Entrevista a Marcos Vergara
Historieta Argentina

Entrevista a Marcos Vergara

Diez años de locura y rabia

Por: Facundo Vazquez - 11 Abr 2018 Se lee en: 8 mins

A partir de este viernes comienza el ciclo de eventos “10+10 son 30” que celebra, entre otras cosas, los diez años de vida de la editorial argentina “Loco Rabia” (toda la info acá). Nos adelantamos a los hechos y conseguimos una entrevista exclusiva con Marcos Vergara, codirector -junto con Alejandro Farías- de uno de los sellos más prolíficos y relevantes del panorama argentino actual.

FV ─Cuando ustedes aparecen en el mercado, Argentina venía de casi dos décadas en las que todos los proyectos editoriales relacionados con comics parecían destinados a fracasar. Cientos de intentos de publicar en diferentes formatos habían terminado en la nada. Hasta tal punto, que cuando uno veía una nuevo sello editorial lo miraba casi con lástima calculando desde el inicio su pronto fallecimiento. Y acá estamos… celebrando los diez años de “Loco Rabia”. La pregunta puede sonar muy trillada pero ¿Cuáles creés que son las claves de su éxito? ¿Hasta qué punto considerás que ese éxito obedece a cambios que se produjeron en el mercado argentino y hasta qué punto es mérito de ustedes que le encontraron una vuelta que otros no habían sabido ver antes?

MV ─Sin duda alguna hubo un cambio en el mercado, un público que se formó gracias a todas esas pequeñas y medianas editoriales que la pelearon, de las que quedaron pocas pero que fueron sentando las bases para que exista el mercado que hay hoy. Tuvimos la suerte de surgir en el momento indicado. No puedo dejar de nombrar a Domus o a La Productora como unas de las que más ruido hicieron y de las que tomamos ejemplo.

Nuestra ayuda más importante, sin duda (y aparte de la de las personas que compran nuestros libros) fue la de los autores, que confiaron mucho en nosotros y nos brindaron su material con un apretón de manos como todo contrato. Sin ese apoyo no podríamos haber llegado hasta acá.

Nuestro mérito, si es que lo hubo, fue actuar paso a paso, sin grandes expectativas pero aprovechando toda oportunidad. Durante años toda la ganancia fue destinada a acrecentar el catálogo, gracias a que tanto Ale como yo tenemos nuestros ingresos por otro lado. Y algo muy importante fue la indetenible energía que tiene Alejandro a la hora de buscar subsidios y apoyos, que nos permitieron llevar adelante colecciones como Teatro en Viñetas o los libros que hacemos junto al CCEBA, así como nuevas formas de distribución y la resolución de todo tipo y variedad de cuestiones que se van presentando.

FV ─Recuerdo que el primer librito de ustedes que me llamó la atención fue “El campito” de Agrimbau y Gutierrez. Un trabajo de un autor nuevo pero relativamente conocido, una historia localista con pinta de autobiográfica, un formato chiquito y relativamente económico… Como vos dijiste recién, algo muy parecido a lo que venían haciendo en “Domus” o “La Productora” ¿Cómo fue para vos pasar de eso a tener uno de los catálogos de historieta más grandes del país?

MV ─Con Alejandro nos planteamos mucho ese paso porque, como suelo contar siempre, hicimos la editorial para sacar un solo libro, el primero que fue “Traición”, así que todo lo que vino después fue inesperado. Después, cuando vimos que la cosa funcionaba, ahí sí empezamos a buscar un crecimiento, pero siempre con la idea muy cabal de que todo era un plus al plan original. Espero que nunca perdamos esa capacidad de asombro.

Algunos de los primeros títulos publicados

FV ─Por cierto: su catálogo editorial incluye material infantil, humor gráfico, clásicos argentinos, autores nuevos tanto del país como del exterior ¿Vos dirías que existe una “línea editorial” que los define? ¿Cuál es el criterio con el que seleccionan una nueva obra a publicar?

MV ─Siempre tuvimos en claro que íbamos a publicar todo lo que nos gustara, y nuestros gustos son muy amplios. Si tenemos una línea editorial, es tan abarcativa como nuestras preferencias. No hemos incursionado en las historietas de superhéroes o en el manga porque son géneros muy grandes y que no vamos a poder abarcar, al menos por ahora, pero también nos gustan. Lo mismo pasó con la colección infanto-juvenil “Loquillos” que arrancó recién el año pasado, después de muchos años de meditarla, esperando a que la editorial tuviera la estructura como para permitírselo. Nuestro catálogo se viene acrecentando en unos 15 títulos por año, es mucho, por lo que, lo que tenemos, son diferentes líneas como la de autores clásicos argentinos, los emergentes y debutantes, los extranjeros, el humor, etc.

