El mundo de Facundo Percio
Historieta Argentina

El mundo de Facundo Percio

La rebeldía como estandarte

Por: Alejandro Caminos - 15 Feb 2019 Se lee en: 14 mins

La rebeldía es parte de Facundo Percio desde siempre. Nació en Trelew, pero pasó su infancia jugando a la pelota en las calles de Bahía Blanca. “Soy producto del potrero en todo sentido, tanto fútbolístico como artístico”, detalla. Como en un cuento de Fontanarrosa  o de Soriano, y yendo en contra de lo establecido de que la estrella es quien anota más goles, él siempre jugaba con la pelota bajo la suela y buscando el espacio necesario para finalmente habilitar a sus compañeros. “Soy un amante del fútbol porque significa la unión entre personas de distintos estratos sociales. Había chicos pobres y los que vivían bien, todos jugando en el mismo lugar y compartiendo la misma botella de gaseosa”.

Durante esos años, el dibujante también tuvo su primer acercamiento con el universo de las viñetas. Una vez vio un dibujo que su padre había hecho de su madre: “Una especie de miniatura, que era un casco al estilo meteoro, con unos anteojos y dos patitas”. En ese preciso instante se fascinó por esa forma de dibujar y comenzó a entablar relación con el lápiz y la hoja. Luego, entre los siete y los ocho años, su abuelo le regaló el primer número de "El Eternauta" a color, el “tesoro más grande” que aún conserva.

La imagen de tapa, en la que se resaltaba la figura de Juan Salvo y la leyenda “Nieva en Buenos Aires”, lo afectó tanto que le ocasionó el impulso de leer toda historieta que estuviera al alcance de su mano. Si bien no había dibujantes en su casa, Facundo proviene de una casta familiar de artesanos, herreros y músicos. La combinación exacta de trabajo manual y arte, que desembocó en lo excelso de su técnica.

Al poco tiempo se mudó al barrio Playa Bonita de la localidad de Bariloche, en donde sus amigos y compañeros lo apodaron Felipe por su gran parecido con el entrañable personaje de Quino. Además de continuar dibujando ideas y gambetas en los potreros que se le cruzaran, por sus ojos pasaban las reflexiones de Mafalda y las aventuras de Ásterix y Óbelix. Hasta que un día puso la ñata tras el vidrio de una librería y quedó embobado con dos imágenes. La primera fue la tapa de "Rey Mono" de Milo Manara, en donde se observa a un simio que toma por detrás a una señorita; la segunda fue la portada de "RanXerox en Nueva York" de Tamburini y Liberatore. Todo eso encendió aún más su chispa y lo llevó a estudiar dibujo con Gabino Tapia, y al mismo tiempo también editaba la revista del colegio con unos compañeros.

La adolescencia es, posiblemente, la etapa en donde uno más sufre, ya sea por los cambios a nivel hormonal o psicológico. Para ese entonces, el artista recuerda con gracia: “Al ver que a mis compañeros les iba bien con las mujeres y a mí no, me obligaba a sublimar por el lado del dibujo”. Es tal vez por eso –además de la pasión por el dibujo- que en quinto año de secundario hacía los chistes del diario El Cordillerano junto a su profesor de Física, Pablo De Brito. No le pagaban por trabajo hecho con dinero sino con un trueque que él aprovechaba para obtener libros como "Bárbara" de Zanotto y Barreiro, los tres tomos de "El Eternauta", "Nekrodamus" de Horacio LaliaOesterheld y "La Guerra de los Antartes" de Oesterheld, Gustavo Trigo y León Napo, todas publicaciones que lo marcaron.

Con la adultez a la vuelta de la esquina, ni bien terminó el colegio Facundo armó su bolso y tomó el primer micro hacia Retiro.

