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Fierro primera época: Capítulo IV

Últimos años

Fierro primera época: Capítulo IV
Por: Facundo Vazquez el Mié, 16/01/2019 - 02:47 - Se lee en: 16 mins

En esta cuarta parte del mega-análisis sobre la primera época de “Fierro” (acá los capítulos 1, 2 y 3), seguiremos repasando las mejores series publicadas en la revista pero abarcaremos un periodo mucho mayor. ¿Por qué? Esta vez trataré de evitar la subjetividad que implica el hablar sobre la calidad de una obra de arte y solo diré que la popularidad del material publicado por la revista tras sus primeros dos años decayó abruptamente.

Seguramente cualquier amante de la historieta nacional reconoció la inmensa mayoría de los títulos analizados en los artículos anteriores dedicados a “Fierro” porque se convirtieron en clásicos del género. En cambio, solo los estudiosos más concienzudos habrán leído series como “Navarrito”, “Los ángeles caídos”, “Matando el tiempo”, “Undermedanos”, “El cruce del Atlántico”, “El viaje”, “Barrio Chino”, “Yaguareté” y otras que llenaron cientos y cientos de páginas de la revista por aquellos años.

Es más, de muy pocas series del periodo encontré reediciones recientes que les permitan a los lectores actuales acceder al material y ¿qué gracia tiene que te recomienden una obra que de todas formas no se consigue? Reconozco que a veces lo hago pero trato de que sean pocas.

Una vez dicho esto pasemos directamente a reseñar el material, que en este caso es mucho.

Pablo de Santis y Juan Pablo González (Max Cachimba)

Estos dos genios están en la revista desde el año uno pero no los incluí en ninguna de las reseñas anteriores porque produjeron mayormente historias cortas y de publicación esporádica. Ambos fueron los ganadores (en las categorías de guion y dibujo respectivamente) del concurso que organizó la revista llamado “Fierro busca dos manos” y eso es un indicador del enorme potencial creativo que estaba en ebullición por fuera del circuito profesional de publicaciones.

De Santis es un autor muy literario que abreva en la fuente de los mejores narradores argentinos con tópicos y reminiscencias reconocibles de Borges y Cortázar. Sus historias siempre imaginativas discurren deliciosamente entre el lirismo y lo fantástico.

Cachimba, por entonces, cultivaba un estilo experimental de blancos y negros plenos, oscuro y recargado; muy alejado del infantilismo naif de sus trabajos más recientes. La deformidad de su dibujo resultaba perfecta tanto para reflejar la expresión como para construir la atmósfera.

Todas sus obras con De Santis son interesantísimas y la mayoría está recopilada en “Rompecabezas”, un tomo de la imprescindible colección “Narrativa Dibujada” de la editorial Colihue. No obstante, también hay muy buenos guiones que De Santis hace para otros dibujantes y muy buenas historias que Cachimba realiza como autor integral y donde abandona el tono fantástico para contarnos situaciones más cotidianas y realistas. Estas últimas, lamentablemente, no están reeditadas al igual que los guiones que De Santis escribió para O’Kiff o Alfredo Flores.

Manuel Peirotti (Peiró)

Comparte varias características con los anteriores: también está desde el principio, también escribe historias cortas y es todavía más esporádica su participación aunque a lo largo de los ocho años de la publicación aportó varias joyas.

Peiró es un autor integral de historias fuertes y violentas pero no exentas de una refrescante dosis de humor y de cinismo. Su narrativa siempre efectiva y contundente deambula por ese espacio fronterizo entre lo urbano y lo rural que puede ser el suburbio o el pueblo. La ambientación se completa con un tiempo pasado, indeterminado pero no muy lejano, suficiente para cubrirse con el velo de la aventura pero sin caer en la pesadez de lo histórico.

