos años en la marginalidad, el fin de la década pasada abría el telón de una nueva época dorada para una de nuestras franquicias más queridas. Los X-Men. Como un fénix (de las cenizas), la gran familia mutante resurgió nada más y nada menos que de la mano del flamante Jonathan Hickman. Con su dialéctica House/Powers of X, el gran arquitecto se las ingenió para traer mucha frescura en materia creativa, sin contar la inminente repercusión mediática y rentabilidad a base de sus numerosos títulos. Pero eso es historia conocida.

Lo que no todos saben es que hubo alguien que vino antes del renacimiento, un autor que cimentó una piedra fundacional para esta revolución. Un profeta que bebió de las páginas de Chris Claremont y se nutrió de la modernidad de Grant Morrison. Un tipo que canalizó la faceta social y cultural de Peter David y que palpitó el sentimiento con el que escribió Joss Whedon. Un apasionado que no solo se percató del desperdicio del nombre X-Men, sino que también se animó a hacer lo que los fans más necesitaban: sembrar la semilla de la ilusión en medio de un yermo desesperanzado. El germen en cuestión se llamaría X-Men Red, y el jardinero a cargo de su cuidado y floración sería el flamante guionista Tom Taylor, quien tuvo el merecido honor de escribir: To me, my X-Men!

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¿Y dónde está Nightcrawler? El equipo posa para el recuerdo y el tono sepia le sienta muy bien. X-Men Red #11. 

El final de la sequía granate

Habían sido cinco largos años de tiempos difíciles para los Hombres X. Después de AvX, la línea mutante tuvo una coordinación inusitada. Hay quienes hablan de una total falta de ideas y hasta de desidia editorial. Las tramas pobres, los personajes incomprendidos y los eventos de rutina terminaron alejando a lectores fanáticos como nosotros. Realmente, no encontrábamos una revista que propusiera una digna reinvención de nuestros personajes más queridos. Hasta 2018.

Para no ser menos, se necesitó del regreso de cierta pelirroja para lograr cautivar nuestra atención. Era obvio que un título como La Resurrección de Fénix no iba a pasar desapercibido. Un regreso súper cargado de fetiches, para ser sinceros. Porque no fue la primera vez que intentaron traer el espíritu de la adorada Jean Grey a los cánones Marvel. Muerta definitivamente desde la etapa de Morrison, numerosos autores se las ingeniaron para hacerla (re)aparecer siempre y cuando quemaran las papas. Pero esta vez fue distinto. Con la vuelta oficial de la Chica Maravillosa (adulta) la fiesta estaba completa; los comensales habían sido invitados, pues la mesa estaba servida para el lanzamiento de una nueva serie que viniera a despertar la franquicia de un largo letargo.

Sueño color de rojo

Como habíamos dicho, el escritor elegido para encarar tamaña empresa fue Tom Taylor, responsable de una muy correcta serie dedicada a la nueva Wolverine (entre 2015 y 2018). Un autor ocurrente, que le presta mucha atención a la interacción de los personajes y que se encarga de hacer tramas gancheras para los lectores. Todo demuestra que ha dado en la tecla con las series que agarró y los personajes con los que trabajó. Últimamente está logrando encadenar un hit tras otro; basta con ojear sus laburos con DC (DCeased y algunos anuales de Batman), sin mencionar la excelente Friendly Neighborhood Spider-Man para Marvel, entre otras perlas. 

Al parecer, eso le bastó para que Marvel le diera una nueva chance con los Hijos del Átomo, por lo que Taylor salió a la cancha con una humilde propuesta titulada X-Men Red Annual #1. En este episodio piloto, Jean Grey renace en un mundo que había cambiado. Sus amigos y familiares habían vivido sus vidas. Algunos, hasta la habían perdido (entre ellos, Cyclops y Wolverine). Siendo un personaje muy empático, se conmueve mucho por esto que sucede a su alrededor, por lo que se propone hacer un cambio real en el mundo. No solo para los mutantes o la humanidad, sino para todos.

