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Alack Sinner 1982-92

Tercera parte

Alack Sinner 1982-92
Por: Facundo Vazquez el Sáb, 16/06/2018 - 01:44 - Se lee en: 7 mins

La segunda parte de este mega análisis la habíamos dejado en 1977, en medio de una situación bastante extraordinaria ¿Por qué, tras alcanzar la consagración y (lo que, sin duda, para ellos era más importante) la libertad de poder crear lo que les viniera en ganas, Muñoz y Sampayo abandonan la serie que los lanzó a la fama?

Una respuesta posible a esa pregunta es que ese proceso narrativo (presente desde los primeros relatos) en el que el telón de fondo le venía ganando la viñeta al protagonista acaba por imponerse haciendo que Alack Sinner deje de ser necesario para las historias que la dupla quiere contar. Esas personas comunes y corrientes cuyas vidas se cruzaban con la de Sinner a lo largo de un capítulo o apenas en una viñeta tendrán espacio ahora para convertirse en protagonistas de sus propios relatos. Esta será la característica principal de los proyectos que realizarán los creadores durante el periodo 1978-1982: El álbum de Sophie, protagonizado por la polaca pecosa de “Chispas”; las historias unitarias reunidas bajo el título “El bar de Joe” o “Historias del bar”; y por último, “Sudor sudaca

Como todo lo que ha salido de la cabeza de estos dos maestros, estas tres obras son imperdibles. No obstante, teniendo en cuenta lo larga que ya viene siendo la reseña del integral de Salamandra y que incluir las otras ramificaciones implicaría analizar casi 400 páginas más de material... creo que lo más conveniente es dejar los otros trabajos de lado, al menos momentáneamente.
¿La gran contra de esta decisión? Tanto “Sophie” como “El bar de Joe” forman parte del mismo universo narrativo de Alack Sinner (de hecho, nuestro desplazado protagonista entra y sale de las historias constantemente) y algunos hechos ocurridos en estos spin off serán mencionados más tarde en la serie principal.

En tal caso, si hay interés de los lectores, avisen y cuando terminemos con Alack Sinner, hacemos un artículo aparte para las ramificaciones y también para las apariciones de Alack en otras obras como “Billie Holiday”(pueden leer reseña sobre esta historieta haciendo click aquí).
Pero volvamos a nuestro tema principal: en 1982, tras cinco años de “Historias del bar”, Alack parecía relegado definitivamente al rol de personaje secundario en las historias de otros pero entonces se publicó “Encuentros y reencuentros” y explotó la tribuna. El personaje favorito de todos volvía a protagonizar la serie y lo hacía en uno de los episodios más maravillosos de la historia del comic. Este es el libro que Javier Coma incluyó en su top de las mejores historietas de la década del ochenta. Acá empieza el periodo más glorioso del título y de esa pareja de genios que son Muñoz y Sampayo. Estas son las páginas que le arrancaron a Art Spiegelman (ya por entonces, director de la revista “Raw”) una exclamación de sorpresa cuando dijo: “¡Pero esto es más real que la realidad!”. Este es el periodo en el que serán premiados en Lucca y Angoulême. Esto, amigos, es todo lo que está bien.

Regreso con gloria

Encuentros y reencuentros” comienza con Alack planificando el viaje para visitar a su padre que atiende un motel a unos 600km de Nueva York. De esta manera, aparenta retomar la trama exactamente en el punto en el que la dejó “Recordando”: con unos pescaditos lisérgicos que llamaban al protagonista adoptando el rostro de sus padres. No obstante, en el diario desarmado que se vuela en las primeras viñetas se lee el asesinato de John Lennon y así el lector atento sabe que el tiempo del relato siguió avanzando a la par del nuestro.

