Fierro, tercera época: Año dos
Historieta Argentina

Fierro, tercera época: Año dos

¿La aventura continúa?

Por: Matias Mir - 15 Ago 2019 Se lee en: 8 mins

Pasaron cosas.

Entre la publicación de la nota anterior y esta, la Revista Fierro anunció que dejaría de publicarse. De nuevo. Otra vez. No especificaron razones, pero todos vivimos en Argentina y conocemos, en mayor o menor medida, la ruleta rusa que conlleva publicar periódicamente algo en papel. A diferencia de su última “clausura”, esta vez no se sintió que hubiera una premeditación, como si hubiera estado planeado que saliera el noveno volumen como estaba pautado. Incluso en el último editorial del director Lautaro Ortiz se deja sugerir un tercer ciclo de revistas que, finalmente, no vieron la luz.

Si en el artículo anterior preocupaba la inutilidad de un análisis de esta tercera época, ahora se hace más necesario que nunca que quede un registro de los contenidos, de las fortalezas y flaquezas de la revista. Por suerte, entre los primeros cuatro números y los últimos hay suficientes diferencias como para justificar análisis separados.

El primer cambio entre un ciclo y otro está en las portadas. Ya no más de ese vago (pero engañoso) “la historieta”. El nuevo subtítulo de este ciclo 2018-2019, “la aventura continúa”, implica una nueva declaración de intenciones, quizás en respuesta a las opiniones respecto a los números anteriores de que había demasiadas historias abstractas que tiraban más para el lado de la ilustración y el diseño que a contar una historia con principio, conflicto y final. Eso sí, se pierde la palabra clave, “historieta”, blanqueando un poco que en la tercera época de la Fierro hay lugar para cosas que no sean narrativa secuencial, le pese a quien le pese (a mí. A mí me pesa).

"El castillo rojo", por De Santis y San Juan
"El castillo rojo", por De Santis y San Juan

Hablando de la portada, en el año dos de la revista se decidió que las cuatro tapas sean de Scalerandi y Souto, homenajeando a cuatro cuadros latinoamericanos y haciéndolos dialogar con el contexto social y político en el que eran publicados. Tópicos como la injusticia social, la indigencia “digna”, la deuda con el FMI, la lucha paritaria docente contra Vidal, el aborto legal y el vaciamiento a la salud pública se representan en estas reversiones de “La vuelta del malón” de Della Valle, “Sin pan y sin trabajo” de la Cárcova, “El despertar de la criada” de Sívori y “Un episodio sobre la fiebre amarilla en Buenos Aires” de Juan Manuel Blanes (pueden ver los originales y los homenajes en nuestro Facebook). Si la idea era que las revistas llamaran la atención más que cualquier otra cosa en el puesto de diarios entonces surtieron efecto, en especial con la portada del volumen 7 y su boxeadora desnuda, criticada en algunos círculos como una sexualización innecesaria de la figura femenina. Polémicas aparte, son ilustraciones de una calidad impresionante y no quería dejar de rescatar eso.

Una vez que nos adentramos en las páginas interiores, efectivamente nos encontramos con aventuras. Casi ideológicamente en contra de lo pautado en el ciclo anterior, la revista comienza cuatro series nuevas. El Vol. 5 tiene cuatro historias que terminan en “continuará”, cuyas continuaciones se conocerán tres meses después, y luego habrá que esperar tres meses más, y así hasta completar una historia de cuatro capítulos un año después. No sé cómo hicieron los otros lectores, pero yo leí los capítulos #1 y después esperé a tener la historia completa para leerlas de un tirón, desilusionando a Lautaro Ortiz cuando dice que “queda para los lectores de Fierro la satisfacción de haberlas leído junto al fuego infernal de las circunstancias que nos tocan padecer, para pasar estos tiempos violentados fueron creadas”. Dejando de lado el conflicto de la regularidad de la lectura, el contenido de esas historias es más que interesante y tiene un “sabor” a la segunda época de la revista que debió agradar a más de un veterano.

La primera serie nueva es “El Castillo Rojo”, de Pablo de Santis (que no necesita presentación) y Matías San Juan, que ya había hecho dos historias para el ciclo anterior y demostrado un estilo atractivo que dejaba ganas de más. Esta especie de policial psicológico plantea un futuro donde existe un sistema que crea copias casi exactas de las personas que mueren, pero luego de un fracaso económico se convierten en una plaga de casi-zombies que buscan ocupar el lugar que dejaron sus versiones vivas. Si encima le sumamos que la protagonista es una psicóloga cazadora de “intrusos”, el concepto se vuelve demasiado bueno como para no engancharse a las pocas páginas. Esta es una historia que pide a gritos un libro recopilatorio, y dada la chapa de su guionista seguramente no tarde mucho en conseguirlo.

