Sexo al desnudo en la historieta argentina

Auge y caída del erotismo en la historieta nacional

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En este artículo pretendo hacer un breve repaso sobre la evolución de un fenómeno. No un índice detallado de cada historieta argentina en la que aparezca una teta. Por lo tanto, cuando mencione obras y autores será porque los considere relevantes para ejemplificar o ilustrar la instancia histórica que esté describiendo, pero seguramente, por cada uno que nombre estaré omitiendo a diez.

El tema es arduo y polémico porque está atravesado de subjetividad como todo lo que implica la percepción que tenemos sobre el sexo... pero independientemente de lo específico del erotismo, lo que estamos analizando son expresiones artísticas así que los principios de evaluación aquí expresados serán siempre de carácter estético y no moral.

Hay conceptos de definición difusa como siempre ocurre en la clasificación en géneros literarios. Los límites entre el erotismo y la pornografía en literatura o historieta pueden ser tan difíciles de establecer como entre el fantástico, el maravilloso, la épica o la fantasía heroica. Recuerdo que el primer concurso de historieta de la “Comiqueando” aceptaba el erotismo pero no el porno y para evitar confusiones, la bases decían: “Tetas y culos sí. Pitos y chuchas no”. No obstante, un pito puede no ser pornográfico, puede ni siquiera ser erótico. Así que para dirimir esta cuestión, consideraré que la distinción entre erotismo y pornografía se basa en el pacto de lectura entre autor y lector. Es una definición ambigua y problemática pero todas las otras también lo son.

A los problemas antes mencionados se suma la dimensión histórica ya que analizaremos un periodo de más de cuarenta años en el que todas las ideas sobre la sexualidad y el arte fueron revisadas y, en ocasiones, cambiaron radicalmente. Lo que trataré de evitar a todo trance es caer en el anacronismo de evaluar todas las obras según los parámetros actuales de la corrección política predominante. Si esperan que diga que “Aquí la legión” no aborda la sexualidad desde una perspectiva de género o que “Jackaroe” soslaya las identidades sexuales no binarias... pueden ir cerrando el artículo porque eso no va a ocurrir.

Por último, ni con este artículo ni con ningún otro que yo escriba tiene el amable lector la obligación de estar de acuerdo. Abajo hay una cajita de comentarios sedienta de polémicas.

Humor y Sexo

Si tratamos de remontarnos al primer autor argentino reconocido por su representación sensual de la figura femenina, sin dudas coincidiremos todos en el nombre de José Antonio Divito. Aquel que no encontrándose cómodo con la línea editorial más conservadora de “Patoruzú”, revolucionara el mercado de la época al fundar su propia revista: “Rico Tipo”. Hablamos del año 1944 y de un contexto social y moral en el que era impensable dibujar un desnudo. No obstante, el antecedente anticipa una de las características principales de la evolución posterior del medio: la relación entre el sexo y el humor.

Esta relación podría remontarse a los epigramas que Marcial escribía en las calles de Roma allá por el siglo primero de nuestro calendario, y Argentina tiene una rica tradición de chistes verdes o picantes de los que jactarse. Así, el género humorístico fue uno de los primeros que pudo incorporar el desnudo y alguna escena de sexo más o menos explícita. En muchos casos, el propio trazo caricaturesco quitaba de la ecuación cualquier intención erotizante y hacía el producto más aceptable para los códigos morales de cada época. Algo así como “Te estamos mostrando una teta pero es en joda. Fijate que ni siquiera es una teta realista”

Amparado en esta circunstancia vi las primeras escenas de sexo dibujadas en unas revistas que mis viejos tenían escondidas en su cuarto porque “no eran para chicos”. Los títulos: “Satiricón” y “Humor”. Para mantener la rigurosidad histórica, tengo que decir que unos meses antes de la aparición de “Satiricón” salió a la venta la revista “TOP” que aparentemente publicó algunos desnudos pero nunca tuve un ejemplar entre mis manos y solo sé de su existencia porque la mencionan Trillo y Saccomanno en su “Historia de la Historieta Argentina”

