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Las mujeres en el Eternauta

Un análisis de género de los distintos Eternautas de Oesterheld

Por: Santiago Porro - 26 Oct 2020 Se lee en: 15 mins
Las mujeres en el Eternauta

El Eternauta es una historieta que tiene un peso especial en la cultura argentina. La primera serie comenzó en la revista Hora Cero Semanal con una distribución estimada de 180.000 copias, y su paso a la iconicidad se volvió indudable con las continuaciones en la Revista Eternauta (1962), revista Gente (1969) y bajo Ediciones Récord (1975), donde alcanzo su popularidad masiva y empezó a recibir reediciones. La historieta se ha editado por Europa (desde Italia y España a Croacia y Grecia) (Haywood Ferreira, 2012)  y Estados Unidos (2016). El escritor Juan Sasturain la definió como "el relato, en términos míticos, más importante de la narrativa argentina de la segunda mitad del siglo XX“ (La Capital, 2010). Para Patricia Breccia "Oesterheld es uno de los más grandes guionistas y escritores que dio el mundo de la historieta en Argentina" y considera que Oesterheld "transcendió la historieta (…)" Fue un escritor que utilizó la historieta para hacerla popular" (Télam, 2019).

El Eternauta fue más allá de los soportes de circulación tradicionales de la historieta y llego a los medios, las redes sociales, el arte callejero, la escuela, e incluso el estado y la política. Este impacto cultural tuvo como resultado que se desarrollara una multiplicidad de análisis sobre la historieta. Entonces considero que el continuo debate sobre ella es algo que no sólo es inevitable para una obra tan popular, sino que es algo deseable, puesto que la mantiene vigente y la actualiza constantemente, abriéndola a nuevas lecturas. Mariano Chinelli considera que hay tres grandes perspectivas a la hora de analizar la obra: “[entendiéndola como un] clásico de la historieta ubicado entre los mejores relatos de la ciencia ficción argentina; [como] puro entretenimiento; [o como una] obra política que tira línea. Tomadas por separado son válidas; y juntar las tres también es válido” (La Voz, 2017). Esta resonancia política es clave para entenderla desde la modernidad, donde se ve a la obra como un reflejo de la situación política de diversos momentos del país y/o la posición política de su autor, Oesterheld, sobre estos momentos, una ideología que se desarrollaba de distintas maneras en las sucesivas versiones de la historia (y digo Historia y no Historieta, porque considero clave del desarrollo meta-textual del Eternauta a su versión en novela de 1962).

Sebastian Gago, autor del libro-tesis Sesenta años de lecturas de Oesterheld, considera que Oesterheld “siempre tuvo una disposición a decir cosas con sus historietas, aunque no en un tono pedagógico” (La Voz, 2017), lo que daría pie a ver la historia “como metáfora de parte de nuestra historia nacional”. Es entonces, considerando el impacto de la historia en el campo cultural nacional, y la multiplicidad de análisis y debates generados por la misma, que considero necesario e importante detenerse a analizar la representación de las mujeres y la feminidad en las distintas versiones del Eternauta.

Toda construcción discursiva y cultural se sostiene en contextos histórico-sociales que reflejan significados sexuales o de género. El análisis crítico-feminista permite desmontar los presupuestos imbuidos en las obras, develándolos en sus supuestos y permitiendo lecturas alternativas.

El objetivo de una crítica en clave de género a una historieta no necesariamente debe ser denunciar el sexismo y los males de los autores para catalogarlos en cajas ideológicas; sino que, como bien explica Mariela Acevedo, se puede partir del texto para “entender cómo se construye socialmente la masculinidad, la feminidad” (…) “con el fin de entender algo más sobre la sociedad que produce esas narrativas”, abriendo los textos a nuevas interpretaciones. Mariela considera que las historietas plasman diálogos género-sexuales sociales e históricos, desde los cuales se puede “proponer interpretaciones sobre qué discursos circulan en torno a las relaciones entre los sexos, géneros y deseos” (…) “y cómo esto construye y a la vez impone ciertas formas de pensarnos” (Acevedo, 2017).

La calma antes de la tormenta.
La calma antes de la tormenta.

El Eternauta 1957

El Eternauta original se publicó entre 1957 y 1959 en Hora Cero Semanal números 1 al 106. Fue escrita por Oesterheld y dibujada por Solano López. En la historia, una invasión alienígena acaba con miles de argentinos y los sobrevivientes se las arreglan para sobrevivir y resistir al invasor. Me interesa detenerme en las mujeres presentadas en la historia, y los patrones culturales que se develan al observar la forma en que Oesterheld decidió representarlas.

