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Murderworld: All-Star Superman, de Morrison y Quitely

Historieta de tesis

Por: Facundo Vazquez - 19 Mar 2021 Se lee en: 11 mins
All-Star Superman

Murderworld utiliza este bello campo de entretenimiento para destruir esas obras que suelen ser santificadas por el público. Murderworld promete aniquilar sin piedad.

La víctima en esta ocasión: All-Star Superman, de Grant Morrison y Frank Quitely.

Indispensable historia previa

En 1985, DC decide por primera vez crear un mega evento que cruce todas sus series con la intención de ordenar sus universos ficcionales y relanzar los títulos con un nuevo proyecto editorial unificado y coherente: la famosa Crisis en Tierras Infinitas.
El proyecto tenía buenas intenciones y un nivel artístico muy aceptable. Prueba de lo cual es que (a pesar de que su función práctica coyuntural hoy es incomprensible para la mayoría de los lectores que no han leído las revistas de las décadas anteriores) se sigue reeditando y vendiendo. Más discutible es si esa función ordenadora se cumplió y cuánto tiempo tardó la editorial en requerir nuevos retoques de continuidad y nuevos mega eventos que reinicien su universo. Pero tan importante como esa búsqueda de una continuidad coherente (o acaso más) fue la posibilidad de renovar a los personajes, sacándose de encima el lastre de décadas de historias absurdas y horribles de los viejos tiempos en los que el cómic estaba pensado exclusivamente para nenes tontos, y encima el ácido y las anfetas eran legales.
Ciertamente, Crisis no es uno de los títulos que primero se nos vienen a la mente al hablar de historias oscuras y adultas y también es cierto que DC había tenido gloriosos antecedentes que se perfilaban en esa línea con series como Swamp Thing de Alan Moore y antes aún con títulos socialmente comprometidos como Green Lantern/Green Arrow de Denny O’Neil y Neal Adams. No obstante, es innegable que Crisis fue una declaración de intenciones sobre el rumbo que quería seguir la editorial. Dos grandes personajes (y un montón de secundarios olvidables) habían muerto y seguían muertos al terminar la serie. Esto representaba un cambio en el tratamiento de la violencia que siempre había existido dentro del género pero que resultaba paradójicamente inofensiva porque las balas nunca le pegaban a nadie y las explosiones eran apenas algo más que fuegos artificiales. Casi como en ese otro producto icónico para niños que fueron los Looney Toones. Para volver a enganchar a los lectores en unas historias que solían recurrir a la violencia, esta debía dejar de ser gratuita y empezar a tener consecuencias.
Los años subsiguientes fueron de una tremenda renovación creativa en la editorial que redefinió y actualizó sus versiones de muchos personajes. Seguramente las más recordadas sean Man of Steel de John Byrne y Year One de Frank Miller pero también vale la pena mencionar otras joyas como el Question de O’Neil, The Longbow Hunters de Mike Grell o las miniseries en las que Howard Chaykin moderniza las versiones de The Shadow y los Black Hawks. Si sumamos que en el mismo periodo se produjo El regreso del Caballero Oscuro de Miller y Watchmen (que DC no permitió hacer con los personajes clásicos de la Charlton aunque esa era la idea original de Moore), vemos que la editorial levantó exponencialmente la calidad de sus publicaciones y que sus títulos, ya más sobrios y “realistas”, apuntan cada vez más a un lector adulto.