“Satiricón” aparece en noviembre de 1972 bajo la dirección de Oskar Blotta y Andrés Cascioli y dura hasta su primera clausura en Julio de 1974. En 1976, Blotta intenta una segunda andadura de la revista que es nuevamente clausurada y el editor y guionista (amenaza de muerte mediante) debe abandonar el país. Mientras tanto, Cascioli fundaba la mítica editorial La Urraca que en 1978 lanzaría su título más exitoso: “Humor”. Es inexplicable como “Humor” pudo surfear la censura durante toda la dictadura militar y siempre me emociona pensar el par de bolas que tenía que tener esa gente para pasar cada semana por la redacción de la revista sabiendo que se jugaban la vida. Sin embargo, de eso ya se escribió mucho así que, concentrándome en el tema de este artículo, diré solamente que por sus páginas desfilaban desde los cuerpos super deformes (y siempre sucios y malolientes) de Tabaré: los caricaturescos pero ya mucho más estilizados de Grondona White; hasta la sublime sensualidad del maestro Horacio Altuna que publicó acá una de sus obras más celebradas: “Las puertitas del Señor López” con los oníricos guiones de Carlos Trillo.

Tabaré, Grondona White, Altuna

Serán muchas las publicaciones humorísticas (sobre todo tras el retorno a la democracia) que aprovecharán el “destape” para mostrar algunas tetas. Estaba “Operación Ja Ja”, “Sex Humor”, “Sex Humor Ilustrado”, “Bang”, “Eroticón” (la versión más picante de “Satiricón” que Blotta publicó tras su regreso al país en los 80s), “La cotorra”, “Piturro” y otras que seguramente se me olvidan.

Sexo, aventura e historieta adulta

Otros dos términos difíciles de disociar. ¿Qué sería de la épica antigua sin Helena de Troya o sin Circe? ¿Qué sería de los relatos de caballería sin Ginebra o la sin par Oriana? Un condimento casi ineludible de la aventura es “el reposo del guerrero” o “la alegría de la corte”. Eufemismos con que la teoría literaria designa los momentos entre hazaña y hazaña en que los héroes se solazan con algunas damas.

Asimismo, existe el tópico de la mujer guerrera. Ya sean salvajes serranas, valkirias o amazonas, las mujeres fuertes y capaces de proezas heroicas han excitado las fantasías literarias desde que el mundo existe.

Obviamente, la historieta de aventuras no permaneció ajena a los encantos de estos elementos característicos del género. Por eso, desde las estereotípicas chicas de la jungla, hasta las astronautas de futuros lejanos, pasando por bellas sumerias de proporciones clásicas y exuberantes prostitutas del oeste, nuestras historietas siempre estuvieron pobladas por sensuales personajes femeninos. Ellas podían cumplir el rol protagónico, ser destinatarias o destinadoras de los esfuerzos del héroe, o incluso ser un simple telón de fondo para embellecer algunas viñetas... pero eso sí, los corpiños de piel de leopardo, de cota de malla o de medios cocos preservarían durante décadas al público inocente del espectáculo del desnudo.

Hasta 1974 y la irrupción de la editorial Record en el mundo de la historieta. El nuevo emprendimiento tenía algunas particularidades que lo diferenciaban de las revistas más populares de la época que eran las de Columba. Por un lado, se habían iniciado publicando fotonovelas italianas bastante “subidas de tono” y ahora pretendían vender las historietas producidas en Argentina en ese mismo mercado. Este vínculo estrecho con un panorama cultural más flexible y liberal como era el europeo, les daba a los autores y al editor cierto margen para producir un producto más arriesgado.

Es interesante notar que la repentina irrupción de las tetas en las revistas de aventuras argentinas no fue presentada como un rasgo de erotismo (no creo que el lector argentino estuviera preparado todavía para aceptar semejante rótulo) sino como un signo de realismo y madurez. El desnudo y el sexo son partes habituales de la vida adulta, de modo que será normal encontrárselos en “Skorpio” que se proponía como un espacio para la historieta adulta.

