Historieta Argentina

Gilgamesh: Resurrección

El fallido reinicio del inmortal

Por: Mariano Sicart - 31 Mayo 2021 Se lee en: 5 mins
Gilgamesh: Resurrección

Las muchas vidas del rey sumerio

Las muchas vidas
Portadas de las D'Artagnan donde se serializó la saga.

Allá lejos y hace tiempo, en 1969, el inolvidable Lucho Olivera (1942-2005), presentaba a Editorial Columba la historieta que marcaba su debut como artista integral, viendo la luz en el segundo anual de la revista D’Artagnan. Yo, Gilgamesh el inmortal partía del antiguo mito mesopotámico acerca de un hombre que no podía morir, para reinterpretarlo inteligentemente, adentrándose de lleno en los terrenos de la mejor ciencia ficción. A la edad de 41 años, el entonces Rey de Uruk salva la vida del marciano Utnapishtim, quien le otorga  la inmortalidad en agradecimiento. Don que al transcurrir los siglos se convertirá en maldición.

Aquel unitario tuvo una muy buena recepción por parte de los lectores, tanto que pronto devino en serie regular, dividida en cuatro dispares etapas, hasta 1997. Con los sucesivos relanzamientos del hombre que no podía morir, llegaría el obligado recambio de creadores. Pronto fueron de la partida otros destacados autores de la casa: Robin Wood, Ricardo Ferrari y Alfredo Grassi.
A casi una década del cierre del sello de la palomita, Doedytores republicaría el grueso de la primera etapa del personaje, con Sergio Mulko escribiendo los guiones bajo el seudónimo de Leo Gioser, en los tomos ‘Hora Cero’ (2008) y ‘Arenas rojas’ (2012), dejando pendiente el inicio, recuperado tiempo después en un volumen titulado 'El Origen' (2018), con el que el sello dio inició a la colección titulada Lo Mejor de, destinada a albergar series limitadas originalmente aparecidas en diferentes revistas nacionales.

Una vez recuperado el primer derrotero del calvo protagonista en forma completa, 33 capítulos originalmente publicados entre 1969 y 1975, restaban la segunda y tercer etapa. Claro que reeditar  tanto los 66 episodios escritos por Wood que vieron la luz entre 1980 y 1986, como los 72 firmados por Ferrari, que se editaron entre 1986 y 1994, se convertía en una empresa harto dificultosa, no solo por el tema de los derechos de autor, sino también por la extensión.
Los editores, entonces, optaron por una decisión práctica; el cuarto libro recopilatorio de Gilgamesh, subtitulado Resurrección, correspondería a su cuarta travesía impresa, de apenas 5 entregas.

Volver a nacer

Volver a nacer
Escapando del cementerio donde volvió a la vida.

 La dupla artística detrás de Yo, Ciborg y Planeta Rojo, integrada por el prolífico guionista Alfredo Grassi (1925-2018) y el dibujante Lucho Olivera, volvió a reunirse merced a un pedido de este último, en ocasión de retomar a una de sus creaciones más emblemáticas. El momento distaba de ser el mejor, con la editorial de la palomita en su ocaso, intentando volver a las fuentes después de la fallida actualización de contenidos aplicada hacia 1994 en su línea de revistas. Entre Enero de 1997 y Marzo de 1998, en la antología D’Artagnan Todo Color se desarrolló la última e inconclusa saga del personaje, que el sello de Javier Doeyo recuperó hace un par de meses en un tomo de 88 páginas (B/N), en formato 24x17 cms.
El debut se titula Regreso (16 páginas). Aquí se narra el despertar del protagonista en una tumba ubicada al interior de un cementerio londinense. Totalmente amnésico, lee lo que cree su nombre en la lápida: Gilbert Gamesh. Pronto entra en escena Ghort, mano derecha del misterioso profesor Heinrick, quien lo persuade de revelarle la información que anhela sobre su pasado a cambio de que ejecute una misión para él. Ya en la mansión del científico, ante su total sorpresa, sus anfitriones activan una máquina del tiempo y pronto se encuentra en el siglo XIII A.C. sobre territorio perteneciente a Transjordania, convirtiéndose en testigo de la muerte de Moisés, al intentar determinar el lugar donde descansan sus restos.

