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Historieta Argentina

Argentina en tiempos de Covid-19 (parte 1)

Autores, editores y comiquerías argentinas comparten sus reflexiones durante la cuarentena

Por: Maximiliano Britos - 03 Ago 2020 Se lee en: 8 mins
Argentina en tiempos de Covid-19 (parte 1)

Una cuarentena que ya superó los 4 meses implica un gran cambio en el mundo de la historieta en Argentina. No sólo en ventas, salida de títulos nuevos o falta de eventos. En este caso, compartimos algunas reflexiones o breves palabras de diferentes autores nacionales, editores o comiquerías, contándonos cómo viven el día a día, cómo se ajustaron a la "nueva normalidad" y en qué piensan en estos tiempos que nos tocan vivir.

Marcelo Dupleich

CUANDO LO FUNDAMENTAL TERMINA SIENDO UNA BOLUDEZ MARCA CAÑÓN

Una de las excusas más pelotudas que tiene el ser humano para no hacer nada es el tiempo.
"Uh, tengo una historia en la cabeza que está buenísima, pero pasa que no tengo tiempo".
"Con el laburo de ir y venir no encuentro tiempo ya para pintar o agarrar el bajo, pero me tengo que poner".

Bueno ahí tenés, vos te tenías que poner y la realidad te la terminó poniendo a vos.

Vamos para el día ciento y pico de un aislamiento sorpresivo, berreta y absolutamente impensado por cualquier mortal hace un par de meses atrás; cuando esa excusa del tiempo todavía seguía dando resultado.

Bueno, lo que te sobra hoy es tiempo. Tiempo para pintar una Capilla Sixtina entera si querés, pero ahora precisamente el gran problema es el exceso de ese tiempo, que lo único que hace es evidenciar lo que siempre supiste, él no es el problema sino vos.
Que cuando se quiere hacer algo se hace, aunque sea debajo de la ducha. Y si no te da el cuero para hacerlo, o si lo único que tenés, es ese discurso pajero por encima de una naturaleza muy poco hacedora; eso es otra cosa. Otra muy diferente.

En mi caso particular lo aproveché para terminar un tercer libro, subir boludeces al Facebook para hacer reír a alguien y tratar de mantener mi escuela en pie.
Tampoco dejé de hablar con amigos, preocuparme a veces por todo y cagarme de risa las otras veces también por todo.

Comprimir y descomprimir todo el tiempo.

Que todo esto es una pesadilla, más vale que lo es. Muere gente por todos lados y las miserias humanas salen a relucir más que nunca; pero la cosa es así loco, como alguna vez me dijo un amigo: “Cuando la soga viene con mierda tenés que agarrarla más fuerte porque se te resbala más fácil”.

Ya terminando de escribir esto, me doy cuenta de que es para un espacio donde se habla de historieta, que de hecho, es de unos amigos que quiero mucho y son los que me animaron a hacer esto pidiéndome que hablara sobre cualquier cosa y eso es lo que hice.

Y quizás sea por aquel viejo proverbio alemán que sostiene: Que aquél que habla mucho de sexo no coge, es que de historieta no me gusta mucho hablar, sí hacerla para que hablen los demás, así que de paso meto el chivo: Próximamente, si el mundo no se termina bajo la mierda, sale “Feliz” el tercer libro de Roberto, que precisamente fue terminado en este espacio macabro, también de cuarentena.

Enrique "Quique" Alcatena

La cuarentena ha sido y es dura para todos, pero es verdad que a los que a esto nos dedicamos tenemos un cable a tierra importante. Una hoja de papel, lápiz y tinta, son todo lo que necesitamos para hacerle el contrapeso al aislamiento, a los cafés que no tomamos con los amigos, al tedio de los días fundamentalmente iguales, al reposo nocturno que no reconforta del todo, a la desazón que se cuela por todos lados. Hay que reconocer que ese contrapeso a veces no basta, pero igual le hacemos el aguante, porque siempre estuvo ahí, para hacernos el aguante a nosotros.

Lo que sí he aprendido, con todo este manotazo a nuestras añoradas rutinas, es a poner ciertas urgencias y ansiedades inherentes a nuestro laburo en su justo lugar. Por ellas me refiero a los apurones por las fechas de entrega, el buscar qué puerta se abre cuando otra amenaza cerrarse, a producir -palabra nefasta- porque una ética de trabajo y de vida muchas veces malentendida nos ha condicionado a deslomarnos como un burro. De repente uno se ha dado cuenta de que parar un poco la pelota, tomar aire y permitirse mirar alrededor es bueno, y es sano. Es entonces cuando redescubrimos, una vez más, como tantas veces nos ha pasado anteriormente, cuando los agujeros negros se mueren por engullirnos, que tenemos la suerte de trabajar en lo que ha sido nuestra pasión de toda la vida.