Realmente no veo a Jean como la heredera de nadie. Su empatía y esperanza, combinadas con su gran poder, significan que realmente está intentando hacer algo propio y único de su parte. Ella puede sentir las divisiones en el mundo. El miedo, la ira y la ansiedad en la sociedad. Y así es como una de las telépatas más poderosas y sensibles del mundo está respondiendo a eso, ayudando. Ella quiere proteger a los mutantes, sí, pero también quiere construir la unión. No se trata del legado de Xavier. Este es el sueño de Jean. –Tom Taylor, 2018.

En vistas del ritmo cansino que llevaban las series hermanas, creemos que Taylor se autoimpuso una misión como guionista –o al menos, escribió a una mujer que se autoimpuso una misión: la de poner punto final a las tramas superfluas. Como primera medida luego de su reaparición, Jean se dirige al Nuevo Attilan para tener un encuentro con el Rey Inhumano. Allí no solo vindica la memoria de sus afectos, sino que también le otorga a Black Bolt la chance de hablar y expiar sus culpas pasados (Recordando los eventos acaecidos en el marco de Inhumans vs. X-Men). Esto da la pauta al lector de que la meta de Jean no es ponerse a tiro con más de 10 años de historia de un mundo que la dejó atrás. Sino que ella está para algo más. Para ser algo más. Para salir de su cueva y desafiar a toda la flota editorial mutante del momento.

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El iterativo regreso del Fénix. ¿Será para quedarse? X-Men Red Annual #1.

En este número iniciático, con el muy pintoresco arte de Pascal Alixe, Taylor sentó las bases para un relato que sólo le duraría 12 capítulos antes de su injusta cancelación. Sin embargo, su corta duración fue suficiente para darle una voz a Jean con la cual resignificaría su identidad mutante. X-Men: Red nos invitaría a acompañar a Jean en una historia de redención. Para honrar las pérdidas y conmemorar los triunfos. Para reconectar con viejos afectos, reencauzar la nostalgia y hacerla impulsora de un futuro prometedor.

La dinastía carmesí

En las primeras páginas de X-Men Red se encargan de ubicarnos en el tiempo y espacio Desde el mismísimo  #1, los autores nos plantean una premisa tripartita que no te va a dejar soltar el cómic ni con la orden de un juez. Primero, con que Jean Grey tuvo una revelación premonitoria de un desenlace idílico sobre la eterna puja Homo sapiens/Homo superior, la cual decide compartir con las grandes mentes y dirigentes de nuestro planeta. Segundo, que hay solo un puñado de mutantes que deciden acompañarla, y que, de buenas a primeras, resultan ser los únicos al tanto de un plan maquiavélico para erradicar a la raza mutante de la Tierra. Y tercero, que en algún momento, el equipo Rojo logró lo inesperado: una suerte de nación-refugio subacuático y casi soberano en el que los mutantes hallarían un lugar de pertenencia en el mundo. Desde el cierre de este explosivo primer capítulo comienza un racconto que se retrotrae a momentos después del renacimiento de la pelirroja, cuando sintiera esa epifanía de redefinir su identidad y hacer su existencia realmente significativa.

No nos engañemos. Esta no deja de ser una historia con cierto esquema típico en la literatura superheroica, en la que un protagonista (en este caso, nuestra Chica Maravillosa), tiene una revelación que la hace apropiarse de una misión de proporciones astronómicas la cual no puede abordar sólo. Es por eso que vivimos todo el camino de construcción de un largo y único arco argumental con las idas y vueltas que tanto nos gustan, con caricias al corazón y un villano cuidadosamente rescatado del olvido. La saga en cuestión se titula La máquina del odio/Haciendo las paces, y si bien no logra evitar caer en ciertos tópicos propios de la franquicia, la manera de utilizarlos y la forma de encarar la historia no los vuelve cansinos en ningún momento. La excelente utilización de todos y cada uno de los personajes hace que logramos empatizar y encariñarnos mutuamente y que, por primera vez en mucho tiempo, sintamos las ganas y la emoción de saber cómo continúa la historia.

