fbpxLa historieta argentina en el cambio de siglo | Historieta Argentina | Ouroboros World
La historieta argentina en el cambio de siglo
Historieta Argentina

La historieta argentina en el cambio de siglo

Resistiendo el huracán

Por: Facundo Vazquez - 01 Mayo 2020 Se lee en: 10 mins

Si hace veinte años o menos que leés historietas argentinas, probablemente estés acostumbrado a algunas cosas: leerlas editadas en libritos, encontrar algunas de las más prestigiosas o vendedoras en librerías, seguir a tus artistas y editoriales favoritas a través de sus redes o páginas web, precomprar el material para pagarlo un poco más barato y ligar algún regalito, estar atento al calendario anual de eventos y presentaciones donde podés conocer personalmente a los autores... un montón de prácticas totalmente instaladas que le dan formato a nuestro mundillo y que ya tenemos completamente incorporadas. No obstante, por raro que parezca, hace treinta años, nada de esto existía y nos hubiera sonado rarísimo si un viajero del futuro nos hubiera contado que así iban a ser las cosas.

Todas estas características tienen que ver con los procesos de adaptación que la historieta argentina tuvo que realizar para sobrevivir a la crisis terminal en la que entró el modelo de producción industrial característico del siglo pasado. De hecho, este artículo funciona como continuación de “La gran crisis de la historieta argentina”, en el que analizaba la decadencia y la extinción de las publicaciones antológicas que predominaron en el mercado editorial argentino durante el Siglo XX. Tras esa nota (una de las primeras que redacté para este sitio) estudiamos el caso de revistas como “Fierro”, “Puertitas”, “Hora Cero”, “El Tajo”, “Hacha”, “Qajas” e incluso los superhéroes argentinos publicados en formato comic-book. En todos los casos, se observa la misma constante: las publicaciones que no cierran durante la década del noventa, son rematadas por la crisis del 2001.

Entonces: ¿qué sobrevivió de la historieta argentina y cómo lo hizo? Considero que la supervivencia se dio a través de dos ámbitos de consumo y circulación muy minoritarios. Tan minoritarios que, antes del colapso de la historieta masiva y popular, apenas eran visibles: las “editoriales de libros”, como Colihue o De la Flor, y el mundo de los fanzines.

La consagración simbólica.

Curiosamente, a medida que la historieta perdía popularidad en Argentina, ganaba prestigio y reconocimiento cultural no solo aquí sino en todo el mundo. El proceso de legitimación del medio es paulatino y largo de describir. Entre sus antecedentes deberíamos citar (entre tantos otros) la primera Bienal Mundial de la Historieta organizada por el Instituto Di Tella de Buenos Aires en el año 1968, la tarea crítica que desarrollara Oscar Masotta en su revista “Literatura Dibujada” y su libro “La historieta en el mundo moderno” (publicado por la muy académica editorial Paidos en 1970 y reeditado recientemente por Ediciones Marmotilla en España), o la publicación de “A contract with God” en 1978 con la que Will Eisner acuña el título de “novela gráfica”.

A cada evento que queramos destacar por su carácter histórico, se le puede encontrar un precedente, pero quisiera citar algunos hitos que se produjeron en este proceso de legitimación cultural de la historieta durante el periodo que estamos analizando:

  • En 1984, “Perramus” de Juan Sasturain y Alberto Breccia se convierte en la única historieta en ser reconocida con el Premio Amnesty International. Tiempo después, la ONG impulsaría su propia línea de historietas enfocadas en la temática de los derechos humanos.
  • En 1985, con “Ronin” de Frank Miller se introduce el formato prestige en el mercado americano, buscando que la calidad del soporte material (mayor cantidad de páginas, lomo, mejor papel e impresión) estuviera a la altura de una obra que empezaba a percibirse como culturalmente relevante. “Dark Knight Returns” consagrará definitivamente el formato y será de las primeras obras en ser reeditadas en un volumen, es decir: un libro de unas 200 páginas.
hitos en el reconocimiento de la historieta
Fíjense que el TPB de Ronin ni siquiera decía DC sino Warner Books
  • En 1988, “Watchmen” de Alan Moore y Dave Gibbons recibe el Premio Hugo otorgado por la Sociedad Mundial de Ciencia Ficción, siendo la única historieta en la historia en recibir esa distinción. Ya en 2005, será el único cómic incluido en la lista "100 best novels: 1923 to the present" de la revista “Time”.
  • En 1991, “Sueño de una noche de verano”, la historia corta de “Sandman” de Neil Gaiman y Charles Vess gana el Premio Howard Phillip Lovecraft, hasta ese momento reservado únicamente para obras literarias. Si no lo leyeron, en el prólogo a “Estación de Nieblas”, Harlan Ellison cuenta de forma muy graciosa el escándalo que se armó en la World Annual Fantasy Convention cuando se anunció al ganador.
  • En 1992, “Maus” de Art Spiegelman es reconocido con el Premio Pulitzer administrado por la Universidad de Columba, convirtiéndose en la única historieta en recibir ese galardón. Los originales de la obra son expuestos en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York.
  • El mismo año, La Sociedad Estatal Quinto Centenario de España, decide reconstruir la historia de la conquista de América en una colección de libros lujosísimos y llenos de información histórica para lo que reúne a un plantel insuperable de historietistas de ambos continentes.