El evangelio del pelado

En ese contexto y entre tanto relanzamiento de personajes, en 1988, Grant Morrison llega de su Glasgow natal para hacerse cargo de un título olvidado al cual llevará al éxito y la gloria: Animal Man.  
No voy a hacer un análisis pormenorizado de la obra porque ya lo hizo muy bien Lucas Rinaldi (en La vivisección de Animal Man), solo me voy a detener en un aspecto de la serie:
En el número cinco, “El evangelio del Coyote”, Morrison nos cuenta la historia del coyote de los dibujos animados (ese que siempre caía de un precipicio, lo pisaba un tren o le explotaba un cartucho de dinamita), con la diferencia de que acá, se describe de manera naturalista el sufrimiento que al personaje le provoca cada herida. ¿Y por qué sufre hasta lo inenarrable? Por el capricho de su “dios”, un dibujante con el pincel chorreando de rojo con el que pinta la sangre que constantemente derrama el pobre “Crafty”

evangelio del coyote
Morrison y su duro alegato contra el tratamiento realista de la violencia

Utilizando el ejemplo de los dibujos animados, Morrison lanza una crítica feroz y genial al cambio que la industria de los comics estaba viviendo respecto al tratamiento de la violencia. Es, en última instancia, a sus propios compañeros a los que está retratando con los pinceles (y las plumas) manchados de sangre.
El pelado no puede eludir totalmente el espíritu de su época y Animal Man estará llena de historias cruentas sobre el apartheid, la experimentación con animales y la masacre de delfines. “El evangelio del coyote” aportará la clave de lectura a toda la serie. Al igual que Crafty, Buddy será víctima de las peores crueldades a lo largo de los 26 números en los que Morrison esté al frente del título.

Creímos que haciendo tu mundo más violento, sería más 'realista', más 'adulto'. Dios nos ayude si eso es cierto. Quizás por una vez podríamos intentar ser amables.
- Grant Morrison, Animal Man.

Pero la labor subversiva del escocés no se va a quedar ahí porque, de a poco y al principio a través de cameos, va introduciendo a los cabezones amarillos, a Highwater, al Psicopirata y a sí mismo en una serie de líneas argumentales que confluyen en el gran clímax que pone en cuestión el mayor logro de DC: su recién establecida continuidad.
El Psicopirata trae a Ultraman, Overman y Bizarro (supermanes de distintos universos); Buddy tiene flashbacks en los que recuerda su origen pre-crisis y hasta dialoga con la versión anterior de sí mismo que fue discontinuada; y, finalmente, pasa por el limbo en donde están los personajes absurdos, supermascotas y otros cachivaches ridículos como el jokermovil. Incluso en una viñeta se ve la silueta del Capitán Zanahoria.
Todo eso que DC se había ocupado de barrer bajo la alfombra para darle coherencia y alguna seriedad a su universo ficcional, Morrison lo trae de vuelta a un título oficialmente inserto dentro del canon. El propio Psicopirata lo dice: en Animal Man se produce una Anti Crisis. Hay una descarada apelación a la nostalgia del lector y hasta cierto sentimentalismo que puede traducirse en una pregunta retórica: ¿No era mejor cuando los colores siempre eran brillantes, los personajes absurdos y hasta la situación más complicada podía resolverse con un deux ex machina inverosímil?

Legends of the Dark Knigth podría ser una maravilla si permitieran a los autores hacer versiones diferentes del personaje ignorando la continuidad entre ellas. Aparentemente, Ty Templeton quiere hacer una de Batman y Batmito luchando contra alienígenas y creo que deberían permitírselo. La continuidad debería ser abolida. Completamente.

Este planteo que el autor propone desde su primera serie regular en USA, se transformó en una posición estética e ideológica que militará durante toda su carrera en la editorial hasta llegar al punto culminante que fue Multiversity. Porque sí, el multiverso eventualmente regresó. De hecho, durante las últimas décadas, DC fue oscilando, al vaivén de las modas, entre esos dos polos que representaron las obras de Moore/Miller (“realistas” y oscuras) y el camino propuesto por Morrison (absurdas y coloridas).

