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Manga

Beastars, de Paru Itagaki

Drama humano, actores animales

Por: Matias Mir - 03 Feb 2020 Se lee en: 6 mins
Beastars

Hay historias que suelo incluir en la categoría de “ficción nutricional”, y son aquellas donde el conflicto general se da en la coexistencia (o la no-coexistencia) de distintas facciones de personajes conscientes que se encuentran dentro de la cadena alimenticia. Es decir, sociedades donde hay unos que para sobrevivir sí o sí tienen que comerse a otros. La otra característica de las ficciones nutricionales es que el enfoque tiene que estar en la convivencia, en la amplia idea de que ambos bandos deberían tener derecho a vivir y eso hace tan difícil mantener el equilibrio social (es decir, nada de historias de vampiros o zombies que comen humanos y simplemente hay que exterminarlos). Historietas como “Faúnica” de Marcia Juárez o "Tokyo Ghoul” de Sui Ishida se mueven en este territorio, pero lo que hace Paru Itagaki en Beastars está a otro nivel en muchos sentidos.

Ampliemos. Beastars es un manga que se serializa desde fines del 2016 en la revista Shonen Champion cuya autora, Paru Itagaki (hija de Keisuke Itagaki, el autor de Baki the Grappler), fue galardonada en 2018 con el prestigioso Premio Tezuka a “mejor autora novel” por su trabajo en esta serie, su primera serialización, además de otros tres premios. Ya había hecho algunas historias cortas antes, compiladas en el volumen one-shot “Beast Complex”, que funcionaron como pruebas antes de lanzarse a algo más grande. Tanto en Beast Complex como en Beastars, el concepto es el mismo: un mundo de animales antropomórficos, los conflictos diarios que enfrentan sus habitantes y el precio a pagar por la frágil armonía.

Hay una larga precedencia de historietas sobre animales humanizados en todo el mundo, desde los funny animals hasta proyectos más maduros como Fritz the Cat o Blacksad. Incluso hay varios casos nacionales, como El Patito Saubón de Carlos Nine o La Fábrica de Alejandro Farías. No es realmente ningún concepto novedoso, pero lo que hace al manga de Itagaki diferenciarse de todas esas obras es el crudo y salvaje compromiso con explorar el mundo en el cuál sucede y en desarrollar las relaciones entre sus personajes teniendo en cuenta no solo que tienen características propias de sus razas y especies, sino también personalidades complejas.

Beastars
Un mundo de animales.

El disparador inicial de la trama de Beastars es un asesinato. En el internado Cherryton un alumno muere depredado por otro, y eso tensa las relaciones entre alumnos carnívoros y alumnos herbívoros. En una sociedad donde el mayor crimen de todos es comer carne, los depredadores son criados para reprimir sus naturales ansias de comerse a los herbívoros, mientras que estos viven con el inconsciente miedo de que cualquier día podrían ser devorados. Hay un pacto social implícito reforzado con un marco legal y un sentido común colectivo que mantienen el equilibrio en este mundo, pero la realidad y los instintos se filtran por las grietas y crean discriminación, partidos políticos segregacionistas, mercados paralelos de venta de carne, tráfico de especies y muchas otras facetas oscuras que complejizan a la historia.

Y dado que la obra tiene un mundo tan bien pensado y orgánicamente explorado es fácil olvidarse que también intenta contarse una historia: la de Legosi, un lobo gris estudiante de Cherryton que se ve cara a cara a la realidad del mundo cuando su amigo herbívoro es asesinado y cae en una espiral de sucesos que lo llevan a enfrentar su propia naturaleza como carnívoro. Para peor, cuando intenta depredar y luego se enamora de la coneja Haru, las implicaciones de las relaciones interespecie más tabú de todas lo hacen involucrarse sin vuelta atrás en los lugares más turbulentos de su sociedad. Mientras más se sumerge Legosi en la realidad, más se da cuenta de que la única forma que va a tener de ser feliz va a ser cambiando a la sociedad y sus prejuicios desde la raíz.

Hay una segunda historia paralela a la de Legosi, la de Louis, un ciervo carmesí popular en su escuela con un pasado tormentoso y la misión de convertirse en el pilar de la sociedad, el Beastar. Las ambiciones de Louis para llegar a la cima habiendo salido de la nada lo llevan a situaciones inesperadas, y su camino siempre termina por volver a cruzarse, de una forma u otra, con el de Legosi.

Beastars
Dando vuelta la cadena alimenticia.

Pero además de esta dupla increíble, Itagaki no escatima en capítulos laterales que profundizan a civiles comunes del mundo animal, no solo para explorar más detalles de la sociedad, sino también para contar dramas profundos, historias duras de leer o simplemente episodios antológicos de la vida animal. El eje siempre está en que ningún capítulo se sienta “de relleno”, que cada entrega aporte nuevas perspectivas de la historia, que el descreimiento se suspenda lo menos posible explicando y respondiendo todas y cada una de las dudas que al lector puedan ocurrírsele (“¿qué comen los carnívoros si no pueden comer carne?”, “¿cómo funciona la arquitectura si todos tienen tamaños radicalmente distintos?”, cosas así).