A estos hitos deben sumarse el creciente apoyo institucional que reciben en Europa salones como los de Angoulême, Lucca o Barcelona; la presencia cada vez más frecuente de artistas provenientes de la historieta en museos y muestras de arte, y la construcción de una historiografía y una crítica (tanto académica como periodística) especializada en el medio, que en Argentina alcanza un punto culminante en 1994 con la aparición de "Comiqueando". En resumen, la historieta había ido ganando un prestigio que hacía viable su acceso al formato libro y al circuito regular de librerías.

La llegada al formato libro y el circuito de librerías.

Sin dudas, la pionera en este campo fue Ediciones de la Flor. La editorial de Daniel Divinsky y Kuki Miler llevaba dos décadas incluyendo en su catálogo y vendiendo en librerías tanto obras de Julio Cortázar, Rodolfo Walsh, Ray Bradbury Griselda Gámbaro como los libros de “Mafalda”, “Inodoro Pereyra” y “Boogie el aceitoso”. Pero todos sabemos que una cosa es el humor gráfico, que habitualmente llega al público adulto a través del periódico, y otra es la historieta pura y llana. Por eso en 1990, cuando llegó el momento de publicar “Perramus” (que a pesar del prestigio internacional y el premio Amnesty continuaba parcialmente inédita en Argentina), se realizó mediante una coedición con la editorial Lumen y Ediciones culturales.

Fue un libro hermoso de 180 páginas con prólogo de Osvaldo Soriano y quienes todavía conserven esa primera edición tienen una verdadera joya. Personalmente, me alegra mucho que siga siendo De la Flor la editorial que publica los tomos de “Perramus” hasta el día de hoy... pero, para ser honesto, creo que en ese tiempo no generó una gran repercusión. Podría decirse que, hasta ese momento, la entrada de la historieta adulta a las librerías no había pasado de un intento experimental no demasiado exitoso. No obstante, la rueda de la historia se había puesto en marcha y ya no se detendría.

Cuenta la leyenda que cuando se produjo el cierre de “Fierro”, La Urraca le debía bastante guita a Ricardo Barreiro. En medio de la avalancha de demandas legales que estaba sufriendo por parte del gobierno menemista (que ya analizamos en otro artículo), la empresa no podía afrontar la deuda con el guionista por lo que le propone cederle el sello de la editorial y el prestigioso título de la fenecida revista para encarar un par de proyectos con cuyas ganancias pudiera saldarse ese pasivo. Barreiro aceptó y eligieron el mismo formato en el que había salido “Ciudad” en marzo de 1992 para publicar “El libro de Fierro 1” en febrero 1993, “Instituto-Ministerio” en mayo 1993 y “El libro de Fierro 2” en diciembre de 1993.

Como curiosidad, hay que mencionar que Récord, también publicó un libro en ese periodo: el “Nekrodamus”, que reunía los capítulos guionizados por Oesterheld que salió en octubre de 1993.

Cabe destacar que estos libros podían conseguirse en algunas librerías pero seguían distribuyéndose mayoritariamente en kioscos. Lo extraño era que su precio (entre ocho y diez dólares) resultaba totalmente inusual para un kiosco de revistas, pero normal para el circuito de librerías.

En 1994, Emecé (la editorial que por entonces publicaba a Borges y Bioy Casares) publica “Maus” con traducción de César Aira para ser comercializado exclusivamente en librerías y ahí sí que el mundo tembló. Emecé tenía una visibilidad y una llegada a los suplementos culturales de los diarios que hizo que “Maus” agotara la tirada, fuese reeditado y que mucho intelectual sostuviera por primera vez una historieta en sus manos. Ese mismo año ve la luz “El Lápiz Japonés”, que si bien se proponía como una publicación más o menos periódica y reunía trabajos de un grupo de artistas de propuestas muy heterogéneas y conectadas al under, adoptaba el formato de un libro de 180 páginas.

algunos libros de la época
Algunos libros de la época.