EL LLAMADO DEL HÉROE

La tranquilidad y el trato de un pueblo contra el ruido incesante y el destrato egoísta de la gran ciudad. Fue así como Facundo comenzó a sentirse solo en la pensión que había conseguido para vivir. “Vine a estudiar Diseño Gráfico en la UBA y el hecho de tomarme el 37 todos los días desde San Cristóbal hasta Ciudad Universitaria se me hizo muy duro”, relata. Tanto así que tardó casi dos años en completar el CBC. Entonces decidió cambiar a Profesorado de Pintura en el Bellas Artes de Pueyrredón, con la idea de pintar como Rembrandt o Vermeer. Sin embargo, en plena época menemista, hubo una gran reforma educativa y laboral, lo que generó la falta de clases y de profesores. Los ánimos de Facundo iban desapareciendo poco a poco, a pesar de que el dibujo lo acompañó desde siempre.

La situación social e histórica del país y personal lo empujó a buscar un trabajo, que finalmente encontró como cadete en un laboratorio de mecánica dental. Este empleo le permitió conocer a fondo las calles de Buenos Aires y de mimetizarse con el ritmo de esa bestia de cemento que tanto lo apabullaba desde el principio. Y agrega: “Ese laburo me enseñó a ir con los ojos abiertos y a ser más despierto”.

Tan bien le fue que a los tres años terminó haciendo dientes y progresando dentro de la empresa. Pero su rebeldía pudo más y lo echaron con 3500 pesos como indemnización, dinero que se patinó en salidas con amigos y en discos de blues. En aquel entonces el bichito de la música le había picado y tuvo dos bandas: "Monjas Alemanas" y "Fat Elvis" -con la que incluso llegó a grabar un disco-.

Una nueva búsqueda laboral lo llevó a hacer uñas esculpidas, empleo por el cual conoció a su actual esposa. Estuvo ahí unos meses hasta que gritó basta y, a sus 22 años, decidió atender el llamado interior: “Cuando estaba en mecánica dental dibujaba mucho en carbonilla, un material con el que siempre me llevé bárbaro y que me gusta por su simpleza o lo difícil que es cuando no lo sabes manejar”.

Un día de esos, Facundo compró una caja de Parsec y, con unos imanes que tenía en su heladera y un gran trabajo manual, hizo caricaturas de famosos como Slash, Keith Richards o Marilyn Manson. Luego juntó sus recientes obras con sus dibujos y se puso un puesto de artesanías en la Plaza de Juramento. Las artesanías fueron rechazadas por los dueños del lugar, pero los trazos fueron bien recibidos. Fue así que, a un costo de cinco pesos diarios, los fines de semana se levantaba muy temprano, caminaba diez cuadras con telas, banco, bolso, láminas y demás elementos, y armaba su lugar de trabajo hasta la noche. Durante ese tiempo su mujer le brindaba mates, amor y contención.

El dinero no alcanzaba y el deseo de no dejar que el sistema ganara fue más fuerte. Facundo armó una carpeta “lo más profesional posible” con sus trabajos en el Bellas Artes y las tiras hechas en El Cordillerano y recorrió todas las editoriales posibles. Como en su casa se leía mucho la Revista Humor y la SexHumor fue a la Urraca, en donde lo recibió Horacio Varale. Este le ofreció realizar una tira erótica y Facundo no pudo estar más feliz. “Para mí era llegar a Hollywood. Fui Jerry llegando a la Gran Ciudad entre los zapatos”, rememora el artista con una amplia sonrisa. Lamentablemente la coyuntura histórica del país hizo que la editorial desapareciera.

Si hay algo que los héroes y los rebeldes nos enseñaron a lo largo de la vida es a no rendirse. Percio continuó visitando editoriales hasta llegar a Sudamericana, donde Adrián Rimoldino y Carlos Santosaez lo recibieron como uno más. Además allí trabajaba Andrés Cascioli, conocido por sus tapas en la Humor. “Fue muy emocionante e importante compartir espacio con él porque eso hizo que me tomara en serio el laburo. Sabía que era difícil, pero podía”, dice. Su aspecto físico hizo que dejara de ser aquel niño al que llamaban Felipe para que lo comparen con Ringo Star.

