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El mundo oculto de Mauro Mantella

El efecto Mantella - Segunda parte

Por: Maximiliano Britos - 05 Feb 2020 Se lee en: 11 mins
El mundo oculto de Mauro Mantella

En "El mundo de Mauro Mantella", entrevistamos al guionista, hablamos sobre su proceso creativo y carrera. Ahora, les presentamos la parte oculta del mundo de este guionista, donde Maximiliano Britos (MB) y Damián Pérez (D), intentan ahondar en su cabeza, y sacarle algunas declaraciones interesantes sobre su perspectiva del mundo y la forma en que trabaja su mente.

MB ─En Argentina la mayoría de los escritores y dibujantes son (o se creen) autores integrales. NO es tan común que se agrupen demasiados escritores con dibujantes de la actualidad. ¿Es complicado el tema de ser guionista y no usar el lápiz?

MM ─La proliferación de autores integrales era inevitable, y creo que es por el tema guita. Y la mayoría de los que logran concretar una obra y que exista son los que se dibujan ellos mismos. Si vas a esperar que alguien te dibuje algo sin pagarle un peso con la promesa de editarlo y plata futura... es un parto o un milagro. También venimos de una época donde la figura del escritor estaba un tanto devaluada, como algo meramente secundario, un mal necesario que venía a tapar el dibujo con globos y que solo proveía un esqueleto argumental para que -la verdadera diva- el dibujante se luzca. Y gran parte de la culpa de eso creo que lo tuvo el famoso “Método Marvel”, donde el guionista solo armaba un plot y el dibujante le daba forma y resolvía el 90% del asunto, que es lo que pasó con Jack Kirby, solo que ahí le salió mal y ahora, los miles de nuevos fans de Marvel por las películas ni sospechan quién fue Kirby y le dan todo el crédito a esa inmundicia humana que era Stan Lee. Por suerte los tiempos cambiaron, pero igual percibo algo de esa mentalidad cuando veo gente que se asombra de que un guion esté bueno o que opaque al dibujo, o también cuando asumen automáticamente que hacer comics es sinónimo de dibujarlos.

MB ─Contanos un poco de dónde sacás todas esas ideas delirantes (que para mí no son tan delirantes).... Conspiraciones y todo eso. ¿Hay algo que te genera alguna curiosidad en los temas que tratás? ¿Es algún tipo de creencia?

MM ─No, No. Tengo etapas. Me interesa un tema y me saturo y cuando ya la copa rebalsa, lo vuelco en la historia.
En esa etapa escribí El hombre primordial, estaba muy cebado con el esoterismo Rosacruz. Me leí como 10 libros de eso, demasiado. Y sobre todo, estaba cebado con el Concepto Rosacruz del Cosmos, de -Max Heindel- que, creas o no, es un libro que hay que leer, tiene una visión cosmológica espectacular. Más espectacular si llegase a ser mentira. Heindel era el vocero oficial de los rosacruces.
Estando sumergido tanto en lo Rosacruz como en lo religioso/esotérico/cabalístico -y la crítica religiosa-, así que volqué todo eso en El hombre primordial. Me di cuenta que tengo etapas de unos 10 años obsesionado con un tema, lo vuelco... y cambio. Después estuve obsesionado con las conspiraciones, hasta que me llené la cabeza, hice intolerable la vida y lo volqué en una historia (Monarch). Me costó un huevo, pero lo logré. Y ahora estoy sumergiéndome en la epigenética y lo bioneuroemocional, por que tarde o temprano mi obra empezará a teñirse de eso imagino.

Conspiraciones en Monarch.
Conspiraciones en Monarch.

MB ─Pero, ¿hay algo en lo que vos creas, indistintamente de que te interese... o lo tomás todo con pinzas?