Las experiencias previas resultaban más o menos auspiciosas y el siguiente paso lo dio Colihue, al lanzar una colección completa de libros en gran tamaño para comercializar en librerías. La colección era dirigida por Juan Sasturain y Pablo de Santis y en claro homenaje a la revista de Masotta se llamó “Narrativa Dibujada” o “Enedé” (coloquialmente conocida como "los libros naranja")

En 1995 salió la primera oleada de títulos: “Cosecha Verde” de Carlos trillo y Cacho Mandrafina, “Vera historia de Indias” de Oski, “Sherlock Time” de Oesterheld y Alberto Breccia, “Keko el mago” de Carlos Nine y “Rompecabezas” de Pablo de Santis y Max Cachimba. En los años siguientes, la colección siguió creciendo y agregando nuevos títulos. Obviamente, con la crisis del 2001, dejaron de ampliar el catálogo pero lograron mantener su presencia en las librerías y volvieron a publicar cuando la economía se estabilizó, convirtiéndose en uno de los pocos emprendimientos editoriales del siglo pasado que todavía sigue en marcha. Hoy, veinticinco años después, tienen publicados dieciocho libros que incluyen títulos como “Mort Cinder”, la versión de “El Eternauta” de 1969, “Polenta con pajaritos” de El Tomi, “Evaristo” de Carlos Sampayo y Solano López, “Sin novedad en el frente” de Patricia Breccia y la adaptación de “Informe sobre ciegos” de Ernesto Sábato ilustrado por el viejo Breccia.

Nobleza obliga.

Ocurre que a mí no me gusta hablar de fanzines. Contrariamente a los que algunos puedan llegar a pensar, no se trata de un desprecio por el medio o de un sentimiento de superioridad, más bien todo lo contrario. Prefiero no hablar de fanzines por una cuestión de respeto. Existe un universo tan enorme de publicaciones amateurs en el mundo de la historieta argentina, que me resulta inabarcable y me parece una falta de seriedad hablar de algo de lo que (en proporción al tamaño del fenómeno) he leído tan poco.

Afortunadamente, hay gente que sí se ha dedicado a estudiar, registrar y preservar la cultura fanzinera desde hace décadas y esa gente labura en Zinerama, el blog que creara Roberto Barreiro y que actualmente conduce Julián Oubiña. Yo ahora voy a describir algunas generalidades de lo que fue el fenómeno subte en la transición de milenio pero si ustedes quieren información exhaustiva hasta el último título, nombre y fecha de nacimiento de cada adolescente que quiso expresarse en una fotocopia oficio doblada al medio, les firmo la interconsulta con Zinerama. 

La profesionalización del fanzine.

Frente a una crisis como la que estamos analizando, el fanzine tiene la ventaja de no tener una estructura comercial formal. No hay acreedores, empleados ni unos márgenes de ganancia que cumplir. Es más, puedo decirles que mientras más se deterioraba el mercado editorial formal, más crecía la movida fanzinera. La explicación es obvia: al desaparecer las revistas, autores que ya habían alcanzado un nivel totalmente profesional (como Salvador Sanz o J.J.Rovella de “Catzole”) se tenían que quedar haciendo fanzines porque el escalón siguiente al que debían acceder, simplemente había dejado de existir. Tal vez el cierre que más se sintió en ese sentido fue el de “Fierro” que durante muchísimos años había dedicado parte de sus páginas a visibilizar la movida under a través de su “Subtemento Óxido”.

También ocurría que autores que habían sufrido un revés comercial en su intento de autoeditar una revista profesional, “rebotaban” de nuevo al circuito under, como ocurrió con algunos de los integrantes de “Qajas” o de “Arkanov” (dirigida por Diego Agrimbau) tras el cierre de dichas publicaciones. Incluso, autores totalmente consagrados comenzaron a compartir espacios con los chicos del mundo del fanzine como pasó con el grupo del prozine “Hacha” que incluía a Quique Alcatena, Horacio Lalia o Leo Manco y esos espacios se irían multiplicando de la mano de un fenómeno nuevo dentro de nuestro ambiente: los eventos.

Y yo sé lo que van a decirme: “Pero, profe, antes de los eventos ya estaba el Parque Rivadavia”. Y, al menos en parte, tienen razón. El Parque Rivadavia era, en esos tiempos, un espacio de informalidad absoluta. Había muchos puestos pero también había decenas y hasta cientos de particulares que llevaban sus libros, revistas (o las porquerías viejas del galponcito) y se pasaban toda la tarde del domingo con un mantelito en el pasto, tomando mate y tratando de vender o canjear algo. Ese fue el primer punto de encuentro para muchos comiqueros y autores subte pero... me avisan por la cucaracha que el país es un toque más grande que el barrio de Caballito y había otra gente, en otros lugares que estaba produciendo fanzines que no llegaban al Parque Rivadavia.