El ilustre antecedente

Sin dudas, un hito dentro de esa pequeña teoría del péndulo acelerada que vive la editorial se dio en 2005 con la publicación de All-Star Superman. La línea pretendía darles a los mejores autores la libertad para contar historias nuevas sobre los principales personajes de la casa pero con la ventaja de ubicarse fuera de continuidad y del canon oficial. La idea era captar nuevos lectores al poder recurrir a todos los elementos que conforman la mitología de los personajes pero sin el lastre de los centenares de historias malas que se produjeron antes. Sí, lo mismo que la Crisis pero sin enredarse con continuidades ni universos compartidos. El sueño de Morrison hecho realidad.
Pero ¿No existía ya una historia que se proponía revisitar los principales pilares de la mitología del personaje en una historia fuera de continuidad? Sí, existía y era una de las historias de Superman más amadas tanto por la crítica como por el público: “¿Qué pasó con el hombre del mañana?” de Alan Moore y Curt Swan.
En 1986, mientras Byrne pergeñaba esa enorme catedral que fue el relanzamiento del Hombre de Acero, DC le encargó a Moore que escribiera algo así como el epílogo al Superman pre Crisis. En la aventura lo acompañaría nada menos que Curt Swan, probablemente, el dibujante más icónico que tuviera el personaje hasta esa fecha.
Al Barba se le afilaron los dientes y en apenas dos números llevó a cabo una labor de demolición despiadada y sin precedentes. El Mago de Northampton reúne la mayor cantidad de conceptos ridículos (mayormente heredados de la silver age) y los va destruyendo uno por uno al confrontarlos con su propia estupidez: Bizarro, el team Luthor/Brainiac, el Hombre de Kryptonita, regreso de Krypto el superperro, las pociones para tener superpoderes por 24 hs, Pete Ross “el amigo de Superman”, los viajes temporales constantes y sin consecuencias, kriptonitas de colores, la superposición cuántica por la que Superchica está viva y muerta a la vez, la identidad secreta obtenida mediante un par de anteojos, Mxyzptlk... 
Pero la mirada de Moore transforma radicalmente a los personajes: Bizarro mata a un montón de gente y acaba suicidándose, Burlón y el Juguetero matan a Pete Ross, Lana Lang mata a Luthor, Krypto y el Hombre de Kryptonita se matan mutuamente, La Legión de Supercriminales del Siglo XXX mata a la Lana, Brainiac mata a Jimmy Olsen. Todos desfilan ante la mirada glacial de Moore y la sentencia es indefectiblemente la muerte.
Por fin, Superman mata a Mxyzptlk traicionando su máxima moral de no eliminar ninguna vida y, como se entiende desde el principio de la historia, el propio Hombre de Acero debe desaparecer para siempre.
Es curioso que muchos fans del Boy Scout hayan considerado siempre a “Whatever happened to the man of tomorrow?” entre el top de sus obras favoritas, interpretando que era una “carta de amor” del Barba hacia el imaginario de Superman, cuando lo que se ve es todo lo contrario. Todas esas muertes son resultado del nuevo tratamiento “realista” de la violencia (tantos rayos atómicos, superpoderes y explosiones tenían que acabar con un montón de muertos) pero además, a Moore le da tremenda vergüenza ajena toda esa estupidez anacrónica y se regodea destruyendo a los personajes uno por uno.

Batalla de magos

Morrison sabía que al asumir un proyecto de tales características, la comparación resultaría inevitable. Pero además, en All-Star:
-    Superman sabe desde el principio que se va a morir.
-    Lois se toma la poción para tener superpoderes durante 24hs.
-    Viajeros temporales le confirman a Superman que se va a morir.
-    Capítulo DOBLE para Bizarro (qué dolor de cabeza por favor).
-    Regreso de Krypto el superperro.
-    Más viajes temporales sin consecuencias.
-    Kryptonita de colores.
Digamos que no solo no intentó evitarlo sino que hizo todo lo posible para que la intertextualidad resulte ineludible. Esta sería su respuesta a Moore, en una polémica que ya llevaba 20 años.
El escocés, además, cuenta con diez números para desarrollar su obra por lo que puede introducir más conceptos absurdos y darle mayor espacio para desarrollarse a cada uno. Incluso elementos que no son ridículos en sí mismos y que podrían rescatarse de manera razonable, Morrison se esfuerza por volverlos infantilmente tontos. Tal vez el caso paradigmático sea la utilización de Lex Luthor. Un personaje que en manos de otros autores resulta aterrador y brillante, acá es un estúpido insoportable al que Superman tiene que salvarle la vida constantemente; durante un número entero le hacen tomas que acentúen que es petiso y lo ponen en pantalones cortos para que resulte más “cómico”. En el remate de toda esa escena, se le borra una ceja (¿por qué?) y se la dibuja de nuevo pero con un aspecto de villano estereotípico.

