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Historieta Argentina

El Delirio de Ani

Una historieta delirante

Por: Matias Mir - 01 Ene 2019 Se lee en: 7 mins

Este hermoso tomo de casi 200 páginas fue publicado por Ivrea a fines del 2015 (al emotivo precio de $99… comete esa devaluación). Efectivamente su ciclo de fama ya pasó pero me gusta creer que cualquier historieta puede ser la primera historieta de alguien en el momento que sea, así que con ese argumento agarradísimo de los pelos justifico esta reseña. Aunque no es la primera vez que leo la primera obra íntegra de Andrea Jen, volví a releerla hace poco y encontré bastantes cosas que comentar, así que no le demos muchas más vueltas.

Arranquemos con lo más obvio: la parte gráfica de El Delirio de Ani es hermosa. El arte se siente vivo, los colores son hermosos, el diseño de personajes es original y fluye bastante bien. Posta, es lindísimo todo, y a pesar de haber estado en producción durante cuatro años el estilo se mantiene relativamente constante.

¿Listo? Listo. Hablemos de la historia. Ligeros spoilers.

El concepto básico de “El Delirio…” es que Ani, una nena de ¿11? años vestida como Floricienta, va de visita a la casa de su tía, sale a jugar con sus primos al extenso descampado/basural cerca de ahí, juegan al béisbol y pierden la pelota, así que tienen que recuperarla. Esta clara premisa de historieta infantil se acentúa más cuando al toque nos enteramos que Ani ve, en su imaginación (o delirio), la realidad como una fantasía. Ella es una especie de kitsune, el bate le habla, los animales tienen conciencia, hay pulpitos flotando por todos lados, y así. De buenas a primeras se plantea una dualidad entre la versión fantástica y los hechos reales y concretos que suceden en la historia.

Lo interesante arranca más o menos por el capítulo 3, cuando los primos que venían tratándola de loca por tener sus “fantasías” le revelan que ellos también pueden verlas. Sí, cuando creíamos que entendíamos las reglas de la historia nos saltan con que en realidad el “delirio” es o una demencia colectiva o bien una introducción literal de elementos fantásticos reales. En cualquier caso no aporta mucho a la historia y parece solo estar para confundirnos, y va a ser mucho más confuso cuando un adulto aparentemente también pueda influir en el “delirio”. Pero no nos adelantemos.

Claramente hay mucho del Estudio Ghibli y Alicia en el País de las Maravillas (de Chihiro, seamos honestos), Jen hace pasear a sus personajes por un mundo lleno de animales parlanchines buenos y malos, criaturas originales, tensiones mal construidas y varios afanos todo por… una pelota. Por supuesto, la pelota es solo una excusa para este viaje (aunque conste que en una parte se desmaya su primo menor mientras está sangrando y a la nena le importa más ir a buscar la pelota) que, como bien dice la sinopsis, es el típico viaje transicional de la niñez a la adolescencia. Ani va dejando atrás sus fantasías y entrando en la madurez, o eso se supone, porque hasta la página 170 aproximadamente no solo todavía cree en sus “delirios”, sino que hasta son reforzados y apoyados por sus primos (hasta tengo entendido que uno de ellos es mayor que ella, pero “las nenas maduran más rápido” y esas giladas).

Más que una transición es un brusco cambio, y eso se explicaría con los eventos que le pasan en el último arco del libro (ponele) pero Jen se encarga de dejar muy clarito que los traumas que haya podido sufrir Ani son secundarios en relación a lo verdaderamente importante: a Ani le vino la menstruación. Y si creían que la autora iba a ser sutil al respecto, olvídense, porque sale de su camino para que sea una escena como mínimo grasa y como máximo dé vergüenza ajena.

Esto se publicó en España también, ¿le habrán dejado este diálogo? ¿Los españoles habrán entendido?