A pesar de que había publicado en la SexHumor y había conocido a Cascioli, a Facundo Percio todavía le quedaban muchísimas revelaciones más. Una de ellas –y como casi toda historia clásica de héroes- es el encuentro con un mentor. Un día fue a saludar a su padre a Aeroparque, que había retornado de un viaje al exterior por trabajo. Hasta que posó su mirada en un quiosco de revistas, en donde encontró a Roberto Fontanarrosa –otro gran rebelde- con su típica cara de malo. Sus piernas comenzaron a temblar y sus rodillas a transpirar. Él respiró hondo y tomó el coraje necesario para ir a hablarle.

Al ver a Facundo, el semblante del rosarino cambió y comenzaron a hablar sobre los trabajos de Percio en la SexHumor, la pasión que éste tenía por el dibujo y en el pedido de nuestro entrevistado para que el humorista gráfico pudiera revisar sus trabajos. Éste aceptó con gusto y le pasó su dirección para cuando fuera a Rosario, así tomaban un café juntos. “Gasté lo poco que tenía en fotocopias color de mis trabajos, así se los mandaba en un sobre. Se los envié y, sinceramente, jamás esperé que me contestara, más allá de que guardaba una mínima esperanza”.

Esa ínfima porción de fe se convirtió en realidad. Un día llegó su departamento y encontró una carta con la letra del Negro. Allí había correcciones y consejos tales como "el derecho de piso en este trabajo lleva muchos años" y "tené mucha paciencia". Al rememorar la carta –que guarda como uno de sus tesoros más preciados-, un nudo gordiano se ató en la garganta de Percio, que termina su café de un gran sorbo y mientras pierde su mirada sobre la calle. “Si no se hubiera dado toda esa situación en Aeroparque y él no hubiera recibido mis trabajos, hoy no sé si haría lo que estoy haciendo”.

Como un terco se grabó cada palabra de la misiva a fuego y continuó con su camino.

TRAZOS CON PERFUME DE MUJER

Hay muchas cosas que podrían distinguir al histórico Bar de García, que está ubicado en Devoto y en donde transcurre esta nota. Una de ellas es el paso del tiempo que se observan en las viejas mesas. O el conservar de algunos hábitos, que se observan en las mesas de billar que hay al fondo, ocupadas por hombres grandes, ruidosos y bebedores. Otra singularidad es el hecho de que no haya ninguna mujer en el lugar.

Sin lugar a dudas –y a gusto personal, sepan disculpar el yoísmo-, la figura femenina es uno de los grandes dones que tiene Facundo Percio a la hora de crear. “Siempre me gustó dibujarla. Supongo que la falta de sexo sublimaba por el dibujo, como si un chamán dibujara un bisonte con la esperanza de cazar para la tribu”, recuerda el artista con gracia. Después del 2001 y cuando el dinero no alcanzaba, él incursionó en el negocio del Storyboard, lo que le permitió vivir mucho mejor.

Gracias a los círculos de relaciones y contactos que se generan dentro del mundo de la publicidad, Percio entró en el proyecto de City Hunters. Este consistió en una serie animada que se estrenó en 2006 –emitida por Fox y Telefé-, con una temporada de nueve capítulos y que se hizo para la marca Axe. ¿La trama? Axel -¡originalísimo el nombre del personaje principal!- queda soltero después de que su novia Romina lo deje por su personal trainer. Y después de un accidente de tránsito conoce al Doctor Lynch, que lo recluta para que sea parte de la Logia X, grupo dedicado al estudio de la mujer y el arte de la seducción. El objetivo es que Axel pase de ser un perdedor a un “seductor absolutis”. O dicho por el Doc Lych, “un hombre capaz de entender y conquistar a cada tipología de fémina”.

Facundo fue parte del extenso equipo de dibujantes que viajó un mes a Corea para aprender sobre animación. “Fue estar en un planeta completamente diferente, raro y fascinante”, admite al pensar sobre dicha estadía. Su maestro allá fue Nelson Shin, veterano de guerra, ex animador de la Pantera Rosa en su mejor momento y CEO de Akom Studios –estudio que participó en la animación de Los Simpsons, X-Men, Batman: The Animated Series y The Tick, entre otras-.

