Historieta Argentina

Cinco fanzines

Homenaje a Zinerama

La metáfora

En este sitio no reseñamos fanzines.

Lo que digo no es un mandato sino una descripción. Durante más de cuatro años en la red, no lo hemos hecho. Este dato puede, seguramente, interpretarse de diferentes formas. Yo siempre lo entendí de una manera muy clara: no tenía sentido hablar de fanzines cuando existía Zinerama.

Es como que en tu equipo lo tengas a Maradona y vos te encapriches en querer patear los tiros libres. Nunca lo vas a hacer tan bien como él y la comparación va a resultar inevitable.

Cuando Ouroboros salió a jugar, Zinerama (primero con Roberto Barreiro al frente y después con Julián Oubiña) hacía añares que venía cubriendo la movida fanzinera, conocían a todos los autores, los eventos, las publicaciones y tenían un banco de datos inabarcable e incomparable sobre todo lo que surgió dentro de ese universo desde la década del ochenta.

Zinerama tuvo, además, en los últimos años varios éxitos remarcables que excedieron por mucho el ámbito del under: la ineludible investigación “Los fanzines en la historieta argentina 1979-2014” publicada por Tren en Movimiento dentro de Libro de Fanzines, la muestra Sobrecarga que tuvo lugar en el Centro Cultural Recoleta y se vio interrumpida por el Aislamiento Sanitario de 2020 y la antología de historieta independiente HOY, que tuve el placer de reseñar ya en plena pandemia.

Pero además de la calidad y del volumen de información que ha brindado la página a lo largo de los años, también tuvimos colaboradores en común (pienso en Matías Mir, Pablo Rescate o Sergio “Jack” Schiavinato aunque seguramente hay más) y la mejor onda con muchos de sus escribas. Prueba de eso, es el proyecto que quiero rescatar en esta nota.

Hace algunos años, hablamos con Julián y pensamos en un intercambio de notas que afianzara la hermandad entre las dos páginas: yo iba a escribir un texto sobre cinco fanzines y él recomendaría cinco series de Columba que no lo tuvieran a Robin Wood como guionista.

Mi nota iba a salir en Zinerama y la suya en Ouroboros.

Después, por esas cosas de la vida y de los mil proyectos en los que nos embarcamos, esas dos notas nunca llegaron a publicarse y estoy seguro de que ambos nos olvidamos en algún momento de ese proyecto.

Pasó el tiempo y en una videoconferencia que tuvimos el año pasado, Julián anunció que el blog entra en un hiato por tiempo indeterminado y que solo seguiría adelante el suplemento de historietas digitales Hora 4. Como con cualquier mala noticia, mi primera reacción fue la negación... pero ya transcurrieron seis meses y la pausa es real.

sobrecarga
Pequeñísima muestra de lo que fue Sobrecarga en el Recoleta

Lo que se trancribe a continuación (con rigor documental), es la nota que escribí hace años para ser publicada en Zinerama y que nunca vio la luz. Vaya como mi homenaje a la labor de todos los colaboradores de ese blog y también como una palabra de aliento para que vuelvan pronto.

P.S: Si les preguntan, yo no les conté... pero Julián me dijo ayer que capaz en junio vuelven.

Cinco fanzines

Hola amigos de Zinerama. Esta nota es parte de una colaboración fraterna entre el excelso blog que están leyendo y Ouroboros, el site de crítica y difusión de comics y cultura popular del cual formo parte. La contrapartida de este team up, es un artículo que escribió Julián Oubiña Castro reseñando sus cinco series favoritas de Columba no guionizadas por Robin Wood (¡Había otros guionistas en Columba!) y que está publicada en nuestro sitio web. No dejen de pasar a leerla.

En mi caso, la consigna que me propusieron es que participe de la columna “5 fanzines” reseñando muy brevemente mi top five personal. Bueno... antes que nada quiero aclarar que en este caso, la palabra “personal” debería ir subrayada y en negrita porque el criterio con el que seleccioné algunos títulos es totalmente extra estético y tiene mucho más que ver con lo que esas revistitas significaron para mí en mi recorrido como lector de historietas, que con la mayor o menor calidad de su contenido. Pero basta de preámbulos y manos a la obra.

5- “inK” o el Sueño del pibe

Tengo la certeza casi absoluta de que nadie tendrá el menor registro de esta publicación. También estoy convencidísimo de que no tiene los méritos suficientes para que nadie la recuerde. Sin embargo la incluyo en esta lista por el más egoísta de los motivos: yo dibujé ahí.
Tal vez uno de los efectos secundarios (efecto adverso, generalmente) que tiene leer historietas es que a casi todo el mundo se le da en un momento por agarrar el lápiz y ponerse a dibujar las suyas. La mayoría no tendremos nunca el talento necesario para hacerlo bien... pero la necesidad de hacerlo es tan fuerte que vamos a hacerlo aunque sea mal.

En aquellos lejanos y analógicos tiempos, un pibe mandaba una carta para que una revista de alcance nacional publicara su número de teléfono diciendo que buscaba chicos interesados en hacer un fanzine y, con toda tranquilidad, se juntaban en una plaza uno que hacía humor, un mangaka, un fan de los superhéroes y un lector de “Fierro”, juntaban los originales, unos pesos y (fotocopiadora mediante) en un mes tenían su propio fanzine. Y, lo que es más importante: el sueño cumplido de ver impresas esas páginas que necesitabas rabiosamente sacarte de adentro.

No voy a nombrar a los otros tres para no avergonzarlos... que ya deben ser hombres de familia. Baste decir que yo era el lector de “Fierro”

4- “Rebelión 21” o el Barrio

Berazategui ya tiene su comic” rezaba una portada de este fanzine producido íntegramente por su autor: Sergio de Sanctis, alias Sedes. ¿No les suena? El motivo es simple: no son de Berazategui.