Simultáneo a la historia principal tenemos la trama del Serge, una especie de cazador que busca venganza, y de Anise, el “final boss” del viaje de Ani y el enemigo de Serge. Primero pensé que yo era un boludo y no había podido entender a la primera la trama de estos dos personajes, pero después de leer críticas ajenas y consultar a otras personas que lo hayan leído veo que es una confusión generalizada. Hay que leer los segmentos de “flashback” un par de veces para que te termine de cerrar porque es innecesariamente compleja o está muy mal explicada, y en un libro supuestamente para chicos (aunque no se haya promocionado como tal, sino como un “Totoro argentino”) eso no te puede pasar.

Comentario aparte, me sorprende mucho la introducción de un villano gato amarillo boludo llamado Mauricio, adelantadísimo a las chicanas ante-Cambiemos que comenzarían a ser populares en 2015.

Para ir cerrando, acá van varias dudas que me dejó el libro, porque una lectura crítica te deja con más preguntas que respuestas (spoilers heavys): Si Ani al final deja atrás sus “delirios”, ¿qué pasa con los primos que podían verlos, a ellos también les desaparecen? ¿Por qué el primo mayor es una iguana pero tiene pelo en la cabeza (que sale directo de la piel, a lo Bart Simpson)? ¿Qué pasó al final con la pareja de armadillos, el ratón y Rocco, el perro malo? ¿Cuánto tiempo pasó entre la muerte de los hijos de Serge y la historia principal? ¿Por qué Anise aparenta entender la fantasía de Ani e incluso controlarla a pesar de ser un adulto? ¿Por qué la policía parece más un equipo SWAT? ¿Por qué si Serge era mudo al final puede gritar “¡¡Aaah!! ¡¡Basura inhumana!!”?

Ya que estamos en esa escena, no puedo dejar de preguntarme cómo cuando tenés frente a vos al tipo que mató a tus hijos de todo lo que se te puede ocurrir decirle te sale “basura inhumana” y no “hijo de re mil putas”, pero, de vuelta, eso podría justificarse por el público infantil al que apunta. También se desprende de un tema más grande que es la localización de los diálogos, que va desde la traducción venezolana (“Qué grandes que son tus patas, se ven tan deliciosas”), pasa por el clásico argentino (“¡Qué bronca me da!”) y llega hasta la más asquerosa traducción de manga amateur (“¡Hermanito!” como queriendo decir “onii-chan!”, “¡Sos un tonto, tonto, tonto!” imitando un “baka, baka, baka!” y así muchísimos vicios del fansub innecesarios). Ese rango amplio y abstracto de localizaciones también está en los nombres de los personajes: Teresa, Jackie, Anise Maverick, Peter, Serge… No me puedo creer que exista esa diversidad cultural en este pueblito campesino en medio de la aparente nada, pero a un pibe supongo que no debe importarle mucho.

Y eso nos lleva a la última gran cuestión de “El delirio…”: ¿A qué público apunta? La trama de paso de la infancia a la adolescencia hace que “infantil” le quede un poco grande. Un nene puede divertirse viendo los colorcitos, pero eso puede hacerlo con cualquier papel con dibujos. La trama y los diálogos apuntan a algo decididamente infantil hasta el final, donde el mensaje (literal y metafórico) no son tan claros y requieren un lector que entienda ese paso a la madurez y la literalidad de la menstruación como inicio de la adolescencia. Ahí perdiste a los nenes, pero un adolescente se emboló hace cien páginas (y un adulto ni te cuento). La respuesta más obvia, entonces, es que “El Delirio…” es una novela gráfica orientada a chicas de entre 11 y 13 años, la edad de la protagonista. No es un público de lectoras chico, especialmente en este país, pero definitivamente es restrictivo.

En definitiva, El Delirio de Ani es un hermoso libro de arte de Andrea Jen, pero a menos que seas fan de “Soy Luna”, el Fortnite o el trap ni te gastes en consumirlo como una historieta. Lo que sí, se espera con ansias su siguiente trabajo si viene de la mano de un o una guionista.

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