Historieta Argentina

Argentina en tiempos de Covid-19 (parte 2)

Autores, editores y comiquerías argentinas comparten sus reflexiones durante la cuarentena

Argentina en tiempos de Covid-19 (parte 2)

Una cuarentena que ya superó los 4 meses implica un gran cambio en el mundo de la historieta en Argentina. No sólo en ventas, salida de títulos nuevos o falta de eventos. En este caso, compartimos algunas reflexiones o breves palabras de diferentes autores nacionales, editores o comiquerías, contándonos cómo viven el día a día, cómo se ajustaron a la "nueva normalidad" y/o en qué piensan en estos tiempos que nos tocan vivir.

Segunda parte.

Paula Andrade

Hace unos días, Gutter Glitter cumplió años, obligándome un poco a acercarme a este tema, el de poner el foco en la historieta cuando tanto más está pasando a nuestro alrededor en una escala en la que muchas cosas que dábamos por sentadas están cambiando en un proceso entre confuso y doloroso, y la vulnerabilidad, en todo sentido, está bastante a flor de piel en todxs nosotrxs.

Así que sin negar esa complejidad para nada, y mucho menos negar lo difícil de la misma, me permito, ante la invitación de Alejandro Caminos, para poner a la historieta al frente, otra vez. A la historieta y yo. Yo y la historieta. Esta pulsión inquebrantable que es querer contar historias a través de dibujarlas. Díganle como quieran.

Y me es raro verla.

O sea, no creo que el hacer creativo, el contar historias, el dibujar, es algo que pueda variar mucho, incluso cuando el mundo alrededor esté entre derrumbándose y reconstruyéndose. Transmutando.

Muchas de las personas que nos dedicamos a esto desarrollamos el crear historias y dibujarlas como un proceso interno de acompañar y entender desmoronamientos externos. Noto incluso como ahora que la rutina usual que tenía (que se había transformado en un proceso prácticamente mecanizado de “tal mes es para cerrar libros, tal para imprenta, tal empieza el circuito de eventos-presentaciones, volver a repetir” que en una conjunción muy bizarra este año quería romper) me está negada a la fuerza, vuelvo ahí, a tratar de pensar “bueno, ¿cómo solía manejarme de chica, cuando producía un montón sin responder a una estructura externa?" "¿Qué quiero hacer con esto?” ”¿Por qué lo hago?”.

Porque son tiempos muy para adentro, más allá de la obviedad del no salir. Como una introversión forzada. Y ese punto en particular no sé hasta dónde es malo. Diferente, seguro.

Pero. Hay un pero. Porque no estoy encontrando tan malo el poder tener un momento de detenimiento sin distracciones para poder mirar de forma más objetiva a cuestiones de la historieta como profesión; a sus características y al lugar que estaban teniendo en mi día a día, y poder tener el aire para ver qué quiero mantener de eso y qué quiero soltar. Es un fin del período de enamoramiento para pasar a un vínculo un poco más maduro y real.

Y en paralelo, siempre me encantó experimentar diferentes formas de hacer cosas, y esta situación solo deja posible el probar diferentes formas de hacer cosas. Hay chispitas en eso.

Estado emocional: ¿se puede estar entre el pesar y el entusiasmo? ¿triste pero curiosa? ¿situación mala pero con potencial? Pueden elegir.

Así que la cuarentena me obliga, más que encuentra, así, a estar en un contacto mucho más puro y directo con mi yo autoral, con la atención en el lugar que el dibujo ocupa en mi vida y que quiero que ocupe en mi vida a futuro; y un poco más objetiva y distanciada de lo colectivo, del “ambiente”, de los circuitos. Y eso en particular no está nada mal. Un tiempo de individualización, para que cuando sea posible el reencontrarse, sea desde nuevas perspectivas.

Entre las preocupaciones que esta pandemia produce y la seriedad que amerita, entre los miedos y la tristeza y las pérdidas, no creo que haya mejor momento para permitirnos darnos unos minutos, y volver a recordar por qué agarramos al lápiz. Y una vez que eso esté claro, hagamos a las hojas hablar. Es lo que hacemos.

Néstor Barron (Historieta Revólver)

En estos tiempos de encierro, he escuchado varias veces una especie de chiste acerca de que los artistas igual vivimos siempre en cuarentena, en especial los dibujantes que pasan muchas horas al día encerrados, a veces incluso los fines de semana por esa cuestión de las entregas y las fechas límite. No sé si como chiste funciona, pero si hablás en serio eso no tiene nada que ver con la realidad.

El encierro es enemigo de un artista. Por más que en la práctica se pasen muchas horas de encierro y soledad, los artistas necesitan el mundo de ahí afuera, la vida fluyendo, el entorno cambiante. De otro modo, ¿de qué se van a alimentar para desarrollar su arte? Un artista no puede someterse a “aislamiento social”, porque más temprano que tarde se convertiría en un neurótico sin nada interesante que contar. Puede que haya muchos casos así, incluso hasta “exitosos”, pero creo que lo interesante de un artista pasa por su contacto con lo real y la visión que pueda transmitir de ello, así que todo aislamiento le juega en contra.

