Historieta Argentina

Charlie Moon, de Trillo y Altuna

La edad del pavo

Charlie Moon, de Trillo y Altuna

Yo soy de los que piensan que bajo los astros no se concretó una mejor dupla creativa que la de Carlos Trillo con Horacio Altuna. Es así, no hay con qué darle. Y si me preguntás cuál de todos los hijos que salieron de esta pareja perfecta es mi favorita me ponés en una posición difícil, porque es eso: es elegir a tu hijo favorito. Pero al final no es tan difícil, porque, lo quieran o no, todos los padres tienen un hijo favorito, el menos falopero, el más gracioso o el menor, por ser más lindo y haber roto las bolas por menos tiempo. Y, de la misma forma, mi Trillo-Altuna favorito es Charlie Moon (menos mal, porque sino hay que cambiar el título de la nota), ese rejunte de historias que con toda la furia llegan a las 50 páginas que salió en 1979.

Con esto obviamente no desmerito al Sr. López ni al Loco Chávez, tampoco me olvido del Último Recreo de ciertos pibes ni del boludo de Merdichesky. Sí desmerezco un poco a Tragaperras, ese compilado de historias semi-eróticas, pero porque no soy fan del género (aunque sí de Altuna, comete esa contradicción) pero no lo mato porque tiene un par de capítulos que tienen tramas simples pero magistrales. Y ese es mi primer punto: las historias de Trillo son todas así, simples en su esencia pero excelentes en su ejecución, y para mí ningún libro representa mejor esa idea que Charlie Moon.

A fines de la década del 70 se juntan en un bar estos dos titanes de la historieta argentina a pensar historias de Carlitos Luna, un pibe argentino que la pasa mal en un país que la pasa peor: al clima social y político nefasto de la época súmale estar en la edad del pavo, ser un gil tímido y no tener un peso. Pero el mayor problema de Carlitos era el mismo que el de muchos otros: los milicos. Para no ser censurados y quedar de subversivos, Charlie Moon se convierte en un joven americano tratando de vivir el día a día en los barrios bajos de EEUU en plena depresión. Parecido pero distinto.

Lo que hace tan perfectas a las historias de Charlie es la idea no explícita de que el camino a la adultez es una mierda, de que el blanco y el negro no existen y todo es grises. Charlie casi ni habla, pero no le hace falta, porque en esta historia va de acompañante. El verdadero protagonista es la vida.

En la primera historia, Charlie quiere ir a ver a su músico favorito, un jazzista blanco criticado por sus jefes negros por no tener “el pelo suficientemente rizado”, pero Carlitos lo banca igual porque, irónicamente, es el único con el que se siente representado. En la segunda Charlie trabaja de peón en un campo y ve cómo su compañero, un viejo negro, se esfuerza más que todos para demostrar que aún sirve, que no hay que sacrificarlo como a un caballo viejo. Capítulo tres: un desconocido se copa y le da a Charlie la noche de su vida, y luego nuestro protagonista silencioso descubre que su nuevo mejor amigo no es quien él creía. El cuarto va de Charlie y un amigo que lo convence de salir con unas chicas que seguro se dejan y los desvirgan, pero el chiste es que el pibe es tan tímido que no sale nada (me lo imagino a Altuna comiéndose las uñas dibujando esa escena de no-sexo). La última historia debe ser la más ambigua, cinco páginas de Charlie escuchando chismes y siendo testigo de infidelidades con tintes interraciales.

Obviamente el racismo en la cultura americana es algo que Trillo quería remarcar bastante, pero también la explotación laboral, el machismo y la indiferencia de la sociedad ante todas esas atrocidades. Historia a historia Charlie entiende que su visión de la realidad (o sea, la que le establecen los adultos en su vida) no es la única, y que en cada amigo nuevo hay un mundo nuevo (a veces bueno, a veces malo, a veces ambas cosas). Como ya dije antes, la ejecución de estos conceptos es excelente, y para mejorar las cosas tenemos un Altuna prendido fuego. Esta debe ser mi historieta favorita suya, porque el poco diálogo y los conceptos tácitos hacen que caiga en su arte la responsabilidad de expresar los sentimientos de los personajes. Le pone muchísima onda a los gestos más cotidianos, y el juego de luces y sombras clásico suyo funciona mejor que nunca en esta historia que juega en el límite entre ambas (¡y no dibuja ni a una mina en pelotas!).

Charlie Moon son cinco capítulos pero podrían ser ochenta y estaría genial igual, porque si algo sobra en esta vida son desencantos con la adultez y ambigüedades en la sociedad. Por razones más que obvias la historia de este personaje ya está cerrada, pero dado que en general las adolescencias son todas una cagada y el contexto social y político vuelve a ennegrecerse, alrededor nuestro van a seguir ocurriendo más no-aventuras como las de Charlie. Porque en el fondo todos fuimos un poco Carlitos Luna.

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Escrito por:
Matias Mir
"El especialista"

Matias Mir
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