Pero en lo que sus páginas brillan con una luz inconfundible es principalmente en su virtuosismo como ilustrador. Si sos lector de historieta, vas a disfrutar de ese estilo prolijo y meticuloso pero si querés ser dibujante, Peiró es uno de esos tipos a los que tenés que estudiar. Ampliar sus viñetas y aprender como resuelve las luces, las expresiones tanto faciales como corporales, el entintado, las tramas... Es un fuera de serie.

Gracias al buen oficio de los editores actuales (tras muchos años de ser inconseguibles) tenemos dos ediciones bastante recientes de la obra de este genio cordobés: una recopilación parcial fue “Tinta Mortal” de la colección “Continuará” de Página/12 (2014) y una más completa y con todos los chiches es “Córdoba Blues” de Hotel de la Ideas e Historieteca (2018)

Tres tristes Trillos

Carlos Trillo había sido uno de los guionistas fundamentales en los primeros años de “Fierro” y lo siguió siendo durante un tiempo más pero a partir del número cuarenta y ocho (coincidiendo con la salida de Sasturain) sus colaboraciones desaparecieron de la revista. Personalmente, considero que el alejamiento de tamaños referentes fue uno de los golpes más duros que tuvo que sobrellevar -como pudo- la publicación. Sin embargo, entre el tercer y el cuarto año, se publicaron varias historias de Trillo y quisiera reseñar brevemente las tres que considero más relevantes:
”Custer” con dibujos de Jordí Bernet. Una de futuro distópico pero que, como ocurre a veces con la ciencia ficción, anticipa un fenómeno que realmente ocurrirá tiempo después. Custer le vende a una cadena de televisión los derechos para grabar y televisar cada momento de su vida ¿Gran Hermano? ¿Truman Show? Un poco de todo eso pero muchísimo antes de que se les ocurriera a sus productores. A través de sus ocho historias (autoconclusivas pero fuertemente interconectadas) y un epílogo vemos la soledad y la angustia que va invadiendo a la protagonista y como “su vida” es editada y falseada por el canal para obtener un producto televisivo exitoso. Pero lo peor es que la angustia existencial que ella sufre parece una epidemia que se extiende a toda la sociedad. La vida no vale nada, una banda de rock usa como gancho publicitario a una chica a la que en cada concierto le mutilan un miembro, el estado dispone de lugares y horarios habilitados para suicidarse sin obstaculizar el tránsito ni la circulación de los trenes. Un horror.

Hay una edición española de Glenat de 2010 pero todo lector argentino de bien preferirá seguramente la que publicó Historieteca en 2017. Por cierto, la misma editorial también reeditó “Light & Bold” que la dupla creativa publicó entre los números 44 y 47 de “Fierro”

“Basura” con dibujos de Juan Giménez. Otra distopía. En un futuro postapocalíptico el mundo se divide en una pequeña elite que vive en una ciudad súper tecnológica en las alturas, mientras que el resto de la humanidad son parias condenados a sobrevivir en un mundo totalmente contaminado por la basura que tiran los de arriba. ¿Leíste “Alita: Ángel de combate” y te resulta parecido? Lo es, pero Trillo y Giménez lo hicieron siete años antes. Ahí se desarrolla una alegoría política bastante clara que lo mismo podía aplicarse a la coyuntura histórica que vivían los autores como a la nuestra actual: Desconfiá de los líderes mesiánicos... sobre todo si no pertenecen a tu misma clase social.

La publicación original de “Basura” fue en la revista española “Zona 84”, después se publicó en Italia, Francia y USA siempre en su versión a todo color. Pero “Fierro” no disponía de tantas páginas a color así que Juan Giménez se tomó el trabajo de calcar y entintar de nuevo toda la obra para que pudiera ser publicada (y leída) también en Argentina. Una demostración hermosa y emocionante de lo que un artista es capaz de hacer para verse publicado en su propio país.

Obviamente, cada uno tendrá su favorita pero las dos versiones son demoledoras porque Giménez es un genio con todas las putas letras y algunas más que le sobran porque sí... de puro genio no más.