Lo que probablemente más resalte de Beastars es el arte. Itagaki ya declaró varias veces no solo su inspiración por las películas animadas de Disney (“gracias a ellas el público está acostumbrado a ver animales hablando”) sino que también prácticamente no tiene dibujos de humanos (apenas un one-shot publicado en 2018) porque, simplemente, está más acostumbrada a dibujar animales. Dada esta fascinación estética, la autora desarrolló su talento en la específica dirección de los animales antropomórficos hasta llegar al excelente nivel que presenta en Beastars. Los trazos son refinados, la mórfosis con la anatomía humana es precisa y coherente a lo largo de toda la serie y el diseño de personajes es detallado y se hace muy expresivo con el énfasis que le da a los ojos, las manos y la postura de cada personaje en todo momento. Aunque suene redundante, probablemente lo que más distinga a Beastars de otros mangas no es que los personajes sean animales, sino que no sean humanos, porque al separarse por completo de la literal humanidad también se distancia de todos los gajes en los que los mangas más mainstream suelen caer a la hora de expresarse. No hay diseños obvios, no hay dos caras iguales, no hay sexualizaciones innecesarias, los personajes no usan siempre la misma ropa ni tienen pelos de colores diferentes para distinguirse entre ellos. Ser una trampa para furrys es el precio a pagar para reconfigurar la forma de dibujar manga mainstream.

Beastars, entonces, es un manga excelentemente dibujado y con personajes interesantes, profundos, reflexivos y autoconscientes, que se desarrolla de forma lógica y orgánica. Aun así, el guion está armado de tal forma que constantemente la historia pega volantazos muy violentos, incluso varias veces en un mismo capítulo, como para nunca dejar demasiado tranquilos a los lectores. Desde el capítulo uno, constantemente construye y aumenta la tensión (entre carnívoros y herbívoros, entre especies, entre Legosi y los demás personajes) y su lectura continua se siente como sostener una bomba cada vez más grande que siempre está a punto de estallar. A lo largo de su primer gran arco de casi cien episodios se vuelve muy difícil cortar la lectura, y una vez que la bomba estalla, que las tensiones se cortan y las acciones de toda la serie se cobran sus consecuencias, es difícil pensar que pueda volverse a llegar a alturas tan altas de narración. El segundo arco, actualmente en curso, debatiblemente puede no ser tan bueno, pero aprovecha que ya no tiene el peso de todo lo anterior para convertirse en una serie más reflexiva, explorando incluso más el funcionamiento del mundo animal, sus límites y su historia.

Beastars
Gran detalle a la actitud corporal, la vestimenta y los detalles específicos de cada especie.

El mundo de Beastars, a pesar de estar habitado por animales, es bastante similar al nuestro. Las enfermedades mentales, las drogas, la prostitución, el bullying, las redes sociales, todos esos elementos que no tienen que ver con la “animalidad” igual están presentes. Además, el enfoque de todo el manga está puesto en la idea de diversidad. La sociedad que rodea a Legosi está dando los primeros pasos hacia un mundo más progresista, pero al mismo tiempo está al borde de la segregación entre carnívoros y herbívoros. Y esa no es la única grieta social que acosa a los ciudadanos, porque el especismo, el sexismo, la homofobia, incluso la discriminación a las parejas interespecie y sus posibles hijos híbridos crean capas más complejas de conflictos sociales para las que no hay soluciones sencillas. La idea de que exista un Beastar nace de la búsqueda de un faro que ilumine al mundo y luche por la igualdad, pero como todos en este manga tienen propósitos ocultos y llevan una máscara, que el Beastar sea, por ejemplo, un carnívoro, o un macho o de una especie específica implica que pueda haber privilegios inherentes para algunos ciudadanos.

Con un mundo tan grande por explorar, personajes tan bien desarrollados y constantes conflictos surgiendo capítulo a capítulo, es difícil pensar que una serie como Beastars pueda tener una conclusión. La autora declaró en algún momento que su idea era que la serie tuviera aproximadamente 20 volúmenes (lleva ya 17 en enero de 2019), pero ya se sabe que los mangakas son bastante malos a la hora de predecir cuándo van a terminar sus obras. Dado lo orgánico de su desarrollo es posible tener fe en una resolución satisfactoria, al menos para los protagonistas de este drama humano actuado por actores animales.

Beastars actualmente se publica en español por la editorial española Milky Way.
Actualización (12 de febrero 2020): Editorial Ivrea anunció que publicará el título en Argentina a partir de Mayo del 2020.

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