"Lobotomóvil", por Podeti y Hor Lang
"Lobotomóvil", por Podetti y Hor Lang

Sigue “Lobotomóvil”, una idea muy bizarra que podría no haber funcionado, pero sí lo hizo. Esteban Podetti (al que le escriben el apellido con una o dos “t” alternadamente y sin criterio) en el guion y Hor Lang (Horacio Langlois) toman el concepto del médico real del siglo XX Walter Freeman, que viajó por todos los Estados Unidos en un auto que se llamaba como la serie, divulgando las maravillas de la lobotomía como método efectivísimo para curar desde la esquizofrenia a la homosexualidad. El tipo en cuestión le pinchó el cerebro a más de 3000 personas hasta que se le murió un paciente (¡¿solo uno?!) y le sacaron la patente. En la obra de Podetti y Langlois, confieren al personaje de un estilo mucho más divertido y aventurero, con sidekicks, batallas con picahielos, cangrejos asesinos y demonios lovecraftianos. Dado que los cuatro capítulos son autoconclusivos, si le suman un par más en el medio tranquilamente podría ser un librazo que pelee los premios Trillo del 2020.

La tercera serie es, como mínimo, problemática. Para sorpresa de nadie la Fierro tiene una marcada línea política, que queda clarísima con “Ciencia Ficción Peronista”, de Pedro Saborido y Juan Soto. La cosa va de cómo un tal Sanders encuentra una máquina del tiempo y viaja a 1944 y evita por accidente que Perón y Evita se conozcan, alterando así la historia al eliminar el peronismo. El guion es simpático y va por lugares insospechados, pero la historia no concluye en nada. El dibujo sin dudas es el más “particular” de la revista, al no parecerse estéticamente a nada de lo que lo rodea. No es mala historieta, pero no le puedo ver mucho futuro fuera de la misma. Tal vez en el “año tres” que nunca existió haya habido un segundo arco argumental, pero nos quedaremos con la incógnita.

Contra todo pronóstico, “CFP” no es la historia más empalagosamente peronista. “Yanara”, con guiones de Carolina Cobelo y Gabriela Cabezón Camara y arte de Emi Utrera, es la serie más jugada de las cuatro. El planteo original es el de una provincia de Buenos Aires alternativa (aunque no demasiado) donde las fronteras entre “provincia” y “capital” no son simbólicas, sino literales murallas custodiadas que protegen el ingreso de los “mutantes”, que no vendrían a ser otra cosa que la clase baja. El disparador se produce a partir de una inundación en la villa donde está Yanara, la protagonista, y cómo intenta sobrevivir y llegar a Capital con una pequeña perdida llamada Princesa. Ese primer capítulo también es gancherísimo, principalmente por la velocidad que toma la narración y el dramatismo con el que refleja la desesperación y la búsqueda de supervivencia en ese conurbano apocalíptico. Sin embargo, cuesta creer que tres capítulos después la acción confluye en una lucha mística entre los espíritus de una Evita con la boina del Che y Julio Argentino Roca disparando rayos por los ojos sobre la Casa Rosada. La historia escala su conflicto de forma furiosa y poco sutil, sin importarle mantener apariencias o complejizar sus referencias al contexto político en el que se desarrolla, y concluye con una bomba: siete páginas de pósters que son para enmarcar, o para compartir en Facebook y hacer que te bloquee tu tía de derecha.

"Ciencia Ficción Peronista", por Pedro Saborido y Juan Soto
"Ciencia Ficción Peronista", por Pedro Saborido y Juan Soto

Los primeros capítulos de estas cuatro series vinieron enmarcados por lo que llamaría “portadas” y “contraportadas”, ilustraciones de una página que introducían y cerraban la sección como si se tratasen de suplementos que uno podía separar de la revista y leer por separado (físicamente imposible dado del engrapado). A partir del Vol. 6, con los segundos capítulos, se eliminó esa “contraportada” y quedó solo la ilustración inicial. Lo interesante es que eso sirvió para darle espacio a varios dibujantes que no participaron con historias propias en la revista, como Fer Calvi, Minaverry, Florencia Pernicone y muchos otros más. Destaco particularmente la que hizo Serafín (a quien conocemos por haber ilustrado el libro del Indio Solari, “Escenas de un delito americano”) para el tercer capítulo de “Yanara” porque me parece excelente.

