Historieta Argentina

Dora anotada, parte 3: El año próximo en Bobigny

Esta vez, Dora se descubre a sí misma

Dora anotada, parte 3: El año próximo en Bobigny

Pasan los años, las revistas y las “novelas gráficas”, pero Dora queda. Siempre presente en la discusión sobre cuál es la historieta argentina más importante del siglo XXI, la saga de Minaverry se distinguió inmediatamente por la fineza de su estilo gráfico y su capacidad de crear ficción atrapante de un ejercicio historiográfico que habla tanto más de nuestro presente que del pasado. Lo que la hizo, simultáneamente, una favorita del público y un objeto de estudio dilecto de la academia.

Palpitando el 15to aniversario de la publicación de su primer capítulo en Fierro. La historieta argentina, allá por noviembre de 2007, acá en Ouroboros World volvemos a sumerginos en las (aún abiertas) aventuras de Dora para ofrecer una lectura complementaria, comentada. Una “Dora anotada” con datos, análisis, ideas, contextualización histórica, etc., que aspira a invitar a volver a disfrutar de la obra manga de Minaverry una y otra vez.

Al volver a familiarizarme con el mundo de Dora Bardavid para escribir esta serie de artículos me encontré con que la tercera historia, El año próximo en Bobigny, es considerada una suerte de “bicho raro”, incluso por el propio Ignacio Minaverry. Al releerla, entendí por qué. Invirtiendo la fórmula establecida hasta el momento, aquí el trabajo de la protagonista, su “caza de nazis”, pasa a un segundo plano. Mientras que su vida privada, amorosa, es puesta en el primero, lo que permite darles carnadura y desarrollo a aspectos antes tratados de manera subsidiaria, como la vida sexual y afectiva de Dora, Odile y compañía. Sin quitar lo político, claro, que también está en lo personal. (Por eso es, también, el más comentado por trabajos académicos que buscan leer la serie en clave de género). El resultado es una historia diferente a todas las otras, más sentimental quizás (si esto llegase a ser un problema), pero que también agrega una dimensión más humana a la historia que beneficia a la saga toda.

Las tapas de Dora
Las tapas de Dora

Si bien pasó cerca de un año entre el final de Rat-Line en la Fierro N° 32 (junio de 2009), y el comienzo de la tercera parte, no hubo mucha oportunidad de extrañar a Minaverry. Dos meses después, el suplemento “Picado Grueso” den N° 34 (agosto de 2009) estuvo dedicado a ilustraciones pin-up del autor. En el N° 36 (octubre de 2009), fue nuevamente de la partida, esta vez en ocasión de celebrar el tercer aniversario de la revista. En el N° 40 se publica la historieta corta “Canciones cursis para varones”, donde el dibujante se permite expresar toda su devoción por The Who. Finalmente, Dora volvería a ser parte de la “La historieta argentina” a partir del N° 41 (marzo de 2010).

El año próximo en Bobigny fue el relato más ambicioso de Minaverry a la fecha, sumando 113 páginas a lo largo de trece entregas publicadas en la Fierro N° 41 (marzo de 2010) y N° 59 (septiembre de 2011). Al final de su tercer capítulo una leyenda informó que la serie se publicaría desde entonces con cadencia bimestral. En alusión a esto, en alguna entrevista el autor menciona que durante esta última etapa de la serialización en la revista de Sasturain le costaba llegar a los deadlines mensuales. Sin embargo, antes que cada dos meses, las entregas se espaciaron de manera irregular a lo largo de un año y medio (Salió en los N° 41, 42, 43, 45, 46, 48, 49, 50, 53, 54, 56, 57 y 59). Al igual que las otras dos partes, una vez finalizada fue publicada por Común como Dora #2: El año próximo en Bobigny -1962- en 2012.

La portada roja, blanca y negra que abre la historia unívocamente anuncia al lector desprevenido que está entrando en un mundo ya en marcha. En rectángulos rojos se nos refresca el reparto: Dora Bardavid, Lotte Schmitz, Odile Joubert, su novio Didouche, la madre de Dora llamada Matilde, y un personaje nuevo, Geneviéve Junot. En los rectángulos blancos ponen al día con el conflicto argelino, que tenía su pata en la metrópoli colonial de Francia, donde el FLN organizaba movilizaciones en solidaridad y la policía gala reprimía y mataba. Al costado, en rojo también, un glosario de términos propios, como si de un manga se tratase. “Bidonvilles” es francés para “villa miseria”. Flics es “yuta”.

