Historieta Argentina

Precinto 56, de Ray Collins y Lito Fernández

Un clásico que vuelve, a través de Doedytores-Historietas Argentinas

Precinto 56

Ahora que el sello de Javier Doeyo relegó la tenencia de los derechos para seguir publicando El Eternauta en favor del gigante español Editorial Planeta, nada menos, se imponía el reemplazo de su principal ‘caballito de batalla’ por otras franquicias nacionales que conciten similar interés entre el público. Hacia eso parece apuntar el lanzamiento de la Colección Infinito, que se plantea recuperar el extenso período de Ricardo Ferrari guiando los inmortales pasos de Gilgamesh, siempre con el inolvidable Lucho Olivera en los dibujos.

Pero no solo de clásicos originalmente publicados por Editorial Columba, se trata, puesto que otra de las buenas nuevas que trajo aparejado el presente año fue la reedición de un serial que fue por casi una década uno de los grandes éxitos de Ediciones Récord. Bajo el atrayente subtítulo Lo Mejor de la revista Skorpio, vio la luz hace un tiempo el primer volumen de Precinto 56, con guiones de Ray Collins (Buenos Aires, 1936) y arte de Lito Fernández (Buenos Aires, 1941), libro de 84 páginas en B/N, en formato 24x17 cms.

UN CHICANO EN NEW YORK

Los buenos personajes de historieta siempre consiguen reencontrarse con sus lectores. Tal es el caso del célebre teniente Zero Galván, protagonista de la saga policial en cuestión, que surgiese de la prolífica imaginación del guionista y escritor Eugenio Zappietro -alias Ray Collins-, y al que diera vida por vez primera el gran José Muñoz allá por comienzos de la década del sesenta en las páginas de la recordada Misterix, de Editorial Yago. Claro que por entonces, el recio agente de la ley lucía acentuados rasgos anglosajones.

Habría que esperar hasta el primer número de Skorpio, con fecha de portada Julio de 1974, para disfrutar de la interpretación gráfica definitiva del personaje, que acentúa sus raíces latinas, además del característico bigote, responsabilidad de Angel Alberto ‘Lito’ Fernández. Este fértil periodo, que Doedytores empieza a recuperar en el tomo que nos ocupa, se extendió hasta fines de 1981 y tuvo una suerte de breve spin-off hacia 1979 en Skorpio Extra, titulado Zero Galván a secas; instancia también escrita por su creador, que se prolongó por cinco capítulos, ilustrados por el rosarino Gustavo Trigo.

La última etapa seriada en revistas mensuales del investigador portorriqueño transcurre en Miami, tras aceptar un ofrecimiento de la DEA para colaborar en la desarticulación de una serie de carteles extranjeros que operan impunemente en el gran país del norte. Se extendió por apenas cuatro entregas, publicadas en la antología D’Artagnan, durante 1996 -ya en plena agonía del sello de la palomita-, que fueron dibujadas por la dupla artística conformada por Alfredo Flores y Andrés Páez.

Hay un retorno posterior que transcurre lejos de las viñetas, en el ámbito literario, donde la inoxidable pluma de su padre lo volvió protagonista de tres recomendables novelas negras: la homónima Precinto 56 (2011), de Ediciones La Llave, a la que siguieron Mi nombre es Zero Galván (2011) y Buenos Aires Hora Zero (2014), ambas publicadas por la editorial Del Nuevo Extremo.

Zero Galván
Zero Galván, en la versión de Flores-Páez.

SEIS BALAS EN LA RECÁMARA

Esta reedición incluye los seis primeros episodios de la saga, presentados en estricto orden cronológico, tal y como salieron publicados a mediados de los setentas. Con carácter unitario y una extensión variable, entre las doce y quince páginas, se enfocan en los difíciles casos asignados al eficaz aunque hosco teniente Zero Galván, hombre de mediana edad -y pocas pulgas- que cumple servicio en el violento Precinto 56 de New York, habitualmente secundado en las misiones por su compañero, el rubio y valeroso sargento Val Amato.

Con título homónimo al de la serie, el relato inicial parte de un fallido atentado al capomafia local en ascenso Tony Baird, en el que pierde la vida una joven modelo, conocida en el ambiente como Marlene Gallart. El principal sospechoso de ordenar el ataque es otro criminal, el inmigrante griego Nikos Stefanos, públicamente enfrentado con el primero. Hurgando aquí y allá, el hispano descubrirá la verdad detrás del fatídico hecho, comprobando otra vez, que las apariencias suelen engañar en la ciudad que nunca duerme.