MM ─Yo no creo en nada. Manejo porcentajes variables de lo que me parece que puede ser verdad pero con lugar para cambiar de opinión ante nueva información. No soy ateo ni creo en Dios. Y llamarme agnóstico... tampoco. Pero es este momento de mi vida sospecho que hay un 80% de probabilidades de que sí exista una inteligencia creadora. De ahí, que sea la que nosotros soñamos o nos gustaría que sea, hay un largo trecho. Me parece que hay muchísimas conspiraciones -incluso las más delirantes- que tienen un gran porcentaje de ser verdaderas. Explican mucho el mundo, pero mayormente decido no creer en nada porque creer es anclarse. Empieza a jugar el ego y después, si te das cuenta que estabas equivocado, cuesta un huevo admitirlo. Entonces, prefiero ir variando según las ideas nuevas que vengan. Es muy maleable lo que creo, mayormente voy pinchando todo en una pizarra mental. Algunas ideas/creencias las pongo en la zona de las ideas/creencias a las que no les tengo mucha fe pero por ahí son verdades. A las que siento más probables las pongo en otro lado junto con las que me parecen más viables, y así lo voy manejando. Intento mantener mis creencias (o más bien teorías) de forma fluida y con todo el carácter contemporizador que pueda. Sino después tenés que defender un punto de vista para no sentirte estúpido, y no tener capacidad de cambiar de punto de vista es el peor enemigo del pensamiento. Muchísimas cosas de las que pongo en Monarch las creo, demasiadas. Es más, a veces bromeo diciendo que lo único irreal en Monarch son los superhéroes. Después, de un modo u otro lo demás puede ser verdad, lamentablemente. Un mundo aterrador, pero bueno. La realidad confirmará o negará.

MB ─Usás Wi-Fi?

MM ─(risas) Sí. Hay que conocer al enemigo desde adentro.
Las ideas las saco de todos lados. Leo comics, libros, escucho podcasts, películas, youtubers, animés, videojuegos. Estos últimos, los videojuegos, llegaron a un nivel en el que demasiadas veces encuentro mejores historias y cuestiones más innovadoras que en los comics. Se aprende bastante sobre “narrativa alternativa” jugando, como el tema de las recompensas visuales y cosas como esas, y actualmente hay mucha más experimentación que en mis amados comics tristemente.
Todo lo que me genera interés lo abrazo, y trato de saltarme las taras generacionales y no ser ese tipo de creador que odia o no entiende todo lo que no sea de “su época”. Mi época es el presente. Puedo disfrutar lo que sea si reverbera en alguna parte de mí, desde El Rubius hasta True Detective.

MB ─Hablando de generaciones de lectores...

MM ─Hay que encontrarle el valor a todo y estar abierto y atento. Sobre todo porque el escritor... Hmm, es un suicidio si te cerrás solo en tu generación. Tenés que entender a las nuevas generaciones pero no por márketing. Además, nuestra generación tampoco es como para estar muy orgullosos.

...me parece que ofender es maravilloso. Ofender es súper necesario, te hace replantear un montón de cosas removiendo la mierda.

D ─¿Creés que tus historias se encontraron con lectores de otra generación?

MM ─Puede ser, y me encantan los nuevos lectores. Gente mucho más abierta, con otra cabeza, no tan Columbada. Hay una grieta en el comic nacional. Los que odian a los superhéroes y los que los aman.

MB ─¿Y sobre la corrección política actual? Hay muchas cosas que ahora no "podés" contar.

MM ─Pronto no se van a poder escribir villanos porque ningún personaje va a poder hacer cosas mala y ofensivas. Si uno relee obras propias antiguas y siente que se zarpó... No sé, yo no me arrepiento de lo que hago porque a pesar de las sensibilidades actuales, me parece que ofender es maravilloso. Ofender es súper necesario, te hace replantear un montón de cosas removiendo la mierda... También Hay historias que no se pueden contar si tenés que apegarte a la corrección. Sin olvidar que la tarea de todo artista que quiere aspirar a cierta reflexión sobre la vida y la gente, es tiene que meter el dedo en el culo. Hay que compartir visiones y ampliar la propia. Terry Gilliam es una de las personas que más admiro y hace poco me enteré que también piensa de esta forma. Es orgásmico coincidir con alguien a quien admirás.

