Historieta Argentina

Mikrosha, de Ignacio Minaverry

El autor de Dora se sumerge en la ciencia ficción, con excelentes resultados

Mikrosha de Minaverry

Entrando ya en su tercera década, pocos discutirían si afirmamos que Ignacio Minaverry es uno de los artistas más celebrados y establecidos de la historieta argentina del siglo XXI. Sus Dora y Noelia fueron columnas vertebrales de la segunda época de Fierro (2006-2017), y la primera se ha convertido acaso en el personaje más reconocible de nuestra historieta, en tiempos de libro álbum e historias autoconclusivas. Lo que nos ofrece el autor en Mikrosha sólo afirma ese estatus (y por eso extraña que casi nadie esté hablando de este libro).

Una portada que parece salida de las viejas colecciones de Minotauro
Una portada que parece salida de las viejas colecciones de Minotauro.

Minaverry hace aquí equipo con Estudio Mafia (el mismo taller/editorial detrás del hermoso Cartográfica de Sike) para traernos una historia completamente nueva. Alejándose del drama histórico con fuerte impronta de no ficción con la que se hizo un nombre, esta vez nos ofrece una breve aventura de ciencia ficción. Más específicamente, nos transporta a un mundo posterior la Primera Guerra entre la humanidad y las máquinas y nos arroja en la tensa zona desmilitarizada que divide al enclave humano Turinsk y la titular ciudad robot Mikrosha.

Si tuviese que destacar una sola bondad Mikrosha, esta sería que logra contar una historia que se siente completa, satisfactoria, e incluso construir un mundo, en tan solo 44 páginas de historieta. Siendo históricamente la serialización una parte tan integral a lo que es la historieta como medio, en general lamento la forma más acotada, restringida en que existe actualmente en nuestro país. (Aunque, también, comprendo porque). Sin embargo, artistas de la talla de Minaverry vienen a probar que no siempre hacen falta muchas páginas para desplegar ambición narrativa.

Una de las dos principales armas que tiene el autor es su gran capacidad para diseñar protagonistas identificables, que se sienten vivos. En esa suerte de ligne claire criolla que viene cultivando desde hace dos décadas, Minaverry necesita pocos trazos para llenar de personalidad y vida a sus personajes. Svetlana, Galya y hasta el robot Iván Ivánovich son prueba de ello.

La Torre de Televisión construida en Berlin, un ícono del diseño del Este
La Torre de Televisión construida en Berlin, un ícono del diseño del Este.

La otra es su afinada capacidad para sumergirnos en un mundo ficcional con imágenes, sin necesidad de recurrir a una tediosa exposición que sólo subestima al lector. A Turinsk y Mikrosha el lector las va armando como un rompecabezas a partir de lo que va encontrando en las viñetas: arquitectura, objetos, normas sociales. Por ejemplo, el lugar que ocupan las mujeres en el Servicio de Frontera nunca es explicado, simplemente lo vemos. Lo mismo con el intercambio entre Galya y encargado de la tienda, que da a entender que no estamos en una sociedad con economía capitalista.

Esa sensibilidad retro en el diseño, ese aprecio por la estética de los años sesenta y setenta siempre presente en la obra de Minaverry (recuerdo una historieta corta sobre los Mods británicos que apareció en Fierro), aquí está nuevamente presente. El futuro de Mikrosha es uno con firmes raíces en el pasado, especialmente en el imaginario de ciencia ficción del otro lado del muro. La portada misma recuerda a esos libros de la primera colección de Minotauro, que hoy se venden por miles de pesos en Internet y en las librerías de viejo.

Minaverry, más manga que nunca
Minaverry, más manga que nunca.

En el uso intensivo de mapas, organigramas y señalética (recopilada en un Anexo al final del libro) se deja adivinar una influencia “hickmaniana” más cercana en el tiempo. De hecho, Mikrosha no desentonaría en el catálogo de ciencia ficción contemporánea y "afrancesada" con la que tan bien le va a Image Comics. Eric Stephenson, atendé el teléfono.

En la secuencia de acción final, así como en el diseño mecánico de las unidades KV, también puede adivinarse esa veta manga que siempre está presente en el trabajo de Minaverry. (Aunque un poco debajo de la superficie, de la más inmediatamente reconocible inflexión europea). Prohibido olvidar que su El Regreso de Daigar, editado por Comiquendo Press en 1999, es uno de los contendientes al título de primer “manga argentino”. O “argentimanga”, como le decían entonces.

Pero todo esto, la historia, los personajes y combinación elegante de influencias en un mundo propio y original no impiden que el autor haga despliegue de otra de sus trademark: la impronta social y política. En este caso, en la trama de guerra fría entre humanos y robots, y en la relación forjada en la niñez entre Svetlana e Iván, que la trasciende, encontramos un comentario punzante sobre las naciones y sus asuntos, sobre nuestra relación con el Otro con mayúscula. Por no decir nada de los ecos implícitos al otro lado de la Cortina de Hierro que contienen el estilo de diseño, el uso del alfabeto cirílico y algunas interacciones menores. Si a Minaverry le gustan los sesenta es probablemente porque entonces se podía creer casi con inocencia en que era posible un mundo mejor, más justo y que, incluso, estaba a la vuelta de la esquina.

La textura es una de las características de los libros de Mafia
La textura es una de las características de los libros de Mafia.

A todo lo que hace al texto, a la historieta de Minaverry, debe sumarse el laburo de Mafia, integral a lo que es Mikrosha como libro. Impreso con técnica risográfica a dos colores, que recuerda a lo que venía haciendo el autor en su último volumen de Dora, y de cualidad artesanal, el tomo se siente como un objeto único. Hecho reafirmado en la contratapa interior, donde cada uno de los 300 ejemplares de la primera tirada aparece numerados. (El mío es el 121). No hay dos exactamente iguales, dos versiones donde el amarillo caiga exactamente en el mismo lugar que en otro.

¿Volveremos a ser invitados al mundo de Lana, Galya e Iván? Yo espero con ansias que la respuesta sea sí. La cantidad de trabajo detrás del diseño del mundo, de los logos, de los mapas, sugieren que difícilmente esto haya sido un paseo de una vez y ya. Cuando sea que Minaverry nos vuelva llevar a Turinsk y Mikrosha, nosotros estaremos listos para el viaje.

 

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Escrito por:
Diego Labra
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