Se nos presentan dos personajes femeninos: Martita, la hija del protagonista Juan Salvo, y Elena, la esposa de Juan. Martita es un no-personaje; apenas tiene presencia (pequeñas escenas donde la vemos triste) y carece completamente de agencia. Más que un personaje, es un recurso de la trama, un símbolo de lo que Juan busca proteger, un recuerdo que lo guía en su aventura.

Elena también funciona como objeto de adoración, pero desde su posición de adulta tiene más espacio para actuar de modo independiente. Cuando los personajes se enteran por primera vez de la nevada mortal que cayó sobre la ciudad, Elena piensa inmediatamente en sus familiares, mientras que Juan piensa en jugadores de futbol muertos, lo que le da a Elena ciertos rasgos de una personalidad. Una vez que la aventura comienza, se hace claro su rol dentro de la dinámica del grupo. Mientras los hombres resuelven las situaciones, salen a buscar provisiones y diseñan los trajes, Elena se dedica a la cocina. Ella hace el inventario de alimentos, cocina para el grupo y más tarde los ayuda a coser. Cuando los hombres diseñan un traje por primera vez hay una dura discusión para decidir quién saldrá a la calle primero, debido al alto riesgo que representa la nevada mortal. Los hombres discuten el impacto que causaría en el grupo si alguno de ellos muriera al salir, pero Elena no es considerada dentro de la ecuación porque no es vista como un agente de utilidad; es claro que su lugar es dentro de la casa.

Más adelante, luego del fallecimiento de uno de los hombres del grupo, Favalli hace un recuento y concluye que sólo quedan dos hombres útiles en la casa. Entonces Pablo, un niño que habían encontrado poco antes, les recuerda que él también es un hombre y por lo tanto cuenta como agente de utilidad. Ante la crisis, ante la muerte de sus amigos, la historia nos dice que un niño pequeño puede ser de utilidad, pero una mujer adulta no. Páginas más tarde, hay una escena en la que Elena se lamenta al pensar en que nunca volverá a salir de compras. El personaje, que comenzó con mucho potencial, parece empobrecerse página tras página, como si retrocediera cada vez más. Lejos quedó su lamento por los familiares perdidos, reemplazado por lamentos de supermercado.

Elena piensa en que no podrá salir de compras de nuevo.
Elena piensa en que no podrá salir de compras de nuevo.

Cuando es hora de volver a salir, los adultos quieren dejar al niño, Pablo, en la casa para que defienda a las mujeres, y ante esto Elena los convence de que podrán defenderse solas. Parece haber un indicio de valentía en la mujer, pero Oesterheld más tarde demostraría que las mujeres efectivamente no serían capaces de protegerse solas, en la historia publicada en el suplemento Hora Cero Extra, en la que nos muestra sus aventuras solas en la casa. Pero analizaré eso más adelante.

Cuando los hombres se disponen a abandonar el hogar, Elena retiene a todos para hacerles una cena; algo que se explica por “su ingenuidad de ama de casa”: al ser la dueña del hogar no puede evitar querer llenarles la panza. Tras esto, por culpa de la tardanza que genera, el grupo es encontrado por el ejército, y los hombres tienen que entrar a un peligro terrible. Juan lamenta que le hicieran caso a Elena, como culpándola.

Elena intenta evitar que Juan se vaya, diciéndole que ella y su hija no podrán arreglárselas solas, a pesar de que poco antes había dicho que iban a poder. Con lágrimas en los ojos, desesperada, llega a decir que los invasores quizás sean benevolentes, en un intento desesperado de detenerlo. Favalli le explica lo tonta que está siendo. Lógicamente para la narrativa presentada hasta el momento, en el ejército de resistencia no hay ninguna mujer.

Es fácil ignorar las escenas que describí como “un producto de la época”, frase que deja a Oesterheld exento de cualquier crítica. Sin embargo, esta respuesta es particularmente interesante cuando se refiere al Eternauta, una obra que es frecuentemente destacada por su superación de los estándares narrativos de la época. Patricia Breccia define Oesterheld como "un trasgresor en todo sentido, de avanzada, que rompió con montones de esquemas a la hora de escribir" (Télam, 2019). Claramente no rompió con todos. La paradoja del Eternauta parece ser que todo lo celebrado de la obra es atribuido al genio y la imaginación del autor, es su autoría, mientras que todo lo que pueda ser criticable o que no haya envejecido bien es un “producto de la época”, y como tal no puede responsabilizarse al escritor por ello; o más aun, no merece ser discutido ni siquiera.

