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Historieta Argentina

Raymond, de Alejandro Farias y Leo Sandler

Filosofía y un Jack Daniels con Hielo

Por: Guido Barsi - 23 Ago 2019 Se lee en: 4 mins

La dupla creativa detrás de la reciente "Zacarías y otras Porquerías" (y también de otras tantas historietas) vuelve a reincidir y lanza un cóctel de filosofía, poesía, humor y algo de whiskey en "Raymond" en el nacimiento de la nueva editorial rosarina Karkass Ediciones, en colaboración con la ya más que conocida Loco Rabia.

El libro está compuesto por varias de las historias que los autores crearon durante un tiempo para diversos medios, por ejemplo para la revista G7, en distintos sitios (como el blog “El Sótano de Francisco” o directamente en el Facebook del personaje) y también en la colección de minifanzines (“Burlesquitas”) de la editorial Burlesque. En sus páginas se nos presenta al poeta Carlos Raymond quien parece relatar sus poesías y reflexiones a quien lo ofenda, a quien le ofrezca algo que le interese (dinero, whiskey, un poco de afecto) o, si falla todo eso, a su gato, Karkass.

Raymond reflexivo, en todo momento
Raymond reflexivo, en todo momento.

El guion corre a cuenta del incansable de Alejandro Farias, quien se acerca de nuevo al humor después de la mencionada "Zacarías", “Sudoku”, “Mi Buenos Aires Querido”, entre otras, y fiel a su tradición de inquieto, no repite el humor de estas obras, hace un nuevo acercamiento al género y juega con los limites de este, trasladándose al humor verde y a veces al negro siempre para sorprender gratamente al lector y no aburrirlo con remates esperables ante la posible repetición de una formula obligada por la estructura de los relatos. En los primeros capítulos la formula es simple, una situación en torno a Raymond desemboca en un remate en contraste con lo desarrollado.

Cuando parece que la formula se va a repetir hasta el final, los autores cambian y utilizan el ambiente en que vive el poeta para narrar historias reflexivas, a veces pesimistas, otras irónicas, poéticas, sin tener la necesidad de rematarlas humorísticamente. Es ahí donde está el punto fuerte de “Raymond”, cuando no se fuerza para llegar al chiste y aprovecha ese ambiente poético/depresivo que bien podría ser clásico de los años ’70 pero que encajan a la perfección con los tiempos actuales. Los capítulos de la enfermería o cuando vemos el trabajo del poeta son un ejemplo perfecto de esto.

También aportan muchos los personajes secundarios, casi todos femeninos que dan su punto de vista desde la profesión de prostitutas sobre el amor y las relaciones, estas intervenciones enriquecen la historia y profundizan un personaje tosco que no suele abrirse a los demás, excepto con ellas (o con el lector). Es una lástima que estos personajes solo aparezcan en algunos capítulos y no suelan verse más, aunque también el atractivo de su intervención esta también en lo breve de sus apariciones.

El último capítulo rompe con la estructura vista hasta el momento en lo narrativo y nos da una historia de varias páginas donde hay un ida y vuelta de reflexiones entre Raymond y otra mujer. Dado el espacio los autores se animan a jugar más: Sandler con la composición de páginas de 4 viñetas, jugando con ellas sin limitarse solamente a representar el guion, logrando armados muy interesantes, y Farias aprovecha para despegarse de las historias breves y ahondar más en la psiquis de nuestro protagonista utilizando diálogos en lugar de la voz en off característica de las anteriores páginas. 

El trabajo de Leo Sandler acompaña muy bien con un estilo a primeras muy caricaturesco que lucha por buscar el equilibrio entre la comedia y el drama del realismo en la representación de los personajes. Ayudando mucho a que la historia se mantenga en la historieta cuando el guion se concentra en los textos en off sin prestarle tanta atención a lo visual, es en ese momento en que Sandler se luce con completa libertad, sin salirse del texto y ejecutando cuadros muy bien logrados (el rostro de Raymond pensativo con una orgia de fondo es imposible de olvidar fácilmente). Solo para no tirar tantas flores, podemos objetar algunos planos o decisiones que se toman para mantener el estilo de mezcla entre lo caricaturesco y realista que no terminan de convencer pero que no opacan el gran trabajo. La decisión de utilizar un único color por capítulo sin repetirlo (o de mezclarlo con otro) funciona perfectamente para terminar de dar un gran aporte que le da al personaje una visión única y muy representativa de la historia.

El trabajo de Leo Sandler acompaña muy bien con un estilo muy caricaturesco pero no del todo, nos da el visual de un mundo que se pelea en buscar el equilibrar entre la comedia y el drama del realismo. Lo más llamativo, y también su punto más fuerte en cuanto a lo llamativo y distintivo, es el ejercicio de separar cada historia con un tratamiento de un único color por capítulo, sin volver a repetirlo en otro capítulo, o por lo menos no de la misma forma. Excepto en el ultimo capitulo que rompe con esta regla (y también con la de 6 viñetas por páginas) y no hay colores, acá Sandler se permite jugar un poco más con los cuadros y formar mosaicos saliendo de los veníamos viendo en el libro, a veces aprovechando bien esta libertad y a veces forzando un poco demasiado la experimentación. En general cumple con un arte atractivo y con un color más que llamativo, atrás quedan algunos planos un tanto raros, personajes no siempre tan bien logrados y fondos no del todo atractivos. La mayoría de las veces el guion no necesita de un acompañamiento visual y se las apaña solo, pero cuando lo necesita el dibujo sale con la frente en alto y entrega lo mejor que tiene, cerrando a la perfección lo que las palabras necesitan decir sin ellas.

Raymond dando consejos gratis
Raymond dando consejos gratis.

"Raymond" es un libro interesante y único gracias al aporte que le dan sus autores, jugando siempre entre los géneros de drama y comedia entre lo caricaturesco y realista. Su último capítulo nos deja con ganas de leer una historia larga de este personaje, pero no podemos olvidarnos que empezamos a quererlo también por sus historias breves.

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