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Hikikomori, de Balcarce y Garavano
Historieta Argentina

Hikikomori, de Balcarce y Garavano

La tecnofilia también mata

Por: Mariano Sicart - 15 Jul 2020 Se lee en: 3 mins

Dependencia fatal

Hace casi una década del regreso de Emilio Balcarce (Tartagal, 1956) al mercado argentino, de la mano de la fantástica Funeral, obra gestada en compañía del gran Jok (Buenos Aires, 1974), para Historieteca Editorial. Desde aquel lejano 2011 hasta la actualidad, el experimentado guionista de recordado paso por Ediciones Récord, en Skorpio, durante los ochenta y noventa, se ha empeñado en dar a conocer sus trabajos realizados para Italia a través de distintos sellos independientes nacionales. La novedad, en el tomo que nos convoca, realizado junto a Diego Garavano (Salto, 1973) en la faz gráfica, tiene que ver con el hecho de que esta vez él mismo es responsable de la publicación, como parte de una serie de lanzamientos realizados este año a través de Piedra, Papel o Tijera Editora. El lujoso volumen recopilatorio de la miniserie cuenta con 52 páginas a color digital, impresas en el ya tradicional formato 24x17 Cms.

Hackers

La historia de 46 páginas fue originalmente serializada en la antología Lancio Story, de Aurea Editoriale, hacia 2014. Se encuentra ambientada, presumiblemente, en EE.UU. hacia el año 2040, una década después del primer contacto de la humanidad con varias civilizaciones extraterrestres, hecho que determinó un nuevo statu quo mundial, tanto a nivel político como económico y social. La tecnología ha avanzado a pasos agigantados, tanto en lo que respecta a la industria bélica como en la vida cotidiana de los diferentes países. Pero estos avances, también, han traído aparejados ciertos peligros de cuidado. El Polvo de Angel, una adictiva y letal droga de diseño proveniente de otro mundo, hace estragos entre los sectores sociales más vulnerables. Su tráfico ha encumbrado a la raza que la produce en importantes posiciones de poder, volviéndola prácticamente intocable.

Interiores.
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El protagonismo recae en una experimentada e impetuosa joven, llamada Xidra Patton. De ascendencia asiática y con una historia trágica a cuestas, la curvilínea sargento de la Policía Exterminadora, especializada en juzgar y ejecutar a los criminales simultáneamente -no necesariamente en ese orden-, recibe al novato agente Thomas, su nuevo compañero, quien lleva adelante la voz del relato. Con varios enemigos declarados por su eficaz accionar en la fuerza, entre los que se cuenta la empresa bélica Megakorp, dirigida por el perverso Milton Laptox, y algunos carteles ligados al narcotráfico, pronto la vida de la oficial comienza a estar en riesgo. Un grupo de seis mortales asesinos a sueldo, entre humanos, aliens y robots, comienzan a perseguirla día y noche, uno tras otro. Tratar de sobreponerse a estos sucesivos ataques mientras investiga al autor intelectual detrás, será entonces la mayor de sus preocupaciones.

Doble vida

El término Hikikomori fue acuñado por el psiquiatra japonés Tamaki Saito, en el año 2000. Refiere a un trastorno social que implica reclusión y aislamiento personal, por propia voluntad, pudiendo llegar a alcanzar grados extremos de confinamiento. Suele afectar más a hombres que a mujeres y estar vinculado a los múltiples usos de las nuevas tecnologías, a través de dispositivos con conexión a redes sociales y videogames. La utilización del vocablo como título deja entrever la intencionalidad de Balcarce, expresada también, entre líneas, en el prólogo que lleva su firma. Esto es, pararse conceptualmente en la vereda de enfrente del fenómeno en cuestión, y desde allí, construir una vertiginosa trama de ciencia ficción, dividida en seis breves actos, que ahonda en el Cyberpunk. Antes de cada episodio, se presenta un prólogo de una página de extensión que advierte sobre los peligros de la tecnofilia, cuyo verdadero sentido argumental no llega sino hasta el final de la obra.

Interiores.
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Resulta innegable que el argumento está muy bien pensado, un Deus Ex Machina del cual asoma cierta pista en cada una de las misiones, si uno presta la debida atención. La ejecución, por otra parte, apuesta por entero a la acción desaforada. Esta decisión, en sí misma, no es ni buena ni mala, pero priva a la trama de cierta profundidad que la hubiese favorecido. Hay ideas muy logradas que son apenas mencionadas; la central de Policía ocupando el edificio que antes era sede de Justicia, por ejemplo. Se me ocurre que con algún desarrollo más de estas cuestiones contextuales y no tanta machaca, estaríamos frente a un trabajo más redondo. El dibujo de Garavano, por su parte, oscila entre su trazo de influencia caricaturesca y el realismo, en una síntesis no del todo equilibrada, de buena narrativa, no obstante. Es en el diseño de la maquinaria bélica y escenarios donde su arte se convierte en un aporte sustancial, muy bien complementado con la aplicación de color digital.

Un balance general, que considere sus puntos altos y bajos, arroja como resultado que Hikikomori constituye una entretenida lectura, no exenta de tópicos recurrentes en la trayectoria de su guionista -violencia, erotismo-, correctamente dibujada y con un final realmente impactante. Después, coincidir o no con la aversión al uso de las nuevas tecnologías en la cotidianeidad, ya es otro tema.

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