FV ─Tocando de oído, uno tendería a pensar que algunas obras representan una apuesta más segura y otras implican un riesgo mayor. Digamos… publicar autores consagrados como “Inspector Bull” de Albiac y Lalia; “Viejos canallas” de Trillo y Mandrafina o alguna de la dupla Mazzitelli-Alcatena supondría tener cierto volumen de venta asegurado ¿Esto es así o a veces la novedad termina vendiendo más que lo super reconocido? ¿Hubo alguna obra que los sorprendió por lo buenas o malas que fueron sus ventas?

MV ─Si, sucede muchas veces, en realidad es muy difícil predecir qué va a suceder con un título. Creo, si no me falla la memoria, que la primera gran sorpresa fue "Aloha", de Maco, una ópera prima de una autora de Uruguay que vendió mucho, luego se publicó en España e hizo un recorrido de crecimiento que va a cumplir 10 años dentro de poco. Preguntarse ¿por qué este libro funcionó tan bien y este otro no? significa un aprendizaje constante. Hay tantos factores conjugados, desde el diseño del libro, la distribución, la forma de comunicarlo, la incidencia de los autores en el público, el precio, que la ecuación a veces es más grande de lo que uno puede calcular.

También hay que tener en cuenta que el “éxito” de ventas de un libro se da de maneras muy diferentes. Algunos venden mucho de golpe y después se paran, tienen un público muy sectorizado, otros venden de a poco pero para siempre, son los long-sellers que no dejamos de reeditar cada tanto. La vida de un libro es larga y cambiante.

FV ─De esa expansión que vivió la editorial me interesa preguntarte por dos cuestiones que me llamaron mucho la atención. La primera es el salto al color. Durante mucho tiempo, las editoriales argentinas le huyeron al color porque (para hacerlo bien) encarecía demasiado el proceso. Hoy vemos que las editoriales nuevas se animan a publicar a color y el precio final no es tan elevado ¿Cambiaron las técnicas de impresión y ya podemos soñar con un mercado local en el que las obras a color sean habituales o todavía encarece demasiado los costos?

MV ─Exactamente esa es la razón, la impresión digital se desarrolló muchísimo, creció exponencialmente en calidad y vino a reemplazar al offset que, en color, es muy caro. Para nosotros significó un punto de inflexión que apareció en el momento en que el offset se estaba poniendo caro hasta para el blanco y negro. Cuando nos preguntábamos cómo seguir con esos costos, apareció una imprenta que nos ofreció probar y aprender juntos. El resultado es lo que se ve hoy.

Por otro lado, el uso de blanco y negro es distintivo de la historieta local, algo que me gusta mucho y espero que no se pierda.

FV ─El otro gran salto fue hacia el material internacional (y no me refiero a los hermanos uruguayos con los que tienen una relación simbiótica desde la primera hora). Primero tímidamente y después de manera mucho más decidida… hoy su oferta editorial tiene sudamericanos, suizos, croatas, franceses, españoles… lo que diablos sea Hanselmann etc. ¿Cómo descubren estas obras? ¿Cómo negocian los derechos con autores y editoriales acostumbradas a facturar en euros? ¿Comercialmente están funcionando bien?

MV ─El material de autores extranjeros supone un gasto más grande justamente porque los derechos se cobran en moneda extranjera y porque hay que afrontar una traducción. Tuvimos que abandonar la idea de publicar varias obras porque sus derechos habrían hecho que el precio de tapa fuera exorbitante y nuestra idea fue siempre tener los precios de tapa más amigables posibles. Por suerte, otros autores o agente se acomodan al mercado local, una vez que les explicamos cómo funcionan acá las tiradas y las ventas.

También es muy importante la coedición para afrontar esos gastos previos. La mayoría de nuestros títulos extranjeros son coeditados, por ejemplo, con la editorial 2D de Thomas Dassance y Juan Manuel Domínguez. Thomás es francés y trabaja como traductor, así que es fundamental en estas publicaciones.

Comercialmente funcionan como todo nuestro catálogo, algunas obras más conocidas como las de Cornellá o Thomas Ott funcionan mejor y bancan a las otras menos conocidas. Es el modo en el que nos mantenemos editando autores no tan conocidos pero que nos gustan mucho y queremos dar a conocer.

