Historietas Reales
Historieta Argentina

Historietas Reales

El boom del formato digital en Argentina.

Por: Facundo Vazquez - 01 Abr 2019 Se lee en: 7 mins

“Junto a sus compañeros de site, Terranova forma parte de una segunda generación de autores de historietas locales sin un medio donde publicar sus obras. Así como aquella primera generación perdida de marineros sin barco buscó tierra generando sus propias revistas que resultaron efímeras, el signo de los tiempos obligó a esta nueva generación a buscar refugio en el aún más efímero océano online”

Martín Pérez en su prólogo a “La divina oquedad”.

La anécdota primordial

Corría el año 2004 y, casi como un ejercicio de producción, Federico Reggiani y Fran López comienzan a publicar un blog con tiras que los tienen a los propios autores como protagonistas. El blog se titulaba “Autobiógrafo” y abordaba ese género que se construye a partir de pequeñas anécdotas cotidianas y que ahora llamamos (como si nos faltaran palabras en castellano) “slice of life”.

Cuenta la leyenda que al arrancar la publicación, Ángel Mosquito (entrevista exclusiva) entró al blog a tirarles unas palabras de apoyo y aliento a los amigos y terminó diciendo “Creo incluso que podemos todos tomar los postulados que indican los señores de “Autobiógrafo”. Incluso si cada uno hace su blog”.

Reggiani le tomó la palabra y ahí mismo, en los comentarios de la página, se gestó el gran proyecto que acabaría llamándose “Historietas Reales”

Proyecto inicial y desarrollo

Sin prisa pero sin pausa, un grupo de autores independientes comenzó a sumarse hasta lograr que hubiera primero una, después dos y hasta tres páginas nuevas por día. Cada autor tenía asignado un día de la semana, así los lectores podían entrar a seguir sus historias favoritas. El conjunto de títulos y artistas que conformarían esta primera encarnación que se dio entre 2005 y 2006 es la siguiente:
”Autobiógrafo” de Reggiani y López; “Yo conmigo” de Fabián Zalazar; “Mi vida es vigilia” de Diego Agrimbau en solitario y “El asco” en equipo con Dante Ginevra; “Martini Seco” de Hernán Cañellas y Andrés Biscaisaque; “El gabinete de Mr. Exes” de Mr. Exes; “De como me hice rico y famoso” de Ernán Cirianni; “El granjero de Jesú” de Ángel Mosquito; “Clarísimos días” de Clara Lagos; “La divina oquedad” de Rodrigo Terranova; “Indecentemente cursi” de Caro Chinaski; “Los resortes simbólicos” de Max Aguirre; “Mis problemas con los comics” de Andy Iommi; “¿Quién es Z.A.P?” de Roberto Pérez Escalá; “La cárcel de ocho huesos” de Kwaichang Kráneo y “Jorgete y sus amigos” de Marco Antonio Guzmán.

Tan solo con repasar la cantidad de autores que se sumaron a la iniciativa en sus primeros meses, se ponen de manifiesto las dos características fundamentales de nuestros artistas independientes: las ganas y el entusiasmo para seguir creando siempre, y la necesidad de encontrar un vehículo efectivo para llegar a su público.

En un contexto editorial que le ofrecía a los lectores poquísimas posibilidades de acceder a producciones nacionales actuales (estaba Bastión de la que ya hablamos), “Historietas Reales” fue un suceso de público y de crítica. La cantidad de visitas en el sitio no paraban de subir y el suplemento “Radar” de “Página/12” los llamó:

"EL proyecto colectivo de la historieta argentina” y “El medio más activo del género desde la desaparición de Fierro”

Con viento en popa, “Historietas Reales” siguió creciendo e incorporando a autores de la talla de Frank Arbello, Marcos Vergara, Federico Baert, Sole Otero, Powerpaola, Brian Janchez y Rodolfo Santullo.

Domus y la ansiada edición en papel

En septiembre de 2006, con el rescate en álbum de “Animal Urbano” de Guillermo Grillo y Edu Molina, cobra vida Domus Editora de Martín Casanova, una de las iniciativas editoriales más lindas e importantes de ese momento.

