Historieta Argentina

Lanzamiento de la Colección Grampas de Loco Rabia

Nuevo/viejo formato

Lanzamiento de la Colección Grampas de Loco Rabia

A veces pareciera que la historieta argentina pierde el camino. Lo que no puede decirse es que alguna vez deje de buscarlo. Y un gran ejemplo de esta búsqueda constante, de este permanente proceso de experimentación con diferentes propuestas, formatos y contenidos es la aparición de la nueva Colección Grampas de la editorial Loco Rabia.

Grampas es una nueva apuesta con un proyecto editorial claramente definido: Libros de menos de 64 páginas, no limitados exclusivamente a la historieta sino abarcando también otras manifestaciones de narrativa ilustrada. La nueva colección es totalmente coherente con la línea editorial que Loco Rabia sostuvo desde siempre: hacer lindos libros pero, a la vez, mantener unos costos que los hagan accesibles a todos los bolsillos.

Respecto al formato, la nueva colección viene a sumarse a una serie de proyectos que vienen recuperándolo como 2020, Galgo, Lo que ya pasó o Transitar la ciudad como fantasma de editorial Deriva; El año que conocí a Naritzutis, Dusko o La Ley de Murphy de Maten al Mensajero; o incluso Wormboy de Le Noise.

¿Se viene el regreso de las revistitas pero con una propuesta nueva y adaptada a los intereses y los hábitos de lectura del siglo XXI. Estaría bueno.

En este momento, los tres primeros libros de la colección se encuentran en preventa pero, en una política editorial digna de mención (y hasta de aplauso) la editorial tuvo la gentileza de enviar una versión digital para que los difusores pudiéramos acceder al contenido antes de la salida en físico.
Infinitas gracias. Que cunda el ejemplo.

Ahora sí, pasamos a la reseña de las obras.

Lo mejor que tenemos

Arrancamos con la obra de la novel artista integral Lucía Martínez Mayer que tiene como excusa para no haber publicado antes, el hecho de que nació apenas en el año 2000. Eso sí, ya el año pasado obtuvo el tercer premio en el Concurso le Letras del Fondo Nacional de las Artes con esta Lo mejor que tenemos.

En un futuro de tierra yerma y estéril, un grupo de personas trabajan dragando un río. Ninguno de ellos, ni aún la más vieja vio nunca crecer una planta pero pero cada día siguen limpiando el lecho con la esperanza de descontaminarlo y que vuelva la vida.

lo mejor que tenemos
Pequeña muestra del arte de Martínez Mayer. Para jugarle todas las fichas

Uno de los grandes logros de la obra es la construcción de una atmósfera gris y desoladora pero a la vez rutinaria. Nos muestra un universo ficcional distópico pero reconocible. Un mundo que, en lo esencial, no se ve muy diferente del nuestro, con platos para lavar y un ciber en el que solo se puede imprimir en blanco y negro... pero que, a la vez, se enfrenta a la extinción.
Un contexto en el que parece imposible vivir y en el que, sin embargo, la gente se pone el despertador cada mañana y sigue con su vida.

Uno pensaría que, considerando su brevedad, la obra necesitaría recurrir a un exceso de información textual, con largos diálogos y cartuchos que expliquen todo ese mundo, sus reglas y sus conflictos. Nada más alejado de la realidad. Martínez Mayer recurre a largas secuencias sin palabras, pero además, los personajes tienen una expresividad (como la de los mejores actores) muy contenida y verosímil.

Es verdaderamente increíble la cantidad de emociones y sensaciones que esta joven artista logra transmitirnos con tan poquita información. Porque acá, más allá de la anécdota, lo que priman son las emociones y la despiadada reflexión que conllevan. La angustia existencial, el vacío interno, la necesidad desesperada de aferrarse a una esperanza y la sospecha constante de que, muy probablemente, estamos engañándonos. Que solo seguimos adelante por cobardía.