Esto, en teoría, tenía mucho sentido y a veces funcionó. Permítanme una pequeña anécdota: La primera vez que vi unas tetas en una “Skorpio” fue en una historieta dibujada por Enrique Breccia. No voy a recordar el título porque era yo muy pequeño pero la cosa transcurría durante la conquista de América, las indias andaban en gomas y estaba perfecto. El Churrique se había documentado y dibujaba a la perfección los rasgos indígenas a sabiendas de que no siguen el paradigma occidental de la belleza. No había en la escena, en la historia ni en el dibujo ninguna intención erotizante, las tetas estaban ahí como las ramas en los árboles o las plumas en los pájaros. Estaban ahí porque ahí debían estar. Lo absurdo hubiera sido inventarles un anacrónico corpiño.

Sin dudas, el nombre más brillante de la editorial en este periodo fue el maestro Juan Zanotto que además era director de arte de “Skorpio” y nos deslumbró durante años con sus ilustraciones de perfección clásica en muchas series de las cuales “Bárbara”, con guiones de Barreiro fue la más popular y duradera.


El tema es que la mayoría de los autores no introdujeron ningún otro cambio en la representación de la mujer que acompañara el realismo de esa propuesta. Es decir, desde el neolítico hasta la conquista del espacio, las minas siguieron siendo siempre lindas, bien peinadas, depiladas y con cuerpos de modelitos... solo que ahora, sin corpiños.

Y ahí es donde la cosa empieza a hacer ruido porque uno advierte que los personajes femeninos continuaban cumpliendo en la mayoría de las historietas su rol de siempre que es el de calentar la imaginación de los lectores y eso relegaba el realismo y el carácter adulto del material a un segundo plano. De hecho... no suena muy adulto comprar un comic de aventuras para ver algún desnudo ocasional.

Y la cosa empeoró porque con frecuencia cada vez mayor se empezó a notar que la aventura torcía su rumbo para justificar la inclusión de desnudos o revolcones que ni venían al caso ni aportaban nada a la historia. No era ya cuestión de si la historia requería o no el elemento sexual sino qué historia puedo inventar para justificar la escena de sexo que es lo que el lector quiere ver.

De ahí, al surgimiento del género erótico y el porno hay un paso. Y el paso se dio.

Los 80s y el erotismo

Como ya desarrollamos, hasta los años 80, la presencia del sexo en los comics argentinos siempre estaba, al menos en apariencia, justificada por las necesidades del guion pero lentamente, eso comenzó a cambiar. De hecho, en la nueva década comenzó a revertirse el proceso: no solo no trataba de disimularse la presencia de elementos eróticos dentro de las historietas sino, por el contrario, parecía exagerarse.

Antes hablamos del surgimiento de La Urraca y ahora debemos volver a ello porque en 1981 irrumpe abiertamente en el ámbito de la historieta con “SuperHumor” y en 1984 sale con dos nuevos títulos: “SexHumor” y “Fierro”. De “SexHumor”, con ese título, no hay mucho más que agregar: concentran en esta serie los chistes picantes y dejan “Humor” para la sátira política. “Fierro” será una especie de continuación de “SuperHumor”, la revista de historieta adulta de la editorial. Humor con sexo, historieta adulta con sexo... salvo matices de graduación y calidad no parecen aportar nada nuevo al panorama que ya describimos excepto por una cosa: las portadas de Oscar Chichioni y de Ciruelo para “Fierro”. No me voy a poner acá a enumerar la calidad y el talento de estos dos capos de la ilustración porque no procede, lo que sí quiero remarcar es que las portadas muchas veces eran más calientes que el contenido de la revista. O como dirá Lucas Berone en su análisis semiótico: “un porcentaje significativamente alto de las historietas o series que reúne no admitirían ser incluidas rápida o fácilmente bajo los rótulos de la ciencia ficción o el erotismo” que es lo que la tapa parecía indicar.