Germán Erramouspe

BREVE CRÓNICA SOBRE EL DIBUJO, EL TRABAJO Y LA HISTORIETA EN TIEMPOS DEL COVID-19

¿Cómo trabajo en tiempos de Covid-19?, me pregunta Maximiliano de Ouroboros. Y sólo pienso “la muerte esta viva siempre a la vuelta de la esquina…

Los primeros quince días fueron de pánico, incertidumbre y una fecha límite para entregar un trabajo que me hostigaba como los copos de nieve a Juan Salvo. Con mi compañera nos abastecimos de algunas provisiones y por dos semanas no salimos del dos ambientes que nos refugiaba del exterior. Mi nevada mortal personal se volvía más densa, la hora de tocar las puertas de la vieja cancha de River Plate se acercaba y las municiones de mi arma eran un puñado de páginas terminadas a tiempo. Contaba con eso, de lo contrario Los Gurbos me aplastarían.

Las páginas fueron terminadas en tiempo y forma, transcurrieron los primeros quince días, veía por las redes sociales, escuchaba por la radio, miraba en la TV... como la gente no aguantaba mas, tenían ataques de pánico, se tomaban la fiebre, treintañeros, cuarentañeros volviéndose unos emos infumables, algunas parejas se separaban, otros cantaban canciones, yoga, mucho yoga y mucho pan casero, madres, padres al borde de un ataque de nervios, infantes, jóvenes al borde de un ataque de nervios, el aburrimiento y los pensamientos. Quince días de todo este infortunio, pero ya se acaba. Quince días donde miles de personas no pueden salir a laburar, no pueden aportar dinero a su hogar, no pueden llevar un plato de comida a la mesa familiar, pero ya se acaba en quince días, días de hambre para muchos.

Los caídos del sistema, más caídos que nunca, de un sistema demasiado quebrado. La cuarentena se fue prolongando y otra fecha para entregar un trabajo llegaba, la fortuna de tenerla y de todos modos sentir que la nevada se hacía eterna. Pasados los cien días de aislamiento preventivo la máquina conformada por mi cuerpo y mente se vuelve más pesada. En la radio escuchó a un humorista hablar de las nuevas modas del tapabocas, una tendencia que llegó para quedarse. “No digas, no opines, no pienses distinto”, oigo a una voz que me susurra por detrás. En la radio se ríen, ¡cuánto jolgorio el del cómico de turno!. Se ríen y hablan de comida, siempre hablan de comida y yo no dejó de pensar en los que no tienen para comer, no tenían antes y menos tienen ahora.

Quédate en casa” dice la propaganda oficial, dice el locutor, dicen los padres, dicen los hashtags. Me quedo en casa pero no por miedo sino por responsabilidad ciudadana, porque respeto las normas, porque “somos un mismo equipo", ¿no? Dale, que me decís que nos quedemos en casa, ¿y vos no te hacés unas escapaditas furtivas a ver a tus amistades o familiares? Me quedo en casa por que puedo pero no juzgo a quien por el hecho de tener que salir a parar la olla no lo hace, a los caídos del sistema, a los que muchos cómodos o acomodados meten injustamente en la misma bolsa junto con los alborotadores de siempre.

¿Cómo trabajo en tiempos de Covid-19? Me pregunta Maximiliano y sólo pienso “la muerte esta viva siempre a la vuelta de la esquina, así como la vida se hace presente en todas las esquinas”.

Se me escapa una sonrisa y sigo dibujando.

Santiago Kahn (Editorial Maten al Mensajero)

A cuatro meses de pandemia, te diría que fui recuperando optimismo de a poco. En parte porque desde hace años venimos apuntando al trabajo con las librerías. Es un sector que salvo el primer mes más duro, fueron reabriendo con la modalidad del delivery. Pegado vino la reapertura de las imprentas y pudimos sacar las primeras novedades -que a su vez eran títulos que habían quedado entre los postergados de fin de año pasado-.