D ─En la última Crack Bang Boom hubo una suerte de mesa redonda que se comentaba el estado actual de la historieta en el ambiente argentino. Muchas posiciones distintas. ¿Vos tenés una opinión?

MM ─Odio esos temas.

... me encantan los nuevos lectores. Gente mucho más abierta, con otra cabeza, no tan Columbada.

D ─"La crítica son trolls de internet", dijeron en un momento.

MM ─Nefasta opinión. El sumum de la negación del contrapunto de la opinión ajena. Huelo millennial caprichoso/a que patalea porque el mundo y la vida no es el hotel 5 estrellas que los medios le dijeron mientras crecía y que quiere despedir a alguien cuando no le cambian las toallas.
La crítica es esencial para mantenerte atento a tus defectos o puntos flojos si es argumentada.

El Wi-Fi.
El Wi-Fi.

MB ─En Monarch hay pedofilia, zoofilia, torturas a niños, violaciones... Me ofendés, Mauro. Qué horror (risas).

MM ─Ofender está bueno, el ofender es el mejor método de detección de imbéciles, el que se ofende no sabe pensar y es un intolerante, el que tiene algo en la cabeza no se ofende, considera que piensa diferente y que está bien que haya mucha gente que también lo haga. Aparte siempre en la ofensa hay algo de cola de paja, como decía Bill Cooper: “Si esto te ofende… significa que está bien dirigido hacía ti”.

MB ─Claramente se nota en Monarch que te preocupás en cubrir todas las áreas que puedan ofender. Y tocás casi todos los temas recurrentes de la actualidad. ¿Sentís que faltó algo?

MM ─Creo que no, solo faltó ahondar en reptilianos, pero porque es algo que se volvió muy meme, muy tópico de las conspiraciones. Otro ícono cultural como los agujeros negros, no sé, muy manoseado. Lo traté desde el modo más sutil posible. No quise ahondar porque está muy quemado.
Igual para nada la intención de Monarch fue la de ofender como bandera. Sino la de ser lo más directo y natural posible con mi visión actual del mundo.

MB ─Segunda venida, los Annunakis. Hiciste lo mismo.

MM ─Sí, noté ciertos paralelismos con El hombre primordial, pero no fueron intencionados.

Soy enemigo de decir que todo ya está inventado.

MB ─Contame un poco cómo es el tema de la selección de canciones que incluís en tus comics.

MM ─Soy un director de cine frustrado. Toda escena que pienso no puedo evitar sentir que quedaría 10 veces mejor filmada. Ya lo había hecho en Tiempo 5, que tiene una lista de soundtrack sugerido. En Monarch lo usé porque quería un recurso extradiegético que le agregue una capa de significado. Ya sea porque la canción es de simbolismo MK-Ultra, el artista lo es, o la letra sugiere algo o complementa la escena, o presagia algo. O porque el video tiene algo satánico, o el artista es una víctima, etc.
Por ejemplo, la primer canción de la historia de “Viva la Vida” de Coldplay, y la puse mitad porque tiene un video desbordante de simbología satánica bastante críptica, con el cubo negro saturnino y demás, y mitad como efecto irónico por el título en contraposición a todos los horrores que la historia va a contar y mostrar. También al ser un tema plagio del “If I Could Fly” de Joe Satriani, le suma algo negativo,  lo que será sanado al final de la historia cuando “suene” el tema original ya citado.

MB ─¿Son canciones que tenías en mente o fuiste buscando?