Adentro venían historias fuertes, oscuras, con mucha rosca política, crítica social y unos artículos teóricos que para entenderlos tenías que tener dos títulos universitarios. Eso sí, en la tapa venía una mina en bolas mes sí y mes también. De hecho, al público le gustaban como se comprobó en la votación 84/85 en la que se impusieron dos portadas de Chichoni y un redactor de la revista comentó: “Preferencia clara en el electorado por los siempre bien recibidos pectorales femeninos en detrimento de los herrumbrosos fierros”. Y es que después del terrible trauma que significó la dictadura militar, el desnudo no solo se asociaba con la “historieta adulta” sino que era también la expresión de un deseo de libertad y de trasgresión largamente reprimido.

Esta relación entre portada y contenido invierte la que había consagrado “Skorpio” en los setentas donde podían verse algunos desnudos en el interior pero las cubiertas siempre eran muy discretas. No obstante, viendo la popularidad de las portadas de “Fierro”, la publicación insignia de Record rápidamente empezó a poner más tetas en las tapas.

Ficcionario, El Husmeante, Alack Sinner.
Desnudo al servicio de una buena historia

Ediciones de La Urraca será también quien publique en nuestro país las primeras historietas claramente clasificables dentro del erotismo. Es decir: obras con cierto argumento pero que reconocen abiertamente que el desnudo estético y el eventual polvazo son sus principales atractivos. Esta editorial imprimió dentro de sus antologías o en formato álbum la mayor parte de la producción del italiano Milo Manara de la época pero también a los primeros autores argentinos que incursionaron en el género. Por el virtuosismo y el talento narrativo de sus dibujantes, me gustaría destacar la publicación en “Fierro” de “Instituto” de Ricardo Barreiro y Solano López y algunas de las historias cortas que Horacio Altuna producía para "Playboy" en Europa.

Tomaré el ejemplo de una de estas últimas para ilustrar mi definición de género erótico: La historia se titula “Lluvia” y son cuatro páginas a color publicadas en el número 38.  En la primera página, el protagonista se encuentra con Sandra que había sacado a la vereda a su abuelo en silla de ruedas. Segunda página, dejan al abuelo en la vereda, entran a la casa y empiezan a tener sexo. Página tres: sexo. En la página cuatro sigue la escena de sexo y cuando vuelven a salir a la calle, se dan cuenta de que se largó a llover y el abuelo se está mojando. Fin. En tres de las cuatro páginas de esta historieta están agitando el bote y las viñetas restantes (el comienzo y el final) solo buscan darle una mínima estructura argumental al revolcón de los protagonistas.

A este periodo, el crítico Carlos Martínez en su exhaustivo índice “La historieta erótica argentina” lo llama el de la “madurez sexual de la historieta argentina”. Humildemente, considero que encontrar minas desnudas página por medio se parece más a la fantasía de un adolescente acalorado que a alguna forma de madurez pero cada cual tendrá su opinión.

Los 90s, o la cosa se pone explícita

Como mencioné en el apartado anterior, el erotismo fue bien recibido entre el público argentino de la época y los abnegados artistas y editores buscaron satisfacerlo.

En este contexto El Tomi comienza a variar su estilo hasta transformarse en uno de los dibujantes más explícitos y talentosos del país. Desde sus primeras obras se podía apreciar la maestría del rosarino para plasmar sobre el papel la carne turgente, pero a medida que las tintas sean desplazadas por el lápiz y el difumino, su nivel de erotismo irá en aumento hasta hacer estallar el termómetro. Cabe destacar que el elemento costumbrista, a veces  combinado con el humor (“Tangozando”) o con cierto lirismo (“El desmitificador argentino”), acompaña y brinda algo de equilibrio a la pornografía explícita de las ilustraciones.

El problema de los editores es que el caso de El Tomi es casi único porque pocos autores argentinos de su calidad se inclinaron hacia un erotismo tan gráfico. Así que hubo que usar la imaginación.

