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¿Qué NO le falta a la historieta argentina?
Historieta Argentina

¿Qué NO le falta a la historieta argentina?

Una charla que debería continuar en la próxima Crack Bang Boom

Por: Mariano Cholakian - 14 Jul 2020 Se lee en: 6 mins

Mientras soñamos con la próxima Crack Bang Boom y poder saltar abrazados en montonera, reviso (por enésima vez) uno de los momentos más álgidos de la edición anterior. La charla en la que participaron Renzo Podestá, Diego Agrimbau, Manuel Loza, Paula Andrade y Martín Giménez titulada «¿Qué le falta a la historieta argentina?» me sigue poniendo a pensar, así como me sigue divirtiendo lo candente de la discusión que se generó arriba del escenario. No lo puedo evitar, el quilombo desde el punto de vista del espectador me atrae demasiado.

La charla se puede ver en tres partes que dejamos aquí para que puedan interiorizarse en el tema y saber de qué se habló en la misma. Cortesía de Sergio «Jack» Schiavinato.

En un momento inicial de la filmación, pero ya entrada la charla, Paula Andrade sentencia magistralmente toda la conversación: «en toda esta situación argentina que estamos viviendo de mierda, el poder tener como tenemos la Crack, todo lo que generamos la editoriales, todo eso, sí marca que la historieta está pasando un momento SALVAJEMENTE GENIAL». Desde mi punto de vista como lector, no me cabe la menor duda. Hay una enorme y variada oferta de publicaciones tanto de creadores nacionales como extranjeres, mainstream y alternativo, para todos los gustos, en excelentes ediciones, a precios accesibles, hechos con dedicación y mucho amor al medio. 

En su genial claridad, en un momento en el que el ambiente se estaba acercando a la posibilidad de revoleo masivo de sillas, Paula Andrade agrega: «valorémonos, pasamos de una sequía absoluta a una proto-industria». Inmediatamente después, Diego Agrimbau incorpora un segundo concepto clave, que también me dejó pensando durante todo este año: «LAS VIUDAS DE LA MASIVIDAD». Si bien él lo asigna a la muerte en general de los consumos masivos (la caída del rating total de la televisión por ejemplo) y lo aborda desde el punto de vista de la distribución, me voy a permitir usarlo durante este artículo para otra cosa.

¿Qué NO le falta a la historieta argentina?

Masividad.

Sobre todo la masividad entendida como producción industrial. Muchas voces en el ambiente del comic en nuestro país (en el caso de la charla, representadas de alguna manera por Martín Giménez) añoran las épocas de venta del material en los puestos de diarios, de la lectura de trabajadores en el transporte público, y en la charla se abrevia con la era de dominio de la Editorial Columba. Es lo que, mal o bien, llamaré el resto de la nota «el modelo Columba».

Quienes abogan por el regreso de este modelo creen que la distribución en puestos de diarios asegura mayores tiradas que los canales de comiquerías, sin siquiera discutir la posibilidad de reunir editoriales para llegar a las librerías o generar un sitio web que concentre la venta del material en formato digital. También parecen añorar la forma de producción estandarizada propia de los procesos industriales, similares al que usaban los bullpen del comic book estadounidense del Siglo XX. En conclusión, es una posición que pretende recuperar un tiempo pasado que tenía mayores tiradas pero que no necesariamente suponía un mejor estado general de la historieta argentina.

La pérdida de convocatoria es una falacia. La Crack Bang Boom convoca aproximadamente 35.000 personas anualmente, en un evento centrado únicamente alrededor de la historieta. En los últimos diez años, hubo un reflorecer de la cantidad de comiquerías en todo el país avanzando hacia niveles del record histórico que supimos tener durante la segunda mitad de la década de 1990. La presencia de libros de historieta es cada vez mayor en librerías tradicionales, y en 2012 se creó en la Biblioteca Nacional el «Centro de Historieta y Humor Gráfico Argentinos». Quienes añoran el modelo Columba, pierden de vista el lugar que ha ido ganando el medio.

«Las viudas de la masividad» entonces terminan abogando por un modelo de producción de historieta INDUSTRIAL. Que supondría una mayor recaudación por parte del sector editorial nacional, pero con condiciones de trabajo totalmente diferentes a la que es propicia para que florezca la diversidad de creadores que surgieron en nuestro país durante las últimas décadas.

Ninguno de los dos modelos produce per se historieta de mejor calidad, hay enormes, buenos, mediocres y malos exponentes en todas las épocas. Esta columna no entiende que el modelo actual propicie mejores obras, sino que ante la pérdida de esta supuesta «masividad» nos encontramos con una mayor diversidad y tonalidad de historieta, de editoriales, de creadores y de lectores.

La actualidad de la historieta argentina tiene una dedicación a los detalles, que los tiempos de producción del modelo Columba no permite, por eso es que existen características propias de la artesanía en el momento creativo con una pata editorial y de distribución de proto-industria. Son las condiciones de producción las que condicionan la forma de comercialización, no al revés. Los canales de venta son una consecuencia de qué y cómo se produce.

