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Lo nuevo de Agrimbau y Baldó

Por: Maximiliano Britos - 27 Mayo 2018 Se lee en: 4 mins

La ya afianzada dupla detrás de "Los canillitas" y "Los autómatas del desierto" (entre otras), vuelve con una historia muy tranquila donde lo único que le quita el tono mundano y absoluto (¿será poco?) es, simplemente, poder conseguirte una copia de vos mismo. Sí, un clon, con todos tus recuerdos y personalidad. Pero ojo, estamos en el presente. Como bien enuncia la contratapa del libro: “Parece una historia de nuestros días, pero no: puede que transcurra dentro de un año y medio o dos. ¿La diferencia? Puede uno ir y comprar clones de sí mismo o de algún conocido; tienen entre veinticuatro y cuarenta y ochos horas de vida útil…”

¿Te parece interesante? Tanto el guion de Diego Agrimbau como el arte de Fernando Baldó no decepcionan, y nos presentan esta atípica historia, básicamente un slice of life argentino.

¿De qué trata?

La trama es bastante simple, y entrar en detalles es arruinar lo más interesante que tiene esta obra, que son las relaciones y diálogos entre personajes. Camila, Lechuga y Roberto son tres amigos. Por una cosa u otra, los tres terminan teniendo un clon cada uno. De esos que conseguís fácil, y que cualquiera tiene.

Lechuga no tiene ganas de ir a ayudar a su amigo Roberto al puestito de diarios que tiene, así que le manda a un amigo en reemplazo: un clon de Roberto que dura veinticuatro horas.

Por otro lado, Camila se consiguió un clon para charlar sobre sí misma. Supongo que nadie la conoce mejor que ella misma. ¿Y Lechuga? Bueno, más simpático imposible. Va a mandar a su clon a hacer cosas que él no quiere.

Sobre el guion

Entre idas y vueltas, la idea del guion que se nos presenta apunta a mostrarnos un día en la vida de los personajes, y explorar sus facetas personales. Facetas donde la duda y el autocuestionamiento tienen una profundidad que parece simple, pero esconde varias capas que al lector le generará el preguntarse qué haría en una situación así, y cómo lidiaría con su clon. Tu clon, al momento de haber sido creado, tiene también tu cabeza. Sos vos, fin. Claramente no le podés ocultar si sos un cagón, si tenés onda con la vecina o si simplemente sos un inseguro terrible o un garca de mierda, porque él lo sabe, es así. Es como vos. Y teniendo en cuenta esto, si vos sos un clon, ¿tenés algo que perder? Después de todo, solo durás un día.
Algo que me encanta en esta historia, es el elemento ficticio que se usa como excusa para empezar la narración y darle marcha. Paso las primeras cinco páginas y no tengo interés alguno en que me expliquen cómo funciona el tema de los clones, desde hace cuánto están, el costo. Nada. Y es algo difícil de poder manejar, la gente suele tener la necesidad de buscarle sentido y explicación a todo. Lograr en una ficción que un elemento fantástico sea tomado como algo cotidiano y no te pongas a hacer indagación al respecto, puede parecer fácil pero no lo es. Solamente se puede lograr sabiendo manejar perfectamente el rumbo del relato. Después de todo, como lectores nos sumergimos en un viaje, donde el escritor es el que maneja. Y alas, sr. Agrimbau, usted maneja sin pegar frenazos.

El arte

En el apartado gráfico, el artista detrás de Hostil y abyecto opta por una paleta de colores tranquila que es completamente funcional a su estilo, donde su arte tiene que estar en sintonía con una trama que va a exigir más escenas mundanas y de diálogos que de acción (esas que le salen tan lindas). Hay detalles que condimentan perfecto poder sumergirse en la ciudad... El colectivo, el puesto de diarios, los billetes. Los detalles suelen ser de gran importancia en cualquier relato, y entre esto y los pequeños guiños (como ese bello poster de Labyrinth), ayudan al lector a sentirse cómodo y congeniar fácil.

Baldó si tiene algo en lo que no decepciona jamás, es en su narrativa. La secuencia, viñeta a viñeta. Si te digo de qué tratan sus historietas en 3 líneas y te las doy sin diálogos, probablemente entiendas igual lo que pasa. Y esto es mucho más fácil de lograr en una historia de piñas y bardo, pero en una trama donde la dirección es conducida por el diálogo principalmente, llegar a este punto es como mínimo, digno de admiración. ¡Puntito extra por “ese” logo que aparece, que al final no es un guiño y termina siendo funcional a la trama!

Como siempre, a esperar la próxima colaboración de esta dupla. Porque, va a haber otra, ¿no?

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