Para El Arca y el infinito (13 páginas) la acción vuelve a la época contemporánea, con el trío dirigiéndose al lugar del sepulcro del profeta, para desenterrar una antigua tecnología, enfrentando para ello al Dagón filisteo y la Inanna (In-Anna) sumeria, también conocida como  Ishtar. Los Dioses y Demonios del Antiguo Oriente se verán frente a frente y jugarán sus cartas en una partida definitiva, mientras se establece un nuevo statu quo para el hombre que no puede morir, hacia el final de esta aventura.

Buenas noches, Dr. Freud (16 páginas) encuentra al sumerio en Viena, a inicios del siglo XX. Aprovechando la tecnología de la máquina del tiempo, busca ese momento y lugar de la historia para consultar al padre del psicoanálisis respecto de su particular condición. Lo que ignora es que su camino se cruzará con un joven e idealista artista alemán llamado Adolf Hitler.

En Lázaro (16 páginas), la acción transcurre con posterioridad a la crucifixión de Jesús. Hasta aquella instancia de la historia llega nuestro protagonista con la intención de conocer a quien volvió de ella, el resucitado Lázaro de Betania. En su misión se interpondrá el ladrón Barrabás, pero además, conocerá nuevamente el amor, en el rostro de una muchacha a quien le confiará su secreto.

La piedra marciana (16 páginas), nos devuelve al presente, para llevar a Gilgamesh y Ghort hasta el cuarto planeta de nuestro sistema solar, en una misión tripulada de la N.A.S.A. El hallazgo de un antiguo meteorito proveniente de Marte motivará la expedición, cuyos resultados darán por tierra con las teorías conocidas al respecto  del origen de la vida en nuestro planeta.

Inmortal 2.0

Inmortal
Un joven Adolf Hitler cruza sus pasos con Gilgamesh, en Viena.

Cuenta el amigo Ariel Avilez en las notas complementarias de la edición, que la falta de pago a los artistas fue el motivo por el cual se discontinuó esta última etapa, dejando algunos cabos sueltos desde lo argumental. Tomando en cuenta el dato, lo cierto es que este reinicio parece haber sido denodadamente concebido con escasos vínculos conceptuales a los trayectos editoriales previos. Tal vez para volver al trabajo accesible a los nuevos lectores, es poco o nada lo que se conserva de la historia anterior del personaje, solo el aspecto físico y la conexión de su inmortalidad con el planeta rojo. De hecho, es probable que la amnesia inicial haya sido un recurso del guionista para, en algún momento posterior, revelar el origen de su condición. Nunca lo sabremos.
Por lo demás, la principal característica del periodo tiene que ver con el establecimiento de un presente propuesto laxo, esto es, la trama se desarrolla en la actualidad, pero el artilugio temporal heredado de Heinrick, permite atravesar la historia humana en forma no lineal, lo que habilita situaciones e incertidumbres de muy diversa índole, así como la participación de personalidades históricas conocidas por el público, en el rol de amigos y/o antagonistas ocasionales del inmortal. El otro aspecto distintivo que se observa es una pretensión de menor seriedad y pomposidad en las historias; estamos frente a una historieta más de aventura que de ciencia ficción. Y no está mal, pese a que su potencialidad no haya alcanzado a desarrollarse del todo por razones ajenas a lo artístico.
El dibujo de Olivera se enmarca en su última etapa profesional, evidenciando plena madurez en el manejo de los tiempos y una precisa síntesis de estilo. En su trazo conviven sin conflicto la rica expresividad de los personajes y unos escenarios siempre bien trabajados, además de logradas escenas de acción, sin nunca descuidar por ello la narrativa ni los diversos climas que el relato propone. Todo eso, pese a la habitual profusión de cuadritos por página, propia del estilo de la casa. La única novedad pasa por algunos desnudos y encuentros sexuales que en otro momento de la editorial no hubiesen llegado a publicarse.

En síntesis, Gilgamesh, el inmortal: Resurrección es una divertida propuesta, orientada a completistas, sí, pero constituye del mismo modo una buena opción para quienes nunca hayan leído nada del calvo sumerio que no conoce la muerte. Seas uno u otro, te vas a sorprender gratamente.

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