Hace unos días escuchaba la entrevista que en el podcast de 9 Paneles le hacen a Pablo Vigo, en la que cuenta cómo letrea sus historietas y que por querer pasar a trabajar en una historieta larga se consumió seis meses de trabajo que no va a terminar aprovechando concretamente en páginas publicadas. ¿Se imaginan a un mangaka de cualquier revista semanal con esos tiempos de trabajo y esa atención a los detalles? ¿Cuántos improperios de nuestra parte recibió Gary Frank por sus atrasadas entregas para Doomsday Clock?

Las condiciones de producción y comercialización de la historieta argentina de la última década (2010-2020), en la que la venta y exposición en una mesa de Dibujadxs fue importantísima, permiten que el motor creativo en las mentes y las manos de nuestres autores sigue funcionando con total libertad en el sentido realmente amplio que supone esa palabra. El modelo Columba (industrial), daba libertad creativa a les autores pero sin embargo la selección del material publicado era notoriamente menos diversa que en el modelo actual que no soy quien para bautizar.

Estos puntos los debatíamos junto a Damián Pérez en nuestro primer vivo, que ahora puede verse en YouTube. Oportunamente imagino que él contestará esta columna, en forma escrita o en algún nuevo debate en vivo, al igual que prácticamente todo el bullpen de Ouroboros.

Mi planteo suena un poco a elogio de la pobreza. Por supuesto que nada más alejado de eso. El deseo de todo este colectivo (la historieta argentina) es que seamos más lectores, que haya autores con la capacidad económica de manejar un BMW o vivir en Nordelta (que tengan la guita no significa que lo hagan) o por lo menos vivir exclusivamente de su producción artística, sin necesidad de tener un empleo en otro rubro. Por lo pronto, no veo con malos ojos que dediquen su tiempo a brindar cursos y talleres para formar a las nuevas generaciones de historietistas, sea por necesidad económica o de transmitir conocimientos. Tampoco es nuestro mercado el único al que pueden acceder les artistas argentines, hay una cantidad más que interesante trabajando directamente para Estados Unidos o Francia.

Como lectores también tenemos que entender que la historieta en Argentina es más que accesible. Parte de la militancia que Manuel Loza propone al final de esa charla también es entender, que los precios podrían ser tranquilamente más altos, en beneficio de toda la cadena. El material de producción artística nacional siempre está en precio por debajo del nefasto Índice Grande De Muzzarella que impuso un Ministro de Economía que se bajó a tiempo. Las ediciones de Ovni, Ivrea y Utopía parecen costosas para el golpeado bolsillo obrero pero son infinitamente más accesibles que sus versiones importadas (sean en inglés, japonés o castellano) en una calidad más que aprobada. Los comics clásicos de DC y Marvel nos llegan a precios ridículamente económicos, gracias a los coleccionables de Salvat (sino chequeen su paralelo en tapa dura por ECC o Panini, mismo en inglés). Una forma de engrosar las arcas de las editoriales y autores nacionales, es pagando más, accediendo a las preventas o apoyando económicamente las movidas digitales. En efecto, creo que es momento de tener una plataforma que unifique editoriales para la distribución digital, pero es material para otro artículo.

«En ese sentido, la historieta argentina es un sistema sin mainstream, sin sol. Los planetas se desprendieron y se alejaron, emprendieron nuevos viajes que los llevaron y los llevan estéticamente muy lejos de lo que el medio entendía, muchos años atrás, como normalidad, y ahora flotan en el espacio con rumbos más o menos desconocidos.» (de Los Planetas Vagabundos, artículo de Amadeo Gandolfo para la revista suiza Strapazin). 

La producción industrial de historieta, y sus consecuentes tiradas de cientos de miles de ejemplares, también suponen condiciones de creación artística que devengarían ineludiblemente en una homogeneidad que afortunadamente no tenemos actualmente. La masividad entendida de esa forma impone sus formas, sus tiempos, su estilo, sus narrativas y sus temáticas a les creadores desde la selección del material a publicar, es decir lo que entienden los editores que es comercialmente viable. Esto conspira contra la diversidad de contenidos y voces.

Entonces el modelo Columba, industrial y masivo, es un rayo normalizador que la historieta argentina no necesita actualmente. El consumo masivo está relacionado, no solamente con el artista teniendo plazos de entrega más ajustados, sino con formatos impuestos, con una obra de ideología hegemónica y con requerimientos comerciales a los que la proto-industria que tanto esfuerzo costó no debe ceder. La independencia con una enorme cantidad de editoriales de corte artesanal prácticamente, son un gran capital que la historieta argentina supo forjar y es hoy una marca a nivel internacional que la distingue. Del mismo modo es imposible decir que en este Siglo XXI hay un trabajo paradigmático, porque la variedad de voces es tan rica que nos caracterizamos frente a otros mercados por una heterogeneidad que es única.

Directorio de comiquerías en Argentina: https://ouroboros.world/comic-stores

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Subido por Diego (no verificado) el 14 Jul 2020

El modelo columba esta totalmente agotado,es una mirada de un tiempo que no volvera,lo que si estaria bueno es que todas las editoriales se junten y armen una sola antologia e insertarla en kioskos y librerias por igual mostrando material no publicado y autoconclusivo,se me ocurre,como un previews popular pero con formato libro y a un precio competitivo.