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Río de estrellas, de Jorge Morhain y Horacio Lalia

Novedad de Duma Ediciones

Por: Mariano Sicart - 16 Nov 2020 Se lee en: 3 mins
Río de estrellas, de Jorge Morhain y Horacio Lalia

Cuando todo era nada

La serie que nos convoca nació conceptualmente hace poco más de dos décadas, durante la última etapa de vida de Editorial Columba. Proyecto presentado a los editores por el célebre guionista Jorge Claudio Morhain (Suárez, 1942); obtuvo el visto bueno para su realización, sin llegar a asignársele nunca un ilustrador. El cierre del sello de la palomita dejó en suspenso su desarrollo, hasta que bastante tiempo después, un habitual socio artístico del escriba, el maestro Horacio Lalia (Ramos Mejía, 1941), aceptó hacerse cargo de la faz gráfica. El equipo creativo responsable de Krantz puso manos a la obra, cambiando, como primera medida, el título del trabajo. Hachaí pasó a llamarse entonces Río de Estrellas.

Contrariamente a lo que se podía esperar, un norte italiano, fue nuestro pequeño mercado el destinatario inicial de la historieta. Duma Ediciones, sello capitaneado por Ricardo De Luca, lo publicó integralmente durante la primera mitad de este convulsionado año en un bonito tomo de 154 páginas B/N en el clásico formato 24x17 cms. cuya única crítica es la imagen y diseño de portada, no muy representativos del contenido. El mismo editor, incluso, se hizo cargo del prólogo de esta extensa aventura de corte clásico con marcados elementos propios de la ciencia ficción.

Hormigas Carnívoras en acción
Hormigas Carnívoras en acción.

Hay un mundo distinto, selva

Con una estructura de doce episodios, la historia está ambientada en Hachaí -hacha pequeña, en el dialecto guaraní local-, un perdido pueblito ficticio de la selva misionera, que pronto verá sus múltiples rutinas cotidianas interrumpidas por un evento de tipo fantástico, una particular lluvia de estrellas que se desata sobre el cielo nocturno, a la altura del río. Fenómeno astronómico que pronto descubriremos, no es tal. Casi simultáneamente a este hecho, el femicidio y posterior resurrección de Gracielina, una trabajadora sexual del burdel local La Flor Roja, junto con el arribo del zoólogo extranjero Juan García y sus colaboradores, que reconvierten una vieja forestadora local en un misterioso laboratorio, vienen a sacudir la modorra pueblerina.

Claro que todo lo anterior constituye apenas el comienzo de una extraña serie de acontecimientos fantásticos que tienen por protagonistas tanto a los habitantes autóctonos de la aldea, con la carismática madama Carmen Reyes y sus chicas a la cabeza, como a los ocasionales científicos visitantes y su oculta agenda de trabajo para con la fauna de la región. Conforme las diferentes subtramas que involucran a ambos grupos de personajes -algunas más interesantes que otras, cabe destacar- avancen, se irán entrelazando sutilmente, resolviendo sobre el final la cuestión de fondo, los verdaderos motivos de aquel suceso inicial sobre el firmamento. Y sus consecuencias.

Algo que llama la atención es la gran cantidad de personajes secundarios que se van presentando. Muchos de ellos resultarán funcionales al plot central, aunque otros no. Suponemos que esta decisión argumental tiene que ver con la identificación que el autor profesa por la escuela oesterheldiana de historieta. Concretamente, aquella noción del héroe colectivo. En tal sentido, todos tienen algún momento donde demostrar su valía, frente a horrores conocidos y desconocidos. Bobote, Durazno, Roldán y otros van rotando el protagonismo, al punto de opacar bastante a Gracielina, cuyas participaciones son más bien puntuales. Hasta el último y definitivo acto, al menos, donde recupera algo del terreno perdido. Y se responden gran parte de las incógnitas sembradas. En el medio, referencias a la mitología lovecraftiana, leyendas locales y hasta a la literatura de Horacio Quiroga.

La habitual solvencia de Lalia se encarga del resto, dando entidad con su trazo a esos dos mundos en apariencia antagónicos que el argumento mixtura. Aquel poblado selvático con su cotidianeidad de miserias y victorias mínimas, coexistiendo en permanente tensión con esa otra realidad fantástica, sobrenatural si se quiere, donde seres imposibles de diversa extracción interactúan con los pobladores obedeciendo a su propia naturaleza. Que no es buena ni mala per se, solo trata de sobrevivir, existiendo. Después, sus personajes son siempre entrañables, cada uno con sus rasgos característicos. Los muchos escenarios, con profusión de detalles, además de esa mano siempre infalible para retratar los diferentes climas que el guión propone, sean momentos de horror o meros pasos de comedia.

Desbarrancando frente a la amenaza
Desbarrancando frente a la amenaza.

El final es en donde partí

Desde una perspectiva general, se puede afirmar que estamos frente a una buena historia. Lectura sumamente recomendable para los fans de Lalia, que también dejará satisfechos a quienes busquen aventura seriada como se hacía antes en el país, con todo lo bueno y malo que ello implica. Desde los aspectos formales, por ejemplo, se puede objetar que la conclusión no es del todo cerrada -seguramente con la idea de retomar la historia a futuro-, y que su extensión resulta algo dilatada, si nos ceñimos puntualmente a la resolución del conflicto central, pero no mucho más. Quienes busquen sumergirse en este Río de Estrellas, de seguro disfrutarán la experiencia.

El temor frente a lo oculto
El temor ante lo oculto.

 

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