Fierro primera época. Capítulo final

Si era tan bueno ¿Por qué se murió?

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En los artículos anteriores (1, 2, 3 y 4) comentamos el génesis de la revista “Fierro” y analizamos las mejores series que se publicaron en sus páginas a lo largo de los años. En esta última entrega, nos toca hablar de su cancelación y de los diferentes factores que la llevaron hasta ese punto. Los motivos son diversos y van desde la política económica de la Argentina, hasta las elecciones creativas que fueron tomando los diferentes responsables de la publicación a lo largo de los años. Esto hace que la nota haya quedado un poquito más larga de lo habitual por lo que me dejo de prólogos y vamos directamente a la información.

La caída de La Urraca

Escribir la historia de Ediciones de La Urraca de Andrés Cascioli es escribir la historia de la revista “Humor” y (a diferencia de las publicaciones específicamente dedicadas a la historieta) sobre “Humor”, por su gran influencia en la política y la cultura nacional, se ha escrito mucho.

Entre los numerosos artículos, ensayos y hasta tesis basados en esta emblemática publicación, dos resultan de lectura ineludible para cualquiera que esté interesado en el asunto: “Los irresponsables. La revista Humor como medio opositor a la dictadura militar” de Alejandro Lafourcade (2011) y “Humor, nacimiento, auge y caída de la revista que superó apenas la mediocridad general” de Diego Igal (2013). Habiendo una bibliografía tan profunda y exhaustiva sobre el tema, tratemos de resumir apenas la historia de la mítica revista en estas pocas páginas (porque al ser su buque insignia, es la que determinaba la suerte de la editorial) pero nos concentraremos más en las publicaciones perisféricas como “Hora Cero”, “País caníbal”, “Sex Humor” y, por supuesto, “Fierro”

Durante la dictadura, “Humor” vendía un promedio de 280.000 ejemplares quincenales con picos de 330.000. Pero con la llegada de la democracia, la publicación perdió rápidamente unos 100.000 lectores. Las explicaciones de este fenómeno pueden ser múltiples pero hay un factor que, sin dudas, hay que considerar entre los más relevantes: la sociedad argentina (y por ende el público de la revista) volvía a la vieja polarización que enfrentaba a peronistas y radicales. Esa masa que de manera más o menos homogénea, había bancado a la publicación durante la dictadura, ahora se había dividido y esperaba que “Humor” se definiera por uno de los dos bandos. Cualquier crítica que se deslizaba hacia el gobierno de Alfonsín, era interpretada por los radicales como una muestra de peronismo desestabilizador. Por otro lado, si las críticas no eran suficientemente ácidas, eran interpretadas por los peronistas como parte de un blindaje mediático para asegurar la gobernabilidad del radicalismo. Estas acusaciones se repetían una y otra vez en el correo de lectores mientras las ventas bajaban.
Pero, sin dudas, el peor momento llegaría con el menemismo. En 1991 y con las ventas ya muy mermadas, “Humor” publica una nota de Tomás Sanz titulada “Dos años de corrupción” a raiz de la cual, el senador Eduardo Menem le inicia acciones legales por calumnias e injurias. La causa fue la primera de muchas porque, a partir de ese momento, cada funcionario menemista mencionado por la revista iniciaría sus propios juicios, generando una persecución judicial inédita en el país.


La demanda original atravesó las instancias inferiores y en 1998 llegó a la Corte Suprema que falló en contra de la publicación pero, para entonces, ya se había iniciado una caída libre imposible de detener. La Urraca había acumulado una deuda de 350.000 dólares con distintos bancos. El monto de la deuda puede parecer abrumador pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que el mercado de revistas en Argentina movía por entonces más de nueve millones de dólares anuales. El tema es que en esa última época la revista vendía apenas 10.000 ejemplares quincenales. Un montón para el día de hoy pero insignificante para lo que habían sido las ventas históricas de la publicación. “Más tapas adversas publicaba, más incombustibles se volvían personajes como Menem o Cavallo y menos vendía la publicación” dirá años después Carlos Ulanovsky, redactor habitual de la revista.