De hecho, tal vez lo más relevante para el personaje en esta larga entrega sea enterarse de que es padre. Ocurre que Enfer (la chica que en “Ciudad sombría” no parecía más que uno de los amores ocasionales del prota) quedó embarazada y tuvo una hija a la que llamó “Cheryl” por la canción de Charlie Parker que escuchaban cuando se conocieron. La niña ahora tiene unos tres años.

También Joe dirá que “hace unos tres años” no pudo ayudar a ese chico sudamericano que limpiaba en el local, aludiendo al primer capítulo de “El bar de Joe”. Y cuando Sinner le cuente a Sophie que tiene una hija, ella preguntará “¿Otra?” en referencia a su propio embarazo que tampoco se vio en la serie principal.

Los indicios con los que Muñoz y Sampayo conectan este regreso del título con las obras que produjeron durante el interludio son más que suficientes. Las historias siguieron adelante, los personajes continuaron con sus vidas durante todos esos años. Lo único que cambió fue el foco de la cámara... y no del todo porque en las diez páginas del episodio de Rademaker, “Encuentros y reencuentros” se convierte en una polifonía en la que el conflicto principal se mezcla con las historias de otra decena de personajes que se cruzan en el mismo plano espacio temporal. Pareciera como si los autores quisieran volver a cerrar el plano sobre el protagonista pero todos los otros personajes se desbordaran por los márgenes del relato.

En este álbum de casi cien páginas pasa de todo: Se casa Nick Martínez, Alack conoce a un manco, charla con el padre, se reencuentra con Enfer y con Sophie, conoce a Frank Sinatra, mata a un tipo, va preso, se emborracha y se pelea sin mayores motivos con casi todos los personajes anteriormente mencionados y algunos otros que omití... pero todo esto parece ocurrir por obra del azar o de ese conjunto inasible de coincidencias que hacen que las cosas pasen cotidianamente.

Si en los artículos anteriores, notábamos que las historias se empezaban a alejar del modelo clásico del género policial; aquí la estructura se vuelve aún más difusa hasta desvanecerse por completo. La historia (como la vida) no parece tener un esqueleto argumental y, si lo tiene, resulta indescifrable. Tanto a nivel gramatical como narrativo, la sintaxis se rompe, se fragmenta y acaba por atomizarse.

La experimentación también alcanza su madurez en lo gráfico y por solo mencionar un ejemplo, la página en la que una conversación acabe en discusión va a tener viñetas sin dibujos en las que el tono emotivo estará dado solamente por la tipografía.

Nicaragua en llamas

El segundo álbum de este periodo es “Nicaragua”. Probablemente esta sea la historia donde la política de los USA y su intervencionismo en Sudamérica sean cuestionados de manera más explícita. También se ve otra realidad dolorosamente más cercana a nosotros: los muchachos de la pesada, mano de obra desocupada tras el fin de la dictadura en Argentina, haciendo el trabajo sucio y, finalmente, siendo descartados por los servicios de inteligencia yankee.

A pesar de lo dura que es la historia y de lo grave del tema, el conflicto conserva algunas pinceladas de humor porque Sinner no entiende nada de la situación internacional y lo reconoce; mientras que Nick Martínez cree estar muy informado pero no entiende nada tampoco.

Tras descubrir que los norteamericanos triangulaban las armas para la contra a través de una empresa de importaciones fantasma, el capítulo termina con la noticia en la radio que anuncia que en Nicaragua se suspenden las garantías constitucionales y Sinner se pregunta “¿Se convertirían en la dictadura que Ronald (Reagan) decía que eran cuando no lo eran?”
Esta información nos sirve, además, para ubicar exactamente el tiempo histórico en 1984, cuatro años después de “Encuentros y reencuentros”. Como en toda la serie, el tiempo de la ficción avanza al mismo tiempo que el nuestro.

Aquí reaparecen algunos personajes que no habían regresado en la historia anterior: Jorge Ramírez (el que organizó la huelga en “Ciudad sombría”); Ferrari (el nefasto agente secreto de “La vida no es una historieta”); hasta Muñoz y Sampayo reaparecen en unas pocas viñetas.

