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Historieta Argentina

“El Ziggurat” de Mazzitelli y Alcatena

Reflexiones políticas desde la antigua Sumeria

Por: Facundo Vazquez - 02 Sep 2019 Se lee en: 4 mins

La semana pasada, Historieteca y Puro Comic sacaron a la venta “El Ziggurat”, otra de las obras que la incombustible dupla formada por Eduardo Mazzitelli y Enrique Alcatena (entrevista exclusiva acá) produjeran para el mercado italiano.

La serie de ambientación sumeria consta de cinco capítulos de catorce páginas, fue publicada originalmente por "LancioStory" en el año 2002 y permanecía inédita en nuestro país. El volumen incluye además “El viento rojo”, una obra unitaria que también transcurre en la antigua Mesopotamia y que tiene la particularidad de haber sido la primera historia autoconclusiva que la dupla publicara allá por el año 1995 en “Skorpio”.

A pesar del tiempo transcurrido, la presente edición demuestra que tanto el arte como la historia son de absoluta actualidad y su publicación en Argentina era necesaria y oportuna.
Volveremos a ello más adelante pero ahora, vamos al análisis.

El arte

Alcatena está roto. No sé qué esperan para nerfearlo.
Este tomo se suma a los varios que se pueden conseguir actualmente en las librerías, como “Hexmoor”, “Rococó”, “La luna del toro”, “Dugong y Manatí” y que demuestran que siempre... pero siempre, sea cual sea el periodo, el género o el registro de la obra, Quique va más allá de las expectativas aun del lector más exigente. Es como si los años de oficio y de búsqueda constante de un crecimiento artístico hubieran acabado por dotarlo de todas las respuestas. Ahora, a cada desafío que propone la historia, Alcatena puede resolverlo con soltura y maestría, con un estilo único y constantemente renovado.
¿Vieron la trama de pluma característica de Moebius? ¿La de Crumb, Peiró o Hernández Palacios? ¿Esa forma de construir la ilusión de las sombras y los volúmenes que es tan personal y nos permite reconocer a un gran dibujante viendo apenas media viñeta?
Bueno... Quique no tiene una... tiene mil.
Quique tiene la trama perfecta para el metal, para la piel, para el agua, para el ladrillo (que no es igual que la piedra y tiene su propia trama), hasta para el cielo o el viento. Es un dios de la tinta. Incluso a aquellos que lo seguimos desde hace años, no puede dejar de sorprendernos con cada nueva obra que produce.

El poder detrás del rey
¿Cuál es el poder detrás del rey?

En este caso, la antigua Sumeria le sirve como disparador para homenajear a otro de los grandes maestros de nuestra historieta que es Lucho Olivera, el dibujante original y co-creador de Nippur de Lagash. Así que la obra está repleta de pequeños guiños (algunos más evidentes y otros más velados) a esa obra magna del noveno arte. El capítulo central hace explícito el homenaje con una dedicatoria y una re versión de la portadilla de la aventura de Nippur titulada “Mi nombre entre los bárbaros” pero el amor por el estilo de Lucho puede verse en docenas de pequeños detalles, desde la forma de resolver las arrugas de un anciano, hasta la manera de plantar el sol en una viñeta.

En este tomo Alcatena también reproduce y amplía un texto que publicara hace unos años en su blog personal, en el que analiza desde el cariño y la devoción el impacto que la obra de Olivera tuvo en su formación como artista. Muy emotivo leer a un maestro reconociendo a otro.

La historia.

El regreso de Pazuzu (el rey sumerio de los demonios que también aparece en “El exorcista” de William Blatty) a la Tierra, pone en marcha dos historias paralelas que van a confluir en un choque final:
Por un lado, la historia de Shukalituda, un pusilánime patético que un día, contra todo pronóstico, se ve convertido en rey. Por el otro, la historia de Lugal-Kan, el rey exorcista en su eterna lucha contra los demonios.
Estas dos historias, harán que la narración se construya sobre un marcado contraste porque, mientras el heroico Lugal-Kan es un personaje digno de la épica, la falta de virtudes remarcables en Shukalituda lo hace más merecedor de una comedia. Pero además, este contraste implica una profunda reflexión política y moral sobre el poder.
Buscando el poder que le permita enfrentar a Pazuzu, Lugal-Kan se enfrentará a la disyuntiva de convertirse él mismo en un demonio.
Manipulado por Pazuzu, Shukalituda cometerá homicidios, arrasará pueblos, esclavizará naciones, incendiará templos, no obstante, el narrador dirá:

”Shukalituda no es malo. Tonto, ignorante, inocente, despistado; quizá. Pero no es un mal hombre.”

Lo que ocurre es que ese personaje ridículo y hasta cómico en su mediocre estupidez, puede resultar tremendamente dañino al acceder al poder.
Como anticipaba al comienzo de esta nota, la obra remite directamente al contexto en el que se produjo: el final del gobierno de Fernando De la Rúa (a quienes muchos consideraban ingenuo y despistado pero un buen tipo en el fondo) que deja 39 muertos por la represión policial y al país en su crisis económica más profunda.

ziggurat pazuzu
Este no es el típico combate entre el bien y el mal

No somos niños. Acá no hay una moraleja al estilo de la literatura didáctica infantil. A lo sumo podemos esperar que el texto nos haga reflexionar y a mí, me dejó lleno de interrogantes ¿Cualquier alianza es válida para enfrentar un mal mayor? ¿Tiene sentido preguntarse si un mal gobernante es malvado o simplemente imbécil? Tal vez no. Porque puede hacer el mismo daño en ambos casos. Tal vez, la verdadera pregunta que habría que plantearse es ¿Cuál es el poder detrás de esa persona? ¿A quién sirve? ¿Lo sabemos? ¿Será como dice el propio Lugal-Kan?

“Solo existe el bien y el mal. La naturaleza, el azar y las personas son nada más que las herramientas de las que se sirven ambos”

Valoración final

Diecisiete años transcurrieron desde la publicación original de este “El Ziggurat”. Muchas cosas han cambiado. Ese sentido homenaje que Quique le dedicara a Lucho Olivera, hoy nos duele un poco más sabiendo que el papá de Gilgamesh y Nippur nos dejó en noviembre de 2005.
Otras cosas, inexplicablemente, parecen repetirse de forma cíclica como si ni todas las fábulas y las parábolas del mundo alcanzaran para que los argentinos aprendamos algunas cosas básicas. Por eso, regreso a mi apreciación inicial: además de un deleite artístico, esta obra es necesaria, oportuna y profundamente actual.

No la dejen pasar.

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