Una villa miseria, pero en Francia
Una villa miseria, pero en Francia

Como la vez pasada nos invitaron a Bobigny, la tensión política es más presente que pasada, y la lucha no se da tanto en el archivo como en la calle. En ese sentido, la arquitectura en la que se emplaza esta historia pierde algo de protagonismo al ser una locación única y conocida, pero cumple su rol como escenario y signo de la desigualdad, el conflicto y la comunidad. Desde la Bidonville que abre la historieta, donde Didouche vive entre “chapa y cartón”, y remueve imaginarios sobre el Primer Mundo que rompen el sentido común. Hasta el HLM, con su espacio público que invita a la reunión. Como, por ejemplo, la puesta en escena de las obras de teatro de la compañía móvil que integra Geneviéve. Como queda rastro en su blog, en la obra de Minaverry, dialoga una preocupación por el urbanismo que rompe la espacialidad del Atlántico por medio, haciendo dialogar al conurbano de París con la zona sur de capital. En especial con Flores, el cual ilustrará dos veces: primero en la versión historieta de Micrófonos para el pueblo, libro editado por FM del Bajo Flores y Patria Grande, y la homónima historieta Bajo Flores, que serializó con guiones de Miriam Socolovsky en el suplemento HN de Telám entre 2013 y 2016.

Haciendo uso de la mayor superificie impresa con la que dispuso, Minaverry teje la historia de El año próximo en Bobigny a partir de tres puntos de vista: el de Dora, el de Odile y el de Geneviéve. La primera, que recién entra en escena en el tercer capítulo, tras su viaje a Argentina, lidia con la ausencia de su madre que se mudó a Israel y se topa con nuevas oportunidades en su búsqueda de justicia al integrarse al equipo de la abogada Beatrice Roubini. Odile, como toda persona que tiene sus veintes en el horizonte, se debate en una encrucijada que definirá su vida adulta, donde se cruzan el estudio, la militancia, el trabajo y sus sentimientos por Didouche. Geneviéve, por su parte, vive en una camioneta estacionada ente los HLM, sobrevive como puede y quiere, y actúa a la gorra como parte del Théâtre de Poche.

La narrativa se bifurca, las protagonistas se multiplican
La narrativa se bifurca, las protagonistas se multiplican

Las chispas surgen en el cruce entre ellas. Es aquí donde Dora explora su deseo por otras mujeres con Geneviéve. Primero con trepidación y vergüenza, cuando ante el primer acercamiento la protagonista reacciona con rechazo y fiebre, casi un síntoma de un cuerpo disciplinado que se resiste a romper con la heteronorma. Luego con entrega y ternura, en una explosión de colores (quizás, sí, algo obvia) que toma por asalto el destacado séptimo capítulo. También colores y textura, en este caso una frazada en el piso, son utilizados para destacar una de las escenas cruciales de El año próximo en Bobigny: el aborto clandestino de Odile, quien decide terminar su embarazo de Didouche, con el apoyo de sus amigas.

Estas escenas condensan la apuesta de la tercera parte de la saga de Dora, donde lo político realmente se hace privado, intimo, y se lee en los cuerpos dibujados. Inclusive en pequeños detalles, como los pelos de las piernas de Geneviéve. Desde un comienzo, Minaverry buscó separarse del resto poniendo en la página mujeres con cuerpos reales. En su blog, describió a esa primera Dora de 2004 como una “oda a la anorexia”. Cuando en el décimo capítulo, la protagonista se arregla para la entrevista con Beatrice, todos coinciden en que parece una “muñequita”, incluso la misma abogada. Ceder ante los estándares de belleza te despoja de tu agencia, como a un juguete.

Minaverry continua la experimentación con color y textura
Minaverry continua la experimentación con color y textura

Esta apuesta feminista de Minaverry hizo de Dora una abanderada de la renovación de la historieta nacional, lo que ya proclamaba el mismo Sasturain desde su púlpito en Fierro con el editorial del N° 42, “La hora de las chicas/las chicas de ahora”, y que lecturas académicas posteriores como las de Mariela Acevedo o Facundo Saxe consagraron.

Pos #NiUnaMenos, cuando cierto grado de feminismo, aunque más no sea de la boca para afuera, es considera lo normal, vale ubicar El año próximo en Bobigny en tiempo y espacio. Faltaban cinco años para que ese hashtag se convirtiera en un movimiento de mujeres que se derramaría por toda América Latina y el mundo. Faltaban tres años para que Poné a Francella fuera sacado del aire tras que se abriera un debate en torno al sketch de “La Nena”. Faltaban dos años para que el juicio del caso de “Marita” Veron instalara en la agenda pública el tema de la trata y trajera visibilidad a las reivindicaciones feministas en general. Años después, la contratapa de Fierro estaría regularmente ocupada por pauta oficial del Estado que llamaba la atención a estas problemáticas y promocionaba la línea 144 para denunciar violencia de género. Contemporáneamente a la serialización de El año próximo en Bobigny, Hernán Bayón, Romina Rodríguez, Ernestina Arias, Florencia Pastorella, Paula Martínez y Mariela Acevedo ganaban el concurso Nuevas Revistas Culturales del Concurso "Abelardo Castillo" con Clítoris. Historietas y exploraciones varias, una publicación dedicada a pensar la historieta con una mirada feminista.