El peor sopapo fue la cancelación de la Feria del Libro que siempre funciona como ordenador del año -seguido de cerca con las fiestas, que esperamos que a eso lleguemos mejor plantades-. En nuestro modelo de trabajo las novedades traccionan todo el catálogo y nos permiten recuperar iniciativa desde la comunicación a consolidar el proyecto editorial. Nos tocó mudar el depósito de la editorial (que compartimos con La parte maldita) porque cerró el local que nos prestaba el espacio por la crisis+pandemia.

Como nuestro otro ingreso es ser docentes, estas dos semanas de receso escolar (las mal llamadas vacaciones de invierno) lo aprovechamos para poner muchos pendientes al día. También para hacer videollamadas con libreras y libreros de distintos puntos del país, charlar con autores que venimos trabajando proyectos y con cuidados extremos salir un par de veces a la semana a hacer reparto o despacho de libros para las provincias. Como verás, el grueso es un embole así expresado, pero es un poco el día a día. En el medio hay cosas lindas: ver avances de diseño de un libro, charlar con una autora que va a trabajar un libro con nosotres, etc.

El gesto más prometedor de todo este panorama horrendo social-económico es que mucha gente sigue leyendo y hay interés en lo que estamos publicando. Les lectores son trabajadores y la mano está brava por eso tampoco podemos zarparnos con la cantidad de novedades y lanzamientos porque sabemos que va a ser un año de movimiento lento, sobre todo hasta que afloje un poco más las restricciones. 

Daniel Otamendi (Comiquería Sector 2814)

El primer pensamiento que me viene a la mente, referente a la pandemia/cuarentena y el negocio, es que después de las primeras tres semanas y pico de cuarentena (entre marzo y abril), ya pensaba seriamente en que o bien en poco tiempo íbamos a tener que cerrar el local, o para salvarlo íbamos a tener que sacrificar las yankees (o algo más).

Así que antes que nada, estoy agradecido por poder trabajar todos los días, y mantener el negocio funcionando. Después, el proceso de adaptación a la nueva manera de trabajar (que no es nueva, claro, sino que es como si una parte del negocio hubiese tomado el control total), diría que fue rápido. No hubo tiempo de pensar estrategias. Es posible que haya un período de adaptación que ya olvidé. A veces me parece que estamos en pandemia/cuarentena hace mucho más que 4/5 meses, y desde entonces venimos esperando el regreso a algo parecido a la vieja normalidad, pero que no hay retorno.

Este es el futuro. Hoy por hoy estoy relativamente tranquilo con respecto a la continuidad del negocio. Podemos seguir pre-ordernando las yankees, y encontramos varias soluciones al problema del derivar de la demanda de estos últimos meses, entendiendo "varias soluciones" por muchísimos proveedores nuevos, lo cual hace que el laburo que antes resolvías con 3 listados, ahora se resuelva con 20, con todos los temas ecónómicos y financieros que eso conlleva. También estamos cargando la página para poder mejorar el servicio, y seguimos pensando maneras nuevas de encarar el negocio.

Sergio Ibañez

Y un día se detuvo el mundo. Nuestras vidas entraron en suspensión. Fuimos protagonistas de una peli, tal vez clase "B", o de una historieta como la que en ocasiones dibujamos.
En la primera etapa pensamos en encontrarle el lado positivo, dueños de más tiempo y menos distracciones externas, retomamos proyectos abandonados, esbozamos nuevas ideas y revolvimos viejos cajones, reencontrándonos con páginas olvidadas de nuestra labor y nuestras vidas.

También aplaudimos, emocionados, al personal de la salud y saludamos vecinos de balcón a balcón.
Conforme la meta final se fue corriendo e ingresamos en esta “nueva normalidad” sin abrazos, ni choque de copas con amigos, sin revolver librerías en busca de ese tesoro, esa promesa escurridiza, la cosa se fue haciendo más opaca y cada día cuesta más encontrarle la cara amable.

Lo cierto es que los historietistas (los artistas en general) somos privilegiados que tenemos nuestro recinto mágico, ese espacio en el que entramos cuando combatimos el blanco de la hoja y podemos desplegar algunos de nuestros deseos, proyectos y obsesiones.
Esto es así para quienes no nos vemos perjudicados en lo laboral y, al menos, nos libramos de esa carga de angustia extra que aqueja a millones de personas en todo el planeta. Ojalá salgamos mejores de esta historia oscura, y ésta vuelva a su lugar entre las ficciones distópicas creadas por nuestras mentes febriles.

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