Y aparece Delia, mi “chica Sinner” favorita. Sé que todos aman a Sophie pero a mí me gusta más Delia y vine acá a bancarla públicamente.

Otros elementos que veníamos viendo desde la primera época, se acentúan y alcanzan la condición de marcas del estilo narrativo de la dupla. Uno de los más notables es el uso de esos personajes de fondo que poco a poco fueron invadiendo las viñetas, tímidamente comenzaron a hablar y ahora hablan hasta por los codos y en diferentes idiomas. Así, los planos generales se convierten en esa Babel de frases sueltas y pensamientos inconclusos que identificamos inmediatamente con Muñoz y Sampayo.

Pero probablemente, el recurso más original de esta entrega sea el teatro de marionetas con el que se explica el conflicto entre el gobierno yankee y el sandinismo, al tiempo que se habilita la metáfora por la cual toda la política de Sudamérica no es más que una comedia de marionetas cuyos hilos se mueven en el país del norte.

El periplo del antihéroe

Y llegamos a 1989, momento a partir del cual, a razón de una por año, se publicarán cuatro historias muy relacionadas y más cortas que las dos anteriores. Ellas son: “Norteamericanos”, “Por unos dibujos”, “Rehenes” y “Final de un viaje

Aquí parece abandonarse la exactitud cronológica que remarcamos en “Nicaragua” y “Encuentros y reencuentros” porque estas historias publicadas a lo largo de cuatro años dan la impresión de formar parte de un mismo viaje. Sin embargo, los hechos de la realidad que se cruzan con la ficción nos muestran que el tiempo siguió avanzando:
El plagio de Keith Giffen a la obra de Muñoz que motiva “Por unos dibujos” data de 1988; mientras que la toma de rehenes en Irak que será el tema de la entrega homónima ocurrió en 1990.

Esto carga la lectura de una fuerte dimensión onírica. Tanto la primera como la última entrega de estas cuatro comienzan con dos hermosas escenas en las que el protagonista duerme y sueña, sentado en la butaca del colectivo. Y como en un sueño, el viaje parece prolongarse durante años sin llegar a ningún sitio. En “Norteamericanos” es seguro que estamos en México pero las historias posteriores parecen transcurrir en el medio oeste americano.

Además, este viaje puede verse como una prolongación de ese que inicia “Encuentros y reencuentros” en el que el manco hostigaba al protagonista diciéndole que estaba tan mutilado como él y que con ese viaje, con la búsqueda de su padre, con Enfer y con Cheryl no hacía más que buscar la parte que le faltaba para estar completo. Como lectores, empezamos a preguntarnos si no será eso lo que está ocurriendo ¿Estará el pobre Alack condenado a viajar eternamente sin encontrar nunca el remedio para su mutilación emocional?

Por otra parte, el personaje sufre otro cambio importante. Si en la segunda entrega de este análisis vimos como Sinner pasaba de ser detective a ser taxista, acá no es nada. Y lo digo tanto en el sentido existencial como en el más mundano que se refiere a su rol social. El personaje no trabaja de nada, no sabemos de donde saca el dinero y no parece encontrar su lugar en el mundo.

Todo esto encontraría su cierre en la última historia que ya desde el título anuncia el “Final de un viaje”. Nuestro maltratado rubio llega por fin a un destino, se reencuentra (de nuevo) con Sophie, uno de sus amores más antiguos y persistentes, ayuda en la estación de servicio de la polaca, cuida a los niños, y por fin se lo ve feliz y en paz.

Era un hermoso final para una serie que llevaba dieciséis años... y durante mucho, mucho tiempo creímos que esa había sido su conclusión definitiva. Pero afortunadamente, Muñoz y Sampayo nos deparaban todavía un par de joyas más.

No se pierdan la entrega final de este mega análisis con los dos últimos álbumes, todos los extras y todos los easter eggs que no entraron en los primeros artículos.


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