Pocos meses después, su segundo libro será una recopilación de las páginas publicadas en “Historietas Reales”. Este álbum será apenas un catálogo que recopila unas poquitas páginas de cada autor (no muy bien maquetado, debo decir) pero, con el paso de los meses, los títulos más populares irán teniendo sus propias ediciones en siete tomitos individuales mucho más prolijos y cuidados. Y es que, transcurrido un año y pico, cada serie había alcanzado a reunir una cantidad de material (y, sobre todo, contaba con un respaldo del público) que las hacía comercialmente viables.

Nace así una fórmula de publicación que hoy es bastante habitual en nuestro mercado: la del autor que de a poco y a pulmón publica una serie en formato digital y, si tiene la repercusión necesaria entre el público, consigue interesar a alguna editorial para hacer una edición física.

Los recomendados

A continuación reseñaré mis álbumes favoritos haciendo antes las siguientes salvedades: En primer lugar, de “El granjero de Jesú” no voy a hablar porque ya lo reseñé acá. En segundo lugar, aunque por lo experimental de la obra (páginas de diferentes formatos y tamaños) “Martini Seco” no fue editado en álbum, tengo que destacarla porque la calidad gráfica de Hernán Cañellas es una aplanadora. La disposición de la página, la soltura de la mancha y el trazo, la notable influencia de Kent Williams... todo se conjuga en un resultado visualmente abrumador y bellísimo. Encima Andrés Biscaisaque, a pesar de ser un guionista novel, demuestra una madurez y un manejo de la narración notable. Como les decía, creo que no está publicada en papel pero sigue disponible en formato digital y es totalmente recomendable.

pagina de Martini Seco
Locura de página de "Martini Seco"

“La divina oquedad” de Rodrigo Terranova.

Confieso que varias páginas de estas “Historias Reales” me arrancaron algún bostezo y otras me inspiraron un sueño profundo. De hecho, considero que si algo nos demostró esta avalancha de anécdotas autobiográficas es que poca gente lleva una vida interesante. No obstante, algunos tienen la capacidad de contarnos esa vida común y corriente de tal forma que nos arranque una reflexión, una emoción o una sonrisa. Terranova, claramente, forma parte de este grupo. Desde el feísmo del estilo (que, por momentos, genera una genuina incomodidad en el lector) la obra ya nos anticipa una posición ética y estética: la de no buscar embellecer la realidad ni en lo más mínimo. Esto no quiere decir que no haya momentos cómicos e incluso chistes, pero el tono general de la serie es el de una angustia y una alienación que puede llegar a resultar asfixiante. El propio autor elige representarse a sí mismo con un rostro que es casi una máscara del horror y solo nos muestra su verdadera cara (muy estilizada) en una viñeta del día del trabajador gráfico. Tal vez porque ese día no tuvo que ir a laburar y se sentía un poco más humano.

Desde el punto de vista del tema y el esquema actancial, se parece bastante a “El granjero de Jesú”: El artista en su entorno familiar y en una localización suburbana, siempre alienado por un trabajo que le deja poco tiempo para la creación estética. Cambia el tono (que, como ya dijimos, es más oscuro) y lo formal, donde se agradece que Terranova rompa frecuentemente la estructura de la doble tira para explotar otros recursos y posibilidades del medio que sabe capitalizar muy bien.

“Los resortes simbólicos” de Max Aguirre

Podría ser una autobiográfica más excepto por dos factores importantísimos: el enfoque nostálgico, filosófico y lírico de Max y su calidad gráfica para plasmarlo en la página. En esta serie se nota, además, una importante evolución en el estilo. El dibujante comienza con una paleta clara, fría y llena de matices a partir de la cual va evolucionando hasta un estilo más oscuro con negros y manchas de colores planos entre los que predomina el ocre rojo. En ambos estilos el resultado es bueno pero el segundo tiene mucho mayor impacto visual y es el que normalmente reconocemos como EL estilo de Max Aguirre.