En Berazategui, todo amante de la historieta conoce a Sedes. El tipo distribuía sus fanzines personalmente en las librerías y, si podía, vendía alguna publicidad. Es el que dicta los infaltables talleres de historietas para los chicos que quieren hacer sus primeros monigotes y las clases las ha impartido tanto en algún centro cultural como en su propia casa. ¿Cómo no lo vas a conocer a Sedes si todos los años tiene un stand en la feria del libro de Berazategui? Incluso en 2015, EdiBer (¿Adivinan? ¡Sí! La editorial municipal de Berazategui) publicó su libro “Territorio Zombie” que narra el típico apocalipsis zombie pero ambientado en... ¡Adivinaron de vuelta! ¡En Berazategui! Con los fondos trabajados a partir de montajes fotográficos de lugares reconocibles de la ciudad realizados por el propio autor.

Una de las tantas flexibilidades que tiene el fanzine (y que no puede tener ninguna industria que aspire a cierta masividad) es que puede ser todo lo localista que quieras. Te permite hablar de tu barrio y hablarle a la gente de tu barrio y eso me encanta.

3- “El Bosco” o el Reconocimiento

Corría el año 1989 y atravesábamos una de las infaltables crisis de la Argentina. No había un peso en la calle. Lo que había eran millones de australes que no valían nada.

fanzines
Portadas de inK, Rebelión 21 y El Bosco

En ese contexto comenzó a gestarse esta publicación bajo el patrocinio del Centro Cultural Berissense donde (como en tantos centros culturales, asociaciones barriales o sociedades de fomento a lo largo del país) funcionaba un taller de historieta. Una diferencia importante es que acá estaba Griffo, un dibujante excepcional, que hace que me acuerde de esta publicación entre tantas similares. El apoyo del centro cultural antes mencionado y la conformación de la Cooperativa Artística de Niños y Jóvenes le permitió a “El Bosco” salir con un primer número con portada en cartulina satinada y tinta de dos colores. Todo un lujo para lo que eran los fanzines de la época.

Pero lo más importante, para mí, es que la publicación surgió del reconocimiento y el apoyo que la comunidad de Berisso (a través de una institución muy periférica), le brindó a un grupo de historietistas. En ese momento, nos parecía muy loco que un centro cultural pusiera plata para publicar un fanzine. En parte porque todavía se pensaba al comic como una industria rentable y autosuficiente, y en parte porque muy pocos sectores lo reivindicaban como una expresión cultural válida.

Desde entonces, afortunadamente, muchísimos emprendimientos comercialmente poco atractivos fueron posibles gracias a la colaboración de algunas instituciones que reconocieron la relevancia cultural de la historieta.

2- “La metáfora” o el Arte

Pero temo que tanto concentrarme en elementos extrínsecos me está desviando de lo que es central en un fanzine. La historieta es una expresión artística y como tal debe conmovernos con su belleza (sea lo que fuere ese término imposible de definir). Y cuando me piden que piense en un fanzine que logró transmitirme una profunda emoción estética, no lo dudo: “La metáfora” de Garavito y Jok.

La metáfora” tuvo en su primer número un título más largo que el autor decidió acortar en el segundo, en el que también se redujo el formato.

La historia va de varios vampiros viviendo en el mundo actual pero no onda “Crepúsculo” sino más bien onda “La mascarada”, aquel legendario juego de rol. La narración es fragmentaria, contándonos simultáneamente las cosas que les pasan a los diferentes personajes principales. El texto es de un lirismo exquisito y se adapta perfectamente al registro de cada uno de los protagonistas.

Y, después de tantas flores, todavía me falta decir que lo mejor era el dibujo (la portada de esta nota es un detalle de la tapa del número uno). Las influencias de Miller, Mignola y P. Craig Rusell en Jok llegaban a una síntesis increíble que hoy volvería a comprar sin dudarlo. Ojalá algún editor se anime, dado que hablamos de un autor hoy totalmente consagrado, a apostar porque esas historias y esos personajes son viables en un libro.

1- “Catzole” o el Aguante

Catzole
Impresionante ilustración de Salva Sanz para la tapa del número 12

Una cosa que hay que aclarar siempre que hablamos de fanzines de los noventas (sobre todo para que los chicos que hacen fanzines hoy en día no se sientan mal) es que en ese momento, la industria de la historieta en nuestro país estaba extinguiéndose. Es decir que muchos autores publicaban en fanzines no porque todavía fueran amateurs en proceso de formación sino porque no había un mercado editorial que les diera cabida a pesar de haber alcanzado un nivel artístico absolutamente profesional. Este era el caso de Sanz, Rovella, Azamor y Travis, el núcleo duro de esta “Catzole” que desde su rincón fanzinero, tenía el desparpajo (y la lucidez) de proclamarse, en el editorial del número siete, heredera legítima de la gran tradición de historieta de autor argentina.

La que quiero destacar en “Catzole” es, para mí, la característica más hermosa del fanzine como vehículo de expresión cultural: El Aguante. Cuando todo se cayó, cuando los avatares de nuestra economía nos dejaron reducidos a ruinas, el fanzine fue uno de los reductos que mantuvo viva la llama de la historieta argentina. Una llamita muy chiquita pero sin la cual hubiera sido imposible volver a empezar.

Por eso, el puesto número uno no se discute:

¡Aguante Catzole!

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Escrito por:
Facundo Vazquez
Guía su vida por el bushido y la frase de Benjamin "Ustedes nunca vieron morir a un burro".

Facundo Vazquez
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