Muy lindas las portadas, pero cada página de ilustraciones o textos es una página de “no-historieta”, y en este segundo ciclo hay incluso más porcentaje de “cosas” que en el anterior. En el Vol. 7 se llegan a apreciar 26 (¡!) páginas de cosas que no son historietas, poco menos del 30% de la revista. Para ser justos, ya dijimos que en ningún lado ahora se explicita que Fierro sea una revista de historieta, pero dale, vieja, es Fierro. Se lo perdono porque, la verdad, la mayoría de los textos son buenísimos. En el Vol. 5 tenemos un cuento de Oesterheld originalmente publicado en Chile que TIENE que ser un cortometraje en algún momento, en el Vol. 6 uno de Carlos Sampayo previamente inédito muy bueno y con un final que es un knock-out. En el Vol. 7, “The Carne Blues”, unos poemas de Juan Sasturain sobre asados y achuras ilustrados por Daniel Santoro ideales para recitar en voz alta* (*Acá tengo que resaltar un verso del poema “Asado de tira en diferido” porque me resulta de una genialidad insospechada: “Nada se tira / del asado de tira. / El tira asado / no tira más”. ¿Ustedes leen lo que yo leo? ¿Acaba de usar la palabra “tira” cuatro veces con cuatro significados distintos en el mismo verso de la forma en la que lo hizo? No tiene nada que ver con historieta, pero es bellísimo). La paciencia que tengo con la sección “palabras impresas sin viñetas” la pierdo un poco con el suplemento “Rodolfo Walsh en Leoplán” del Vol. 8, que es interesantísimo y un aporte muy necesario, pero de todos los espacios culturales donde podría haber aparecido (y ocupado espacio) la revista Fierro se me hace el menos indicado por lo alejado que está a su premisa original.

Si en las primeras cuatro revistas la idea era darle espacio a nuevos autores y autoras (de Argentina y el mundo), claramente este segundo ciclo estuvo más orientado a contar historias más sólidas, ya fueran las cuatro series, los cuentos o las adaptaciones de cuentos que hicieron Otto (“La polilla” de Norm Macdonald) y El Tomi con Ortiz (“El apéndice” de un tal “J. C.” que espero no sea Quattordio). Sin embargo también hay espacio para historias cortas de autores que ya habían participado en el ciclo anterior, como el propio Otto, Jo Murúa, Delius, Ariel López V., Mr. Kern, Natalia Novia, Fede Calandria, Lucas Nine y Nicolás Mealla. Participan también Caro Chinaski (que publicó recientemente “Ingratitos” con Maten al Mensajero) y el siempre reconocible Langer, que en el Vol. 5 mete una historieta de una página y también tiene el honor de ilustrar el cuento de Oesterheld.

"Yanara", ilustración de Serafín
"Yanara", ilustración de Serafín

Para resaltar, dos rescates interesantísimos que se pueden encontrar en estos volúmenes. El primero es “El reino azul” de Trillo y Enrique Breccia, reeditado en lujoso papel obra y que nunca sobra en ninguna hemeroteca. Viene prologado por un texto de Mariano Buscaglia muy interesante, así que si solo pueden comprar una de estas cuatro revistas, yo les diría que apunten a esta. El otro rescate está en el Vol. 7 con dos textos emocionantes alusivos al fallecimiento del gran Eduardo Maicas el 2 de Agosto de 2018, el primero un recuerdo de su hijo, Agustín, y el segundo un texto autobiográfico del propio Eduardo titulado “Me cansé de ser rengo” (con el muy gracioso y alternativo título de “De día rengo y de noche cojo”). Encima, como frutilla del postre, ambos textos funcionan de prólogo al capítulo final de su serie “Barrio Gris”, escrito en 2009 pero dibujado recién en 2018 por Spósito, que agrega al final un detalle que si no te emociona no tenés alma.

Eso es todo lo que hay en casi 400 páginas de Fierro: cuentos, ensayos, crónicas, poemas, ilustraciones, experimentos, polémicas, rescates, misterios y, en el medio, disimulada, la aventura. La Historieta. La Historieta Argentina. Historieta para sobrevivientes. El único mensaje de la Revista respecto a su cierre es bastante definitivo respecto a su no-continuidad, y todavía recordamos la portada final de la segunda época, la del gato amarillo que destruía el mundo mientras un canillita grita “¡último número!”. ¿Simplemente cayó víctima de su enemigo perfecto, el neoliberalismo? ¿Acaso los lectores no acompañaron esta nueva fórmula, más experimental y gráfica?

Casualmente, entre la salida del último volumen y el anuncio de la cancelación se anunció la salida de otra revista de historietas para quioscos de diarios, la Revólver, que aunque tiene un estilo más tradicional (con su blanco y negro, sus múltiples series con “continuará” y sus historias de corte más clásico), ya concluyó su propio primer ciclo de 4 revistas y apuesta a un segundo. ¿Puede que sea ese el camino que los lectores (el famoso “mercado”) eligen? ¿Está ahí el futuro de la historieta masiva y popular?

Por suerte, todo indica que el próximo año una fórmula de esas que tanto protagonismo tienen en las series de este ciclo va a ser electa democráticamente y la pesadilla amarilla que no le importa cerrar espacios para la historieta nacional sea solo un mal sueño. Tal vez volvamos a tener a la revista en los quioscos, y podamos soñar con otros 125 números mensuales ininterrumpidos de Fierro. Al momento de escribir estas líneas, lo que me sobra es esperanza.

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