En los últimos años, Andrés Cascioli había inventado la editorial Buena Letra con la que trataba de obtener algunos ingresos que le permitieran sostener la empresa trabajando en la edición de “La Nación de los Chicos” y la versión local de “Rolling Stones” pero no alcanzó. En agosto de 1998, La Urraca entró en convocatoria de acreedores y el Estado (los principales acreedores eran el Banco Nación, el Provincia y la DGI) no aceptó su plan de pagos exigiéndole la quiebra.

Y así, tras sobrevivir a la dictadura militar, con más de veinte años en la calle y 566 números publicados, un 18 de octubre de 1999 se distribuyó en los kioscos el último número de “Humor”

Ante el cierre inminente, algunos de sus colaboradores históricos como Aquiles Fabregat, Tabaré y Grondona White comenzaron a publicar de manera independiente la revista “La Murga” que tampoco duró mucho.

Para no quedarme solamente en la nostalgia quisiera agregar que desde 2016, la Asociación de Revistas Culturales e Independientes Argentinas (AReCIA) presenta un proyecto de ley ante la Legislatura Porteña pidiendo que se las considere como patrimonio cultural y que se implementen políticas que protejan y fortalezcan al sector. El proyecto establece en su artículo 20 que “Las sanciones económicas o multas judiciales, administrativas o de origen tributario que afecten a las revistas culturales independientes y autogestionadas sólo pueden ser ejecutadas judicialmente contra activos que no resulten, directa o indirectamente, imprescindibles para el ejercicio de tal actividad”. Si esa ley hubiera estado en vigencia en 1999, se habría evitado el cierre de “Humor”. A modo de homenaje, sus redactores lo llamaron “Ley Cascioli” aunque por dos años consecutivos el proyecto perdió estado parlamentario ya que los legisladores se negaron a tratarlo.

Marchas y contramarchas

Pero “Fierro” cerró a comienzos de los noventas, mucho antes del fallo de la corte, la convocatoria de acreedores y todo eso. Veamos en qué andaba la editorial por aquellos tiempos:

En Mayo de 1990 no sale a la calle “Sex Humor Ilustrado” y algunos de sus autores y series (como “Ratman” de Puketti, Viera y Fried o “Shaka Gamu” de Pancu y Spósito) pasan a “País Caníbal” que comienza a publicarse ese mismo mes.

Anuncio del lanzamiento de "País Caníbal"

Este recurso de las series heredadas era bastante común en una editorial que constantemente estaba abriendo y cerrando títulos. Así, los últimos capítulos de “El Husmeante” o de “El último recreo” que vimos publicados en “Fierro” continúan a los que se publicaran en “Super Humor” y la propia “Sex Humor Ilustrado” es una especie de continuación de otra revista chiquita y apaisada que se publicó entre julio y diciembre del 86 y que se llamaba “El Mes” y era un desprendimiento de la “Sex Humor” original.

País Caníbal” dura solo tres números pero el mismo mes de su cancelación, La Urraca pone en la calle “Hora Cero”, una nueva revista de historietas con una onda más aventurera, sin tanto sexo ni política y que no pretendía ser una continuación de ninguno de los títulos que se habían cancelado en los meses anteriores.

De esta publicación ya hablé en otro artículo así que solo diré que duró apenas seis números y su lugar en los kioscos, esta vez, no fue reemplazado por ninguna otra revista de la editorial. Finalmente y tras varios golpes de timón, La Urraca empezó 1991 con un título menos en la calle.

Una curiosidad es que tanto “País Caníbal” como “Hora Cero” arrancaban con un texto editorial fuertemente programático que permitía suponer un gran proyecto que se iniciaba. A los pocos meses, el último número de cada publicación no tenía ni un breve párrafo que les avisara a los lectores que al mes siguiente no estarían en los kioscos o les explicara qué pasaría con las series que quedaban incompletas.