En 2015, Loco Rabia reeditó la versión en BN y nos estamos debiendo una edición argentina de la versión a color. A ver si algún editor se anima con este clásico absoluto de nuestra ciencia ficción.

“Peter Kampf lo sabía” con dibujos de Cacho Mandrafina. A esta altura creo que todos sabemos que Trillo tiene una enorme cantidad de material de una calidad descollante y que su dupla con Mandrafina era una aplanadora pero... ¿Y si te digo que este es uno de los guiones más interesantes y complejos que escribió? Honestamente creo que lo es.

La ucronía plantea que Adolf Hitler triunfó modestamente en su primer amor que era el arte, de modo que nunca se dedicó a la política y volcó todo su racismo y antisemitismo a la historieta que producía: “Peter Kampf” (en vez de “Mein Kampf”). La segunda guerra nunca ocurrió y son los USA quienes iniciaron una campaña expansionista sobre Latinoamérica, convirtiéndose en una suerte de nuevo “reich” en el que Joseph Goebbels es el jefe de la campaña presidencial de John Wayne (en clara alusión a la presidencia de Ronald Reagan).
La trama gira alrededor de un editor francés que es a la vez un gran estudioso del mundo del comic y que quiere rescatar las tiras que “Al Hit” produjo en la década del 30. En su encuentro con Goebbels se produce el diálogo más memorable de la serie porque el nazi no puede creer que al otro le interese la historieta por su valor artístico y finalmente concluye: “Este tipo es un espía o un boludo. Háganlo confesar”. ¡Cross a la mandíbula para todos los que nos pasamos nuestro tiempo libre desempolvando revistas viejas y no porque seamos espías!

Además de que el mundo que propone Trillo es súper interesante, la trama llena de intrigas y el juego con los diferentes planos de la ficción (porque en un momento se confunden los límites entre la realidad y las tiras de Al Hit)... todo está buenísimo. Lo único malo es que la historia estaba pensada para seguir durante un par de álbumes más así que la conclusión de este primer arco argumental resulta muy anticlimática y tiene más cara de “continuará” que de “fin”.
Fue reeditado en 2011 por la extinta editorial “Ojo de Pez” pero supongo que debe ser muy difícil de conseguir.

Un Loco suelto en Parque Chas

Con la salida de Trillo, el nuevo guionista estrella de la publicación pasará a ser Ricardo Barreiro y la verdad es que es un autor que, en la mayoría de los casos, no termina de convencerme. ¡Ojo! Algunas de sus obras me encantan pero a muchas otras las pondría de mitad de la tabla para abajo. Veamos: “Ministerio”, “Navarrito”, “Parque Chas”, “Caín”, “Instituto, “El viaje”, “El televisor”... La mayoría son historias largas (a veces demasiado largas) con artistas de primer nivel como Solano, Dose o Risso. El caso es que "El Loco" va a publicar prácticamente en la totalidad de los números entre el 21 y el final de la revista metiendo, en ocasiones, hasta dos historias el mismo mes. Como avisé que iba a reseñar solo las series que considero más relevantes y logradas, en este caso voy a hablarles solamente de:
Parque Chas con dibujos de Eduardo Risso se divide en dos volúmenes. El primero nos cuenta la llegada y asentamiento del protagonista en el barrio más misterioso de Bs.As. Borges, Maradona, Corto Maltés, Juan Salvo, Giuseppe Bergman, Dolina, un subterráneo secreto en el que Perón hubiera podido escapar directamente desde la casa rosada, el cuco, el tranvía fantasma, una mansión que conecta con la Venecia del siglo XVII y todas las otras leyendas urbanas que circulan sobre el barrio van siendo recopiladas por nuestro protagonista que a veces se las cree y otras sucumbe al escepticismo ante tanto disparate. Todo confluye en el épico episodio final cargado de acción (hasta con damisela en peligro incluida) y, a mi juicio, cierra muy bien.
El segundo volumen es, quizás, algo menos satisfactorio por aquello de que las explicaciones suelen ser menos atractivas que los misterios.