Ojo que este mes viene Taracido a la Argentina

FV ─Uno se quedó un poco en el tiempo y sigue pensando en una editorial como una empresa con un montón de gente laburando contra reloj y un editor que impone autoridad y respeto (pienso en un Ramón Columba, un Alfredo Scutti o un Juan Sarturain) pero ¿Cómo es la realidad de una editorial actual como “Loco Rabia”? Además de Alejandro Farías y vos que serían los editores del sello ¿Qué personal estable compone su staff? ¿De qué manera organizan el trabajo?

MV ─No nos olvidemos que los editores que nombrás llevaban adelante editoriales de revistas serializadas que publicaban mensualmente una tirada enorme de ejemplares. Hoy ese paradigma cambió y la historieta argentina vive en las librerías, con tiradas más chicas y sin la obligación de una continuidad. Así que las editoriales hoy son más pequeñas, con menos personal, con un modo de trabajo independiente, hechas a pulmón, donde cada uno de sus integrantes cumple varios roles.

Alejandro es el que más sufre, estando en capital le tocan todo tipo de trámites, distribuciones, reuniones y un amplio etcétera, yo, desde San Nicolás, más cómodamente me dedico al diseño y al maquetado y a las pocas cosas que puedo hacer desde lejos, aparte de viajar a varios festivales con nuestro stand. Siempre nos ayudó Silvana, mi señora, con limpieza de originales, rotulado y correcciones, fundamental para nosotros por su detallismo. Desde hace unos años compone el staff permanente Julia Rodríguez, quien también diseña y atiende stands en eventos y nos salvó en el momento justo en el que ya no dábamos abasto haciendo un poco de todo. Y desde este año contamos con la invaluable presencia de Ernesto Parrilla en redes sociales y gacetillas, que esperamos no se canse nunca de laburar como lo hace.

Y siempre tenemos algún amigo al que explotamos, como Pablo Colaso o Carlos Aón, que son portadistas ya casi fijos, el primero diseñando las tapas de los libros de Mazzitelli y Alcatena, el segundo haciendo las tapas de la colección Teatro en Viñetas.

Así que sí, se ha agrandado el grupo y, en estos años, hemos tenido ayuda de gente que, como Maru Rubin, Aline Cardón o Tiana Pollero, se han acercado en diferentes momentos a ofrecernos su ayuda desinteresada, algo muy emocionante para nosotros.

FV ─A lo largo de su trayectoria editorial, ustedes editaron obras en conjunto con “Hotel de las ideas”, “2D ediciones”, “Milenario comic”, “Grupo Belerofonte” etc. Si los 90s fueron la década de la autoedición, el momento actual parece el boom de las co-ediciones ¿Se acabó la competencia entre las editoriales? ¿Tienen una relación más amistosa?

MV ─Justamente fue esa época de la autoedición la que nos enseñó (al menos a nosotros) que sin cooperación no se llega a ningún lado. En ese momento, o tirábamos todos juntos o se moría todo. Eso dio como resultado un ambiente muy amigable, que no sé si se replica en otras industrias culturales y que no debemos dejar de disfrutar. Creo que fenómenos como el de las coediciones, la formación de NHA o de La Fábrica de Historietas, sirven como ejemplo para que editores jóvenes se animen a coeditar y a cooperar también. Claro que hay competencia, pero, por lo general, lo que prima es el compañerismo y la ayuda mutua, por suerte.

FV ─Fuera del material publicado por ustedes ¿Cuáles son tus obras favoritas de los últimos años?

MV ─De material que no se haya publicado en Argentina, soy fanático de Craig Thompson, David B y Frederik Peeters. Me encantaría poder publicar alguna de sus obras más representativas algún día.

Del material publicado acá, hay muchísimo, Lucas Varela, Diego Parés (en historieta) y Saenz Valiente son mis preferidos, Pablo de Santis también. Hay mucho, no quiero olvidarme de nada, pero lo voy a hacer.

FV ─En un país como Argentina donde las historietas más vendidas son norteamericanas y japonesas ¿Qué le dirías al público que no lee historietas argentinas? ¿De qué se está perdiendo?

MV ─La historieta de superhéroes y el manga están atados a un canon, no es una crítica, por el contrario, lo mismo sucede con la historieta franco-belga, de la que soy fanático. Pero creo que lo más valorable de la historieta argentina o rioplatense es que es una historieta de autor, totalmente libre de cánones o imposiciones estéticas. Cuando te sumergís en la historieta argentina te encontrás con una variedad y diversidad de estilos, técnicas, temas y formas de contar que es tan grande como la cantidad de autores que las hacen. Por eso nunca deja de sorprender. Cada autor nuevo es una nueva mirada sobre el arte de la historieta que te sube mucho la vara sobre lo que pedís al género. No volvés a ver igual a los otros estilos después de incursionar en las obras locales.

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