Por ejemplo, “Ficcionario”, la genial obra de Altuna, salió en álbum como suplemento de “SexHumor” aunque es de ciencia ficción y originalmente había sido publicada en “Fierro”. Ocurre que Altuna ya era reconocido por su talento para dibujar minas y como “SexHumor” vendía 80.000 ejemplares mensuales (muchos más que “Fierro”), comercialmente, rendía mucho más relacionarla con la revista de mejores ventas. De esta manera, los editores orientan hacia lo erótico la lectura de una obra en la que el sexo es solo un elemento más entre muchos y para nada el predominante.

Algo parecido ocurre en la Colección Monográfico de Doedytores en la que “La máquina del orgasmo” de Langer y Rulloni y “Dibujitos avivados” de El Tomi aparecen clasificadas como “Humor erótico” aunque el contenido es puramente humorístico y el contenido sexual es muy accesorio.

Por aquel entonces, Carlos Trillo había creado la editorial El Globo que (al estilo de “Satiricón” y “Eroticón” o “Humor” y “SexHumor”) publicaba la revista “Puertitas” y su versión más picante: “Puertitas Super Sexy”. Ocurre que mientras el grueso del material de la publicación principal es de autores argentinos y ya fue editado o puede venderse en Europa, casi todo el material para la versión hot (excepto, otra vez, El Tomi) había que importarlo, lo que resultaba menos rentable.

Cuenta Javier Doeyo que un día Trillo le comentó ese problema y él le sugirió hablar con los autores de algunas obras más o menos eróticas y pedirles que dibujen viñetas o páginas adicionales para hacer versiones más explícitas que pudieran venderse en el mercado local y también en Europa. Asombrosamente, los dibujantes accedieron dando lugar a las versiones porno del ya mencionado “Instituto” y de “El peor” de Pancu y O’Kif que rápidamente se vendieron en el exterior.

Más extremo fue el caso de “Danske: La guerrera del futuro” de Enrique Villagrán quien llegó a dibujar tres versiones para ubicarlas en diferentes mercados: la puramente aventurera, la erótica y la abiertamente pornográfica.

El experimento que no salió tan bien fue la edición de “Psicópatas Sexuales” de Miguel Ángel Martín. Doedytores había conseguido los derechos para publicar la obra y, anticipando que la distribuidora tal vez rechazaría el material, habían previsto una red alternativa de ventas a través de un proveedor de productos para sex shops.

Sí... a veces es mejor no preguntar.

El caso es que la distribuidora, efectivamente, se negó a trabajar con ese material pero el contenido del álbum era tan fuerte que cuando el proveedor de sex shops lo vio publicado ¡no se animó a distribuirlo tampoco! Nadie quería leer los casos reales de los peores enfermos psicópatas del siglo XX. A la gente le gustaba el porno como una forma liviana y lúdica de ver el sexo... no quería abismarse en las profundidades de la depravación humana. Así que, al no tener forma de distribuir el material, la editorial tuvo que mandar a destrucción prácticamente la tirada completa para no pagar impuestos sobre un activo imposible de comercializar.

¿Y qué pasó después?

Pasó la crisis del 2001 que redujo a átomos lo poco que quedaba de la historieta nacional. El mercado tardó en recuperarse y cuando lo hizo, nos dimos cuenta de que era algo muy diferente de lo que había sido.

De pronto, internet se había vuelto una realidad y decenas de pequeños emprendimientos cercanos a la autoedición habían reemplazado a los grandes títulos del pasado. A raíz de esto, se perdió tanto en masividad como se ganó en libertad creativa porque si bien el editor no tiene una jugosa oferta económica para hacerle a los creadores, tampoco pretende imponerles demasiadas condiciones. Por otro lado, si las tiradas son de 500 ejemplares, no hace falta complacer las exigencias de un público enorme, solo encontrar el pequeño nicho que gusta del producto que cada uno tiene para ofrecer.

En un contexto como ese ¿Qué lugar queda para el erotismo y el porno? Probablemente ninguno y, personalmente, no lo lamento porque siempre lo sentí como un argumento de ventas bastante pobre que, en la mayoría de los casos, degradaba la calidad del producto. Analizando los libros producidos en los últimos diez años, tal vez no sea prematuro decir que el género está oficialmente muerto en Argentina.

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