El otro aspecto en que la cuarentena nos atacó fue como editores. La idea original de la editorial que armamos con Paula (Varela) y que empezó con nuestra revista Historieta Revólver, fue salir a las calles a buscar a los lectores, más allá del nicho del público de historieta. Por eso, además de comiquerías y eventos públicos, pusimos muchas fichas en los kioscos de diarios y otras formas de distribución y de difusión. La cuarentena nos sacó de las calles, literalmente. Pero también momentáneamente. Ahora tendremos que empezar de nuevo en todos los sentidos: económico, operativo, de difusión...

De nuevo a poner el hombro, a pedir la siempre segura colaboración de los artistas que nos apoyaron tanto, y otra vez salir de la nada a ganar la calle. Y eso es lo que vamos a hacer.

Javier Ceriani (Meridiana Comics)

En este nueva etapa, con la tienda cerrada al público por más de 100 días, tuvimos que aprender a caminar desde cero.

Por fortuna el desarrollo de la página web del local estaba encaminado, por lo cual fue acelerar los tiempos y trabajar días y días en la carga de stock a la base de datos y lograr tener arriba de 6000 productos en linea. Con este nuevo canal y forma de pensar el plan de negocios, estamos llegando a nuevos clientes potenciales y entendiendo las variables y desafíos que esta forma de venta nos exige para ser competitivos.

Esto colaboró para conocer mejor a muchísimos clientes, donde entablamos una relación distinta y hasta mejor en varios casos.

También pisamos fuerte las promociones y proyectos del local, como la Guía de personajes y Prints realizadas por ilustradores argentinos, para que haya una mayor cantidad de elementos puntuales de Meridiana, que tentarán a elegir al local como punto de venta.

El otro punto a favor, es el momento actual, donde existen publicaciones regulares de distinto género como no recuerdo. Eso hace que la regularidad de pedidos no afloje, y se mantenga el ritmo de consumo estable. Hay que reconstruir cuando esto pase. Los años del local y su sobre stock nos hicieron atravesar la tormenta con calma, pero como siempre el rubro cambia y evoluciona y estamos en medio de una nueva forma de entender el local.

César Libardi (Rabdomantes Ediciones)

En Rabdomantes el funcionamiento a nivel interno no se vio afectado por la pandemia.

Ya desde hace varios años el grupo de trabajo de la editorial se junta virtualmente, por internet. Diseñador en Córdoba, correctores en Buenos Aires, Barcelona o el DF, dibujantes viviendo en el extranjero. Incluso el material con los autores se envía por wetransfer.

Económicamente, los primeros dos meses fueron muy duros pero a partir de la flexibilización de la cuarentena y de la activación de la venta online, se mejoró la variable económica para seguir publicando.

Donde si se sintió y mucho es en la pérdida de los eventos. Sacando la cuestión del daño económico generado por no tener ese espacio, está el aspecto social de no poder encontrarse con los autores y el público. Muchos proyectos e ideas surgen en ese cara a cara. Es también en los eventos que uno se junta con otros editores, ve las novedades y se entusiasma con lo que se está haciendo. Como editor, una de las principales funciones, más allá de editar libros, es difundir el catálogo y a los autores con los que uno trabaja. Se extraña un montón ese ámbito.

Ahora solo resta esperar que se encuentre la vacuna contra el bicho y podamos regresar a la normalidad.

Lautaro Ortiz (Revista FIERRO)

¿Se acuerdan de "la mancha voraz" que asolaba a un pueblito de Pensilvania a fines de los 50, en esa película ("The Blob", hoy de culto) donde un novato Steve McQueen –su primer protagónico– trata de concientizar al pueblo de la existencia del monstruo mientras los necios exigían pruebas reales? ¿Se acuerdan que casi al final, el teniente Dave admite por teléfono ante las autoridades superiores (y con su mejor cara de hombre arrepentido) que mientras ellos dudaban de los testigos la mancha había matado a cientos de personas? Bueno, el COVID mostró la gran mancha voraz que nos habita, hizo visible la gran mancha voraz que existe en el tejido social nuestro.

Desde que comenzaron a hacerse las recomendaciones por el avance del virus, no dejo mirar con absoluto asombro cómo esa mancha (formada por la mezquindad, el egoísmo, el devaneo ideológico y falta absoluta de solidaridad y empatía humana) crece y crece. No me importa de dónde viene el virus, si nació dentro de un plato de sopa con alas negras o de la cucharada sopera de uno de los banqueros mundiales, o si lo sopló (como se sopla un panadero) algunos de los misteriosos miembros de una mafia del nuevo orden mundial, me importa cómo sobrevivir a él, porque se trata de sobrevivir, sí, claro, de eso se trata esta pandemia.

Si bien uno vive un encierro casi permanente, porque en el encierro las ideas y la imaginación crecen, y si bien es necesario cierto aislamiento para sentirnos más libres, en este caso la pandemia se ha convertido en un suplicio que nos obligó a ver (otra vez y como tantas otras veces) cómo la mancha se extiende gracias a los necios. Un tonto jode un pueblo, esa frase, una gran definición que reafirma aquella otra idea de John Donn) que nadie es una isla, y cada acto humano tiene sus consecuencias. Por otro lado, me asusta que ya estemos queriendo contar la película cuando todavía no terminó, y nadie sabe si terminará. Es tan fuerte la idea del final, la ansiedad por el final, que todos se olvidan del nudo de esta historia: hay que cuidarse y cuidar al otro. Si no lo hacemos la mancha nos devorará.

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Staff de Ouroboros
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