Historietas Cuadradas
Historieta Argentina

Historietas Cuadradas

Los webcómics vuelven al papel

Por: Matias Mir - 22 Nov 2018 Se lee en: 10 mins

Esta nota arranca con un párrafo introductorio innecesario sobre cómo “las nuevas tecnologías proveen nuevas plataformas para la distribución de historietas y bla bla” pero todos se saltean esos así que voy directo al punto: este artículo es sobre webcómics y su paso al papel. Pero para reducir un poco el abanico de libros a analizar nos limitamos a los conocidos “libros cuadrados”, esos que reproducen historietas digitales pensadas para las pantallas de celulares y plataformas con esas características (principalmente Instagram). Si les interesa ampliar conocimientos en el área general de webcómics y su paso al papel les recomiendo mucho que escuchen ESTA charla que tuvo lugar en la FED de este año en la que Paula Sosa Holt, Diego Agrimbau y Dante Ginevra hablaron durante una hora y respondieron preguntas (incluyendo la de un servidor).

Como es un fenómeno relativamente nuevo, vamos a ejemplificar con libros que a la fecha de esta nota son bastante recientes (el más antiguo es de hace un año), pero antes detengámonos un poco en el concepto mismo de los libros cuadrados. La primera característica que comparten es la de la página unitaria, que a su vez tiene su razón de ser en la dinámica de la red en la que originalmente se publicaron. Las redes sociales, hoy más que nunca, no necesariamente están ordenadas cronológicamente, sino por orden de relevancia, y si el usuario reduce el criterio de lo que ve en la pantalla (en un álbum de Facebook, perfil de Instagram) el orden va a ser cronológico, pero inverso (y eso si no tiene interrupciones de otros posteos). Es una plataforma caótica que atenta destructivamente contra la linealidad de las historietas, un golpe a la secuencialidad, y eso obliga a los autores y las autoras a reducir el principio, nudo y resolución al único espacio en el que, por ahora, tienen control: la imagen, y ésta se adapta al formato que la plataforma exija.

Es interesante cómo, con la masificación de internet, las historietas empezaron a traspasarse a lo digital. Además de solo subir páginas similares a las de los libros, comenzaron a adoptar el formato de strip (tira) tan utilizado por los periódicos, como uno rápido de consumir y fácil de digerir, que era exactamente lo que buscaba el nuevo y acelerado público digital. Sin embargo, cuando los celulares y las tablets cambiaron la forma en la que uno interactúa con los contenidos, la tira se convirtió en algo obsoleto para los nuevos contenidos web (¿historietas horizontales en una plataforma vertical?) y la alternativa que predominó fue el square (cuadrado, cuadro). En oriente los coreanos le encontraron otra vuelta y basaron el mercado del webcómic en el webtoon pergamino, pero esa es otra (muy interesante) historia.

Una tercera característica propia de estas historietas es el contenido. Por un lado consiguieron algo que no se había logrado hasta ahora en la historia de la edición de historietas y es la de poder interactuar directamente con su contexto en la vida real. Lo más cercano en papel fueron las revistas antológicas, pero incluso ahí hay unas semanas de delay. No, en el nuevo webcómic de red social (como para distinguirlo del webcómic de blogs) el contenido puede hacer referencias a hechos sucedidos el mismo día de la publicación, y el único retraso es lo que le tarda al autor o autora dibujarlo. Otra ventaja adquirida gracias a las redes y el formato es la viralización de contenidos. Todo es compartible, todo es viralizable, y esa exposición potencialmente infinita permite llegar a públicos que los medios tradicionales no habrían podido por sí solos. Agarrada a esta distribución incontrolable llega una característica que no necesariamente comparten todos los webcómics pero que sí es una tendencia interesante de analizar, y es el género que yo llamo “historieta #relatable”, la “esto es re yo”, el cómic cotidiano. Mejor definido, es el cómic que busca apelar a la mayor cantidad de público posible con un estilo claro, personajes fácilmente distinguibles, elementos que atraigan la mirada en el segundo de atención que le dan los procesos del cerebro antes de decidir saltearla y, principalmente, contenidos con los que el promedio de lectores se identifique. Porque si se ven reflejados en un contenido o si ese sentido del humor apela a sus posturas entonces es más probable que lo compartan. Es la lógica de los memes, sin que esto signifique que las historietas en sí tengan la calidad de uno. ¿Esto deriva de la falta de espacio para proponer una historia? Tal vez, pero, como dije, no es la norma, sino una tendencia que cualquiera puede apreciar por sí mismo o misma solo buscando #webcomic en Instagram.