luthor en all star
¡Ay! ¡Pero qué gracioso! Lloro de risa

 
Como decía, el Pelado multiplica los elementos absurdos yendo mucho más allá que Moore: Un redactor del Daily Planet es inmune al poder de los bizarros porque había consumido Viagra, Doomsday es Jimmy Olsen inyectado con un suero, y hasta se da el gusto de volver a travestirlo como en un comic de la silver age (obsesión que parece arrastrar desde hace mucho tiempo).

¿Y aquella historia en la que Jimmy Olsen se viste como la querida de un gangster? Sale en la portada con pantaloncitos cortos y una peluca, pintándose los labios. Lo que quiero decir es que los guionistas de aquella época eran conscientes de que estaban desbarrando y disfrutaban con ello

Y ahí radica la principal diferencia. Morrison (fiel a la doctrina que viene construyendo y sosteniendo desde hace más de treinta años) nos dice: “No nos avergoncemos y barramos debajo de la alfombra todos los elementos ridículos heredados de la prehistoria del cómic. Abracémoslos y disfrutemos de su delirio”. Así se combinan, por ejemplo, conceptos que podrían entrar en la ciencia ficción dura (como curvar el tejido del espacio-tiempo con una pistola gravitacional) con otros totalmente disparatados (como que una raza de dinosaurios inteligentes haya sobrevivido a la extinción viviendo en el centro de la Tierra).
Como también es lógico y coherente con su prédica, en All-Star, nadie muere. Superman salva al dinosaurio que Sansón tiró al espacio, promete encontrar la forma de rescatar a Zibarro (no pregunten) del infraverso, promete encontrar la forma de traer a Bar-El y Lilo de vuelta de la zona fantasma y, por último, él mismo (que se estaba muriendo desde el comienzo de la serie) no muere sino que se va a construir un corazón artificial para el sol. 

Dos perlitas

Antes de terminar, no quería dejar de mencionar dos detalles. 
Un tópico de la épica clásica es el descenso del héroe al inframundo. Es común que se lo traduzca como descenso a los infiernos aunque el recurso es muy anterior a la invención del infierno cristiano. El reino subterráneo puede ser cosas diferentes de acuerdo con cada cultura. Como Odiseo o como Eneas, el centro de All-Star es el descenso al inframundo que en este caso es el mundo bizarro. Pero, la referencia ya había aparecido en Animal Man nº26 cuando Buddy visita el limbo de los personajes olvidados que también se representa con unas escaleras descendentes a las que se llega atravesando un portal de mármol con la inscripción “Facilis discensvs averno”. En ambos casos, las referencias al Hades son diferentes pero claras. Tal vez, la principal de ellas es estar habitado por meras sombras condenadas al olvido.
De esta forma, además de todos los componentes ideológicos que ya mencionamos, Morrison establece una conexión temática y estructural entre este All-Star y esa primera serie en la que sentó las bases de su dogma. 
Otro punto que quería destacar es una coincidencia entre All-Star y “Whatever happened...”. Y es que en un mundo en el que Superman está tan fuera de toda escala, Batman no tiene razón de ser. La diferencia de poder entre los dos principales personajes de DC, se viene subsanando a través de una afirmación implícita: el superpoder de Batman es su inteligencia. Ya sea en su perfil detectivesco, científico o estratégico, Bruce siempre se perfila como una de las mentes más brillantes del planeta. Pero ¿Qué tiene que hacer al lado de un personaje que, además de todos sus superpoderes físicos (y un par más que le inventaron para esta serie) es capaz de decodificar su propio ADN a simple vista y replicar sus poderes en una fórmula? El propio Luthor al lado de este Superman/Dios es algo más que un estudiante mediocre trasteando con sus inventos.
En ambas historias, Batman virtualmente desaparece. Moore, más cruel, lo pone en una viñeta (patética y recordada) pegándole a un campo de fuerza con un palo. Morrison, más piadoso, directamente lo elimina de la escena.