“Pamela y el extraterrestre” de Fayó y “Gomina” de Dodo y Ben Radis (ambas provenientes de “País Caníbal”) irían a parar a Fierro. Lo mismo pasaría con “Morgan” de Segura y Ortiz y “Raza de escorpiones” de Leo Durañona que iniciaron su publicación en “Hora Cero”. Es una forma de no dejar colgados al público de las revistas que cierran, pero al mismo tiempo es una movida muy antipática para los lectores de “Fierro” que no seguían las otras publicaciones y que de golpe se encuentran con un montón de historias “empezadas” cuyos primeros capítulos se habían publicado en otras revistas.

“Ciudad” de Barreiro y Juan Giménez solo sería editada completa en un libro en marzo de 1992 mientras que la edición en un tomito de “Tigre Hotel” de Rulloni y Zweig sería uno de los primeros trabajos de Javier Doeyo, antes aún de crear Doedytores.

Comentario aparte merece “Pamela y el extraterrestre” porque TAMPOCO terminó de publicarse al momento del cierre de “Fierro” y concluyó sus aventuras en la revista “Cóctel”. Por suerte, desde 2018 contamos con una edición integral de esa serie tan accidentada en la colección “Lo mejor de” de Doedytores.

Diferencias políticas y diferencias estéticas

No cabe dudas de que, aunque Cascioli era el director, uno de los motivos fundamentales del tremendo éxito de los primeros años de “Fierro” es el laburo de su jefe de redacción: el eximio Juan Sasturain. El caso es que tras el número 47, Sasturain deja la editorial por segunda vez. Dado que su alejamiento se produjo en ambos casos por razones ideológicas, prefiero citar textualmente su testimonio extraído de la entrevista que le realizó Mariano Kairuz para “Página/12” en 2004. Sobre su renuncia en 1981, Sasturain dirá que obedeció a dos motivos:

“Por ser uno de los dos únicos empleados que no fuimos a laburar cuando fue la primera huelga general que le hizo Ubaldini a los milicos; y porque cuando creamos una comisión interna, el Tano Cascioli pensó que estábamos saboteando a la editorial y yo me ofendí”

Mientras que con respecto a 1988 dice:

“La Urraca había apostado fuerte por el radicalismo (cosa que fue evidente en la revista “Humor”) pero “Fierro” siempre se mantuvo independiente en sus contenidos respecto a la línea general de la editorial. Tácitamente era como la oposición (...) En mi caso particular, esos resquemores motivaron una disputa y mi salida de la revista hacia el número cuarenta y pico”

En otras entrevistas más informales dirá directamente “me rajaron”.

Cascioli dibujado por Sebastián Grosso. Sasturain dibujado por Ricardo Heredia

Tras su partida, diferentes nombres figuraron como jefe de redacción (incluso algunos números salieron sin ese título en los créditos) pero todos sabían que, sin Sasturain, la revista quedaba a cargo del director de arte Juan Manuel Lima. Lima había sido el ideólogo del subtemento “Óxido” y desde el comienzo había estado encargado del contacto y el trabajo con todos los jóvenes autores del underground a los que la revista les daba un espacio para publicar. Ese espacio había ido creciendo incluso durante la época de Sasturain, desplazando paulatinamente a los autores consagrados y generando algunas puteadas en el correo de lectores pero, con el alejamiento del jefe de redacción, la tendencia no hizo más que acentuarse. El otrora “subtemento” que se publicaba en un tamaño más chico y un papel de menor calidad, imitando un fanzine, dejó de existir como tal y pasó a ocupar directamente las páginas centrales de la revista.

