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“El campito” de Diego Agrimbau y Hernán Gutiérrez

Crecer apesta pero ser chico también

Por: Facundo Vazquez - 01 Feb 2021 Se lee en: 4 mins
El “El campito” de Diego Agrimbau y Hernán Gutiérrez

Según cuenta Diego Agrimbau, el proyecto de este libro comienza en el año 2000 y la intención original era la de publicarlo dentro del sello La Productora, que integraba en ese momento. No obstante, Hernán Gutiérrez paró el proyecto cuando solo faltaba dibujar diez páginas... y lo paró durante más de ocho años.
Cuando terminó de dibujarlo, La Productora como editorial no existía más pero fue uno de los primeros libritos publicados por la, por entonces, incipiente dupla Loco Rabia/Belerofonte.
Como suele suceder, el surgimiento de la nueva editorial me pasó inadvertido al principio. Más tarde me puse a buscar los libros que se me habían escapado pero “El Campito” nunca lo conseguí.
Recientemente, cuando la editorial lo liberó en su página para leer digital, perdí las esperanzas de una reedición en formato físico. Porque sí. Porque mi cabeza es muy cuadrada y me parece que si algo está gratis en digital, nadie lo va a publicar en físico.
Casi al mismo tiempo que Loco Rabia surgía también la editorial Historieteca y en un momento de su desarrollo propone dentro de su catálogo la colección ReLecturas, donde fue rescatando tres obras de la segunda encarnación de Fierro: “Bolita” de Trillo y Risso en 2013, “Malandras” de Santullo y Ginevra en 2014 y “Putrefacción” de Fraticelli y Couselo en 2016. Cuando Fierro abandonó las historietas con continuará (lo que conocemos como su tercera etapa: 2017-2018) y finalmente cerró, también dejaron de sumarse títulos a esta colección. Lamentablemente, porque el nivel de calidad venía muy alto.

Pues este 2021 empieza trayéndome la grata sorpresa de que Historieteca retoma su colección ReLecturas y nada menos que con “El Campito”, ese título que tanto busqué infructuosamente.

Los chicos andan en grupo, los adultos en parejas y los viejos, solos

Al menos eso reza el refrán y no está mal empezar con una frase del mal llamado “saber popular” para adentrarnos en esta obra. “El Campito” está ambientado en el barrio de Flores en 1987. El texto lo explicita, pero tal vez no hace falta porque la recreación del barrio y, sobre todo, de la época que hace Gutiérrez es magistral. El dibujante combina un estilo caricaturesco y sintético en los rostros de los personajes, con un dibujo muy realista y elaborado en los fondos que nos traslada a los ochentas en cada detalle. Esos ochentas de antenas de televisión, almanaques de gomería, de campitos que podían ser repentinamente invadidos por nubes de “alguanciles”, de chicos jugando en las calle...
De hecho, la historia está protagonizado por un grupo de chicos que juegan cerca del paso nivel de Rivadavia y Nazca. Juegan, entre otras cosas, a juntar “trofeos” de la gente que muere atropellada por el tren. ¿Accidentes? Puede ser: el tren se escucha cuando ya está demasiado cerca. ¿Suicidios? La palabra ni siquiera se menciona en toda la obra y sin embargo sobrevuela inevitablemente.
 

el campito
La barrita protagónica.

Este punto de partida muy simple, en apariencia, da lugar al desarrollo de toda una caracterización del grupo y sus relaciones porque remite directamente a la construcción de la personalidad individual y al rol que cada uno va a ocupar dentro de esa mini estructura social que reproduce en pequeño una visión de lo que es la sociedad adulta. El coraje, la capacidad de liderar y de ejercer la violencia, la lealtad, pero también la resolución de traicionar cuando conviene, son todas las “virtudes” que el sentido común valora (o al menos valoraba en 1987) a la hora de construir una “masculinidad sana”. Esa cultura del barrio y el aguante que ha dado esta bella generación de los que tenemos cuarenta y pico, fácilmente reconocibles por sostener a muerte que el del otro barrio (grupo, club, partido político etc.) “es puto y se la come”.

En estos juegos crueles y violentos, que funcionan como los rituales de iniciación de las sociedades primitivas, comienza a definirse un modelo social de ganadores y perdedores donde cada uno tiene que demostrar que tiene lo que hay que tener para enfrentar al mundo adulto.
Todo esto, obviamente, en un sentido simbólico porque después, en la realidad concreta, lo único que define tu posición social es si naciste con plata a o no... pero eso a los niños nadie se los explica porque tal vez sea más cruel que los juegos y rituales que ellos inventan.
Las niñas, por su parte, permanecen afuera del juego. Ellas son evaluadas según parámetros distintos y cargan con sus propias cruces y sus propios estigmas igualmente arbitrarios. No obstante (y miren que tenemos un lenguaje rico hasta la exuberancia) para aquellas que no sigan el mandato social queda reservado el mismo adjetivo: son “putas”.
En ese contexto se desarrolla la acción sobre la cual no diré nada para no destripar la lectura.  Basta mencionar que el guion trabaja sobre una historia oculta muy sórdida y pesada pero tiene el nivel de sutileza suficiente como para que no resulte explícito.
Lo mismo aplica para todo el análisis que estuve haciendo: El relato trabaja mucho sobre los mandatos del sentido común y, si el lector tiene ganas, puede servir para problematizarlos, pero en ningún momento se transforma en un imperativo forzado ni en un panfleto.

el campito 1
Lola, Luis y muchas libélulas

En conclusión

“El Campito” es una pequeña novela de iniciación con varios niveles de lectura, simple pero no obvia, que permite disfrutar del siempre brillante oficio de Diego Agrimbau y de un dibujante como Gato Gutiérrez (tal vez desconocido para muchos) que, aunque lleva muchos años alejado del mundo de las historietas, da muestras sobradas de tener las condiciones y el talento para volver cuando quiera.
La nueva edición es un poquito más linda que la anterior, un centímetro más grande, con solapas y un coloreado de tapa exclusivamente realizado por el autor.

Totalmente recomendable.
 

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