En su texto de 2012, Haywood Ferreira analizó las claves de la iconicidad del Eternauta y  concluyó que en las versiones de 1957 y su continuación en novela en 1962, la historia funcionaba como un relato universalista sobre la voluntad humana; una universalidad que fue perdiendo con el anclamiento cada vez más explícito sobre la política argentina en las versiones de 1969 y 1976. Ferreira considera que la obra perdió su impacto al perder esta identificación universal, idea que comparte con Juan Sasturain, quien dice al hablar de la obra de 1957 que ”no hay ninguna historia que tenga la capacidad de significado y resonancia” (Télam, 2019).

Sin embargo resulta interesante analizar, a luz de la representación de las mujeres que acabo de describir, a que se referían Ferreira o Santurain cuando hablaban de la universalidad de los personajes en la historia. Porque parece ser una universalidad únicamente masculina. Al final de la versión novelada de 1962, Oesterheld describe a sus personajes con las siguientes palabras: “ustedes han demostrado iniciativa, capacidad de resistencia, un fabuloso deseo de vivir [...] porque demostraron ser los mejores entre los terrestres”. Y sin embargo, los personajes presentes en esta escena, estos quienes son “los mejores entre los terrestres”, son todos sujetos masculinos. 

En la obra Oesterheld reflejaba supuestos ideológicos culturales sobre el rol que las mujeres tendrían dentro de una familia y durante una situación de crisis. Sin embargo, hay que dejar claro que no estaba haciendo un recuento histórico de una situación real, mostrando plenamente el accionar de las mujeres en esa época. Esta era simplemente su visión de las dinámicas de género. Cabe preguntarse si Oesterheld, quien estaba familiarizado con la historia bélica fuera de Argentina, había oído de las oficiales femeninas en el ejército, que existían hasta cuarenta años antes de la publicación del primer Eternauta. Dentro del mundo de la historieta, las mujeres ocupaban posiciones de poder y accionar desde antes de 1942. Oesterheld no descartó a las mujeres como sujetos de acción porque no existieran, sino que lo hizo porque no consideró que fueran una posibilidad dentro de su historia. Para el Eternauta de 1957, una mujer es una cosa inútil, débil y cobarde. Y nuevamente voy a recordar que esto no busca ser un juicio de valor sobre Oesterheld, sino un análisis del Eternauta como texto.

Elena y M.artita, indefensas ante el peligro.
Elena y M.artita, indefensas ante el peligro.

En Hora Cero Extra #1 Oesterheld y Solano López nos regalan una historia donde Elena y Martita deben defenderse de un loco que entra a su casa mientras Juan está con el ejército. En esta historia Elena demuestra ser incapaz de protegerse ante el peligro, incapaz de superar al hombre que la ataca, y está a punto de ser ejecutada de un tiro cuando un copo de nieve mortal entra en la casa y asesina al agresor. Mientras tanto, en la serie principal de Hora Cero, los hombres continúan su guerra completamente masculina. Los enemigos que encuentran son los alienígenas Cascarudos y Gurbos (asexuados) y los Manos, que sólo aparecen como hombres. En su viaje Juan y sus amigos encuentran una joven, una sensual mujer-robot enviada para seducirlos y eliminarlos, pero es asesinada enseguida. Cuando los hombres finalmente regresan a su hogar le regalan claveles a Elena, y ella llora mientras se disculpa por ser tan tonta.

Más adelante, cerca de la conclusión de la obra, el grupo es emboscado por hombres robots luego de que abandonaran su hogar. Elena rompe a llorar y Juan la detiene porque no quiere que los demás hombres la vean. Entonces transcurren los eventos trágicos que desencadenan el final: los hombres son atrapados por el enemigo y Juan, Elena y Martita entran a una de sus naves. Elena se ve confundida y hasta incapaz de procesar la situación, sugiriéndole a Juan que estaría bueno regresar al chalet, y finalmente pidiéndole socorro, justo antes de desaparecer en el continuum del tiempo-espacio. Tras esto, la ausencia de las mujeres como símbolo que motiva al protagonista se vuelve una marca literal: se convierte en el Eternauta, y estará destinado a pasar la eternidad buscando a su familia. Y en definitiva ese fue siempre el papel de las mujeres en el primer Eternauta: un símbolo de lo que el hombre debe proteger.