Todo eso, en una paleta de acuarelas quebradas, siempre sucias y desaturadas indispensables para la construcción del clima que es el gran protagonista del relato.

De lo mejor que leí este año. Y la alegría es doble al saber que implica la incorporación de una autora nueva y tan talentosa al panorama de nuestra historieta.

Valijas Perdidas

La más lírica y surrealista de las tres propuestas que componen esta apuesta inicial de “grampas”. Valijas perdidas tiene guiones de Juan José Dimilta (el de La Tormenta en el Año del Conejo) y dibujos de Pablo Guillermo Serafín (el que hace las ilustraciones de los libros del Indio Solari).

Valijas perdidas
La locura en toda su magnífica belleza

Acá sí que la idea del argumento se limita a brindar un esqueleto, apenas una excusa que permita hilvanar cada una de las magníficas ilustraciones a doble página que constituyen un orgasmo visual atrás de otro.

Un viaje hermoso con unos personajes loquísimos en situaciones imposibles y esa paleta de colores pasteles super vibrantes que van de la retina al cerebro con la potencia de una patada eléctrica. Casi con la misma fuerza y velocidad que los autores pasan de la realidad más cotidiana a un mundo de delirio incontrolable en solo una página.
Eso sí... si venías buscando una historia con un relato más o menos tradicional, doblaste mal en algún lado porque acá no es.

De hecho, conté la cantidad de palabras escritas en todo el libro y son menos de cien.

El Pequeño Gigante

Cierra esta primera tanda de libritos, la primera obra que no es historieta. El Pequeño Gigante cuenta con textos de Alejandro Farías, dibujos de Tomás Gimbernat y, en una mirada superficial, puede parecer un cuento infantil ilustrado de los de toda la vida.

No obstante, en una lectura un poquito más atenta, encontramos numerosos recursos que lo conectan al código de la historieta, como pueden ser los globos de texto, las onomatopeyas o las metáforas visuales. Incluso, algunas páginas se animan a incluir varias ilustraciones generando algunas auténticas secuencias narrativas.

El relato de Farias (que de literatura la sabe lunga) abreva de las mejores tradiciones del género, desde el cuento medieval y la leyenda hasta el absurdo onírico surrealista. Como todos los grandes relatos infantiles contiene una reflexión que conecta con el mundo adulto pero su público objetivo y quienes mejor podrían disfrutarlo son los niños de hasta diez años.
Ahora no tengo un nene a mano para hacérselo leer pero estoy seguro de que le encantaría.

Pequeño Gigante
¿Ves nene? Por acá se va a la historieta

El dibujo de Gimbernat es limpio, preciso y posee toda la belleza naif que puede esperarse en una obra de esta naturaleza. Lo acompaña un coloreado en acuarelas de tonos suaves y una paleta super amigable para deleitar a los pequeños.

Es curioso como, a pesar de que puedan considerarse propuestas diametralmente opuestas, el estilo del autor posee una impronta tan reconocible que podemos encontrar puntos de contacto con la colaboración anterior de la dupla: la recordada El color de la nieve.

Pero tal vez, lo más remarcable de esta “grampa” es la intención de tender un puente que acerque al público infantil a una editorial de historietas y lo vaya familiarizando con algunas de sus convenciones. También en ese sentido, establece una continuidad con otro proyecto épico de la editorial que fue la antología infantil Pumbapá.

 

Empecé diciendo “A veces pareciera que la historieta argentina pierde el camino” pero no es cierto porque los caminos de nuestro amado medio son infinitos.

Por eso, celebramos la aparición del nuevo espacio e instamos a todos nuestros lectores a dejar sus morlacos en el siguiente link de preventa que, además del viejo y querido 20% de descuento tradicional, tiene un descuento mayor aún si compran los tres juntos.

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Escrito por:
Facundo Vazquez
Guía su vida por el bushido y la frase de Benjamin "Ustedes nunca vieron morir a un burro".
Facundo Vazquez
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