Conclusiones personales o ¿Por qué no me gusta All-Star Superman?

All-Star Superman, ganó tres Eisners, tres Eagles, cinco Harveys y hoy integra todos los tops votados por los fans entre las mejores historias del Boy Scout. Su éxito, tanto a nivel de público como de crítica, fue tan inmediato y unánime que pareciera que no puede existir persona a la que no le haya gustado. Sin embargo, a mí no me gusta.

Pero volvamos un segundo al subtítulo (que seguramente ya se olvidaron):
Una novela de tesis es la que se escribe con el propósito explícito y específico de tratar de demostrar una hipótesis determinada a partir de un caso planteado en la ficción. 
El género estuvo bastante de moda durante el auge del naturalismo que se proponía basar su literatura en una observación casi científica y experimental de la sociedad y sus individuos. La obra está, por lo tanto, totalmente supeditada a la posición ideológica que el autor pretende ilustrar y de la que quiere convencer al lector.

La ficción, en estos casos, se convierte en vehículo de propaganda, lo que no quiere decir que por eso renuncie a su intención estética. Hay propagandas muy bellas y depende mucho del receptor cuánto note (y cuanto le importe) que le estén bajando línea. En esto, también influye mucho qué tan de acuerdo estemos con la tesis del autor porque uno no asimila con la misma naturalidad la prédica del existencialismo que la de la superioridad aria.

supermanes
"Supermanes" de diferentes tiempos y dimensiones en Animal Man y All-Star Superman

Lo que hace Morrison en All-Star es exactamente una “historieta de tesis”. Como vimos, también lo fue a su manera Animal Man con la diferencia de que en 1988, la tesis que el autor quería demostrar era revulsiva y totalmente contraria al espíritu de su época. Era un discurso revolucionario y de resistencia en un entorno totalmente hostil a su estética. Y eso, personalmente, me parece un enorme valor agregado.
En 2005, con Morrison consagrado y su reivindicación del infantilismo naif de la silver age totalmente aceptada por el público y la editorial, All Star es apenas un regodeo en la “victoria”. Y a eso ya le encuentro mucha menos gracia. Algo así como: “¿Vieron que yo les dije que se podía volver a hacer de los superhéroes personajes coloridos, absurdos y aptos para todo público? Como ahora en DC me dejan hacer lo que se me cante, ahí les va una cucharada grande”.
Personalmente no coincido con el evangelio que el pelado viene predicando desde hace décadas pero, más allá de eso, me molestan mucho las obras tan abiertamente panfletarias.
Hoy, el péndulo de la moda volvió a oscilar. Morrison anunció que abandona DC y regresaron las “Héroes en Crisis”, los "Doomsday Clock” y los “Dark Nights: Metal”. Lamentablemente, los nuevos autores están lejos del talento que demostraron tipos como Miller y Moore, así que mientras aquellos próceres lograron revitalizar y renovar totalmente el género, los nuevos apenas aspiran a aludir a las viejas glorias para meter algún evento más o menos taquillero.
¿Sobrevendrá una síntesis que supere a la tesis y su antítesis? ¿Surgirán nuevos autores a la altura? ¿O el género estará condenado a este eterno pendular?

Temo que (más allá de las preferencias estéticas de cada uno) pronto terminaremos extrañando los tiempos en los que estos tres genios polemizaban a través de sus obras.

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