Risso estaba en plena evolución artística y, a pesar de ser un profesional hecho y derecho, todavía no cultivaba el estilo de blancos y negros plenos que lo hará famoso y trabajaba con unos grises a lápiz muy interesantes y expresivos.
Desde el 2004 está reeditado por la rosarina Puro Comic y creo que la edición más reciente es la integral que sacaron en 2015 reuniendo los dos volúmenes de la historia.

José Muñoz y Carlos Sampayo

La genial dupla también acompañó a la revista a lo largo de toda su existencia pero, puntualmente en el periodo que estamos analizando ahora, publicaron cuatro títulos: “Juego de luces”, “Europa en Llamas”, “Billie Holiday” y muchas historias de “Alack Sinner”. De Sinner ya tenemos una reseña exhaustiva en cuatro partes y también de Billie Holiday y como además, ya hablamos de Muñoz y Sampayo en todos los capítulos anteriores de este mismo análisis, aquí solo quería recordarles las series que vieron la luz en este lapso temporal.

Carlos Nine

Carlos Nine produjo cuatro grandes obras para “Fierro”: “Keko el mago”, “Crimen y Castigo”, “Estampas del Oeste” y “Patito Saubón”.

Los guiones de Nine (padre) son una experiencia única. Siempre rondando los amplísimos límites del surrealismo juega con lo absurdo y lo infantil pero mezclándolo con el lenguaje recargado de arcaísmos de la literatura clásica, el tango o la novela negra. En sus historias lo mismo podemos cruzarnos con un pato marxista y seductor de gallinas, con un bebé proxeneta que tiene la cara de Troilo y toca el bandoneón o con un pianista negro que a causa de su adicción a las drogas se presenta en los clubs nocturnos tocando un pianito de juguete. Por no mencionar que la sobreprotectora madre de Keko, doña Teta, es, de hecho, una teta gigante. Andá a cantarle a Freud.

En cuanto al arte (sé que algunos me van a querer matar por esto pero) para mí, Nine es una cosa a color y otra muy distinta en blanco y negro. Su estilo narrativo no cambia demasiado pero mientras sus acuarelas y pasteles me deslumbran, su dibujo desproporcionado y surrealista en el trabajo en tinta, aunque gana mucho en dinamismo, me parece confuso y me saca de la historia. Un punto intermedio se da en las páginas realizadas con grises en las que el apartado gráfico resulta narrativamente más efectivo pero no tiene el virtuosismo brillante de sus obras a color. Pero digamos las cosas como son: en 2012, Nine recibió el Premio Konex de platino como el mayor ilustrador argentino de la década. El tipo es un maestro y lo demás es una pura apreciación subjetiva mía.

Si me expliqué correctamente en el punto anterior, se entenderá por qué “Crimen y Castigo” es mi obra favorita de las que Nine publicó en la revista. Narra en clave de policial americano los delirantes casos en los que meten sus narices los detectives privados Pirker y Parker: Un bandoneonista argentino asesinaba a sus víctimas chupándole la sangre con una bombilla de mate, dos artistas de circo secuestran a una bebé para sobrealimentarla toda su vida y transformarla en la mujer gorda del espectáculo, un pastor protestante y su esposa asesinan a sus hijos mogólicos porque los sorprenden tomándose fotos porno... y así hasta donde llegue la imaginación de Nine que siempre llegaba más lejos que la mía.