Los finos y sensuales trazos de Percio llamaron la atención de los productores, que lo enviaron a la ciudad italiana de Verona para que aprenda el estilo del legendario Milo Manara –diseñador de los personajes de City Hunters- en el lapso de una semana. ¿El lugar? La posada del mismo Manara. Y como el tiempo era menos que poco, Facundo comenzó a gastar lápices y hojas en el avión de ida y después en el hotel.

La primera impresión no fue la mejor: “Al mostrar mis dibujos me dicen ‘Questo e bruto’ a modo de reprobación. Y se puso en duda mi visita”. Sin embargo, la persona que lo llevó le tuvo plena confianza y le pidió que siga practicando. Para que la segunda sea la vencida, Percio trabajó más en las cuestiones estéticas del trabajo de Manara, como la nariz pequeña, las pecas y la boca carnosa, entre otros detalles. El esfuerzo tuvo la aprobación del dibujante italiano y de todos los productores. “No tuve el tiempo de sentarme con él para hablar de la vida y sabemos que él está en otro plano, es un tipo consagrado”, dice Facundo. A pesar del corto tiempo entre ambos, Percio cuenta que aprendió mucho de su trabajo y de la vida en general.

Hoy los tiempos y la sociedad es otra y City Hunters no podría salir al aire con toda esa impronta machista. “Me pedían que haga mujeres delgadas y anoréxicas, mientras yo trataba de hacerlas más pulposas, voluptuosas y reales y esto me llevó a que chocara con los productores más de una vez”, recuerda. Después de esta experiencia, Percio decidió volcar su estilo hacia la sensualidad en todo sentido. “La sensualidad no es sexualidad”, sentencia.

Al poco tiempo de concluir la serie y con el premio ADEPA a la Ilustración por su trabajo en la revista LEA, Percio decidió que al fin era su momento para adentrarse en el mundo de la historieta. “Muchos piensan que un ilustrador no puede ser historietista o viceversa y eso implica poner un ladrillo más en la pared de los preceptos con los que crecemos todo el tiempo”, critica el dibujante. Fue así que conoce al dibujante Germán Erramouspe, que por entonces estaba trabajando en El Hombre Primordial. Germán le pasa el contacto de un joven Matías Timarchi (a quien ya entrevistamos) que ya estaba empezando con Ovni Press. Se juntaron en Lomas del Mirador y Timarchi le pasó un proyecto para unos rusos que finalmente no prosperó.

Sin embargo, la vida suele dar más vueltas que una calesita. Al calor de la playa y el mar de Pinamar, Facundo recibió el llamado de Timarchi en el que le contaba que había una prueba en la editorial Avatar Press para trabajar en una serie llamada Anna Mercury. A pesar de los nervios por no haber hecho nunca una historieta “en serio”, Percio bajó imágenes de mujeres por Internet y mandó dibujos basados en ellas. Como al editor le encantó su trabajo le enviaron la primera página, que estuvo terminada en una semana. De esta forma comenzó a trabajar con Warren Ellis, a quien sólo conocía de oído. En el medio, el dibujante también hizo cosas para Broken Trinity (Top Cow), Fairy Tales (Zenescope) y para los números 13 y 14 de la serie Star Wars (Dark Horse). El universo de las viñetas lo recibió con los brazos abiertos.

LA GRAN BESTIA FASHION

En algún lugar del mundo y en 1985 –probablemente en Inglaterra-, el famoso mánager de los Sex Pistols, Malcom McLaren, pegó onda con Alan Moore, y le encargó un guión cinematográfico. Sin embargo, este nunca entró en producción y, por ende, jamás se realizó y vagó en el olvido durante más de 20 años hasta que Avatar Press, por medio del editor William Christensen, decidieron hacerlo realidad y en formato de historieta. Es así que, gracias a la adaptación del guión por parte del escritor Antony Johnston y bajo la supervisión de Moore, Fashion Beast salió a la luz en 2012. Primero en diez números y luego en formato recopilatorio. Cabe destacar que el arte también cuenta con los colores del artista argentino Hernán Cabrera.