Lo interesante es que el relato no terminó acá, sino que Oesterheld regreso a la obra, produciendo notorias modificaciones sobre el rol de la mujer en las distintas versiones.

El Eternauta 1962

En la novelización-secuela del Eternauta publicada en 1962 y 1963 en la Revista Eternauta, escrita por Oesterheld, el rol de las mujeres cambió un poco, si bien no demasiado. Continuando del final de la historieta, la novela comienza con el regreso de Juan a la tierra. Tras unas pocas páginas, la vida de Juan es salvada por una mujer que se encontraba sola protegiendo a su hijo. El paralelismo con el episodio de Hora Cero Extra es claro, ahora tenemos a una mujer capaz de valerse por sí misma. Esta mujer desconfía de Juan, y lo abandona poco después. Este personaje se trata de un agente con autonomía, alguien capaz de decidir por si misma y llevar a cabo esas acciones.

Poco después Juan se une a un pequeño ejército en el que las mujeres trabajan junto a los hombres, si bien realizan tareas más simples que las de ellos.

Hacia el final de la novela, Juan encuentra a una mujer que trabaja como parte del sistema de inteligencia de Estados Unidos, en la primera línea de defensa contra el invasor. Ella se limita a cuestiones médicas, no es un combatiente, pero al menos no está cocinando en su casa.

Al final de la historia, los Ellos seleccionan los mejores sobrevivientes del planeta, 500 humanos, y Favalli y Juan comentan que les llama la atención que sean todos hombres. La cosa comenzaba a cambiar, al menos superficialmente, pero en la siguiente versión de la historia parece dar un paso atrás.

El Eternauta 1969

Oesterheld volvió al Eternauta con la versión dibujada por Breccia en 1969, publicada en la revista Gente. Ahora el joven compañero del grupo, Pablo, ya no existe, y su aparición en la historia es ocupada por Susana, una mujer entre adulta y adolescente. Susana se salvó de la nevada al ser encerrada en su sótano, cosa que ocurrió por “haber insistido con salir a bailar” con un chico, cosa que su tío no aprobó. Todo muy normal. En un giro completamente inesperado para la primera parte, Susana se une al ejército de resistencia, apareciendo como un soldado más. Sin embargo, luego de este gran avance, Susana no vuelve a ser vista.

Por otro lado, en cada una de sus apariciones Juan nos narra lo sensual que ella es y lo mal que se siente por desear otra mujer además de su esposa. El personaje de Susana funciona entonces como una cara bonita para el lector, que crea conflictos con la otra mujer de la historia al competir por el afecto de los hombres. Esta es la primera mención explícita de la sensualidad de las mujeres, algo que estará muy presente en la versión de 1976 también. Juan se pregunta si Elena no estará celosa de la belleza de Susana, e incluso reflexiona sobre cómo las catástrofes reducen a los hombres a su estado más primal, convirtiéndolos en animales. Siguiendo ese pensamiento, se pregunta si “podrán aguantar” cerca de Susana… implicando que él y Favalli podrían llegar a violarla.

Juan se pregunta si podrá contener sus impulsos con Susana.
Juan se pregunta si podrá contener sus impulsos con Susana.

Lamentablemente, debido a la cancelación temprana de esta versión de la historia, es difícil saber cuál sería el arco a largo plazo que Oesterheld tenía pensado para Susana y Elena. También cabe preguntarse si este nuevo personaje sensual no fue creado especialmente para el nuevo medio en el que la serie se publicaba (la revista Gente), si bien esto no cuadra demasiado con el tono oscuro de los dibujos de Breccia y el marcado acento político de la historia.

El Eternauta II 1976

Siete años después Oesterheld regresó para contar “El Eternauta II”, de nuevo con Solano López. Publicado entre 1976 y 1978 en Skorpio. Al comenzar la historia, la familia de Juan es enviada a un páramo post-apocalíptico, y Juan y su amigo Germán (que funciona como inserción del propio Oesterheld) deben salir a explorar el terreno. Martita y Elena vuelven a lo suyo: sin nada que opinar o aportar a la situación, van a la cocina a realizar el inventario de la comida, al igual que lo habían hecho en la historieta original.