El segundo acto desnuda los horrores, pasados y presentes, de la guerra. ‘Error soldado’, narra el destrato que el joven veterano Ned Barrows sufre a manos de la sociedad por la que combatió valientemente en Saigón. Involucra, además, al magnate Matthew Patterson, vendedor de armas que en ocasión de brindar una fiesta privada en su lujoso crucero, antes de salir a recorrer el mundo en compañía de su hija Jessie, cuenta con ambos uniformados asignado a su seguridad. Tiene un final memorable, marca de autor en Collins.

La tercera historia lleva por título ‘Besar a un solitario’, marcando el debut del gran interés amoroso de Galván, la periodista Tippy Manix. Una comunidad hippie en el Village comienza a alborotarse con la llegada de la carismática Caryl, en simultáneo a la búsqueda mediática y policial de Lena Biscayne, inquieta heredera de una acomodada familia neoyorquina, además de media hermana de la intrépida cronista. Una trama donde la tensión y el suspenso se mezclan -hábilmente- con el culebrón, otra de las especialidades del escriba.

El teniente Zero Galván
El expeditivo teniente en acción.

El siguiente unitario, ‘Esta es la noche’, apuesta a un planteo dramático, que va in crescendo hasta su final. Un violador serial anda suelto en la ciudad; sus dos últimas víctimas, la esposa del teniente Lazarus Holm, que se debate entre la vida y la muerte en un hospital, y la blonda Victoria Démy, prometida del prestigioso médico cirujano -amigo de Galván- Cirus Bolt, exigen ponerle freno. Todo se resolverá drásticamente en una noche, pero justicia no es lo mismo que venganza. Y un muchacho inocente puede pagar el precio.

La muerte de una alondra’, anteúltimo capítulo, da cuenta del incipiente potencial de la saga. Con un argumento fuerte, que entrelaza temáticas tales como la corrupción política, el accionar policial en el tráfico de drogas y hasta la cuestión del aborto clandestino en las grandes urbes. El veterano senador Weygand lidera una comisión que investiga a la policía neoyorquina, pero una oscura cuestión familiar vinculada a sus dos hijas que pronto adquiere estado público, complicará tanto su agenda como el trayecto hacia la Casa Blanca.

La última parada del recorrido es y no es un episodio de la serie. ‘El triturador’ se publicó originalmente en un especial, el Skorpio Libro de Oro N°1, de 1975; debido a algún tipo de error editorial, fue comisionado al gran Cacho Mandrafina, quien lo trabajó como un autoconclusivo más, reinterpretando visualmente a los personajes. Narra el cruel final de Walter Dorfman, alterado excombatiente de Vietnam que se atrinchera en su casa natal, al que la policía debe reducir para evitar que el reguero de violencia se extienda por el barrio.

El arte de Precinto 56
Un cuadro de composición casi cinematográfica.

PRESO EN MI CIUDAD

No por nada, hay creaciones que devienen en clásicos de determinados géneros. El particular modo de escritura de Collins, capaz de conciliar la tradición del mejor policial negro, respetando el manual de estilo ‘puro y duro’ al que obedece, mientras introduce -con buen criterio, en un equilibrio siempre difícil- aquellos distintivos toques de romanticismo y poesía propios del costado más ‘popular’ de su prosa, ha sabido imponerse con autoridad al paso del tiempo. Logrando un material que conserva el interés, manteniendo su elegancia.

Asimismo, el arte de Fernández tiene un peso innegable a la hora de dar entidad al serial. Desde la atractiva puesta en página, con una disposición de viñetas ortodoxa, pero introduciendo variantes innovadoras propias del dibujo publicitario, hasta los logrados enfoques y perspectivas a la hora de retratar tanto la abundante acción, como aquellos momentos de respiro, el trazo es contundente. Su narrativa siempre es fluida, sus personajes resultan profundamente expresivos y hasta el trabajo de fondos está cuidado al detalle. Por no hablar del correcto uso de la técnica del claroscuro, de la que hace uso y no abuso.

Bienvenido sea este nuevo rescate, necesario, a nuestro mercado editorial. Ahora solo resta aguardar que las ventas del tomo acompañen, para que la longeva y extensa saga del ya mítico Precinto 56 se continúe republicando. De los lectores, depende. Sobran los motivos.

 

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Escrito por:
Mariano Sicart
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