La obra –que es una revisión del mito de La Bella y La Bestia- está ambientada en un futuro distópico donde la sociedad vive atemorizada por la posibilidad de una guerra nuclear. Allí se nos presenta a Doll, un personaje bello y andrógino que sueña con el estrellato y el glamour de las pasarelas; a Jonni, un diseñador; y a Celestine, el mejor diseñador de moda de la historia que vive recluido como un ermitaño y del cual se rumorea que está desfigurado. En el medio hay personajes transgénero y mucha crítica social.

En aquel entonces, Percio estaba fascinado con la obra de Ellis y quería más. Fue así que se le presentó la oportunidad de juntarse a hablar con Christensen y Johnston sobre el nuevo proyecto en una edición estadounidense de la Comic Con, el cual el dibujante argentino aceptó con gusto y con orgullo. Su primer motivo fue por el hecho de que la obra partiera desde un guión cinematográfico y tuviera el visto bueno de Moore. “Todos sabemos que él detesta las películas que se basan en sus obras y que no quiere recibir un mango por ellas”, agrega. El segundo fundamento fue musical, ya que su pasado como músico le pesó al saber que McLaren estaba incluido en la iniciativa. Incluso fantaseó con que el mánager británico lo leyera, pero un derrame cerebral producto de un tumor lo hizo imposible.

La única condición de Percio fue que lo dejaran trabajar tranquilo, ya que estaba abocado a la obra que desarrollaba con Ellis. En ese entonces sólo le llegaron los primeros tres números de la segunda parte y luego no recibió nada más. Hasta que un día recibe un email del editor de Glénat preguntándole si sabía algo sobre la serie porque el editor de Avatar dejó de contestarle. En un manejo rarísimo y sin previo aviso, Anna Mercury había sido cancelada. Lo que supuso más tiempo para Fashion Beast, que llevó unos tres años de elaboración.

Mucho se dijo sobre la supuesta excesiva supervisión de Moore para con sus dibujantes, pero Facundo la niega… de momento. “Sé que con el editor sí fue hinchapelotas, pero conmigo fue absolutamente respetuoso y siempre me apoyó”, cuenta. La falta de Internet por parte de Moore hacía que las felicitaciones de él hacia Percio llegaran por medio de Christensen. Al margen que desde Avatar debían llevar las enormes páginas terminadas por correo hacia Northampton para que el guionista las aprobara.

La recepción fue mucho más que aceptable y en tiempos frívolos de Instagram, Facebook y en donde es más importante aparentar que ser, Fashion Beast demostró ser más actual que nunca. “Mientras tiran bombas en Corea o en Siria, nosotros estamos en la pasarela de la estupidez. Y compramos el miedo que nos venden todo el tiempo”, critica el artista. En este sentido, también reprueba el contenido de las redes sociales, en donde se observan vacaciones en lugares paradisíacos, personas siempre felices y maravillas estéticas. “Es un error pensar que todo eso es la vida real”, agrega. Y sentencia: “El guión de Moore y McLaren estaba muy adelantado a su época, con lo cual es posible que le vaya bien el día de mañana”.

Desde lo artístico también supuso todo un desafío. Allí Facundo se basó en el androginismo. Es así que podemos ver a Doll, una mujer que parece un muchacho; y a Jonni, un muchacho que parece mujer. Y en cada personaje trazado, la sensualidad de Percio está más que marcada. “Esta obra me afectó a nivel laboral, estético, ideológico y filosófico porque es una novela muy extraña, con personajes que no tienen que ser voluptuosamente bellos. Lo que la hace muy política el hecho de ir en contra de la estética.”, conceptualiza con la rebeldía a flor de piel.

La aprobación y la felicitación de Alan Moore se transformó en una carta que un día Facundo encontró en su casa, acompañado de un libro. Primero Fontanarrosa y después Moore, dos misivas atesoradas que están a buen resguardo. Alan aceptó mi trabajo y para mí es más que suficiente”, sentencia Facundo.