Con tintes de magenta y carmín

Pero paremos el carro un segundo. Todo el mundo viene diciendo “Taylor esto, Taylor lo otro”, pero nadie dice “los dibujos esto, el apartado gráfico, lo otro”. Efectivamente, estábamos aguantando las ganas hasta ahora. En X-Men: Red, Tom Taylor y sus colaboradores artísticos, Mahmud Asrar, Carmen Carnero y Roge Antonio, estrechan las manos para sellar una relación sinérgica y candente; lo abrazan y le permiten evolucionar, creando escenarios dinámicos, con una fluidez muy propia de nuestros tiempos. El estilo claro y espectacular te lleva desde secuencias bien cargadas de acción, pasando por juegos de perspectivas, desarticulando la disposición clásica de viñetas, hasta llegar a splash pages que te dejan boquiabierto y te hacen contemplarlas por un buen rato.

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El color, la fluidez y la espectacularidad son ingredientes vitales de esta obra. X-Men Red #7.

La sangría del olvido

Pero si era tan buena serie, ¿por qué desapareció? ¿Por qué alejaron a Tom Taylor de las series X? ¿O por qué nunca volvimos a saber nada de la triada dibujante en el statu quo actual? Esas son cosas que nosotros no dejamos de preguntarnos, puesto que detectamos ciertos puntos realmente fuertes y novedosos. Evidentemente, no fue menor el hecho del conocidísimo plan de relanzamiento que hubo en 2019. Pero tales son las vueltas de tuerca que se dan en La máquina del odio, que creemos que Taylor no sólo removió la tierra de un páramo árido, sino que también sembró y abonó las praderas de lo que hoy reverenciamos como los campos elíseos de Hickman.

¿Por qué reivindicar X-Men Red? Porque de verdad asume el desafío de reexaminar lo que significa el credo central de los X-Men. A saber:

Es una acabada fábula social

X-Men Red reinventa al aggiornarse y logra ambientarse muy bien al correr de estos tiempos. En efecto, el uso y dependencia de la tecnología, los medios masivos de (des)información, y la vida a través de las grandes redes sociales virtuales son los tres pilares sobre los que se erige el principal planteo de la trama de Taylor: El diálogo y los consensos en el mundo de la posverdad.

Posverdad es una palabra que se está usando mucho últimamente y que, en realidad, refleja un fenómeno no tan reciente como la palabra. Consiste en desdibujar u ocultar, a veces a propósito y otras sin querer, hechos conocidos, públicos y a disposición de todo el mundo para priorizar las emociones y las creencias personales. La posverdad inventa controversias donde los dos lados no valen lo mismo. –Guadalupe Nogués, Doctora en ciencias biológicas, investigadora y comunicadora.

Esto hace que, progresivamente, nos agrupemos con gente que piensa como nosotros y excluyamos del grupos a las que no. Así, cavamos grietas irreconciliables, que son imposibles de cerrar.

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Al mejor estilo Superman, Jean sobrevuela la ciudad y lo percibe todo (en X-Men: Red #1).

Sin ir más lejos, en el X-Men Red #1 Jean se ve incriminada en el asesinato de la embajadora del Reino Unido al finalizar una Asamblea de la ONU, por lo que rápidamente es atacada por la prensa y crucificada por la población. Esto ocurría luego de un pedido formal de nuestra pelirroja por el reconocimiento de la raza mutante como una nación plena de derechos. No obstante, ella es lo suficientemente astuta como para reconocer que las evidencias no serán suficientes para sacarla del ojo de la tormenta en nuestro mundo de Big Data y posverdad. La vuelta de tuerca que Taylor encuentra para integrar la trama en la coyuntura actual es bastante interesante. 