Una vez que analizamos todas las características y ventajas de las publicaciones digitales casi parece que retrasamos años hablando de su traspaso al papel. ¿Qué ganan los webcómics al ser impresos y perder instantaneidad, gratuidad y potencial de viralización? Acá entramos en un área debatible, pero para empezar el papel les otorga una especie de “legitimación” entre el público más tradicional. Esa afirmación se basa en una división entre público que solo lee en papel y púbico que solo lee en digital (aunque haya más lectores mixtos que de esos dos extremos). La tradición historietística en nuestro país siempre fue adepta al papel y la industria todavía no parece tener pensado trasladarse completamente a internet (aunque haya proyectos editoriales de webcómic, como el eZine de Loco Rabia), por lo que para acceder a ese público es necesario que la historieta pase de RGB a CMYK.

Otra razón posible para ese traspaso de la digitalidad a la materialidad es la puramente económica. La publicación de un producto previamente producido y con un público digital ya cautivo sale con ventaja a la cancha en las librerías por sus autores y autoras reconocibles, por el “boca en boca” que produce no ser una historieta inédita (como sucede con las reediciones de material viejo) y por el factor “libro para regalo” que nace de la relación precio-tamaño-accesibilidad de los contenidos. Poniéndolo así no suena como una locura.

Ahora sí, pasamos a reseñar algunos ejemplos:

EL GORDO SIN REMERA (Juampa Camarda – Ediciones Noviembre, 2018)

Este simpático libro amarillo recopila varias páginas publicadas en el Instagram de su autor durante los meses previos a su salida. Es el tercer libro publicado por el mendocino Juampa Camarda (lo preceden “Arroba Numeral” y “Guía para el fracaso”), pero antes y durante la publicación formal también se dedica a producir webcómics y fanzines, entre los que se incluye una especie de spin-off a este libro, “Kokoro está embarazada”. Pero hablemos del gordo.

A medio camino del cómic “#relatable” y el autobiográfico, cuenta las no-aventuras del anónimo gordo que, efectivamente, no lleva remera, y cómo maneja la convivencia con su pareja y su perra. Y digo “a medio camino” porque si bien todo el desarrollo que se da en los inamovibles cuatro cuadros por página se basa en la descripción de situaciones cotidianas con alguna punchline, el Gordo no pretende identificar al público de masas al que normalmente apuntan esta clase de webcómics. El Gordo es algo así como lo anti-hegemónico: no es ni físicamente atractivo, no es intencionadamente gracioso y no tiene una personalidad fuerte (apenas tiene una personalidad que le alcanza como para ser el protagonista de su propia serie). Pero al Gordo no le importa, él anda sin remera y que sea lo que Dios quiera. Entonces, podemos asumir que el humor de El Gordo sin Remera apunta a aquellos que no se sienten representados por ese humor identificable hegemónico de Internet pero que no se sienten acomplejados por eso, sino que lo toman con su propio humor.

Y para los que les gustan los perros, porque también hay muchos chistes de perros.