Fue justamente en Clítoris N°3 donde Minaverry se abre de manera más cándida acerca de este filón de su obra. Si bien en entrevistas tempranas ya se reconocía “medio feminista” y calificaba a la historieta argentina como “muy misógina”, en las páginas de Clítoris se reconoce feminista sin fracción, comparando su inmersión en el feminismo con lo que le “pasó con el peronismo”. Me “florecieron un montón de cosas en la cabeza”, reconocía entonces.

Minaverry le pone la tapa a Clítoris
Minaverry le pone la tapa a Clítoris

En este sentido, no cabe duda que esta es la clave de lectura que predominantemente se ha instalado en torno a El año próximo en Bobigny, lo cual no está mal, ya que ahí yace el principal impulso de la obra. Pero pueden destacarse otros ángulos también. En cuanto al trabajo de la historia y la memoria, además del trasfondo de la lucha argelina, encontramos el testimonio de Geneviéve acerca de su propia historia como una gitana cuyos padres la dieron en adopción ante la amenaza del peligro nazi. También tenemos aquí los primeros pasos de Dora dentro del equipo de Beatrice, donde casualmente también podemos verla grabando testimonios junto a su colega Camille.

Así como en los libros anteriores se puso el peso en los documentos, aquí comienza a aparecer la voz viva de los sobrevivientes como otra herramienta en la búsqueda de una verdad que desafíe a los relatos oficiales. Dora cambia así la máquina de escribir por el grabador de mano. En el último capítulo, Beatrice también nos regala uno de mis diálogos preferidos de toda la serie, que describe a la perfección la vocación de Dora por la verdad: “A pesar de ser tan joven, te diste cuenta que la vida es como una casa en medio de un terremoto en la que todas las cosas se caen de los estantes. Y vos sos buena levantando las cosas y volviéndolas a ordenar”.

También es posible destacar la búsqueda gráfica de Minaverry en este libro, aventurándose a partir de la base firme que le proveían las dos historias anteriores. Se incorporan dos recursos que me recuerdan al manga. Por ejemplo, señalar la elipsis temporal gráficamente entre viñetas (en este caso, con una línea punteada). O el uso de caritas casi chibi como iconos que reemplazar el texto para conferir la idea de que un personaje piensa en otro, utilizado con gran efecto la escena de sexo entre Odile y Didouche.

La repetición de viñetas como puesta en página del acontecimiento modernista
La repetición de viñetas como puesta en página del acontecimiento modernista

Pero es quizás el ya mencionado séptimo capítulo, que hace las veces de centro de la historia, donde Minaverry se suelta más su costado experimental. Las primeras páginas, donde retrata la crisis de los misiles desatada entre los Estados Unidos y la Unión Sovietica a partir del uso fotografías y la repetición de viñetas para transmitir lo ominoso de una amenaza apocalíptica de ese tipo. La imposibilidad de una persona de procesarla. En particular, el juego con las pantallas de televisión y las imágenes atómicas me recuerda los escritos del filósofo de la historia norteamericano Hayden White sobre lo que llama “el acontecimiento modernista” y el cambio de nuestra percepción de los hechos sociales a partir de la multiplicación y aceleración de su transmisión gracias a los avances de la tecnología de la información.

Al final de El año próximo en Bobigny tenemos, además, un final. Y encima, feliz. Quizás motivado por ese cansancio con la serie que citamos al comienzo de la nota, Minaverry opta por terminar las aventuras de Dora, Geneviéve y Odile con un moño, anticipando la posibilidad de nunca más volver a revisitar los personajes. Odile es mostrada por última vez leyendo un libro de anatomía, en un gesto que simboliza a la vez una declaración de ser dueña de su propio cuerpo como la expectativa ante su vida como estudiante. Dora y Geneviéve, mudan el archivo acumulado por la protagonista a la oficina de Beatrice, connotando tanto el próximo paso en su carrera “cazando nazis” como una separación de lo privado y lo público. Reclamar un espacio propio donde poder ser feliz. “Te amo, gachí”, dice primero Geneviéve. “¡Yo también te amo!”, exclama con signos y tipografía roja Dora en el último panel. Sí, es un poco edulcorado. Pero como no vas a alegrarte al ver que ellas se encontraron la una a la otra. Un refugio en este mundo que es como una casa en medio de un terremoto.

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Escrito por:
Diego Labra

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