Dos años después, los caminos del dibujante y el escritor se volverían a cruzar para hacer "God Is Dead: The Book of acts" (2014). En este número, nuestro entrevistado no tuvo un editor de por medio que lo salvara del mago inglés, que le envió decenas de páginas de explicaciones de lo que tenía que hacer para realizar un total de diez páginas. “Esta es la única historieta que Moore escribe para mí y para la que me envió fotos de su casa, para que pueda hacer un plano dentro de la secuencia en donde él aparece por el buzón de correo y sale a su hogar”, narra el artista. Cabe destacar que, gracias a los raros desmanejos de la editorial, Facundo jamás vio su obra terminada.

En ese mismo tiempo, Percio también participó de las series "Caliban" y "Yuggoth" (ambas con Garth Ennis). Sin embargo las ganas no eran las mismas y luego de trabajar con el escritor de Northampton comenzó a bajonearse por no “encontrar la chispa”. Además de que el método de trabajo en Caliban le resultaba molesto: “Como el editor y Ennis estaban interesados en trabajar con actores reales me pidieron que el villano debía ser Kevin Spacey. Y ya estaba en una crisis muy grande, al margen de que me hincha mucho las pelotas copiar desde un monitor. Porque es una señal eléctrica que te distrae”.

El caso Mercury y God Is Dead -más otros en los que Percio no quiso ahondar- hicieron que finalizara su etapa en Avatar Press: “Hace años que no trabajo más para dicha editorial porque se portaron mal conmigo. Muy mal.”

LA VUELTA CON EL ELIXIR

Alan Moore. Milo Manara. Nelson Shin. Garth Ennis. Warren Ellis. Todos nombres y apellidos rutilantes que brillan en el currículum vitae de Facundo Percio. Sin embargo, él no se la cree, como aquel niño humilde de Trelew y de Bahía Blanca que prefería asistir y hacer brillar a sus compañeros. “Tengo preferencia por trabajar con personas con las que pueda intercambiar ideas y tomar un café”, referencia el artista, e incluso recuerda: “A Ellis me lo crucé en una New York Comic Con y no pegamos onda”.

Hoy tiene una deuda pendiente y es publicar en Argentina, poder trabajar a través del contacto humano y del intercambio de momentos. Totalmente diferente a la frivolidad con la que se venía desempeñando para el mercado norteamericano. En este caso ejemplifica con Beatnik Buenos Aires (Hotel de las Ideas, 2018), el que elaboró junto al guionista Diego Arandojo y en el Bar de García, con cafés y horas de por medio. “No me importa si ganaron el Yellow Kid o si recién terminan la carrera de abogacía. Si tienen una buena historia, que es lo que más me interesa, lo hacemos”, agrega. Cabe destacar que también participó en Antología Zombie junto a Mauro Mantella (Ovni Press) y Hounds, con Rodolfo Santullo (Pictus).

Entre tantos apellidos pomposos que lo atravesaron, todavía hay gente con la cual le encantaría trabajar: “Hace rato que me gustaría hacer una novela seria con Diego Agrimbau. De hecho, trabajaron juntos para la revista española Kiss Comix haciendo historietas porno. Esta vez, Percio aumenta las expectativas y la apuesta. “Siempre me interesó ser un dibujante en el sentido integral. Además de tener una relación con el guionista, sea Agrimbau, Alan Moore o Arandojo, porque para mí es lo mismo”.

A pesar de la triste crisis política y económica que atraviesa el país, Percio hace bandera de su rebeldía y no baja los brazos: “En épocas de crisis, la imaginación al poder. De hecho, veo a mucha gente joven que edita libros, artistas que ponen su editorial y publican acá y afuera. Eso habla de un espíritu de rebeldía, de cooperativismo y de que hay mucho talento. Todo eso me llena de ganas”.

Más allá de las ruidosas mesas de billar y de las bocinas de los autos, hay muchas historias por contar. Y que seguramente aguardan los trazos de Facundo Percio, el rebelde del Sur.

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