MM ─Algunas sí y otras no. Las tenía en mente pero voy recopilando siempre.
Canciones de Lady Gaga iba a haber, así como también un personaje inspirado en ella (Beta-K). O en Miley Cyrus, como Polifema. Lo más loco del asunto es que, después de que diseñamos a Polifema, Miley hizo una sesión de fotos con aspecto casi idéntico. Shit is gettin’ real, mofos.
Volviendo al tema de poner a reproducir la música mientras leés... Un amigo me dijo que lo entorpecía, como que no le sumaba sino que le restaba. Lo distraía. También era de esperarse.

MB ─Hay gente que necesita silencio para leer.

MM ─Cierto. Y aunque la gente no ponga el tema, si lo conoce, capaz le suma igual. En general trato de que siempre esté relacionado con algo importante. Cuando liberan a cierto personaje en Monarch y suena Candle in the Wind de Elton John, una canción que le hizo a Lady D, otra esclava que se les iba de las manos.
También durante cierto tiempo me pareció poco viable lo de sugerir música, pero ahora, que todos vivimos con algo en la mano que nos permite escuchar prácticamente cualquier tema existente en el acto, creo que está más propicio el asunto.

MB ─Tenemos que hacer las anotaciones. Me re sumo.

MM ─Te tomo la palabra.

D ─¿Hay cosas que no experimentaste en la narrativa y te interesaría experimentar?

MM ─Sí, un montón de cosas. Cosas tipo gifs, probar mucho digital. Que no solo se pueda leer de izquierda a derecha, sino tipo crucigrama, o que el diálogo cambie... Si tocás viñetas ocultas, que aparezcan... es como que del único modo que me entusiasmo es si experimento, como un masoquismo de regodearme en la dificultad.

MB ─¿Alguna obra que te rompa la cabeza?

MM ─Si leés Promethea llegas a la sensación de que Alan Moore agotó todo, subió la vara demasiado alto. No creo que haya dibujantes o escritores que terminen de leerlo y no se quieran pegar un tiro por el nivel que alcanza. Es fantástico.
Soy enemigo de decir que todo ya está inventado. Promethea es descorazonador por el nivel intergaláctico al que llegó. Cada número es un acierto en lo narrativo y lo hacen funcionar, y encima lo dibujan como los dioses.

MB ─Y ya que mencionamos a Moore. ¿Hay magia en tus trabajos?

MM ─Podría decirse, pero no en el sentido del elogio, sino en el de ciertos procedimientos.
En dejar siempre suelta la parte irracional que te sugiere cosas que por más que no desborden de lógica terminan teniendo más alma y gracia que las ideas racionales. También se siente mágico el procedimiento en el sentido de que a veces siento que es como preparar un (alto) guiso, que ponés unos gramos de esto y aquello con la seguridad de que nadie lo va a notar, pero que igual suma al gusto final. Ejemplo de esto es la compulsión incontrolable que tengo de que cuando hago algo sobre un tema determinado, voy a incluir un guiño de cada obra anterior existente que haya tratado el mismo tema, aunque más no sea como un nombre en una marca de té que aparece en segundo plano, o cosas así. No sé, siento que cosas así es como convocar las energías de cosas afines que existieron antes y suman algo difícil de explicar.

Veamos cómo es el mundo realmente.
Veamos cómo es el mundo realmente.

D ─Los "condimentos" le dan más capas a la obra.

MM ─Claro. Uno hace el comic que le gustaría leer. A mí me gusta sentir el esfuerzo, lo siento muy palpable cuando el escritor solo se preocupó en los diálogos y quiere que el dibujante resuelva todo. Me gusta el escritor que te hace notar que pensó todo. La atmósfera, narrativa, guiños, otras capas, y que puso esfuerzo para que en cada viñeta haya algo especial, sea una idea, un simbolismo, el enfoque o información subtextual. No el que hace un guion en 3 días y ya está. Siempre prefiero que sobre y no que falte. Me gusta el escritor que es escritor porque tiene algo interesante que decir y no porque solo quiere ser parte del asunto.