PIP Y PEP y VAINILLA KIDS (Paula Sosa Holt – Maten al Mensajero, 2017/2018)

Estos los agrupo no solo porque comparten autora y editorial, sino porque siento que tienen una misma “esencia”, una misma mirada que permite la asociación y vale la pena resaltarla. Por un lado Pip y Pep es una serie de viñetas únicas sobre una pareja de perros antropomórficos. También se sube a la ola de historieta sobre la vida diaria, pero su autora no busca en ningún momento que haya un desarrollo en cada página y menos una conclusión o punchline. En Pip y Pep, la situación es la conclusión, y la agarramos al vuelo, sin contexto. Es una recopilación de pensamientos, de conceptos, de conversaciones ya empezadas, y el lector es un testigo accidental de esa intimidad.

A pesar de que no haya una historia clara planteada, el atractivo de Pip y Pep es la atmósfera íntima y realista que presenta la pareja protagónica. Al final es identificable, pero identificable en un sentido muy específico que es difícil de poner en palabras. La mayoría de las historietas “espejo” van a lo seguro con elementos vagos que apelen a las masas, pero Sosa Holt prefiere hablar de las cosas más incómodas, menos concretas, que hacen a la intimidad de sus personajes y, a la larga, de sus lectores.

Pip y Pep salió (y aún sale cada tanto) en las redes de su autora. Por otro lado, Vainilla Kids, su última publicación, salió publicada digitalmente como parte de “#LasTiras” del programa de radio “FAN el programa”. La “esencia” que comparte con su predecesora es esa ambigüedad en los personajes que hace difícil una categorización. En el caso de los Vainilla Kids, lo ambiguo se multiplica: tenemos a estos tres personajes (entre los que hay un gato antropomórfico conviviendo con los humanos) con relaciones más complicadas de lo que parecen, conviviendo en un mismo techo, específicamente un mismo escenario que casi nunca varía, lo que da una sensación de sitcom que se profundiza con el agregado de la comedia como elemento más definido.

El humor de Vainilla Kids se mueve entre lo identificable convencional y lo bizarro, porque en una historia no definida el remate del chiste suele ser inesperado. A veces la autora recurre al recurso que más le sale y es el no-remate que funciona más a favor del desarrollo de sus personajes que de la comedia. Al igual que en Pip y Pep, hay una intimidad innata en la forma de narrar que obliga a encariñarse con los personajes.

Como agregado, ambos libros incluyen páginas actualmente inéditas en papel, y el Vainilla Kids salió con un fanzine de “covers”, páginas de los personajes dibujados por otros autores.

AH-RE (Tiana – Loco Rabia 2018)

A principios del año, Loco Rabia publicó este librito que es el ejemplo más perfecto que existe de historietas cuadradas. Esta recopilación de ilustraciones previamente publicadas en las redes de su autora (una excelente diseñadora gráfica e ilustradora) cumple al 100% con el concepto de historieta que apela al público masivo y parece estar casi algorítmicamente hecha para ser viralizada. El humor es simple, apto para todo público, pero lo suficientemente ingenioso como para causar la clásica risa nasal del lector más serio. Combinado con un estilo de dibujo colorido y simpático, termina funcionando como el regalo o auto-regalo ideal para públicos no tan relacionados con la historieta como medio. No todos son lectores de historietas, pero a todos les gusta el humor rápido y directo.

SIEMPRE LA MISMA HISTORIA (Sole Otero – Dícese, 2018)

El más reciente de los ejemplos señalados. Ya mencionamos brevemente este libro en la entrevista a Sole Otero, pero entonces todavía era un proyecto. "Siempre la misma historia" nació como un webcómic de redes sociales, pero con un par de diferencias con los demás: se publicó en una cuenta aparte, seguramente para que no se mezclara con las publicaciones de su autora; y es el único no producido digitalmente. Esta historieta de humor (novedoso para la artista, más famosa por su historieta sobre realismo tóxico, aunque ya había pasado por el género con “La Pelusa de los días”) fusiona elementos de fábulas y clásicos cuentos de hadas con el argentinismo más moderno y gana en esa mezcla no solo las risas de sus lectores, sino que también los invita a reflexionar. Es un humor más sutil e inteligente, y cuando viene plasmado en un arte tan lindo no hay de qué quejarse.

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