Sin ir más lejos: en 1995 en Córdoba, comienza la andadura de Llantodemudo, y yo (como la mayor parte del público no cordobés) tardaría AÑOS antes de enterarme de su existencia. Para eso tendrían que pasar una serie de cosas que le fueron dando forma al calendario de eventos que hoy conocemos y que conecta a buena parte de la Argentina comiquera. Veamos:

  • En 1996 se realizó el primer Fantabaires en un salón alquilado a la Socieda Italiana. Aclaro que cualquier evento de los que actualmente ocurren todos los fines de semana en diversos polideportivos, patios de escuelas o sociedades de fomento no tienen nada que envidiarle a lo que eran las instalaciones de ese primer Fantabaires. Sin embargo, ahí se plantó una semilla y se sentó un precedente.
  • Ya en la edición de 1997, realizada en el Centro Cultural Borges, entre los chicos que venían a vender sus fanzines desde distintos rincones de la provincia de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, surge la idea de crear la Asociación de Historietistas Independientes (AHI) con el objetivo de colaborar cooperativamente en la distribución y venta del material en los eventos que iban surgiendo en distintas partes del país.
  • Para 1998, la AHI no solo logra nuclear a la mayor parte de las publicaciones autogestivas del país (en su entrevista, Ángel Mosquito recuerda 135 sellos en el stand) sino que produce su propio evento: Historietas Bajo Tierra en la sede de la CTA. Pero que el origen under no los confunda: A este evento asistieron autores de la talla de Quique Alcatena, Luis García Durán, Eugenio Zoppi y el mismísimo Francisco Solano López

Mientras tanto, Fantabaires da un salto cualitativo y se organiza en la Rural.

sitio web de La Productora
La Productora fue pionera en la presencia on line

En 1999, un sector de la AHI (Cristian Mallea, Mosquito, Agrimbau, Jok, Dante Ginevra, Carlos Aon, Luis Guaragna) anuncia la creación de la editorial La Productora. Los artistas de este grupo acuerdan un formato y un precio standard (hasta ese momento, cada uno se manejaba como se le daba la gana) con la intención de profesionalizar la edición, impresión y distribución del material. En 2000, salen a la calle los primeros títulos de La Productora: “Morón Suburbio”, “Villa Tesei”, “Road Comic”, “Grajal” y “Perfecto”.

La cultura del aguante.

En diciembre de 2001, se produce el estallido social que pone fin al gobierno de Fernando de la Rúa, pero no es la intención de este artículo analizar un fenómeno político y económico tan complejo. Solo voy a aportar una anécdota de la realidad para que aquellos que no lo recuerdan o no tuvieron que atravesarlo se hagan una idea de lo que fue: El gobierno nacional puso en marcha un plan bajo el nombre “El hambre más urgente”. Ese plan repartía bolsitas con semillas para que plantes en el fondo de tu casa y, eventualmente, si sobrevivías hasta la cosecha, comas. En mi casa solo prendió el perejil pero debo confesar que no soy el mejor agricultor.

Sí, corresponde decir que entre el 2000 y el 2003 fueron los años más duros y la historieta argentina parecía amenazada con la desaparición total... Pero en 2002, en un contexto aparentemente imposible, La Productora publica su primer (y hermoso y emocionante y necesario) libro: “Carne Argentina”. Setenta y pico de páginas reuniendo historias cortas sobre lo que fue sobrevivir a la crisis del 2001.

Mientras tanto, en Córdoba, Llantodemudo había sacado “Desiguales”, una novela gráfica experimental de Diego Cortés y Federico Rubenacker ¡de 170 páginas en formato grande! La historieta argentina no estaba dispuesta a rendirse y no se rindió. Los dos proyectos sobrevivieron a la crisis y siguieron publicando.

La Productora como editorial siguió hasta 2005 (como estudio sigue existiendo), momento en el cual la recuperación del mercado editorial y el reconocimiento de sus autores les permitió ubicar el material que producían sin tener que autoeditarse. Tal vez por eso y como símbolo claro de esa continuidad histórica, el último libro que llevó el nombre de La Productora en la tapa fue el primero para otro grupito de autores que venía del under, se habían conocido en eventos y se lanzaba a la edición profesional: “Traición” de Loco Rabia (pueden leer las entrevistas a sus editores Marcos Vergara y Alejandro Farías).

Llantodemudo, por su parte y cuando la recuperación económica lo permitió, se convirtió en una de las editoriales de historietas más importantes y prestigiosas del país, editando casi un centenar de títulos hasta el fallecimiento de su director y alma mater, Diego Cortés, en 2015. Actualmente, Nicolás Brondo tiene planificado el relanzamiento del sello y, retrasado por la pandemia a raíz del Coronavirus del 2020, ya planea editar el primer tomo de “Elvisman”.

La historia de la historieta argentina sigue (y por suerte repunta) pero yo tengo que dejarlo para el próximo artículo.

Dejá tus Comentarios

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
Acerca de formatos de texto

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.