La serie no tuvo mucha suerte. Por aquel entonces, “Fierro” tenía solo la contratapa y su retirada a color así que las historias de más de dos páginas se serializaban en fetas o (crimen de lesa humanidad) se publicaban en blanco y negro derecho viejo. No sé de ninguna edición argentina en tomo de esta obra y, para colmo de males, en 2015 Nine realizó una serie de ilustraciones para la edición que Página/12 preparaba sobre la obra homónima de Dostoievski así que actualmente es muy difícil incluso rastrear la obra por internet a ver si sale alguna reedición. Probablemente, si algún editor local se anima a publicarla, haya que cambiarle el título para evitar las confusiones como hicieron en Europa.

Las que sí son accesibles son las ediciones de “Keko el mago” incluida (otra vez) en la colección “Narrativa Dibujada” de Colihue y “Patito Saubón” publicada en una edición hermosa con el coloreado con el que salió en Francia por Hotel de las Ideas en 2016.

Tomás D’Expósito (El Tomi)

Otro autor del que pudimos ver en estos años una evolución gráfica y estilística impresionante. Yo diría que en sus primeros trabajos para “Fierro”, El Tomi todavía no había encontrado su estilo. Se notaba sí, el talento pero faltaba la fórmula, la técnica, el camino que finalmente lo llevaría a explotar esas condiciones naturales al máximo. Y esa evolución, esa batalla en la que el lápiz y el difumino lentamente le fueron ganando a la tinta, se puede observar y casi analizar al detalle en su serie más larga: “Polenta con pajaritos”

Esta historia es hermosa, está llena de sensibilidad y de ternura. A través de una sucesión de anécdotas, nos va contando la vida cotidiana de un grupito de pibes pobres del Gran Rosario allá por fines de la década del sesenta. El Conejo y su banda viven las experiencias comunes y tópicas de la infancia como el primer beso, la muerte de una mascota, una pelea a trompadas o la primera piba desnuda, en un contexto en el que hasta lo extraordinario es humilde porque está enfocado por la lente de los niños. Así, por ejemplo, el rosariazo es solo un telón de fondo para contar que en el barrio apareció un oso hormiguero.

Por momentos pudiera parecer que El Tomi cae en la romantización de la pobreza pero no es así porque la serie nunca se olvida de que esa pobreza es una mierda y no deja de denunciarla. Es más, los niños le sirven como alegoría política porque el niño siempre es el débil es esa relación entre opresores y oprimidos que llamamos sociedad. Algunas veces (como en “Maternicaragua” o en “Pablito tenía dos alas”) esa alegoría se vuelve más explícita. Otras, se esconde un poco más detrás del costumbrismo pero la denuncia, no por implícita deja de ser denuncia. Es una mierda que un pibe tenga que pasarse la tarde al rayo del sol juntando botellas, que no tenga un juguete para reyes, que tenga que escapar de la policía, que tenga que robar para comer... Es una mierda que siempre, por algún motivo y con alguna excusa, más de la mitad de los niños en nuestro país tengan necesidades básicas insatisfechas... y ni todos los filtros de la nostalgia hacen que El Tomi pierda eso de vista. Gracias por eso, maestro.

Después, el capo rosarino fue girando cada vez más hacia el erotismo con “Historias del bajo vientre”, “El Desmitificador”, “Dibujitos avivados” y, finalmente “Tangozando”. Estas dos últimas fueron reeditadas por Doedytores en su colección “Monográfico” pero actualmente están descatalogadas, mientras que de todas las demás, la única que está reunida en volumen es “Polenta con Pajaritos” en la colección “Narrativa Dibujada” (Ya dije que era imprescindible ¿No?) de la editorial Colihue. Aclaro que el tomito de “El Desmitificador” que publicó Página/12 en su colección “Continuará” no se corresponde con el material de esta época sino con el que el autor produjo para la segunda encarnación de “Fierro” en el siglo XXI.

Hasta aquí y resumiendo tal vez demasiado, mi reseña de las mejores series de los últimos años de “Fierro”. Como ven, un montón de material de una calidad sobresaliente. En breve, la quinta y última parte de este mega análisis: El cierre de “Fierro”.


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