¿Fue esta una decisión conciente y planificada? ¿Era ese el plan editorial de “Fierro” desde el principio? Si escuchamos a Lima pareciera que sí:

“El concepto del primer “Fierro” fue partir de lo clásico hacia lo moderno, de lo que estaba afuera a adentro, y parte del proyecto era hacer una revista para los chicos jóvenes (...) A Altuna, a Trillo podía publicarlos cualquiera. Los editaban en España, en Italia, en todas partes. Pero abrir las puertas a los chicos jóvenes, discutir y pelear los espacios con ellos, pensar con ellos, nadie lo había intentado”

Si, en cambio, escuchamos la entrevista que Pablo de Santis (último jefe de redacción de la revista) le dio a César Antonio Vidal en 1994, parece más bien que ese giro en el rumbo de “Fierro” obedeciera más bien a factores externos:

”No había manera de conseguir buen material. Era todo material que hacían los autores para Italia y no para las mejores revistas italianas. Había una demanda de las revistas más baratas y no había un material fuerte para sostener. El fuerte de “Fierro” en ese momento eran las historias de los autores más independientes.”

Como analizamos desde el primer artículo de esta serie, uno de los factores que explica la calidad superlativa de los primeros años de “Fierro” fue el acceso al excelente material que los autores argentinos habían producido para el mercado europeo. Cuando esa producción empezó a volverse masiva y casi industrial, su calidad general disminuyó volviéndose repetitiva y gris. Esto impactó negativamente en las publicaciones locales que dependían muchísimo de ese mercado tal como describe De Santis en la entrevista citada.

Ya sea como parte de un proyecto programático o forzados por las circunstancias, la realidad es que “Fierro” se volcó cada vez más hacia los jóvenes autores independientes que, si bien le aportaban a la revista un nivel de experimentación refrescante, nunca fueron tan populares entre los lectores como los consagrados que llenaron la publicación durante sus primeros dos años.

Por último pero no menos importante...

Los eternos avatares de la economía argentina que a veces perjudican a algún sector de la industria y otras veces directamente los destruyen. Sobre la crisis que representó la década del noventa para la historieta argentina, ya escribí este otro artículo donde pueden leer mi análisis más detallado. Les anticipo que mucha gente no estuvo de acuerdo con mi interpretación de ese proceso pero, releyendo muchas entrevistas, encuentro que el Tano Casioli coincide completamente con las causas que yo señalo allí: La apertura irrestricta de las importaciones inundó el mercado local con saldos de España. Las revistas españolas tenían una calidad de impresión que ni existía en Argentina, publicaban a los mejores autores del mundo y encima, por ser saldos y por el tipo de cambio, salían más baratas que las ediciones locales. Era imposible competir.

Solo por hacer el experimento, sostengo en mis manos un ejemplar de “Cimoc” que se publicó el mismo mes que el último número de “Fierro”. Entre sus 100 páginas a todo color encuentro “El Gaucho” de Pratt y Manara, “Sin City” de Miller, “Trazo de Tiza”, mi historia favorita de Miguelanxo Prado, “Judge Dreed” de Bisley, “Alvar Mayor” de Trillo y Churrique, Mr. Mamoulian de Brian Bolland... Y sigue la lista.

Hay que decirlo todo por más que duela: Es verdad que el gobierno de Menem generó una situación de competencia injusta e insostenible para las publicaciones de historieta de la Argentina, pero “Fierro” ya no era la mejor revista de antología del mundo. Hacía años que había dejado de serlo y eso se reflejaba en una pérdida constante de lectores.

Ciertamente, las ventas de “Fierro” nunca habían sido espectaculares pero en los primeros años vendía entre 18 y 20 mil ejemplares mensuales y al momento de la cancelación rondaba apenas los 5000. En un contexto tan adverso y con “Humor” (cuyas astronómicas ganancias iniciales financiaron el comienzo del proyecto) vendiendo cada vez menos, no quedó otra alternativa que cerrar en el número 100 la que había sido la publicación más prestigiosa de la historieta argentina.

Nos queda el recuerdo de sus años de gloria y de toda una generación de autores actualmente consagrados que hicieron sus primeras armas en esa mítica publicación. Autores como Ignacio Noé, Tati, Pablo Fayó, Esteban Podetti, el Marinero Turco, Max Cachimba, O’Kiff o como el mismo Pablo de Santis a quien le tocó escribir el último editorial del que me quiero robar una frase para cerrar esta serie de artículos dedicados a analizar y homenajear la primera etapa de “Fierro”:

”Ni triste ni solitario, pero sí final”.

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