He estado monitoreando un aumento en la propaganda anti-mutante que se difunde en las redes sociales. Nuestros usuarios, nuestros perfiles se están llenando de ella. Historias de accidentes y violencia a causa de mutantes, verdades parciales, sacadas de contexto o mentiras sin tapujos. Todo esto se ha disparado durante el último mes. Los algoritmos dirigen todo a las personas con inquietudes de este tipo. Todo alimentado con el miedo. Convirtiendo este miedo en ira. Y un poco de dopamina cada vez que a alguien le pone “like” a una publicación plagada de intolerancia... Todo está coordinado. Creo que la raza humana está siendo programada para odiar a los mutantes. –Trinary, en X-Men: Red #3.

Es por eso La máquina del odio es el nombre elegido, ya que los X-Men se ven literalmente enfrentados a un villano algo incorpóreo: conflagrados una guerra de ideas y posturas recalcitrantes en el siglo XXI. Ahí es donde Jean y Taylor sientan su premisa y presentan su tesis actualizada del estandarte sesentoso que rezara: “luchar por un mundo que los teme y los odia".

Son las horas previas al Amanecer de X

Un sueño que se hace realidad y una nación soberana. Dos ideas clave en el planteo del repertorio mutante del 2020. ¿Acaso fue algo premonitorio si leías X-Men Red en su momento?

Como ya mencionamos, una de las cosas Jean hace es participar de una asamblea de la ONU. No solo toma la palabra por todos los Homo superior, sino que habla sobre esta idea de una nueva nación mutante que puede (co)existir pacíficamente. Bien sabemos que, cada vez que los mutantes han tratado de unirse en un lugar como Genosha o Utopía las cosas terminaron muy mal.

No creo en este mundo. Creo en un mundo más grande. Somos, todos nosotros, más fuertes, más comprensivos, mucho mejores que esto. Creo que aún podemos ser uno, justo donde estamos. Sin humanos y mutantes. Sin nosotros y ellos. Solo nosotros. - Jean Grey, enarbolando la bandera de Claremont, en X-Men Red #11)

Para la Chica Maravillosa, el futuro se presenta como un pedido de cambio: societal, organizacional, cultural, étnico. Pensamos que en X-Men Red hay una parte que deja de preguntarse en qué pueden convertirse los superhéroes en el mundo actual, cambiando el curso a cómo podrían transformar el mundo y en qué podrían convertirlo.  Es algo así como lo que Hickman planteó muy expresamente: no hacía falta tener un sueño, hacía falta actuar sobre la realidad. No obstante, es menester señalar un contrapunto que se da entre Taylor y Hickman. Por un lado, está esta postura más clásica en la que el héroe busca una conciliación basada en el amor y contra el odio irreverente hacia la raza mutante. En cambio, actualmente, Hickman está buscando una vuelta de tuerca más cínica y más oscura, en la que la solución es la superación de la raza humana. Y que esa subordinación se alcanza aislando, alienando, asumiendo la soberanía y el orgullo mutante de una manera bastante irreconciliable.

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El mejor paralelismo que se pueda trazar: A la izquierda, el sueño de Jean (en X-Men Red #1); a la derecha, el renovado sueño de Xavier y Magneto (en Powers of X #6).

Sigue brillando, rubí alocado

Lejos de la mediocridad que imperó en sus series hermanas y coetáneas, X-Men Red se erigió como un oasis en el desierto. Haciendo honor a los ideales de Charles Xavier, esta obra estuvo ampliamente cargada de pasión, creatividad y esperanza. No es lo mismo decir esto en 2020, con el diario del lunes y con un cimbronazo de 180 grados a cuestas. Pero nos animamos a decir que, después de años de maltrato, los mutantes pedían pista y tuvieron su merecido amanecer escarlata.

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Esta nota fue co-escrita por Martín Fasanelli y Ezequiel Saccon.

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