Más adelante, Juan crea flechas y les enseña a todos a usarlas. De este modo Martita y Elena logran desarrollar una habilidad útil, de defensa personal, en la que incluso se desempeñan mejor que Germán. Sin embargo, esto se revela como una simple escena cómica, que busca hacer reír con el patetismo de Germán comparado a las mujeres. En realidad, una vez que el peligro comienza, las mujeres vuelven a su posición de damisela en apuros y Germán funciona como la figura de acción junto a Juan. Luego de practicar con las flechas, los hombres salen a explorar y al volver descubren que Elena y Martita fueron secuestradas por los Zarpos, los nuevos enemigos de esta historia. No pudieron defenderse solas.

Hasta este momento, Juan siempre se había visto motivado por la protección de esas dos mujeres. El recuerdo de su presencia, esperándolo en su hogar, lo acompañó durante toda su aventura en la primera parte, y su búsqueda lo motivaba en la novela. Sin embargo, como bien lo saben todos los lectores, a mitad del Eternauta II esto cambia. Germán y Juan llegan a los Pueblos de las Cuevas, donde viven hombres y mujeres que rescataron a Elena y Martita de los Zarpos, cosa que ocurre fuera de escena. Luego de reencontrarse con Juan en las cuevas, ellas dos desaparecen de la historia. Ya no son el foco de Juan, no son el eje narrativo de los acontecimientos, y al no poder defenderse o luchar, no tienen nada que aportar narrativamente. Juan deja de ocupar sus pensamientos con ellas, y Elena y Martita desaparecen.

En el Pueblo de las Cuevas hay mujeres que forman parte de la acción, son guerreras al igual que los hombres. Parece que finalmente están ganando equidad. Sin embargo, en estas mujeres se revela una gran debilidad de Solano López como diseñador de personajes. Solano es muy bueno diseñando hombres, los representa con diferentes cuerpos: gordos, altos, petizos, musculosos, flacos; pero pareciera que le interesa diseñar un solo tipo de mujer. Las mujeres de las cuevas tienen todas el mismo cuerpo: flaco, con buenas curvas, cubiertas sólo por un corpiño y taparrabo. Es un elemento sexual innecesario, que vuelve lo que podría ser poderosos personajes femeninos en un burdo elemento sensual para entretener los lectores, con escenas de ellas agachándose para mostrar el culo incluidas.

La nueva sensualidad.
La nueva sensualidad.

Germán se obsesiona con una chica del pueblo, llamada María, que no se ve mayor de 16 años. Él sabe que ella terminara casándose con algún muchacho del pueblo, pero aún así empieza a preocuparse por que ella no lo vea debilitado, y piensa en su nombre en situaciones de riesgo. Es así como Oesterheld crea una nueva “Elena”, una mujer que motive al héroe en su aventura, un símbolo de lo que hay que proteger. Este rol es trasladado de Juan, quien narraba la primera parte, a Germán, narrador de esta última versión.

Más adelante, Juan decide realizar un ataque suicida para liberar a las cuevas de la opresión de los Ellos. Para esto deben ponerse serios, y selecciona un escuadrón con los adultos del lugar, mientras que los jóvenes y las mujeres deben quedarse atrás. Volvemos al viejo estándar: las mujeres esperando en sus hogares. Antes de irse, Germán consigue un beso de su querida María, pero no hay beso de Elena para Juan, quien ya apenas demuestra afecto hacia su familia.

En el polémico final de la historia, los héroes regresan de su aventura y descubren que las cuevas fueron invadidas por Zarpos. Entonces Juan explica que deben elegir entre salvar “las cuevas”, donde se encuentran las mujeres y niños, y “el Premonitorio”, que está siendo protegido por María, Elena y Martita. Aquí el lector atento podría preguntarse por qué Elena y Martita no estarían adentro de las cuevas, con el resto de las mujeres y los niños, pero la lógica de esta situación no era tan importante como su peso simbólico: al final, los héroes deciden sacrificar sus seres queridos para salvar al conjunto del pueblo. María, Elena y Martita mueren mientras Juan y Germán salvan las cuevas. Juan se permite derramar unas lágrimas, pero enseguida se recompone, pues sabe que ellas vivirán en su memoria.

El tiempo pasa, y Germán encuentra otra menor de edad sensual que se ve exactamente igual a María, y decide apadrinarla. Germán comprende que María decidió luchar hasta vencer, y con su muerte, lo consiguió. Todo valió la pena. Aquí concluye lo que Oesterheld escribió de los personajes.

María, un nuevo símbolo que proteger.
María, un nuevo símbolo que proteger.