MB ─Sobre el tema de las referencias y simbolismos: Monarch está lleno de ellos, si estás metido en el tema los ves. Otra persona capaz no ve esas sutilezas porque le interesa poco y nada. ¿Pensás que no identificar estas referencias suma o resta en algo la experiencia de la lectura?

MM ─Tenés que asegurarte de que la obra se entienda superficialmente. El que entienda un poco más, disfrutarás más. Como la vida, más disfrutás y más sufrís, se te sensibiliza el órgano por los dos extremos. El que lo capte... le sumará. El que no sepa nada de conspiraciones y esas cosas locas, tengo la ilusión de que va a entender igual la historia en general. Capaz me equivoco, por eso quiero esperar a que termine para ver qué tiene para decir el público. Los que queden cuerdos al menos.

Los millennials mamaron de lleno todo lo malo de la élite gobernante y de su principal herramienta que son los medios masivos de comunicación, con su consumismo, estupidez, banalidad, nihilismo cool, corrección política, etc...

MB ─Capaz podés generar un interés.

MM ─Hay que intentar siempre estimular al lector. Que no conozca una palabra y vaya a buscarla y la aprenda, para mí, es un logro enorme. Hay mucha gente que consume cultura solo por el medio del entretenimiento masivo, así que al menos tratemos de condimentar el alma colectiva, sino somos cómplices del estancamiento espiritual e intelectual.

D ─Hay un montón de gente que no lee para nada pero le resulta más interesante leer una historieta que un libro. El hecho de que haya sustancia en lo que está leyendo... ¿Es un valor agregado?

MM ─Desde ya. Podés hacer que gente que no sabe ciertas cosas, se interese y abra el espectro. No quiero pecar de parecer que como escritor o artista, somos superiores y venimos a iluminar. Solo hacemos nuestro pequeño aporte. Hay que tratar de hacer que el mundo sea un poquito menos excrementicio de lo que ya es.

MB ─¿Y darle al público lo que quiere en lugar de lo que vos querés dar?

MM ─Cuando empezás a pensar qué es lo que funciona, qué es lo que vende, qué es lo que le gusta a los editores, qué se está consumiendo... se va todo a la mierda, al menos la creatividad. Destruís la expresión artística. Si algo tengo claro es que todo artista solo tiene que concentrarse en entender qué es lo que vino a contar y que solo él en todo el multiverso puede contar de determinada manera. Empezar a mirar para el costado y compararse es suicida.
Es una decisión que tenés que tomar y bancártela.

MB ─O sea que nada de vender tu alma para llegar a distintas generaciones o público masivo.

MM ─Depende de lo que busques. No es tan blanco o negro ese asunto. Lo ideal sería llegar a mucho público por tu calidad y no por tu astucia. Y cuando logro gustarle a algún centennial ya es un logro enorme para mí. Que a un pibe/a de 14 o 15 que le guste lo que hace este boomer... es un orgullo.
Hay esperanzas para los escritores.

MB ─Centennials vs Millennials. Elegí.

MM ─Siento que los centennial están menos hechos mierda. Los millennials mamaron de lleno todo lo malo de la élite gobernante y de su principal herramienta que son los medios masivos de comunicación, con su consumismo, estupidez, banalidad, nihilismo cool, corrección política, etc... les tocó lo peor. A los centennials los siento mucho más potables y despejados, me parece, como con menos lastre. Por más que sigan siendo víctimas del aparato sociocultural, veo más esperanza. Me resulta mucho más refrescante charlar con alguien de 15 años que con alguien de 25, tristemente. Los millennials son como 1984 en su estado más puro. Hablando de la mentalidad millennial en general, obviamente. Del grueso que más representa sus peores rasgos.

MB ─Creo que nos quedamos sin preguntas. ¿Algo que agregar?

MM ─Les agradezco el momento ameno, se sintió más como una charla entre amigos que una entrevista formal.

Y así acabamos con la entrevista a Mauro Mantella, con promesas de asados venideros, intercambio de historietas, anotaciones y muchas, muchas historias por contar. 
 

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