pagina de Los Resortes Simbólicos
EL estilo de Max Aguirre

Otro acierto de este título es la forma en la que incorpora las referencias. Si bien otros autores también lo hacían (Terranova siempre menciona la canción que está escuchando y a veces cita poemas enteros de León Felipe o de César Vallejo), ninguno logra que la obra referenciada tenga el peso que tienen en “Los resortes simbólicos”. Cuando el Max ficcional pone “Blue Valentine” en el tocadiscos, Tom Waits se acerca a pedirle un pucho. Cuando ve el final de “Blade Runner” abrazado a su chica dormida, la película no es un mero telón de fondo sino el disparador de toda la reflexión poética sobre la vida que transmite el capítulo. El uso del recurso es magistral porque apenas identificamos la referencia, logra evocarnos la emoción del pretexto y trabajar sobre esa emoción sobreimprimiéndole el nuevo sentido que el autor quiere transmitirnos. En este caso:

“Si lo único realmente atroz es cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos”

“El Asco” de Agrimbau y Ginevra

Tal vez la mejor historia publicada en este medio. Sé que van a decirme: “¡Es que Agrimbau y Ginevra hacen trampa, profe!” Y algo de verdad hay. A pesar de ser una de las pioneras que se publica desde el comienzo del proyecto (después fue común escapar del determinante del género), “El Asco” no es una historieta autobiográfica en el sentido de que no cuenta la vida de ninguno de sus autores, pero puesto a jugar al abogado del diablo, me pregunto: ¿Quién sí lo hace? Ya vimos que Terranova no tiene esa cara; Mosquito en el prólogo a “Los resortes simbólicos” dice que Max no es tan pintón ni bohemio y que esas cosas las escribe para levantar minas pero, si vamos a buscar inexactitudes, el propio Mosquito no se llama así; suponémos que Kwainchang Kráneo o Mr. Zap, tampoco y ¿Quién responde por la veracidad de las anécdotas dibujadas? ¿No es el género autobiográfico una convención con límites flexibles y borrosos?

Phillipe Lejeune, autor de “El pacto autobiográfico” diría que ni tan flexibles ni tan borrosos como para incluir a “El Asco”. Esta obra toma elementos del género como la narración en primera persona focalizada en el protagonista; un contexto realista, personas y situaciones cotidianas o al menos creíbles, pero usa todos esos recursos para contar una historia claramente inscripta en el marco de la ficción:

Daniel, que sufrió un accidente automivilístico que le dejó una pierna deforme e incapacitada, se enamora de Natalia, quien por una enfermedad quedó ciega. El tema es que mientras él se arrastra en la autoconmiseración y el desprecio, ella afronta el obstáculo que la vida le puso por delante con entereza y hasta es capaz de reírse de sí misma. De los avatares en la relación entre estos dos personajes golpeados por la desgracia surgirá todo el desarrollo de la novela gráfica.

Dos datos anecdóticos: Mientras casi todas las series originales de “Historietas Reales” tenían entregas autoconclusivas porque cada autor solía subir una sola página por semana, “El Asco” es una historia completa de 74 páginas por lo que los lectores tardaron un año y medio en terminar de leerla. Por esta misma característica, era imposible de incluir en el primer tomo recopilatorio que publicó Domus por lo que sus autores fueron los únicos que produjeron cinco páginas inéditas para esa edición a las que titularon “Detrás de: El Asco” y donde, finalmente, aparecen dibujados Agrimbau y Ginevra interactuando con los personajes de la obra.

Fin de fiesta

En 2009 Domus cerró pero Loco Rabia ya había empezado a producir y publicó “Cena con amigos” de Rodolfo Santullo y Marcos Vergara y “La danza de los condenados” de Federico Baert (con fondos de Vergara y grises de Caio Di Lorenzo). En los años subsiguientes, otras editoriales continuaron rescatando el material originalmente producido para la página y hoy se consiguen también dos tomos de "Autobiógrafo" publicados por Nobuko y Maten al Mensajero, y "Como me hice rico y famoso" publicado por Burlesque.
(Actualización: Siendo septiembre de 2019 nos informan que ya está en preventa "El rey de la historieta" de Fede Baert coeditado por Loco Rabia y Los aspirantes... así que siguen las ediciones en papel de las recordadas y queridas Historietas Reales).
Con el tiempo la página decayó. En parte porque proliferaron muchos otros sitios que ofrecían historietas on line pero también porque la reactivación del mercado editorial en formato físico le permitió a muchos de sus autores embarcarse en proyectos más redituables. Como sea, el aporte de este fenómeno y el grupo de artistas que lo hizo posible marcaron un hito insoslayable en la historia del medio en nuestro país.

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