Palabras finales

Si bien a nivel masivo la discusión sobre el impacto del arte en las sociedades sigue vigente, la ley de Educación Artística Argentina (Res 111-10) define claramente que “en  la  actualidad  se  reconoce  que  el  arte  es  un    campo  de  conocimiento,  productor  de imágenes  ficcionales  y  metafóricas,  que  porta  diversos  sentidos  sociales  y  culturales  que  se manifiestan a través de los procesos de realización y transmisión de sus producciones”.  Es por esta cualidad del arte como productor de conocimiento en el público (significados culturales) que la ley considera que el Arte es “un área  privilegiada  para  el  desarrollo  de  capacidades vinculadas a  la interpretación crítica de la realidad”. Lo que quiero decir con esto es que toda obra de arte genera resonancias en su lector, que recibe símbolos culturales y corre el riesgo de normalizarlos si no se los discute.

Es bien sabido que estas obras representan todo un desarrollo ideológico para Oesterheld, quien comenzó a escribir la primera parte de 1957 como un anti-peronista de izquierda y terminó escribiendo la versión de 1976 como un militante de Montoneros. Sin embargo, mi análisis me lleva a pensar que no modificó demasiado sus ideas sobre las mujeres. En los 50's las retrató como cosas hermosas, frágiles e inútiles que se debían proteger. En los 60's y 70's pareció aceptar que eran sujetos de acción, que podían unirse a los ejércitos, formar parte de los combates, pero esta fue una concesión que realizo con condiciones: su principal característica sería siempre su belleza, nunca serían determinantes en ninguna victoria, y seguirían definiéndose por su capacidad por inspirar a los hombres.

Me parece como mínimo problemático que “el relato más importante de la narrativa argentina de la segunda mitad del siglo XX” (Sasturain) no haya recibido ningún análisis sobre sus representaciones de genero hasta ahora. Es fácil pensar que este tipo de lecturas son “obvias” y por lo tanto innecesarias, pero la realidad argentina nos demuestra que la misoginia es un elemento que nunca debemos obviar, en un contexto donde los femicidios durante el 2020 han aumentado respecto al 2019 y una mujer es asesinada por un hombre cada día (datos del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación, 2020).

Análisis de este tipo nunca deberían dejar de realizarse, sobre todo con obras tan consagradas por el imaginario popular. El Eternauta es una obra emblemática con muchas cosas geniales que la crítica ha rescatado; es por estos aspectos positivos es que debemos seguir analizándola y cuestionándola, dialogando con la obra desde nuestra actualidad, para revelarla en toda su complejidad.

Bibliografía

  • Oesterheld y Solano López (1957-1959), “El Eternauta”, publicado en Hora Cero Semanal numeros 1 al 106.
  • Oesterheld (1962 y 1963), “El Eternauta”, publicado en la Revista Eternauta.
  • Oesterheld y Breccia (1969), “El Eternauta”, publicada en la revista Gente.
  • Oesterheld y Solano López (1976-1978), “El Eternauta II”, publicada por Skorpio.
  • Acevedo Mariela (2008), ”Ella, Una Y Todas: Mujeres En La Obra De Patricia Breccia”; publicado en TEBEOSFERA (2008, TEBEOSFERA) -2ª EPOCA- 13, 31-XII-2014. Disponible Online.
  • Acevedo Mariela (2008), “Ojo Con Ellas. Comentarios Sobre El Análisis Feminista De Las Historietas A Propósito De Barrio Chino, De Martini-Maitena”. Publicado en TEBEOSFERA (2008, TEBEOSFERA) -2ª EPOCA- 13, 31-XII-2014. Disponible Online.
  • Acevedo Mariela (2017), “Autoras de Fierro. Una aproximación a las “minas” que dibujan en una revista de historietas argentina en los años ‘80”. Disponible Online.
  • Acevedo Mariela (2018), “Humor como espacio de dialogismo sexogenérico: Del canon y el contracanon a la constelación crítica”. Disponible Online.
  • LM Neuqen (2008), “El Eternauta según Sasturain”. Disponible Online.
  • La Capital (2010), “Tras los pasos del Eternauta: Sasturain recrea a Oesterheld”. Disponible Online
  • Haywood-Ferreira, R (2012), “Oesterheld’s Iconic and Ironic Eternautas.” Latin American Science Fiction: Theory and Practice, Eds. M. Elizabeth Ginway and J. Andrew Brown. NewYork: Palgrave Macmillan. 155-84. Disponible Online.
  • Lomsacov Iván (2017), “El Eternauta: una fantasía nacional”. Disponible Online.
  • Télam (2019), “A 100 años del nacimiento del padre de El Eternauta". Disponible Online.

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